Literatura Clásica Romana: Géneros Épico y Oratorio

La Literatura Clásica Romana: Épica y Oratoria

La Épica Latina

La épica constituye una de las primeras manifestaciones literarias, desde los pueblos griegos hasta los europeos medievales. Las dos obras literarias de que tenemos noticia pertenecen al género épico.

La épica es un género narrativo compuesto en verso que narra las hazañas de héroes legendarios del pasado, cuyas vidas suelen tener relevancia para la tradición de un pueblo. En la épica latina romana se observa la conjunción de elementos tradicionales italianos con influencia helénica. En Roma hubo una tradición épica popular, pero no fue tan extraordinaria como la de Grecia.

Hubo poemas y oraciones dedicadas a los muertos o canciones entonadas por los soldados en honor a los generales triunfantes.

Autores Destacados de la Épica

  • Virgilio: Vivió los últimos años de la República y conoció las transformaciones por la llegada de Augusto al poder. Perteneció al círculo literario de Mecenas, un amigo de Augusto. Además de la Eneida compuso otras dos obras: las Bucólicas y las Geórgicas.
  • Lucano: Vivió en la época de Nerón y fue testigo de su locura; también participó en una conjura para derrotarlo, pero al ser descubierta, le llevó a la muerte. Su breve vida no le permitió acabar su gran poema épico, Farsalia.

La Oratoria Romana

La oratoria es el arte de la persuasión mediante la palabra. La oratoria nació en Grecia a la vez que la democracia, debido a que los ciudadanos tenían que aprender a desenvolverse en los discursos que realizaban en asambleas y tribunales. No había ni abogados ni fiscales; cada ciudadano debía aprender a ganarse al auditorio.

La oratoria pasó de Grecia a Roma. Durante la época republicana, el pueblo debía decidir sobre los asuntos colectivos. Los tribunales de justicia, los debates del Senado y las asambleas populares fueron los escenarios que permitieron el desarrollo de este género. Cicerón fue la máxima figura del género.

La oratoria estaba orientada a la audición y a la representación. Solo cuando los oradores griegos se dieron cuenta de la importancia de la oratoria, se preocuparon de ponerla por escrito y editarla. Gracias a eso han llegado hasta nosotros algunos de los discursos más importantes, sobre todo de Demóstenes y Cicerón.

Tipos de Discursos

Hay tres tipos de discursos:

  1. Los políticos: Son pronunciados en una asamblea política, con la intención de influir en la toma de una decisión.
  2. Los judiciales: Son pronunciados ante un jurado. A los primeros se los llama “orationes pro” y a los segundos “orationes in”.
  3. Los funerarios: Son pronunciados con motivo de la muerte de algún personaje ilustre y en el curso de su sepelio. Reciben el nombre de “laudationes fúnebres”.

La Oratoria: Desarrollo y Maestros

La oratoria es el arte del convencimiento mediante la palabra. En Grecia, los ciudadanos tenían que aprender a desenvolverse en los discursos que realizaban en las asambleas y tribunales, sin abogados ni fiscales; por lo tanto, cada ciudadano debía aprender a rebatir argumentos y ganarse al auditorio. Otros eran incapaces, por lo que recurrieron a los logógrafos, escritores de discursos convertidos en grandes oradores.

La oratoria pasó de Grecia a Roma (Época republicana): el pueblo tomaba las decisiones sobre los asuntos colectivos. Los tribunales de justicia, los debates en el Senado y las asambleas permitieron el desarrollo de este género. Cicerón es la máxima figura del género. La oratoria estaba orientada a la audición y la representación, pero no a la lectura. Los oradores griegos y romanos, al tomar conciencia de la importancia de sus discursos y de la limitación de la oralidad, tomaron la decisión de escribirlos y editarlos. Cicerón tenía un esclavo (Tirón) que tomaba notas taquigráficas; gracias a esto tenemos algunos de los discursos más importantes del mundo clásico (Demóstenes y Cicerón).

