El Bipartidismo y el Turno de Partidos
Cánovas diseñó un sistema basado en la alternancia en el poder, buscando evitar la inestabilidad política y ofrecer una apariencia democrática, entre los dos partidos dinásticos que sostenían el sistema: el Partido Conservador (liderado por Cánovas) y el Partido Liberal (liderado por Sagasta).
Este sistema requería el acuerdo entre los partidos y la intervención de la Corona para asegurar dicho compromiso. No eran partidos de masas, sino partidos de notables, compuestos por miembros de las clases altas y medias.
Coincidencias e Ideología de los Partidos Dinásticos
Ambos partidos coincidían ideológicamente en los aspectos fundamentales:
- La Monarquía.
- La Constitución de 1876.
- La propiedad privada y el sistema capitalista.
- Un fuerte sentimiento nacionalista, plasmado en la consolidación del Estado liberal, unitario y centralista.
Diferencias Ideológicas
Las diferencias eran mínimas:
- Los conservadores defendían la Iglesia, el orden social y el inmovilismo político.
- Los liberales eran partidarios de ciertas reformas progresistas y de carácter laico, como el sufragio universal masculino (1890), el derecho de asociación (1887) o la libertad pública y privada de cultos.
El Mecanismo del Turno
El mecanismo para lograr la alternancia era sencillo: cuando el partido en el poder enfrentaba fuertes presiones internas, el gobierno dimitía y el rey nombraba jefe de gobierno al líder de la oposición. Este, al no poder gobernar en minoría parlamentaria, disolvía las Cortes y convocaba elecciones, obteniendo la mayoría prevista.
El Fraude Electoral: El «Encasillado» y el Caciquismo
La alternancia se aseguraba mediante el “encasillado”. El Ministro de la Gobernación negociaba con el otro partido para determinar qué diputados debían “salir” en cada provincia, elaborando una lista con una mayoría amplia para el partido entrante y una minoría adecuada para el saliente. El resultado electoral se decidía en Madrid antes de la votación, garantizando la victoria del partido en el gobierno a través del falseamiento electoral.
Técnicas de Manipulación
El fraude se ejecutaba de varias formas, especialmente tras la aprobación del sufragio universal por Sagasta:
El Caciquismo
Era fundamental la participación de los caciques locales o regionales, personajes con gran influencia en los distritos electorales rurales. Mediante su influencia o presión coactiva, ajustaban el resultado electoral al turno correspondiente. Ofrecían favores, empleos o cargos públicos a sus fieles.
El Fraude Directo («Pucherazo»)
En caso de que el caciquismo no funcionara, se recurría al fraude directo:
- Falsificación de actas electorales.
- Manipulación del censo.
- Relleno de urnas con papeletas falsas.
- Desaparición de urnas.
- Compra de votos y amenazas al electorado.
El Sistema Canovista funcionó a la perfección durante el reinado de Alfonso XII. Ante el riesgo de inestabilidad durante la Regencia, en 1885 los líderes de los partidos dinásticos consolidaron por escrito su alternancia en el Gobierno mediante el Pacto de El Pardo, formalizando lo que ya era una práctica.
La Constitución de 1876
De carácter moderado e inspirada parcialmente en la de 1845, buscaba compatibilizar la defensa de valores tradicionales (familia, religión, propiedad) con principios democráticos de la Constitución de 1869 (derechos y libertades).
Principios Fundamentales
Soberanía y Corona
Establecía la soberanía compartida entre las Cortes y la Corona. La Corona se situaba al margen de las decisiones políticas, ejerciendo un poder moderador como árbitro y garante de la alternancia. Se le otorgaba:
- Derecho de veto.
- Potestad legislativa compartida con las Cortes.
- Nombramiento de ministros.
- Mando supremo del ejército.
Las Cortes Bicamerales
Se organizaban en dos cámaras:
- Congreso de los Diputados: Elegido por sufragio censitario hasta 1890, cuando el gobierno de Sagasta instauró el sufragio universal masculino.
- Senado: Sus miembros podían serlo por derecho propio (nobles y altos cargos eclesiásticos o militares), vitalicios designados por el rey, o los mayores contribuyentes.
