Transformaciones Económicas y Políticas en España: Desamortizaciones, Constitucionalismo y Movimiento Obrero (Siglos XIX y XX)

Las Desamortizaciones: Venta de Bienes Raíces por el Estado

La desamortización consiste en la incautación por parte del Estado (mediante compensación) de bienes raíces (eclesiásticos o municipales) amortizados, para luego ser vendidos en subasta pública.

Representación Gráfica de las Desamortizaciones

Nos encontramos ante un gráfico de barras que representa la desamortización de bienes eclesiásticos o Desamortización de Mendizábal (en color gris claro) y la de bienes civiles o Desamortización de Madoz (en color negro). Ambas aparecen en el eje de las abscisas o eje horizontal, mientras que en el de las ordenadas o eje vertical se representa el valor de las mismas en millones de reales de vellón.

De este modo, vemos que en época de Mendizábal (1836), la desamortización de bienes eclesiásticos alcanza su culminación, superando los 3.000 millones de reales, descendiendo drásticamente en 1845 (en torno a 100 millones), para ascender a 400 en 1855, donde por primera vez es superada por la desamortización civil (Ley de Madoz). En 1858 ronda los 1.300 millones, mientras la de bienes civiles se dispara rondando los 2.800 millones de reales.

Contexto y Objetivos de las Desamortizaciones

Ya desde finales del siglo XVIII los políticos ilustrados españoles quisieron modernizar la agricultura. Para ello se valieron de la desamortización de bienes inmuebles o tierras amortizadas (en manos muertas) para aumentar la productividad y rentabilidad. Para ello se debía invertir en maquinaria, abonos, métodos de cultivo para aumentar la producción y búsqueda de nuevos mercados para aumentar la productividad y rentabilidad.

Ejemplos de ello se llevaron a cabo durante el reinado de Carlos IV, José I de Bonaparte, durante las Cortes de Cádiz y durante el Trienio Liberal; pero los principales tienen lugar durante el periodo de la Regencia de M.ª Cristina y el reinado de Isabel II.

Los terratenientes vivían de las rentas del campo, y nunca se dedicaban a modernizar los cultivos en sus tierras. Además, muchas tierras pertenecían a los municipios, y eran improductivas, aunque servían de complemento a las economías de las clases más desfavorecidas. Las desamortizaciones nacionalizaban las tierras, para posteriormente venderlas en lotes en pública subasta.

Clasificación de Objetivos

Los objetivos se pueden clasificar en:

  1. Fiscales: Resolver los problemas de la Hacienda en medio de los conflictos carlistas.
  2. Políticos: Crear una clase burguesa identificada con el Estado liberal.
  3. Económicos: Hacer de la agricultura el motor de la modernización de España, poder solicitar créditos para el Estado.
  4. Sociales: Restar apoyos al carlismo y rebajar las tensiones en el campo.

Consecuencias y Tipos de Desamortización

En cuanto a las consecuencias, podemos decir que se acentuó la estructura latifundista de la propiedad agraria española debido al mecanismo por el que se llevó a cabo: maximizar los ingresos y minimizar el tiempo de obtención, ya que solo accedieron a ella gentes con recursos, nunca los campesinos necesitados y más preparados para cultivarla. Finalmente se dio un importante crecimiento de los latifundios y el empeoramiento de las condiciones de vida del campesinado.

La Desamortización de Mendizábal (1836-1851)

Se realizó durante la Regencia de Mª Cristina. Fue básicamente sobre la propiedad eclesiástica (manos muertas), afectando a bienes de órdenes religiosas. Se beneficiaron de la subasta las clases medias y altas; subió el precio de los arrendamientos, y los campesinos se convirtieron en jornaleros. Tampoco logró sanear la Hacienda.

