Quinto Horacio Flaco (65–8 a. C.): vida y contexto
Quinto Horacio Flaco (65–8 a. C.) nació en Venusia, en Italia. Su padre fue liberto, lo que condicionó fuertemente la personalidad del poeta. Una vez liberado y con una cierta posición económica, aprovechó para darle una buena educación a su hijo. El poeta estudió en Roma y en Atenas, concretamente en la academia de Platón, donde entró en contacto con las corrientes filosóficas griegas y las obras arcaicas.
Tras el asesinato de César, Horacio participó en la guerra como aliado de Bruto y se convirtió en tribuno. Al ser derrotado Bruto por Marco Antonio y Augusto, éstos confiscaron sus bienes. Como consecuencia, Horacio buscó un puesto de secretario escribano del erario público; es aquí cuando empieza a escribir poesía y no tarda en tener éxito.
Perteneció al círculo de Maecenas, al que conoció gracias a sus amigos Virgilio y Varius. Maecenas financiaba la carrera de los jóvenes talentos: su círculo supuso la protección de artistas que, al no tener ya la necesidad de sobrevivir, pudieron cultivar su arte y darse a conocer, como fue el caso de Horacio. Horacio, junto a Virgilio, colaboró en el programa de renovación política, religiosa y moral que imponía Augusto y con el que estaba vinculado Maecenas. La amistad que unió a Horacio y Maecenas fue muy profunda: muchos de sus poemas están dedicados a Maecenas.
A pesar de su ideología republicana, Horacio también forjó una importante amistad con Augusto, quien se convirtió también en su protector.
Obra
La obra de Horacio comprende, siguiendo un orden cronológico:
- Las Sátiras (35–30 a. C.).
- Los Epodos (30 a. C.).
- Las Odes o Carmina, los tres primeros libros (aprox. 23 a. C.) y el primer libro de las Epístolas (20 a. C.), entre ellas el Ars Poetica.
- Carmen Saeculare (17 a. C.), el segundo libro de las Epístolas (15 a. C.) y el cuarto libro de las Odas (quizá en el 13 a. C. o cerca de su muerte, en el 8 a. C.).
Su poesía se divide en cuatro grandes bloques:
Sátiras (Sermones)
Las Sátiras o sermones constituyeron su primera publicación: se trata de 18 composiciones irónicas y críticas de su tiempo, escritas en hexámetros y divididas en dos libros: Sátiras libro I (35 a. C.) y Sátiras libro II (30 a. C.). A través de su obra pasa toda la sociedad de la Roma de entonces, pero Horacio no pretendía agredirla sino educarla y corregirla.
Horacio toma la sátira de un poeta anterior, Lucilio, de quien admiraba su espíritu varonil y la agudeza satírica, pero le chocaba su estilo descuidado, la falta de pureza en el lenguaje y la pesada construcción del verso. Horacio añade influencias de géneros griegos, la libertad de palabras de la comedia, rasgos filosóficos, etc. A diferencia de Lucilio, Horacio no es tan mordaz, sino más moderado, menos agresivo, y sus versos denotan un mayor cuidado.
Épodos
Los Épodos (30 a. C.) son composiciones de influencia griega que siguen el modelo del poeta arcaico Arquíloco de Paros. Son 17 composiciones llamadas yambos, por su combinación métrica, compuesta de un verso largo y otro corto. Horacio los usa para hacer una denuncia general de la sociedad, aunque sus ataques no van dirigidos contra personas individuales, como en las sátiras, sino contra estereotipos.
Odas (Carmina)
Las Odas, denominadas por Horacio Carmina (canciones), componen un total de cuatro libros (el IV publicado mucho después que los tres primeros). Se trata de manifestaciones líricas que adaptan al latín la métrica griega eolia. Usa como principales modelos a los poetas líricos griegos Alceo, Safo, Anacreonte y Píndaro. El orden de los poemas no es cronológico. Casi todos están dedicados a personalidades.
Las Odes (114 poemas) se consideran su mejor creación, convirtiéndose en la cumbre de la lírica latina.
La mayoría de las odas podrían encuadrarse, por su contenido, en tres apartados principales:
- Odas amorosas. Horacio muestra la misma templanza que en las otras facetas de la vida; a veces, su preocupación constante por la labor limae, al pulir una y otra vez el discurso, le hace perder la sensación de poesía vivida, dando a sus odas amorosas cierto aspecto de falta de naturalidad. Son unas veinte dedicadas a Lidia, Pirra, Cínara, entre otras.
- Odas filosóficas. Algunas están teñidas de ideas estoicas, pero son más interesantes las que manifiestan filosofía epicúrea, la que vivía y practicaba el autor.
- Odas romanas. Son fundamentalmente las seis primeras del libro III y algunas del IV que celebran las hazañas de Druso y Tiberio.
El Carmen Saeculare. Esta obra, que consta de unos 76 versos distribuidos en estrofas sáficas, se encuadra también dentro del género lírico; fue un poema que Augusto le encargó con motivo de los Juegos Seculares celebrados en el año 17 a. C. Se trataba de una lírica coral al ser interpretada por dos coros de muchachos y muchachas de las familias más nobles, que hacían cantos alternos.
Epístolas
Las Epístolas, su última obra, optan por la ficción epistolar sin abandonar la escritura en hexámetros. Es autor de dos libros de cartas en verso. El primer libro es prácticamente un comentario sobre lo que piensa de la sociedad romana de su tiempo; el segundo libro está dirigido a los hermanos Pisones. En este segundo libro se encuentra la célebre Ars Poetica, que marcó las pautas de la estética literaria latina. Horacio aprovecha la ocasión para reflexionar sobre literatura.
