1. El sentido de la vida
¿Para qué vivimos? ¿Qué es la felicidad? ¿Quién soy yo? ¿Por qué el dolor y la muerte? ¿Cualquier tipo de vida es buena?
Estas y otras muchas preguntas similares surgen inevitablemente a lo largo de la vida. A veces parece que podemos vivir sin plantearlas y sin responderlas, pero, de vez en cuando, determinados acontecimientos de la vida humana como la enfermedad, la misma vida y la muerte nos las evocan de nuevo. Tarde o temprano estas preguntas exigen respuesta, ya que la felicidad personal depende en gran medida de la capacidad que la persona tenga para responderlas en profundidad.
Nuestra felicidad depende de nuestras elecciones y de nuestras opciones. A través de ellas construimos día a día el sentido de nuestra vida.
A lo largo de la historia de la humanidad se ha intentado dar respuestas sobre el sentido de la vida. Las podemos agrupar en tres grandes grupos:
- Las ciencias empíricas y los humanismos.
- Las ciencias ocultas.
- Las religiones.
a) Las ciencias empíricas y los humanismos
Las ciencias empíricas buscan responder a las preguntas sobre el sentido de la vida solamente desde el plano de la razón humana, es decir, en la ciencia, en lo que se puede comprobar científicamente. A partir del desarrollo de las ciencias en los últimos siglos, a la hora de responder a las preguntas sobre el sentido de la vida, se prescinde cada vez más de Dios.
Antes, los que se preguntaban sobre el origen del mundo y del hombre eran los filósofos; pero hoy día, estas preguntas son investigadas por las ciencias llamadas empíricas como la Física, la Química, la Biología, la Geología, la Arqueología, la Antropología, las Matemáticas, la Medicina y, en el campo de lo personal, la Psicología y la Psiquiatría.
La característica principal de estas ciencias es que buscan la respuesta a las preguntas últimas dentro de los límites de la razón (es decir, lo que se puede comprobar científicamente). Para eso, utilizan el método científico de formular hipótesis y comprobarlas empíricamente. Los humanismos, en sentido amplio, reflexionan filosóficamente sobre el ser humano.
b) Las ciencias ocultas y la magia
El interés de las personas por conocer su futuro y encontrar respuestas a sus dudas es muy antiguo. El origen de la astrología y las ciencias ocultas se remontan a la civilización de los caldeos (en la antigua Mesopotamia, que es la actual Irak) unos 3.000 años a. C. Las ciencias ocultas aceptan una fuerza o algo superior a este mundo, pero no lo consideran como personal.
En el caso de la magia, el vudú, la hechicería, etc., se trata de dominar las fuerzas de la naturaleza directamente, por medio de encantamientos y conjuros. En el caso de la astrología, las cartas astrales o el tarot, se pretende llegar a resolver los problemas y las angustias de una persona, partiendo del supuesto de que los astros influyen en las personas. En el caso del espiritismo, se trata de averiguar el futuro consultando a los espíritus que vagan por el mundo.
Hoy día han resurgido con fuerza las ciencias ocultas. Muchas personas andan preocupadas por su futuro y su sentido de la vida, de ahí que busquen sus respuestas en lo oculto, lo extraño, lo esotérico, o en el «Más Allá». Sin embargo, estas ciencias ocultas se suelen presentar a la gente como verdaderas ciencias. Muchos las califican como pseudo-ciencias porque dan como ciertos unos fenómenos que no se pueden comprobar científicamente.
c) Las Religiones
“De múltiples maneras en su historia y hasta el día de hoy, los hombres han expresado su búsqueda de Dios por medio de sus creencias {…}. A pesar de las ambigüedades que pueden entrañar, estas formas de expresión son tan universales que se puede llamar al hombre un ser religioso» (CEC, nº 28).
Todas las religiones históricamente han cumplido la función de dar sentido a la vida y responder a las preguntas últimas recurriendo a un Ser trascendente y Absoluto.
RELIGIÓN – 1º BTO | Reyes Martín Villar
Cada cultura se lo ha imaginado y concebido de distinta manera, pero lo más curioso es que todas las culturas de la Tierra y a lo largo de todos los tiempos hayan creído en un Ser trascendente y Divino al que se le llama Dios, creador de todo y a quien hay que darle culto.
2. Los Humanismos
El humanismo, en sentido genérico, articula, con ligeras variantes, la respuesta al sentido de la vida de muchas personas de hoy, de nosotros mismos, a veces sin saberlo. En los siglos XIX y XX existieron algunos pensadores o filósofos cuyas ideas han contribuido mucho al desarrollo de esta mentalidad.