La Desamortización de Madoz (1855)

Se realizó durante el Bienio Progresista. Su finalidad era amortizar la Deuda y sufragar la construcción del ferrocarril. Afectó a los bienes municipales y a los de las órdenes militares. Al eliminarse la propiedad comunal afectó a los campesinos más pobres.

El Sexenio Democrático y la Constitución de 1869

El Sexenio Democrático fue un periodo revolucionario que implicó la democratización del sistema (soberanía nacional, el sufragio universal) y el cambio de dinastía (expulsión de los Borbones). La revolución de 1868 fue posible por la fuerte crisis económica y política existente, que llevó a los grupos de oposición (primero progresistas y demócratas, más tarde también la Unión Liberal) a firmar en 1866 el Pacto de Ostende, en el que aceptaban el sufragio universal y la expulsión de Isabel II.

El 17 de septiembre de 1868 la revolución –conocida como la “Gloriosa”– se extendió por todas partes, con levantamientos populares y la organización de juntas revolucionarias locales. Días después, Serrano vencía al ejército gubernamental en Alcolea (Córdoba) e Isabel II huía a Francia. Tras la constitución de un gobierno provisional presidido por Serrano se convocaron elecciones a Cortes Constituyentes, por sufragio universal.

La Constitución de 1869

El gobierno provisional implantó el sufragio universal (masculino), que se tradujo en un espectacular aumento del censo electoral. El texto elaborado por las Cortes de 1869 está considerado por muchos como la primera Constitución democrática de nuestra historia.

Características Principales de la Constitución de 1869

  • Se trata de un texto con curiosa influencia del constitucionalismo radical de influencia francesa, pero también norteamericana. Es una Constitución con 112 artículos, rígida y de mayor extensión que las tres anteriores (1812, 1837, 1845).
  • Aparecen los derechos de reunión y asociación y libertad de residencia.
  • Mantiene el bicameralismo (Congreso y Senado), aunque el Senado pasa a ser electivo.
  • La aceptación de la Monarquía como forma de gobierno, precedida de la reafirmación de la soberanía nacional.
  • Estableció una clara división de poderes, abandonando que la soberanía fuera compartida (Rey y Cortes): el ejecutivo en manos del Rey, el legislativo en las Cortes y el poder judicial independiente (los jueces no serán nombrados por el gobierno).
  • Se instauró el sufragio universal masculino.
  • Estado confesional católico, pero se declaró la libertad de culto y la aconfesionalidad del Estado. Libertad de enseñanza y cultos para los extranjeros y para los españoles que profesen otra religión diferente a la católica.
  • Organización territorial: se establece la elección democrática de ayuntamientos y diputaciones provinciales.

En suma, el texto elaborado por las Cortes de 1869 es considerado como la primera Constitución monárquica, liberal y democrática de nuestra historia, que se anticipó en varias décadas a otros países de Europa en cuanto a conquistas políticas y sociales.

La Restauración Borbónica y la Constitución de 1876

La restauración de la monarquía fue promovida por políticos conservadores, hombres de negocios y militares, a finales del siglo XIX, los cuales compartían unos nuevos intereses y una misma concepción del Estado: la defensa del orden social y de la propiedad, y la confianza en la monarquía como garantía de estabilidad.

El nuevo régimen fue ideado por Cánovas del Castillo, con el objetivo de superar los problemas de la monarquía de Isabel II: el carácter excluyente de los partidos cuando llegaban al poder, el intervencionismo del ejército y la proliferación de enfrentamientos políticos. Sin embargo, no se trataba de un sistema democrático, ya que no reconocía el sufragio universal masculino.

El sistema político propuesto por Cánovas estará basado en el modelo parlamentario inglés: dos partidos (conservadores y liberales) que se turnen en el gobierno de manera pacífica. Pero antes que nada debía crearse una Constitución moderada como marco jurídico del sistema.