Las epístolas están escritas en el mismo metro que la sátira y se dividen en dos libros. Todas sus obras tienen tintes filosóficos. Todas las veinte cartas del libro I tienen su destinatario. Al enmarcar sus consideraciones filosóficas en forma de cartas literarias dirigidas a sus amigos, mezcla poesía y filosofía. De esta manera elevó a categoría literaria un nuevo género en la literatura latina: la epístola poética.
Libro I: son en su mayoría de contenido filosófico-moral, compuesto por 20 poemas.
Libro II: contiene ideas de teoría literaria. Encontramos dos epístolas largas y el Ars Poetica. Tras su Ars Poetica, Horacio se convierte en padre de la crítica literaria.
Temas generales de la lírica de Horacio
Pensamiento filosófico
Horacio toma la función del poeta como un educador moral y filosófico. Se le considera ecléctico respecto a la filosofía, pues aborda principalmente el epicureísmo, el estoicismo y el cinismo. El cinismo es aquella actitud vital caracterizada por un rechazo radical a ciertos valores sociales; el estoicismo se basa en el dominio y control de los hechos, cosas y pasiones que perturban la vida, cuyo objetivo es alcanzar la felicidad y la sabiduría prescindiendo de los bienes materiales; y, por último, el epicureísmo buscaba la felicidad a través de los placeres físicos e intelectuales. Podemos observar una evolución en el pensamiento horaciano que comenzó con tintes cínicos en sus sátiras y desembocó en el epicureísmo de sus epístolas.
Temas
Horacio expone sus pensamientos y sentimientos sobre temas muy variados: reflexiones filosóficas, episodios mitológicos, dedicatorias a amigos, motivos patrióticos y episodios autobiográficos. La muerte es el hilo conductor de buena parte de sus poesías.
- Las odas de temática amorosa están dedicadas a varias mujeres. Muchos de los temas son tratados de forma tópica y como lugares comunes, como el tema de los celos, la belleza femenina, el desdén, etc. En algunas su tono es delicado, en otras es más hiriente.
- Las odas de temática filosófico-moral forman el grupo más destacado de su poesía y el que ejerció mayor influencia en la literatura posterior. Predomina la filosofía epicúrea. En ellas encontramos tópicos: la vida es corta (tempus fugit); la muerte iguala a todos (mors omnes aequat); por ello es necesario disfrutar del momento presente, del día a día (carpe diem), con los placeres cotidianos que ofrece la vida. Horacio considera que hay que huir de las riquezas y ambiciones desmesuradas, que solo traen preocupaciones y angustias, y que es necesario contentarse con lo suficiente y necesario, la “dorada medianía” (aurea mediocritas) donde se encuentra la felicidad; además, el buen poeta no morirá definitivamente, porque sus versos le sobrevivirán y será recordado después de muerto (non omnis moriar).
- Las odas que transforman en poesía las anécdotas o sucesos cotidianos.
- Las odas que podemos denominar «romanas» o patrióticas. La paz impuesta por Augusto y la estabilidad política y social que ésta trajo llevaron a Horacio a participar de los ideales augustales: la restauración de los viejos valores morales que habían hecho grande a la antigua Roma.
Estilo de Horacio
El estilo de Horacio está muy influenciado por la poesía griega: su principal fuente de influencia son los líricos griegos y Calímaco. Su lenguaje se adapta a la psicología del personaje, aunque en general suele ser muy elevado. Sus obras reflejan el ecléctico pensamiento filosófico del autor, inclinado al epicureísmo. Se trata de un poeta crítico, con una idea muy elevada del poeta como educador e intérprete de los sentimientos civiles y religiosos, dotado de un sentido por lo auténtico y de un buen gusto por la sencillez.
Horacio era tremendamente perfeccionista; cuidaba y trabajaba mucho tanto la forma como el fondo de sus poemas. Una de sus obras, escrita en formato de literatura epistolar, es la Ars Poetica, un verdadero tratado de literatura donde Horacio expone sus reflexiones sobre la composición poética.
Algunas de sus reflexiones en esta obra, que pueden aplicarse a su obra lírica, y en general al conjunto de su obra, son:
- Necesidad de guardar el equilibrio y la armonía entre todas las partes de una obra literaria.
- El lenguaje debe adaptarse al tema que trata: debe ser un reflejo del estado de ánimo y de la condición de la persona que habla.
- Necesidad de estudiar los modelos griegos.
- Finalidad de la poesía: deleitar e instruir.
- La inspiración y la mimesis en la creación literaria.
La característica más notable del estilo horaciano es la concordancia perfecta que logra siempre entre el pensamiento y la expresión. Su técnica es el culto a la forma: la expresión viva y sobria estimula la imaginación porque Horacio es un poeta, un creador. Resulta a veces un tanto frío, pero la armoniosa estructura de sus composiciones —sobre todo de sus odas—, la maestría en el manejo de los diversos metros y el cuidado al poner siempre la palabra exacta en el lugar exacto hacen de él, junto con Virgilio, el modelo poético más perfecto del clasicismo.
Influencia
La poesía horaciana, con su variedad de temas y, sobre todo, su perfección formal —signo de equilibrio y serenidad—, fue muy valorada en el Renacimiento y su influencia se ha mantenido hasta hoy. Horacio tuvo gran influencia en Garcilaso de la Vega, en Fray Luis de León y hasta en Jorge Guillén. Muchos de los temas de sus poesías se han convertido en tópicos literarios que han jugado y siguen jugando un papel clave en la literatura.
La poesía horaciana, identificada en el Renacimiento como la máxima expresión de las virtudes clásicas por su perfección formal y equilibrio, continúa siendo referencia obligada en la tradición literaria occidental.