La Edad Media era una época teocéntrica y nadie dudaba de Dios. Pero en el Renacimiento, el hombre comienza a ponerse en el centro del universo. Surge así la época antropocéntrica en el siglo XVI, que se acrecentará posteriormente con los descubrimientos científicos y el desarrollo de la ciencia y la técnica. A partir de entonces, el hombre se siente capaz de dominar la naturaleza y busca la respuesta a las preguntas del sentido de su vida en las ciencias. Las ciencias, al utilizar el método científico, solo creen en lo que se puede comprobar científicamente.
Características del Humanismo del siglo XVI:
- Interés por la recuperación de la cultura de la Antigüedad clásica.
- El antropocentrismo o consideración de que el hombre es importante; su inteligencia es el valor superior.
- Se restaura la fe en el hombre contemporáneo porque posee valores importantes: optimismo radical en el ser humano. La fe se desplaza de Dios al hombre.
- Se vuelve a apreciar la virtud de tradición clásica, el esfuerzo en la superación, y el conocimiento y disfrute de lo sensorial.
- La razón humana adquiere valor supremo.
- En las artes se valora la actividad intelectual y analítica de conocimiento.
- Vuelta al pacifismo: el odio por todo tipo de guerra.
- El deseo de la unidad política y religiosa de Europa bajo un solo poder político y un solo poder religioso separado del mismo: se reconoce la necesidad de separar moral y política; autoridad eterna y temporal.
- La idealización y estilización platónica de la realidad. Se pinta la realidad mejor de lo que es, se la ennoblece.
- La lógica aristotélica frente al argumento de autoridad medieval: la imprenta multiplica los puntos de vista y los debates, enriqueciendo el debate intelectual y la comunicación de las ideas. Se ponen de moda los géneros del diálogo y la epístola, todo lo que suponga comunicación de ideas. Se propone la libre interpretación de la Biblia y su traducción a las lenguas vulgares (Lutero), frente al reduccionismo medieval de reducir su interpretación a la del Papa (Reforma o protestantismo).
- Búsqueda de una espiritualidad más humana, interior, más libre y directa y menos externa y material.
(Nota: El texto original repite los siguientes puntos)
- Su traducción a las lenguas vulgares (Lutero), frente al reduccionismo medieval de reducir su interpretación a la del Papa (Reforma o protestantismo).
- Búsqueda de una espiritualidad más humana, interior, más libre y directa y menos externa y material.
3. El sentido de la vida para algunos humanistas del siglo XIX y XX
3.1 Ludwig Feuerbach: El padre del ateísmo moderno
Ludwig Feuerbach nació en Baviera, en 1804. Estudió teología en Berlín. En esta misma ciudad fue discípulo de Hegel. Si bien al principio estuvo muy influenciado por él, rápidamente criticó la ideología de su maestro siguiendo dos ejes que fueron la base de su pensamiento: la concepción antropológica de toda religión y la crítica materialista del pensamiento especulativo. Su carácter crítico sobre la religión no le permitió ejercer la docencia hasta la revolución de 1848. Feuerbach se convirtió en el maestro del pensamiento de los jóvenes hegelianos. Sobre todo, tuvo influencia en Marx y Engels. Murió en 1872 en Rechenberg, cerca de Núremberg (Alemania).
La filosofía de Feuerbach se inicia en discusión abierta con la teología. Entiende que la filosofía es independiente de la religión. En el centro y como eje de su pensamiento instala al ser humano y, por lo tanto, a la antropología. Así, los anhelos y las pretensiones e ideas religiosas son una característica específica del ser humano, por lo que la religión quedaría inscrita en la antropología, la cual debe explicarla.
El hombre proyecta sus cualidades, negándoselas a sí mismo. De este modo, reserva para sí lo que en él hay de más bajo y se considera nada frente al Dios que ha creado.
Concepto de enajenación:
De su crítica a la religión se desprende este concepto, tal vez el más influyente de su obra. Parte de una inversión de términos: sujeto por predicado. Dios no crea al hombre, el hombre crea a Dios proyectándose y proyectando sus mejores atributos en él. Es, entonces, simplemente un producto del hombre. Pero este producto se vuelve ajeno a su productor y lo domina. Las propiedades del hombre se enajenan en Dios, el objeto aparece con vida propia y domina al sujeto. Para Feuerbach, esta enajenación estaba en la conciencia humana, y un simple acto de la misma podía resolverla.
