El camino hacia la Segunda República y el nacionalismo vasco
En agosto de 1930, vigente todavía la monarquía, se reunieron en San Sebastián representantes de diversos partidos republicanos y socialistas de toda España para acabar con el reinado de Alfonso XIII. Fue el llamado Pacto de San Sebastián, al que no acudieron, sin embargo, los nacionalistas vascos. La Segunda República llegaría el 14 de abril de 1931 después de unas elecciones municipales. La localidad de Eibar fue la primera en proclamar el nuevo régimen.
Los nacionalistas vascos estaban por aquel entonces divididos en la Comunión Nacionalista Vasca y el grupo Aberri. Las nuevas posibilidades que ofrecía la Segunda República llevaron a ambos partidos a unirse y recuperar el antiguo nombre de Partido Nacionalista Vasco (PNV).
En el País Vasco, como en el resto de España, se sintieron los efectos de la crisis económica que azotó toda Europa tras el crac de 1929. La producción de hierro vizcaíno descendió un 37 % entre 1929 y 1931, y las cotizaciones de bancos, navieras y altos hornos descendieron a niveles de veinte años antes. Hubo un fuerte aumento del desempleo y las organizaciones obreras crecieron de una manera espectacular.
La cuestión autonómica: tres fases clave
Lo que atrajo la mayor atención política en el País Vasco fue la cuestión autonómica, que podemos explicar en tres fases:
- Primera fase: El alcalde de Getxo, José Antonio Aguirre, líder en aquel momento del PNV, encabezó un movimiento de ayuntamientos en pro de la autonomía, secundado por carlistas y católicos tradicionalistas, pero no por las izquierdas. Aguirre encargó un proyecto de estatuto a la Sociedad de Estudios Vascos. El PNV y sus socios introdujeron cambios sustanciales, como la posibilidad de concertar un concordato con la Santa Sede con absoluta independencia del gobierno central.
- Estatuto de Estella: El nuevo texto, que incluía también a Navarra, se aprobó en Estella el 14 de junio de 1931 con el voto favorable de la mayoría de los ayuntamientos representados. Sin embargo, entre los ayuntamientos favorables no se hallaba ninguna de las capitales de provincia ni las ciudades más importantes de la región, donde predominaba el voto de izquierdas. Aquel mismo mes se celebraron las primeras elecciones a Cortes Constituyentes, donde el País Vasco fue la única región en la que ganaron las derechas. Estas Cortes declararían inconstitucional el estatuto de Estella.
- Segunda fase: Se inició con la aprobación de la Constitución de 1931. La Diputación del País Vasco elaboró un proyecto de estatuto más acorde con la Constitución, aprobado mediante referéndum en Vizcaya, Álava y Guipúzcoa en noviembre de 1933. Tras las elecciones de 1933, con la victoria de los radicales de Lerroux y la CEDA, el proyecto quedó congelado.
- Tercera fase: El triunfo del Frente Popular supuso la reactivación del estatuto. Indalecio Prieto redactó personalmente el texto, que fue mucho más breve. Se publicó cuando la Guerra Civil ya había empezado y solo estuvo vigente en Bizkaia.
La Guerra Civil en el País Vasco
Ante la imposibilidad de ocupar Madrid, Franco decidió continuar la guerra en la cornisa cantábrica, una zona de extraordinario valor industrial y minero. El País Vasco quedó dividido: Navarra y Araba se unieron al bando nacional, mientras que Gipuzkoa y Bizkaia permanecieron junto a la República.
El Gobierno de Aguirre y el Euzko-Gudarostea
El primer lehendakari, José Antonio Aguirre, asumió la defensa de la región desde Bilbao, ejerciendo poderes propios de un Estado: relaciones internacionales, justicia y acuñación de moneda. Creó el Euzko-Gudarostea, un ejército constituido por batallones anarquistas, del Frente Popular y nacionalistas.
El declive y la caída de Bilbao
Los nacionales contaban con superioridad en artillería y aviación, mientras que la República abandonó la costa cantábrica. El famoso «Cinturón de Hierro» resultó ineficaz para detener el ataque de Franco. En abril de 1937, la Legión Cóndor bombardeó Gernika, causando una conmoción mundial. Finalmente, Bilbao fue tomada el 19 de junio de 1937. La derrota en el norte decantó prácticamente la guerra en favor de Franco.