Elementos Clave de la Constitución de 1876

La Constitución de 1876 favoreció la estabilidad política. Se redactó con cierta flexibilidad con el objetivo de que gobernaran los dos partidos del turno de manera estable. Los principales elementos de la Constitución eran:

  • Se amplía la declaración de derechos y libertades individuales. En la que el partido conservador la aplicaron de una manera más estricta y el partido liberal en un sentido más permisivo.
  • Un enfoque conservador de la división de poderes basado en la soberanía compartida entre las Cortes y el rey, y que otorgaba amplias competencias a la Corona.
  • El rey ocupaba un papel moderador por encima de los partidos políticos, ejercía la jefatura del ejército, elegía libremente al jefe de Gobierno y no era responsable ante las Cortes. La función legislativa recaía en unas Cortes bicamerales, con un Senado y un Congreso de los Diputados.
  • El tipo de sufragio consistía en un voto censitario limitado a los mayores contribuyentes. El sufragio universal masculino se aprobó en 1890, bajo un gobierno liberal.
  • El reconocimiento del catolicismo como religión oficial, asignada a la Iglesia el control de la educación.
  • El carácter centralista que ponía ayuntamientos y diputaciones bajo el control del gobierno y garantizaba la vigencia de las mismas leyes en todo el país.

El Turno de Partidos y el Caciquismo

El Partido Conservador fue creado y liderado por Cánovas del Castillo y el Partido Liberal por Sagasta, que tenía un programa más progresista.

El resultado de las elecciones era acordado de antemano por ambos partidos, por lo que la alternancia del poder se lograba de forma artificial. Por lo tanto, el nuevo régimen se caracterizaba por apoyarse en un sistema electoral caracterizado por el caciquismo, que facilitaba la manipulación de las elecciones en beneficio de los partidos de turno, denominado Pucherazo.

El Auge de los Nacionalismos Periféricos en la Restauración

El primer texto hace referencia al nacionalismo catalán o catalanismo, cuya finalidad era recuperar su lengua y las señas de identidad de la cultura catalana. Dicho texto fue escrito en 1906 por E. Prat de la Riba, extraído del libro “La nacionalidad catalana”. Por otro lado, el segundo texto trata del movimiento nacionalista vasco, el cual defendía la esencia vasca. Este texto fue escrito por Sabino Arana en 1894, extraído de “Bizkaitarra”.

“Siendo la nacionalidad una unidad de cultura, un alma colectiva con un sentir, un pensar y un querer propios, cada nacionalidad ha de tener la facultad de acomodar su conducta colectiva, es decir, su política, a su sentimiento de las cosas, a su sentido, a su libre voluntad. Cada nacionalidad ha de tener su estado. […] Así, el nacionalismo catalán, que nunca ha sido separatista, que siempre ha sentido la unión fraternal de las nacionalidades ibéricas dentro de la organización federativa, es aspiración levantada de un pueblo, que, con conciencia de su derecho y de su fuerza, marcha con paso seguro por el camino de los grandes ideales progresivos de la humanidad.”

E. Prat de la Riba: La nacionalidad catalana, 1906.

“Libre e independiente de poder extraño, vivía Vizcaya, gobernándose y legislándose a sí misma, como nación aparte, como Estado constituido, y vosotros, cansados de ser libres, habéis acatado la dominación extranjera […] […] vosotros, degenerados y corrompidos por la influencia española, o lo habéis adulterado por completo, o lo habéis afeminado o embrutecido. […] Vosotros, sin pizca de dignidad habéis mezclado vuestra sangre con la española o maketa, os habéis hermanado con la raza más vil y despreciable de Europa. Lo que de bueno tiene el vasco no se lo debe a Castilla y hermanas. De lo malo, casi todo lo tiene de ellas recibido. […]”

Sabino Arana: Bizkaitarra, 1894

Sendos movimientos nacionalistas surgen en el periodo de la “Restauración Borbónica”, coincidiendo con el desarrollo de los nacionalismos en Europa. Comienzan en 1874 con la proclamación del Rey Alfonso XII y el fin de la primera república española. Tras la conclusión de esta última, se produce el auge de los movimientos nacionalistas a nivel nacional en protesta al centralismo del Estado.

