El origen de la expedición
De Darío y Parisátide nacieron dos hijos: el mayor, Artajerjes, y el menor, Ciro. Cuando Darío enfermó y presintió el final de su vida, quiso que ambos hijos estuvieran a su lado.
El mayor se encontraba presente por casualidad, mientras que Ciro fue llamado desde la provincia de la que era sátrapa. Ciro marchó hacia el interior, acompañado por Tisafernes como amigo y al mando de 300 hoplitas griegos, dirigidos por Senias de Parrasia.
La movilización de las tropas
Ciro convocó también a quienes sitiaban Mileto y ordenó a los exiliados integrarse en su ejército, prometiéndoles no detenerse hasta devolverlos a sus hogares. Estos aceptaron con entusiasmo, pues confiaban plenamente en él.
El avance a través de Frigia
Partiendo de Sardes, Ciro cabalgó durante tres jornadas (22 parasangas) hasta el río Meandro, cuya anchura es de dos pletros. Tras cruzar un puente de barcas, avanzó a caballo durante una jornada (8 parasangas) hasta Colosas, una ciudad grande, feliz y habitada, donde permaneció siete días. Allí se unió a la expedición Menón el Tesalio con mil hoplitas y 500 peltastas.
Celenas y el palacio real
Desde allí, recorrió 20 parasangas en tres jornadas hasta Celenas, ciudad grande y próspera. Ciro poseía allí un palacio real y un gran parque lleno de fieras, que cazaba a caballo para ejercitarse. El río Meandro fluye a través del parque y la ciudad, naciendo dentro del palacio.
Asimismo, existe un palacio del Gran Rey sobre las fuentes del río Marsias, al pie de la acrópolis. El Marsias, de 25 pies de ancho, desemboca en el Meandro. Se cuenta que Apolo desolló a Marsias tras vencerlo en un duelo musical y colgó su piel en la cueva donde nacen las fuentes, dando nombre al río.
La revista de las tropas
Se dice que Jerjes, al retirarse de Grecia tras su derrota, edificó el palacio y la acrópolis de Celenas. Ciro permaneció allí 30 días, tiempo en el que llegó Clearco, el exiliado lacedemonio, con 1.000 hoplitas. En el parque, Ciro realizó una revista: el total de las fuerzas ascendía a 11.000 hoplitas y cerca de 2.000 peltastas.
Hacia la llanura de Caisto
Tras dos jornadas (12 parasangas), llegaron al mercado de los cacharros, la última ciudad antes de la región de Misia. Luego, avanzó 30 parasangas hasta la llanura de Caisto. Allí permaneció cinco días; como debía a los soldados más de tres meses de salario, estos reclamaban frecuentemente ante sus puertas. Ciro, afligido, intentaba ganar tiempo, pues no era propio de su carácter faltar a sus pagos.
En ese momento llegó Epiaxa, esposa de Siénesis, rey de los cilicios. Se decía que ella entregó una gran suma de dinero a Ciro, lo que permitió pagar cuatro meses de salario a las tropas. Ciro también estableció un tratado con la reina cilicia.
El desfile y la demostración de fuerza
Avanzando dos jornadas (10 parasangas), llegaron a Timbrio. Allí, junto al camino, se encuentra la fuente de Midas, donde se dice que el rey capturó al sátiro mezclando la fuente con vino.
Ciro organizó un desfile: primero los bárbaros, ordenados por escuadrones, y luego los griegos. Ciro observaba desde su carro y la reina cilicia desde su carroza. Tras el desfile, Ciro ordenó a la falange griega avanzar al ataque. Al sonar el clarín, los soldados cargaron con gritos y rapidez. El miedo se apoderó de los bárbaros: la reina huyó en su carroza y los mercaderes abandonaron sus mercancías. Los griegos, entre risas, regresaron a sus tiendas, mientras Ciro se complacía al ver el temor que sus tropas inspiraban.
Hacia Babilonia
Desde allí, Ciro cabalgó durante tres jornadas (15 parasangas) hasta el río Éufrates, de cuatro estadios de ancho, donde se encontraba la gran ciudad de Tápsaco. Allí permaneció cinco días y reveló a los estrategos griegos que el objetivo de la expedición era el Gran Rey, en el interior de Babilonia, ordenándoles convencer a los soldados de continuar la marcha.