Teatro español de posguerra: realismo social, censura y renovación dramática
Contexto y características generales
También en el teatro se puede hablar, desde mediados de los cincuenta, de realismo social. No obstante, hay que precisar que una cosa es la orientación estético-ideológica de buena parte de los jóvenes dramaturgos de los años cincuenta y sesenta y otra muy distinta el tipo de obra teatral que veía el público de la España del momento. En el teatro comercial de esos años siguen predominando los melodramas y las comedias burguesas o humorísticas.
Revistas, zarzuelas, espectáculos de variedades y musicales diversos completaban el panorama de las carteleras de la época, en donde predominaban las salas de cine que, aunque se abastecían preferentemente de producciones de Hollywood, daban también salida al cine español, en el que abundaban asimismo comedias melodramáticas, películas de humor, producciones musicales y dramas históricos.
Debe además recordarse que estos espectáculos no se ofrecían al público sin antes haberse sometido a la censura, que no sólo prohibía los espectáculos considerados improcedentes, sino que mutilaba muchos otros, cortando las escenas que le parecían inconvenientes. Incluso una obra podía ser permitida y luego prohibida. De este modo se producían otros efectos muy perniciosos, como la censura por parte de los empresarios, que no estaban dispuestos a perder dinero con ulteriores prohibiciones, y la autocensura de aquellos creadores que querían ver representadas sus obras.
Sin embargo, con el paso del tiempo surge otro público, más crítico e inquieto, en especial en los ámbitos universitarios.
Antonio Buero Vallejo: vida, obra y temas recurrentes
Antonio Buero Vallejo (1916-2000) abrazó durante la Guerra Civil la causa republicana y, al acabar la contienda, colaboró con grupos comunistas clandestinos que pretendían reorganizar la resistencia antifranquista. Fue detenido y condenado a muerte, pena que se le conmutó por la de treinta años de prisión. Salió en libertad provisional en 1946 y su vida cambió radicalmente al obtener el Premio Lope de Vega en 1949 con Historia de una escalera, lo que le permitió estrenar su primera obra.
El éxito fue rotundo y, a partir de entonces, se convirtió en un dramaturgo imprescindible durante décadas en la escena española. Su labor teatral fue reconocida con numerosas distinciones, como el Premio Cervantes en 1986.
En todo el teatro de Buero se reiteran temas como la libertad, la justicia y la verdad, así como motivos argumentales y dramáticos: personajes con limitaciones físicas o la utilización de espacios y otros elementos reales con función simbólica. Es asimismo habitual en sus obras el deseo de ahondar en ciertos aspectos de la naturaleza humana: la soledad, la búsqueda de la felicidad, el amor, la libertad, la doblez, la hipocresía y la falta de autenticidad. No obstante, no se trata de un teatro psicológico, sino alegórico, en el que la preocupación por problemas humanos universales propicia que los dramas tengan un alcance moral que roza lo metafísico.
El drama histórico como estrategia frente a la censura
Con el estreno en 1958 de Un soñador para un pueblo se abre una nueva etapa en su teatro, que se manifiesta en la elección de un subgénero teatral concreto: el drama histórico. La ambientación histórica es un recurso para sortear la censura. Sería su modo de hacer un teatro posible trasponiendo los problemas actuales al pasado, de manera que los espectadores habían de entender los conflictos de siglos anteriores como una alegoría del presente.
Otros dramas históricos suyos son:
- Las Meninas, que tiene como protagonista a Velázquez.
- El concierto de San Ovidio, ambientada en el París de los años previos a la Revolución Francesa.
- El sueño de la razón, sobre la figura histórica de Goya.
Alfonso Sastre: compromiso, polémica y características dramáticas
Alfonso Sastre (1926-) mostró ya interés por el teatro durante la posguerra. En la década de los cincuenta su dedicación a la escena es ya exclusiva. Entre tanto, ideológicamente evoluciona hacia la izquierda y se opone a la dictadura. Publica también diversas reflexiones críticas sobre el hecho literario y su relación con el medio social.
Durante los años sesenta, teoría y práctica teatral y activismo político son referencias constantes en la vida de Sastre. Es entonces cuando mantiene con Buero Vallejo la agria polémica sobre posibilismo/imposibilismo. En 1962 ingresa en el Partido Comunista, y su vida hasta la muerte de Franco es una sucesión de choques contra la censura, prohibiciones, multas e incluso algunos períodos de prisión. En 1974 abandonó el Partido Comunista. En 1977 fijó su residencia en Fuenterrabía y se vinculó a los independentistas vascos.
Tras unas primeras tentativas dramáticas, su teatro de los años cincuenta muestra una insistente preocupación por las consecuencias que tiene un poder injusto sobre los individuos que lo sufren, tanto en grandes ámbitos colectivos como en grupos humanos más pequeños, como la familia. Al tiempo, el dramaturgo indaga en las diversas posibilidades de rebelión de los seres contra esas formas de orden injusto y en los problemas éticos que la lucha cotidiana plantea a un revolucionario, por lo que son habituales en sus obras de los años cincuenta las consideraciones morales, existenciales e incluso metafísicas.
Entre otras influencias se percibe la huella del existencialismo francés y, en concreto, de Camus y Sartre. Técnicamente, su teatro de esta época no se aparta mucho de los moldes del teatro realista, aunque introduce novedades como la fragmentación en diversos cuadros o el carácter simbólico de algunos espacios, personajes o argumentos.
De esta época son, entre otras obras:
- Guillermo Tell tiene los ojos tristes
- Prólogo patético
- El cubo de la basura
- El pan de todos
- La mordaza
- Tierra roja
- Muerte en el barrio
Pero, sin duda, el más conocido de sus dramas de estos años es Escuadra hacia la muerte (1952).