Tanto el movimiento nacionalista vasco como el catalán se caracterizan por originarse en un ámbito con un gran desarrollo industrial, concentrada en estas comunidades, siendo reavivado este sentimiento por los burgueses de ambas poblaciones, que se agrupaban en asociaciones de protesta con la finalidad de defender el nacionalismo.

Similitudes y Objetivos de los Nacionalismos Periféricos

Atendiendo a las similitudes podemos hacer referencia a que los movimientos nacionalistas periféricos, sobre todo en el País Vasco y Cataluña, derivan de los regionalismos, defendiendo su identidad regional, su habla con una lengua diferente, sus derechos históricos (fueros), su cultura, costumbres y realidad económica. Estos eran los argumentos que sostenían el derecho al autogobierno en Cataluña y País Vasco.

Entre sus principales objetivos, como se puede apreciar en el texto, tenemos por un lado a Prat de la Riba que era un conservador, católico y burgués y defendía la autonomía política para Cataluña, como también los intereses económicos de los industriales catalanes y una política comercial proteccionista. En cuanto al País Vasco, tenemos a Sabino Arana que llevó a cabo la defensa del mundo rural y tradicional vasco, promocionando la “euskadización” de la sociedad vasca y rechazo radical de todo lo español y conservadurismo ideológico.

Los objetivos planteados tanto por el nacionalismo catalán como por el vasco no tendrán respuesta durante el periodo de la Restauración. Solo Cataluña consiguió la Mancomunidad; la falta de respuesta por parte de la administración central les llevó a protagonizar la crisis de la Restauración en 1917 con la Asamblea de Parlamentarios.

Otra similitud es que ambos líderes fundan partidos políticos: la “Liga Regionalista” con Francesc Cambó como principal dirigente y Prat de la Riba como ideólogo, siendo un partido conservador, católico y burgués. Y el “Partido Nacionalista Vasco” (PNV), fundado por Sabino Arana con una solemne declaración antiespañola y con una voluntad de restaurar en el territorio el orden jurídico tradicional.

Diferencias Ideológicas y de Origen

En cuanto a las diferencias, podemos señalar que en Cataluña, el sentimiento nacionalista tiene su primera manifestación en los años 30 del siglo XIX. Este sentimiento que busca sus señas de identidad en el pasado, comienza con un movimiento de recuperación cultural conocido como “La Renaixença”, que intenta fortalecer la lengua, el catalán, convirtiéndola en una lengua no solo hablada en la calle sino literaria, utilizando los periódicos y libros para su difusión.

El nacionalismo del País Vasco tuvo peculiaridades distintas al catalán. Su fundamento ideológico era: una lengua propia, el eusquera y la defensa de sus fueros históricos que fueron derogados durante la Restauración en 1876. Esta pérdida de los fueros junto con la industrialización que conoció el País Vasco y la llegada de inmigrantes de otros territorios favorecieron el desarrollo del sentimiento nacional porque veían peligrar sus costumbres y tradiciones.

Otra diferencia es que el nacionalismo vasco buscaba la independencia total de España, mientras que el nacionalismo catalán (Liga Regionalista) quería convertir Cataluña en un estado federado.

También, hay que señalar la actitud racista presente en el movimiento vasco (“Vosotros, sin pizca de dignidad, habéis mezclado vuestra sangre con la española…”), aunque después se suavizó. Su radicalización adquirió tintes racistas, como defensor de la raza vasca frente a los maquetos, considerados culpables de la degeneración de la raza vasca por el mestizaje (antiespañolismo), así como la reivindicación de la independencia.

