1. Contexto histórico, social y cultural
El Barroco se desarrolla desde finales del siglo XVI hasta las primeras décadas del siglo XVIII. Sin embargo, su época de mayor esplendor se concentra en el siglo XVII.
En España coincide con el reinado de los llamados Austrias menores: Felipe III (1598-1612), Felipe IV (1621-1665) y Carlos II (1665-1700). Desde el punto de vista político, cada vez es más notoria la ruina nacional.
Asimismo, el abandono del campo crea en las ciudades una legión de parados, vagabundos y mendigos. Este panorama social ya había sido reflejado con fidelidad en obras como El Lazarillo de Tormes.
2. La poesía barroca
Fue labor de grandes personalidades literarias, como Luis de Góngora, Francisco de Quevedo y Lope de Vega. Estos autores cultivan, en gran medida, los mismos temas y en idénticos moldes métricos que los escritores renacentistas. Lo que los diferencia es la actitud que adoptan al tratarlos y el lenguaje poético empleado.
2.1 Formas métricas y estilo
La poesía sigue discurriendo por los cauces métricos prestigiados por el Renacimiento, como la soneta, los tercetos encadenados, la octava real, la lira, la estancia y la silva. No olvida, además, la tradición popular y relativiza sus modalidades estróficas, como la glosa, el villancico, la letrilla y el romance.
El estilo más característico de la época se manifiesta en dos tendencias principales:
- Conceptismo: tradición cultivada con gran ingenio y sutileza, que tiende a la complicación conceptual y a condensar el pensamiento mediante juegos de palabras, dilogía, paronomasia, oxímoron y paradoja, así como distorsiones sintácticas e imágenes atrevidas. Francisco de Quevedo representa la forma más depurada del conceptismo.
- Culteranismo o gongorismo: cuando el conceptismo se orienta hacia un recargamiento ornamental y sensorial, recibe este nombre, por ser Luis de Góngora su figura más representativa. Se incorporan numerosos cultismos léxicos y sintácticos; las obras se ennoblecen con frecuentes alusiones mitológicas y se rinde culto a la belleza.
2.2 Temas y tendencias poéticas
El Barroco no supone una ruptura radical con la estética precedente; perviven muchos temas y tópicos renacentistas. No obstante, la aguda conciencia de la crisis de la época impregna la producción literaria y despierta el interés por motivos ya presentes en la literatura medieval y renacentista.
- Fugacidad de la vida: la poesía ascético-moral insiste en la brevedad de la existencia y en la necesidad de una vida sobria.
- Conciencia de la muerte: la poesía metafísica articula la meditación sobre la muerte y su influencia en la vida humana.
- Satírico-burlesca: como válvula de escape ante el desencanto, cobra especial relevancia la poesía satírica y burlesca.
3. Poesía petrarquista
La poesía culta se mantiene fiel a la herencia del petrarquismo italianizante, asentado sistemáticamente sobre cuatro motivos fundamentales: el amor, el tópico del carpe diem, la naturaleza y la mitología.
El amor se inspira en los presupuestos petrarquistas: la divinización de la dama impulsa al poeta a adoptar una actitud de humilde sumisión; ella responde con indiferencia, lo que provoca en el amante profundo sufrimiento. En la recreación del tópico carpe diem, el espíritu desengañado del Barroco pone el énfasis, con angustia y dramatismo, en los estragos que el poder destructor del tiempo ocasiona en la juventud: más que una sugerencia, es una llamada apremiante al disfrute de la vida.
Ante la naturaleza, como en el Renacimiento, los escritores buscan sosiego espiritual y un ideal de vida alejado de las intrigas cortesanas, y aderezan sus composiciones con abundantes motivos mitológicos.
4. Poesía ascético-moral
Frente a la evidencia de la fugacidad de la vida y el poder destructor del tiempo, el poeta reacciona con una actitud ascética que se nutre de tres corrientes doctrinales:
- Teocentrismo: los principios teocentristas de la tradición medieval, que conciben el mundo como valle de lágrimas.
- Estoicismo: inspirado en Séneca, que postula un ideal de virtud sustentado en el dominio de las pasiones y en la imperturbabilidad de ánimo ante las adversidades.
- Epicureísmo horaciano: la exaltación de la dorada medianía, es decir, vivir con lo justo y lo esencial.
5. Poesía metafísica
La forman una serie de composiciones, fundamentalmente de Francisco de Quevedo, que se articulan en torno a la conciencia de la muerte. Ese sentimiento invade todas las facetas de la vida y explica la angustia barroca, a menudo atemperada por la búsqueda de paz y sosiego espiritual.
6. Poesía religiosa
En forma de plegaria u oración, se dirige a Dios, a la Virgen o a los santos con el propósito de manifestar gratitud, pedir auxilio o expresar arrepentimiento por la vida pecadora.
7. Poesía satírica y burlesca
La poesía satírica persigue la censura moral de comportamientos individuales o de vicios arraigados en la sociedad. Los temas prestigiados por el Renacimiento constituyen el blanco predilecto de la poesía burlesca, que somete a la dama a una desidealización.
8. Poesía popular: el romancero nuevo
Los poetas barrocos, como antes los renacentistas, mantienen vivo el interés por la lírica popular; las formas métricas de esa tradición (villancicos, seguidillas, glosas, romances) ocupan un lugar destacado en su obra.
Surge así el romancero nuevo o artístico. A diferencia del romancero tradicional, de carácter popular y anónimo, el romancero nuevo es culto: su versión definitiva la fija por escrito el propio autor y se transmite ajena a la tradición oral popular.