Por su temática y finalidad se distinguen tres tipos de discursos:

  • Políticos: Pronunciados en una asamblea política (senatus, comitia, etc.) con la intención de influir en la toma de una decisión.
  • Judiciales: Pronunciados ante un jurado en defensa o en contra del acusado. A los primeros se los llama «orationes pro«, a los segundos «orationes in«.
  • Funerarios: Pronunciados con motivo de la muerte de algún personaje ilustre y en el curso de su sepelio. Reciben el nombre de «laudationes fúnebres«. Una de las más famosas es la pronunciada por M. Antonio a la muerte de J. César.

Dentro de la oratoria se cita a Apio, Claudio y el Ciego. En el siglo II a.C. aparecen en Roma escuelas de retórica, que pretendían enseñar el arte de la oratoria, constituyendo la última etapa en la formación de cualquier romano de clase media-alta.

Tendencias en las Escuelas de Retórica

Dentro de las escuelas de retórica se distinguen tres tendencias:

  • La neoática: Tiene como modelo el estilo de ciertos escritores y oradores atenienses de la época clásica (Lisias). Propugna la elocuencia sin artificios, dándole mayor importancia al contenido que a la forma (ejemplo: Julio César).
  • La asiánica: Sigue el estilo de la oratoria griega desarrollada en las ciudades de Asia Menor. Defiende un tipo de elocuencia radicalmente opuesta a la neoática (ejemplo: Hortensio).
  • La rodia (promotor griego Molón): Escuela que propugna un estilo oratorio a medio camino entre las dos tendencias anteriores.

Pero el culmen de la oratoria fue Marco Tulio Cicerón, que vivió una época de fuertes convulsiones. Los discursos de Cicerón se pueden clasificar en dos grandes grupos:

  • Discursos judiciales: Se refieren tanto a [contenido faltante], los más importantes son las Verrinas.
  • Discursos políticos: Los más destacados son las Catilinarias, cuatro discursos pronunciados ante el Senado y el pueblo.
  • De oratore (Sobre el orador): Nos habla de cómo ha de ser el orador, de su triple función (docere, delectare y movere = enseñar, deleitar y conmover) y de la técnica del discurso (puntos fundamentales, partes…).

A finales del siglo I d.C. surge una reacción contra el estilo afectado de la oratoria retoricista y se intenta retornar al clasicismo ciceroniano. El paladín de esta tendencia es Marco Fabio Quintiliano. Su obra fundamental es la Institutio oratoria (12 libros), que constituye el tratado de retórica más completo de la Antigüedad. En ella Quintiliano recoge sus ideas pedagógicas, algunas sorprendentemente modernas. Entre ellas destacaremos tres:

  1. La formación de un orador debe ser amplia, y no exclusivamente retórica.
  2. Esta formación debe cuidarse ya en la infancia, y se han de evitar los castigos corporales.
  3. Se propugna una elocuencia natural, sin adornos innecesarios, y se pone a Cicerón como modelo de estilo oratorio.

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LA ORATORIA

La oratoria es el arte de la persuasión mediante la palabra. La oratoria nació en Grecia a la vez que la democracia, debido a que los ciudadanos tenían que aprender a desenvolverse en los discursos que realizaban en asambleas y tribunales.

No había ni abogados ni fiscales, cada ciudadano debía aprender a ganarse al auditorio.

La oratoria pasó de Grecia a Roma.

Durante la época republicana, el pueblo debía decidir sobre los asuntos colectivos.

Los tribunales de justicia, los debates del senado y las asambleas populares fueron los escenarios que permitieron el desarrollo de este género.

Cicerón fue la máxima figura del género.

La oratoria estaba orientada a la audición y a la representación.

Solo cuando los oradores griegos se dieron cuenta de la importancia de la oratoria, se preocuparon de ponerlos por escrito y editarlos.

Gracias a eso han llegado hasta nosotros algunos de los discursos más importantes sobre todo de Demóstenes y Cicerón.

Hay tres tipos de discursos:

  • Los políticos: son pronunciados en una asamblea política, con la intención de influir en la toma de una decisión.
  • Los judiciales: son pronunciados ante un jurado. A los primeros se los llama “orationes pro” y a los segundos “orationes in”.
  • Los funerarios: son pronunciados con motivo de la muerte de algún personaje ilustre y en el curso de su sepelio. Reciben el nombre de “laudationes fúnebres”.