El Movimiento Obrero: Socialismo y Anarquismo

El movimiento obrero, entendido como la actividad política y social de los obreros y campesinos para mejorar su situación económica y laboral y defender sus derechos dentro de la sociedad capitalista, se consolida después de los años 80 del siglo XIX. Las dos ideologías mayoritarias en el movimiento obrero fueron: la anarquista y la socialista o marxista.

El movimiento obrero se organiza en España durante el periodo de la Restauración y coincidiendo con épocas de mayores libertades, especialmente durante los gobiernos de Sagasta. En periodos anteriores es poco significativo y se centra básicamente en algunas asociaciones de solidaridad y en acciones ludistas.

Características de la Corriente Socialista

En primer lugar, la corriente socialista, tras la desaparición de la Internacional, un grupo de obreros encabezados por Pablo Iglesias fundó el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que se inclinaba claramente por el marxismo. El partido fue bien recibido en Madrid, País Vasco, Asturias, pero su expansión por el resto del país fue costosa debido a la influencia anarcosindicalista y la poca representación del campesinado.

Ideas Básicas del Programa Socialista

  • Posesión del poder político por la clase trabajadora. Acabaría con la lucha de clases y crearía un estado comunista donde todos fueran iguales.
  • Transformación de la propiedad privada en propiedad social (única forma de eliminar las diferencias y crear una sociedad de iguales).
  • Medidas políticas y económicas de inmediata realización para alcanzar el fin propuesto: petición de derechos de asociación y reunión, de libertad de prensa, de sufragio universal; la jornada de ocho horas y el salario igual para trabajadores de ambos sexos.
  • Rechazo del terrorismo, práctica que consideraba una falsa vía para la liberación de los trabajadores.
  • Oposición a la expansión colonial y a las guerras (medios que utilizan los países capitalistas para consolidar su sistema económico).

Fue también a finales del siglo XIX cuando se fundó la Unión General de Trabajadores (UGT), que se organizaba en sindicatos de oficio y usaba la huelga como máxima acción reivindicativa. La UGT, en un principio dejó libertad de militancia política a sus afiliados, aunque más tarde, influenciado por los socialistas, se inclinó más hacia el marxismo.

A pesar de su lenta expansión, en las primeras décadas del siglo XX, el partido socialista consiguió obtener su primer diputado en las Cortes además de gran número de leyes reguladoras de las condiciones de trabajo y de negociación colectiva.

Características de la Corriente Anarquista

Con respecto a la corriente anarquista, es en este momento cuando surge la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE), que defenderán la separación del mundo obrero de la política oficial ya que los obreros desconfiaban de cualquier acción reformista del Estado y lucharon contra este.

Se integraron con más fuerza en Andalucía y Cataluña y los principales rasgos ideológicos que definían a los anarquistas eran:

  • Rechazo de cualquier autoridad impuesta: “No al Estado, no al ejército, no a la Iglesia”.
  • Rechazo de la propiedad privada y defensa del colectivismo.
  • Defensa de la revolución violenta y del recurso a las huelgas generales, insurrecciones, sabotajes y actos terroristas como medio para destruir el estado burgués al que consideran opresor.
  • Apoliticismo. Rechazan el juego político y la participación en las elecciones.
  • Anticlericalismo.

Su carácter reivindicativo, unido a la gran represión que en el momento se ejercía sobre el movimiento obrero y campesino, los llevaron a organizarse en grupos autónomos revolucionarios cuyo objetivo era atentar contra la vida de personajes destacados en el ámbito político, como pudieron ser Cánovas y Martínez Campos, o cualquier otro símbolo del capitalismo.

A estas actuaciones se las denominó como acción directa, la cual fue perseguida y duramente castigada. Fueron esta represión y la gravedad de los atentados cometidos las que provocaron la división del anarquismo entre los que defendían la acción directa o los que optaban por una acción más moderada, propugnando la necesidad de fundar organizaciones de carácter sindical. Es así como a principios del siglo XX surge la CNT, que tenía una clara orientación anarcosindicalista.