El Reinado de Isabel II (1833-1868)
Isabel II, hija de Fernando VII, heredó el trono con tan solo 3 años, por lo que su madre, María Cristina de Borbón, y el general liberal Espartero asumieron la Regencia (1833-1843). Durante este periodo se produjo el paso del absolutismo al Estado liberal. Este cambio permitió el desmantelamiento de las instituciones del Antiguo Régimen e implantó medidas jurídicas como la Desamortización de Mendizábal.
La Década Moderada (1844-1854)
Para evitar una nueva regencia, en 1843 se corona con 13 años como reina a Isabel II, quien encarga la formación de gobierno al Partido Moderado, liderado por el general Narváez. Narváez apoyará a los sectores burgueses más conservadores en busca de un estado más centralizado. Para ello, lleva a cabo diversas medidas:
- Se crean los gobernadores civiles y las diputaciones provinciales.
- Una nueva Ley de Ayuntamientos, en la que el alcalde será elegido por el gobierno, lo que favoreció el caciquismo.
- Se crea la Guardia Civil en 1844.
También se toman medidas en materia jurídica, como la creación de un nuevo Código Penal, una nueva Ley de Educación y la publicación de la Ley Mon-Santillán, que pretendía aumentar los ingresos de Hacienda a través de los impuestos. Se intenta mejorar la relación con la Iglesia a través del Concordato con la Santa Sede de 1851, en el que se suspende la desamortización eclesiástica y se reconoce el catolicismo como la religión oficial del país. A cambio, la Iglesia reconoce a Isabel II como reina. Sin embargo, durante este gobierno hay una gran inestabilidad política y malestar social, lo que provoca el Pronunciamiento de O’Donnell (la Vicalvarada), que pondrá fin a la etapa moderada.
El Bienio Progresista (1854-1856)
Los sublevados elaboran el «Manifiesto de Manzanares», en el que piden una bajada de impuestos y una convocatoria de Cortes. Las revueltas se extendieron y la reina contactó con el general Espartero para que encabezara el gobierno. Durante el gobierno de Espartero se restaura la Milicia Nacional y la Ley Municipal, que permite la elección directa de los alcaldes.
También aplicaron programas de reformas económicas: se aprueba la Ley de Desamortización General de Madoz, la Ley General de Ferrocarriles y la Ley de Trabajo, en la que se permiten por primera vez las asociaciones de obreros. Sin embargo, las discrepancias en el Gobierno y la conflictividad social llevan a Espartero a dimitir en 1856, siendo sustituido por O’Donnell.
La Alternancia de Gobierno y la Crisis Final (1856-1868)
Este periodo estuvo dominado por la alternancia entre unionistas y moderados. El favoritismo de la reina hacia los moderados provoca la dimisión de O’Donnell, y la reina nombra a Narváez presidente. Esto supone la llegada del autoritarismo y se implanta la Ley de Instrucción Pública del ministro Moyano, que crea los institutos de enseñanza media. También se culminan importantes obras públicas, se extiende el ferrocarril y aumenta el desarrollo de los bancos. Sin embargo, debido a la crisis económica, Narváez dimite.
Es aquí cuando Isabel II llama a gobernar a O’Donnell, iniciándose la etapa más larga (1858-1863), caracterizada por la estabilidad política, prosperidad económica y una política exterior activa para recuperar el prestigio. No obstante, en 1863 una crisis de gobierno provoca la dimisión de O’Donnell. Narváez vuelve al poder e impone un gobierno autoritario y represivo contra la oposición. Los progresistas acusan a Isabel II de entorpecer las instituciones y pasan a la insurrección apoyados por los demócratas. El malestar se extiende por el país y se producen revueltas como la protesta estudiantil de la Noche de San Daniel y el pronunciamiento militar del General Prim.
Finalmente, los efectos de la crisis económica de 1866, el malestar social y la oposición militar y política condujeron a la firma del Pacto de Ostende (1866), un acuerdo entre demócratas, progresistas, unionistas y republicanos para derrocar a Isabel II. Como consecuencia, se produjo un levantamiento militar liderado por el General Topete en Cádiz, dando lugar a la revolución llamada «La Gloriosa», que obligó a Isabel II a exiliarse.