La conclusión para Feuerbach es que el hombre religioso es un ser alienado (se ha hecho extraño a sí mismo). Por eso hay que acabar con la religión para que el hombre vuelva a ser él mismo. La religión quedará superada cuando el hombre reconozca que no hay más dios que el hombre mismo. El sentido de la vida para Feuerbach es que el hombre se dé cuenta de que está alienado y luche para evitar esto.
Crítica a Feuerbach: Consiste en que la suposición de que el hombre sin Dios se realiza más plenamente no está comprobada científicamente ni se puede demostrar. ¿Podemos demostrar que es más feliz el ser humano sin Dios? ¿Está más a gusto consigo mismo? La existencia de Dios no se puede demostrar científicamente, pero tampoco se puede demostrar científicamente que Dios no exista.
3.2 El comunismo de Karl Marx
Karl Marx (Tréveris, Alemania, 5 de mayo de 1818 – Londres, Reino Unido, 14 de marzo de 1883) fue un intelectual y militante comunista alemán de origen judío. En su vasta e influyente obra, incursionó en los campos de la filosofía, la historia, la sociología y la economía. Junto a Friedrich Engels, es el padre del socialismo científico, del comunismo moderno y del marxismo. Sus escritos más conocidos son el Manifiesto del Partido Comunista (en coautoría con Engels) y el libro El Capital.
Las teorías de Marx sobre la sociedad, la economía y la política, que se conocen colectivamente como el marxismo, sostienen que todas las sociedades avanzan a través de la dialéctica de la lucha de clases. Fue muy crítico de la forma socioeconómica vigente de la sociedad, el capitalismo, al que llamó la «dictadura de la burguesía», afirmando que se llevaba a cabo por las acaudaladas clases alta y media para su propio beneficio. Marx parte de lo que él llamaba realidad histórica concreta. Y esa realidad viene marcada por la economía, el trabajo y sus problemas.
Afirma que el ser humano transforma la naturaleza mediante el trabajo. El trabajo es una actividad del hombre en que este se encuentra con la naturaleza. El modo de transformar la naturaleza para satisfacer las necesidades de las personas se llaman fuerzas de producción. Esto es lo que determina cómo son las sociedades.
Marx concluye que la sociedad en la que vive es capitalista. Analiza el sistema capitalista y observa que el trabajo no humaniza al hombre, sino que lo aliena porque este sistema establece dos clases sociales: Burguesía y Proletariado. La Burguesía controla los medios de producción (fábricas, máquinas y capital) y explota al proletariado. Marx propone el comunismo como modelo social y la lucha de clases. El comunismo para Marx consiste en que no haya propiedad privada de los medios de producción y, por tanto, no habrá clases sociales.
Para Marx, la religión es el opio del pueblo. La religión lo único que hace es favorecer el sistema capitalista y a los ricos, y se dedica a consolar a los pobres prometiendo un futuro mejor (el cielo). Al igual que Feuerbach, Marx también piensa que el hombre hace la religión. Por eso, si la religión aliena, hay que abolirla para que el pueblo se dé cuenta de la realidad.
El sentido de la vida para Marx es establecer una sociedad sin propiedad privada ni clases sociales, en la que no haya religión y todos puedan participar de los bienes en común.
Crítica a Marx: Con respecto a la frase de que la religión es el opio del pueblo, hay que decir que, aunque la religión ha actuado a veces así, no por eso se puede negar la existencia de Dios. En América Latina y África, la Iglesia es defensora de los pobres. Las actitudes de la Iglesia no se deben confundir con su doctrina. Además, si los bienes se repartieran justamente, el dolor, la enfermedad y la muerte continuarían existiendo, y la gente seguiría preguntándose sobre el sentido de la vida.
3.3 El Nihilismo de F. Nietzsche
Nace en 1844 cerca de Leipzig. Es educado severamente en la religión protestante. Estudia Filología clásica y a los 24 años es profesor en Basilea. En 1899 sufre un ataque de locura y muere en 1900. Sus obras principales son Así habló Zaratustra, Más allá del bien y del mal, La voluntad de poder, Genealogía de la moral, Ecce Homo y El Anticristo.
Nietzsche parte de la insatisfacción: la vida está llena de dolor y sufrimiento. Debido a esa insatisfacción, necesitamos apoyarnos en algo o en alguien. Para Nietzsche, las personas tienen un resentimiento hacia lo real que hace surgir un mundo Suprahumano (el mundo de la moral y de Dios). Ese mundo irreal es un mundo aparente; se lo ha inventado el hombre.