Religión y Derechos
- Se proclamaba la confesionalidad católica del Estado, restableciendo el presupuesto de culto y clero. Se permitía una tolerancia limitada, pero no manifestaciones públicas de otras religiones.
- Declaración prolija de derechos, cuya concreción se remitía a leyes ordinarias que tendieron a restringirlos (especialmente los de imprenta, expresión, asociación y reunión).
- Fijación de las mismas instituciones y leyes para todo el país, siguiendo el ideal uniformista o centralista.
Sistema Electoral y Poder Judicial
La Constitución no especificaba el sistema electoral, regulado por leyes aparte. Hasta 1890 se usó el sufragio censitario. No se mencionaba el poder judicial; la justicia se administraba en nombre del Rey, lo que implicaba una división de poderes meramente intuida. Muchas cuestiones, como la administración local, se dejaron a leyes posteriores.
El Movimiento Obrero y Campesino
El movimiento obrero y campesino comenzó a emerger a partir de 1881, coincidiendo con el primer gobierno liberal de Sagasta, y fue legalizado definitivamente en 1887. Las tendencias políticas hasta fin de siglo fueron:
El Anarquismo
Se instauró en España tras la Primera Internacional. En el Primer Congreso Obrero (Barcelona, 1870) se fundó la Federación Regional Española de la Organización Internacional de Trabajadores. En 1882, los anarquistas eran la corriente mayoritaria, con más de 50.000 afiliados, con focos principales en el campo andaluz y el proletariado urbano catalán.
Inicialmente rechazaban la acción política parlamentaria. Ganó adeptos la táctica de la violencia terrorista propuesta por Kropotkin. El suceso más notorio fue el atentado con la bomba del Teatro del Liceo, que causó una matanza. Esta acción motivó la aprobación de la Ley de Represión del Terrorismo, resultando en cinco penas de muerte, veinte condenas de prisión y deportaciones.
La represión tuvo gran repercusión internacional y una de sus consecuencias indirectas fue el asesinato del jefe de gobierno Cánovas del Castillo en 1897.
El Movimiento Socialista
En 1879, un grupo reducido en Madrid, liderado por Pablo Iglesias, fundó en la clandestinidad el PSOE. Sus aspiraciones incluían la abolición de clases, la emancipación total de los trabajadores, la transformación de la propiedad individual a social y la toma del poder político por la clase trabajadora.
En 1888 se creó la Unión General de Trabajadores (UGT) como sindicato del Partido. Las primeras acciones del PSOE se dieron en 1890, coincidiendo con la Segunda Internacional y las reivindicaciones del 1 de mayo, convocando mítines en Madrid, Barcelona y Bilbao. Esto provocó el despido de cinco mineros bilbaínos, desencadenando una huelga general en Bilbao que resultó en una victoria obrera: jornadas de diez horas, libertad de residencia en barracones y la suspensión del *truck system* (obligación de comprar en tiendas de la empresa).
A pesar de esto, tanto el PSOE como la UGT fueron grupos minoritarios hasta principios del siglo XX en comparación con los anarquistas.
Sindicalismo Católico
La Iglesia respondió a la situación del proletariado con la encíclica Rerum Novarum. En 1895 se constituyó en Madrid el Consejo Nacional de las Corporaciones Católico-Obreras. Este sindicalismo, apolítico e interclasista, tuvo una implantación mucho menor que los sindicatos de clase.
El Desastre del 98 y sus Consecuencias
La derrota militar y las pérdidas humanas sumieron a la opinión pública y la clase política en un estado de desencanto y frustración. Significó la destrucción del mito del imperio español, en un momento en que las potencias europeas construían vastos imperios coloniales (tras la Conferencia de Berlín de 1885), relegando a España a un papel secundario.
La prensa extranjera retrató a España como una nación moribunda, con un ejército ineficaz, un sistema político corrupto y políticos incompetentes. Sin embargo, las repercusiones inmediatas fueron menores de lo esperado:
- Políticamente: No hubo quiebra del Estado; el sistema de la Restauración sobrevivió.
- Económicamente: Supuso un revés para algunas exportaciones, pero favoreció a la Hacienda (por la reforma de impuestos para financiar la guerra) y a la inversión, debido a la repatriación de capitales.
