Organización Política, Repoblación y Sociedad en los Reinos Cristianos Medievales

Organización política de los reinos cristianos

Todos los reinos poseían una estructura política similar, sostenida sobre tres instituciones fundamentales: la monarquía, las Cortes y los municipios. Entre sus principales características podemos citar:

  • Debilidad del poder monárquico: Existieron grandes dificultades para desarrollar un poder estatal centralizado. Los monarcas compartían su poder con los señores feudales, lo cual constituye la esencia del feudalismo.
  • Sentido patrimonialista de la monarquía: Los monarcas consideraban sus reinos como parte de su patrimonio personal; de ahí que pudieran dividirlos entre sus herederos, cederlos o agruparlos mediante contratos matrimoniales.
  • Fortalecimiento del poder de la nobleza: Tanto la laica como la eclesiástica consolidaron las concesiones reales, lo que les convertía en auténticos reyezuelos de sus feudos y señoríos, logrando además que dichas concesiones fueran hereditarias. Este poder de los señores feudales alcanzó su máximo exponente en la Marca Hispánica.

Principales características de la Reconquista

  1. Proceso multidireccional e intermitente: El avance no fue siempre hacia el sur ni exclusivamente a costa de los musulmanes. Los reinos cristianos lucharon frecuentemente entre sí para ganar territorio. Los ocho siglos que duró el proceso alternaron fases de avance, retroceso y estancamiento.
  2. Proceso simultáneo de repoblación: La ocupación de las nuevas tierras ganadas con población cristiana condicionó la estructura de la propiedad de la tierra y la consolidación de una organización social feudal con dos claros vencedores: la nobleza y el clero.
  3. Proceso asimétrico: Los reinos occidentales avanzaron de forma más temprana y rápida, ganando una mayor extensión de territorio; por el contrario, los reinos orientales avanzaron más tarde, lo que condicionó la extensión y el tipo de territorio adquirido.

Fases y modelos de repoblación

Siglos VIII-X: Presura y Aprisio

Durante este periodo se ocupan territorios semidespoblados o despoblados. Se decretó que los campesinos serían propietarios de la tierra mediante la presura en Castilla y el aprisio en Cataluña. En algunas zonas, como en el valle del Duero, los campesinos eran libres, dependían únicamente del rey y elegían autoridades populares; en otras, seguían a sus propios jefes, quienes dirigían el reparto y mediaban en las disputas. En el siglo X, la repoblación pasó a manos de monasterios, obispos y nobles. A lo largo de este siglo, los campesinos libres fueron absorbidos por los poderosos. El resultado fue un predominio inicial de la pequeña y mediana propiedad, lo que atrajo tanto a cristianos del norte como a mozárabes.

Siglos XI y primera mitad del XII: El Sistema Concejil

Se ocupan las tierras situadas entre el Duero y el Tajo, así como el valle medio del Ebro. La repoblación se basó en los Concejos: a una ciudad con un territorio circundante amplio se le otorgaban privilegios y libertades recogidos en un documento denominado Carta Puebla o Fuero. Los vecinos se reunían en asambleas para tratar sus asuntos, repartir las tierras y organizar su explotación. El resultado fue el predominio de la mediana propiedad libre y una gran abundancia de tierras comunales.

Segunda mitad del siglo XII y primera del XIII: Las Órdenes Militares

Se ocupa el territorio hasta el Guadiana medio, el Turia y las Baleares. Al ser una zona con poca densidad de población, se establecieron los latifundios. La repoblación fue obra de los Concejos y, especialmente, de las Órdenes Militares. Estas últimas dividían las tierras en encomiendas, al frente de las cuales se situaba un caballero con el cargo de comendador. La estructura resultante fueron grandes latifundios dedicados principalmente a la explotación ganadera.

Segunda mitad del siglo XIII: Repartimientos y Donadíos

La repoblación de Andalucía y Extremadura fue llevada a cabo por las órdenes militares, los concejos y las grandes familias nobiliarias, quienes recibieron vastas extensiones de tierra del rey. Se utilizaron los repartimientos hereditarios para la nobleza y los donadíos para las órdenes militares y el clero. En Murcia se observó un proceso similar. El resultado final fue la consolidación de latifundios en manos de la nobleza, la Iglesia y las órdenes. En Valencia, la repoblación fue realizada por catalanes en la zona de la costa y por aragoneses en el interior.

La Sociedad Estamental

La organización estamental estaba formada por grupos cerrados a los que se pertenecía por nacimiento, con obligaciones jurídicas propias y una nula movilidad vertical. Se distinguían tres estamentos:

  • La Nobleza: Eran los bellatores, encargados de la defensa del reino. Es un estamento privilegiado que no paga impuestos y cuenta con tribunales propios. Se distingue entre la alta nobleza, que controla amplios territorios con poder jurisdiccional cedidos por la Corona, la media nobleza (caballeros) y la baja nobleza (hidalgos). Aunque compartían privilegios, su poder, patrimonio y rentas eran muy inferiores a los de la alta nobleza.
  • El Clero: Eran los oratores, cuya función era orar por la salvación del reino. El rey les entregaba beneficios y el derecho a cobrar impuestos como el diezmo. Es un estamento privilegiado y heterogéneo, donde se diferencia entre el clero secular y el regular, así como entre el alto clero y el bajo clero.
  • El Estado Llano: Era el grupo mayoritario, formado por los campesinos o laboratores, cuya función era procurar el sustento de los otros dos estamentos. No tenían privilegios. Se distinguía entre el campesinado libre, que trabajaba tierras ajenas, y el dependiente, sujeto a obligaciones serviles con sus señores. Finalmente, se encontraban los burgueses: habitantes de los burgos que incluían desde comerciantes y artesanos hasta profesiones liberales y mendigos. Todos compartían el estatus de hombres libres. A partir del siglo XIII, el término burguesía se reservó específicamente para aquellos dedicados a los negocios y el comercio.