Nietzsche distingue entre Dioniso (el dios de la vida, el instinto, la fuerza) y Apolo (el dios de la razón, el orden). Según él, desde Sócrates se ha impuesto la concepción apolínea, y la moral cristiana ha consolidado esta «moral de esclavos». Por eso, Nietzsche proclama la muerte de Dios. Al morir Dios, queda el Nihilismo (la nada). Esa nada hay que llenarla caminando hacia el Superhombre, aquel que vive sin ninguna trascendencia.
El sentido de la vida para Nietzsche es olvidarse de Dios y caminar hacia el superhombre. Su fórmula es el eterno retorno. Como el hombre ya no puede aspirar a lo trascendente, afirma la inmortalidad mediante la repetición constante de la vida.
Crítica a Nietzsche: Su propuesta recuerda al mito de Prometeo. Nietzsche creía que sin Dios el hombre sería más feliz, pero esto no se ha cumplido. Dios ha sido sustituido por ídolos como el dinero o el poder. Lamentablemente, detrás de las matanzas nazis estaba la idea de Superhombre mal interpretada. Además, Nietzsche incluía a las mujeres entre los «débiles» a ser superados. Su visión de Dios era la de un ser castigador, fruto de su educación severa.
3.4 Sigmund Freud y la teoría psicoanalítica
Nació el 6 de mayo de 1856 en Moravia y murió en Londres en 1939. Médico neurólogo austriaco, es considerado el padre del psicoanálisis. Su contribución más significativa es dar un estatus científico al concepto de lo inconsciente.
Estudió las represiones: pensamientos dolorosos que son expulsados del consciente al inconsciente. Propuso una estructura de la mente dividida en tres partes:
- El Ello: Parte instintiva, irracional, regida por el principio del placer.
- El Superyó: Exigencia ética y moral, interiorizaciones culturales, regido por el deber ser.
- El Yo: Mediador entre ambos, funciona por el principio de realidad.
Vivir con equilibrio esta estructura es el sentido de la vida que propone Freud. Para él, la religión es una ilusión, un mecanismo de defensa o narcótico para calmar la ansiedad ante la frustración de los deseos de inmortalidad.
Crítica a Freud: Su visión pone en guardia contra los infantilismos en la fe y desenmascara falsas imágenes de un Dios represor. Sin embargo, esa idea de Dios no se corresponde con el Padre que presenta Jesús en el Evangelio.
3.5 El existencialismo de Albert Camus
Albert Camus (1913–1960) fue novelista y filósofo francés, Premio Nobel de Literatura en 1957. Desarrolló un humanismo fundado en la conciencia del absurdo. Propone vivir la vida con «rebeldía» sin recurrir al suicidio.
Su punto de partida es el problema del mal y el sufrimiento de los inocentes. Utiliza el Mito de Sísifo para representar la condición humana. Camus rechaza un mundo donde los inocentes sufren y propone una rebelión contra el mal a través de la justicia y la solidaridad, sin esperar premios de un Dios trascendente.
Crítica a Camus: El mal puede llevar a la apertura a la trascendencia o a su negación. Pedirle a Dios que evite todo sufrimiento sería pedirle que suprima las leyes de la naturaleza y la libertad humana. La respuesta cristiana no es suprimir el dolor, sino hacerse solidario con el que sufre, como hizo Jesús.
3.6 El personalismo de Emmanuel Mounier
Emmanuel Mounier (1905–1950) fue un filósofo cristiano que participó en la Resistencia francesa. El personalismo afirma el valor absoluto de la persona sobre las necesidades materiales.
Sus objetivos son:
- Afirmar el valor absoluto de la persona.
- Hacer una «revolución personalista, comunitaria y espiritual».
- Situarse entre el marxismo (aceptando la crítica social pero defendiendo la libertad) y el existencialismo (superando el pesimismo mediante la esperanza).
Para Mounier, el hombre es un ser social por naturaleza. Conceptos como fraternidad, solidaridad y responsabilidad son claves. Critica severamente al capitalismo por considerarlo inhumano e injusto.
4. La respuesta cristiana
El cristianismo es consciente de que la existencia humana consiste en una búsqueda. Dios ha puesto en nuestro corazón el deseo de buscarlo. Aunque el hombre puede olvidar a Dios, Dios no cesa de llamarlo.
La respuesta cristiana propone una visión total del mundo y exige coherencia entre lo que se cree y lo que se vive. La novedad cristiana es la primacía del amor de Dios; el mayor fracaso del hombre es el egoísmo. El amor es el regalo esencial, y la actitud propia del cristiano es la acción de gracias.