Crisis Moral e Ideológica
El desastre provocó una profunda crisis moral e ideológica, evidenciando las limitaciones del régimen de la Restauración para resolver los problemas nacionales. Esto propició:
- La aparición del Regeneracionismo.
- Un gran empuje y protagonismo de los nacionalismos periféricos.
- Un cambio de mentalidad en los militares, quienes, convencidos de que la derrota se debió a la ineficacia política, se inclinaron hacia posturas más autoritarias, interviniendo nuevamente en la vida política.
El Regeneracionismo
Corriente de pensamiento surgida a raíz de la crisis del 98 como respuesta al sistema de la Restauración, dividida en tres vertientes:
- Regeneracionismo literario: Vinculado a escritores de la Generación del 98.
- Regeneracionismo intelectual: Relacionado con la Institución Libre de Enseñanza.
- Regeneracionismo político: Conservador o “desde dentro”, adoptado por políticos como Silvela y Maura.
Desarrollo Industrial en la Etapa Isabelina
La producción industrial española progresó de forma intensa, aunque fluctuante, durante la etapa isabelina. Este desarrollo presentó características específicas:
- Fue muy localizado (Cataluña, País Vasco y Asturias).
- Se centró en tres sectores básicos: la industria algodonera, la industria siderúrgica y la minería del carbón.
- Se inició más tardíamente que en los países de Europa occidental.
La Industria Textil Catalana
Los inicios se sitúan en la producción de indianas, ligada al mercado americano. A finales de siglo se introdujeron las primeras máquinas de hilar inglesas. Su impulso definitivo llegó en 1802 con la prohibición de importar algodón hilado, aunque sufrió un frenazo con la Guerra de la Independencia.
Tras el conflicto, la producción se reanudó rápidamente gracias al aumento del mercado interior. A partir de los años 30 se instaló la primera máquina de vapor, impulsando la mecanización, especialmente en la hilatura. El boom algodonero ocurrió entre 1840 y 1862, año en que se sintió el impacto de la Guerra de Secesión de EE. UU. Este auge se debió también a la mecanización y al abaratamiento de la mano de obra (mujeres y niños). Como Cataluña carecía de carbón, importaba este o utilizaba la energía hidráulica para abaratar costes.
La Explotación Minera
Aunque la explotación minera era antigua, su contribución al desarrollo industrial fue escasa inicialmente. El despegue se produjo durante la Restauración, tras un desarrollo incipiente en la etapa isabelina (Ley de Minas de 1855) y durante el Sexenio.
Causas del Despegue Tardío
Las razones del retraso fueron legislativas y económicas:
- Hasta la Ley de 1868, que concedía minas a perpetuidad a nacionales y extranjeros (mediante canon), la extracción estaba muy limitada por el Estado.
- Falta de capital, tecnología y demanda interna.
El auge se produjo cuando la legislación liberalizadora permitió la intervención de empresas y capital extranjero (principalmente británico y francés), que fueron los verdaderos protagonistas. Los minerales se exportaban sin transformar, y los beneficios eran repatriados. La economía nacional se benefició por el empleo, los salarios y el equilibrio de la balanza de pagos gracias a la inversión exterior.
Principales Yacimientos
- Plomo: Huelva a Jaén.
- Cobre: Riotinto.
- Mercurio: Almadén.
- Cinc: Cantabria.
- Carbón: Por toda la península, destacando la cuenca asturiana por su proximidad a la costa.
- Hierro: Vizcaya (estimulado por el convertidor de Bessemer y la cercanía al mar).
La Siderurgia
Los inicios se sitúan hacia 1830 con el alto horno de Marbella, que utilizaba carbón vegetal por la ausencia de mineral. Hasta 1865, su producción (85% del hierro colado español) se destinó a aperos de labranza, ya que los materiales para el ferrocarril y barcos de vapor se importaban.
A la hegemonía andaluza le sucedió la preponderancia asturiana. La moderna industria asturiana se remonta a la Fábrica de Mieres (1852), seguida por Pedro Duro y Cía (1859) y la fábrica de La Vega. La novedad de estas fábricas era el uso de carbón de coque, lo que abarataba costes.
A pesar del aumento de la demanda del ferrocarril, la producción siguió siendo insuficiente. Tras 1876, la llegada de coque galés (muy barato) a la ría del Nervión, en los barcos que retornaban de exportar hierro vizcaíno, impulsó el esplendor siderúrgico vasco. La burguesía vasca creó altos hornos, destacando la fundación de Altos Hornos de Vizcaya en 1903.
Factores del Retraso Industrial Español
La industrialización española fue más tardía que en Europa Occidental debido a varios factores:
- Escaso desarrollo de un capitalismo agrario, lo que limitó la demanda campesina de productos industriales.
- Tardía implantación del ferrocarril, financiado con capital extranjero que impuso el abastecimiento de hierro no español gracias a las subvenciones estatales.
- Intervención estatal: Un proteccionismo arancelario que, si bien buscaba proteger, supuso un freno al desarrollo.
Comparación con el Modelo Británico
El modelo inglés se basó en:
- Transformaciones agrarias modernas (cercamiento, rotación, nuevos abonos).
- Capacidad de innovación técnica (división del trabajo, máquina de vapor de Watt, uso de coque).
- Presencia de un potente mercado interior (sin aduanas, red de comunicaciones) y exterior (poderío naval, monopolio colonial).
Diferencias con otros «First Comers» (Bélgica, Francia, Alemania)
Estos países presentaron pautas distintas a la española:
- El sector líder no fue el textil, sino el vinculado al carbón y al hierro.
- Integración banca-industria: Una banca potente aportó capital a la industria pesada.
- Participación activa del Estado en dotación de recursos y captación de inversiones.
España quedó integrada en el segundo grupo de países, los “late comers”, que iniciaron su industrialización muy entrado el siglo XIX.
El Ferrocarril: Una Oportunidad Perdida
El tendido ferroviario se reguló por primera vez en 1844, fijando condiciones para concesiones privadas. Se abrieron tramos iniciales (Mataró-Barcelona en 1848; Madrid-Aranjuez a principios de los 50).
La Ley General de Ferrocarriles de 1855
El Bienio Progresista diseñó un plan de estructura radial con centro en Madrid, concedió la competencia de concesión al Parlamento y facilitó la financiación por la banca extranjera.
Los efectos fueron espectaculares en la construcción: los kilómetros en explotación pasaron de 672 a 5.108 entre 1857 y 1867. Esto se debió a las ventajas concedidas por el Estado:
- Garantía de una rentabilidad mínima del 6% anual.
- Autorización de libre importación de materiales sin impuestos.
- Subvención estatal del 16% del capital invertido.
Impacto Negativo en la Industrialización
La financiación ferroviaria supuso la mayor inversión del siglo XIX, pero se hizo a costa de la industria. Las inversiones vinieron principalmente del extranjero (capital francés), que también invirtió en minería y seguros.
Los efectos para el desarrollo industrial español no fueron positivos:
- No estimuló la industria nacional y, en cambio, desvió capitales de otros sectores.
- Se construyó para transportar mercancías que no existían.
- Fue construido por empresas y con capitales extranjeros que desarrollaron su propia industria.
- El trazado radial desconectó centros de producción clave (Asturias, País Vasco, Cataluña), impidiendo la integración del mercado.
- El ancho de vía mayor que el europeo dificultó los intercambios.
La construcción ferroviaria fue vista como una oportunidad perdida para estimular la siderurgia y la minería nacionales.
Política Arancelaria: Proteccionismo vs. Librecambismo
Frente a la primacía industrial británica, las naciones europeas aplicaron políticas proteccionistas mediante aranceles a las importaciones.
Defensores y Opositores
- Proteccionismo: Defendido por los fabricantes de algodón catalanes, los productores cerealistas castellanos y, más tarde, los siderúrgicos vascos.
- Librecambismo: Defendido por comerciantes y compañías ferroviarias, quienes creían que la rebaja de aranceles aumentaría el comercio y el transporte. Defendían la libre actuación de las fuerzas del mercado.
Evolución de la Política Arancelaria Española
La política arancelaria pasó por varias etapas:
- Proteccionismo inicial: Arancel de 1826.
- Reducción paulatina desde mediados de siglo.
- Relativo librecambismo: Arancel Figuerola de 1869 (no prohibía importaciones).
- Retorno al proteccionismo durante la Restauración, culminando en el arancel de 1891, que inició un largo periodo de fuerte protección hasta 1959.