La Primera Guerra Carlista (1833-1840)
Al morir Fernando VII en 1833, heredó el trono Isabel II. Sin embargo, los absolutistas no la reconocen como reina y apoyan a su tío, Carlos María Isidro, quien difundió el «Manifiesto de Abrantes» reclamando su derecho al trono. Así comienza la Primera Guerra Carlista bajo el lema «Dios, Patria, Rey». Esta ideología defendía el absolutismo monárquico, el papel estructurador de la Iglesia, el Antiguo Régimen y el sistema de fueros. Fueron apoyados por el noreste de España (País Vasco, Navarra y Cataluña), el clero, la nobleza agraria y el campesinado, además de potencias como Austria, Prusia y Rusia.
La causa isabelina fue defendida por los liberales, las zonas urbanas, la alta nobleza, la jerarquía eclesiástica y la burguesía, contando con el apoyo exterior de Gran Bretaña, Francia y Portugal.
Fases del Conflicto
En la primera fase, Carlos establece su corte en Elizondo (1834), contando con militares como Zumalacárregui, Gómez y Cabrera. Las tropas de Zumalacárregui usaron la técnica de guerrillas y ocuparon Tolosa, Vergara y Durango, pero fracasaron en Bilbao, donde murió el estratega en 1835. En la segunda fase, la guerra se decanta por el bando liberal tras la victoria de Espartero en Luchana (1836). Los carlistas iniciaron las «expediciones», como la de Gómez (1836) hacia Andalucía y la Expedición Real (1837) hacia Madrid, ambas sin éxito definitivo.
La división interna carlista dio lugar a los transaccionistas, que negociaron el Convenio de Vergara (1839) con Espartero, poniendo fin a la guerra a cambio de mantener los fueros y admitir a los oficiales carlistas en el ejército isabelino. Los intransigentes continuaron la lucha hasta ser derrotados en el Maestrazgo (1840).
Consecuencias y la Ley Paccionada
La guerra inclinó la monarquía hacia el liberalismo y dio protagonismo político al Ejército. En Navarra, la negociación entre el gobierno y la diputación dio lugar a la Ley Paccionada de 1841: Navarra dejó de ser reino para ser una provincia foral con autonomía fiscal y administrativa, pero perdiendo sus instituciones tradicionales y aduanas interiores. Esta ley estuvo vigente hasta la Ley de Amejoramiento del Fuero en 1982.
La Crisis de 1917 y el Final del Sistema de la Restauración
En 1917, el sistema de la Restauración entró en una fase crítica por el desprestigio de los partidos dinásticos, el intervencionismo del Ejército, la conflictividad social y el impacto de la Primera Guerra Mundial. La crisis estalló en tres ámbitos:
- Crisis Militar: Los oficiales peninsulares formaron las Juntas Militares de Defensa para reivindicar mejoras salariales y que la antigüedad fuera el único criterio de ascenso, frente a los méritos de guerra de los africanistas.
- Crisis Política: Ante el cierre de las Cortes por Eduardo Dato, Francesc Cambó convocó la Asamblea de Parlamentarios en Barcelona, exigiendo autonomía para Cataluña y una nueva Constitución, aunque fracasó por diferencias ideológicas.
- Crisis Social: Se convocó una Huelga General Revolucionaria por la UGT y la CNT en agosto de 1917, reprimida violentamente por el Ejército.
Este declive se agravó con el Desastre de Annual (1921) en Marruecos, que provocó una gran indignación pública y la investigación del «Expediente Picasso». Finalmente, el Golpe de Estado de Miguel Primo de Rivera en 1923 puso fin a la Restauración e inició una dictadura.
Economía y Sociedad: Agricultura e Industrialización
La Reforma Agraria Liberal
España seguía siendo un país agrícola con estructuras de «manos muertas» (clero y nobleza). Los liberales impulsaron una reforma para fomentar la propiedad privada y el mercado capitalista. Destacan:
- La Ley de Desvinculación (1836) y la abolición de los señoríos.
- La Desamortización de Mendizábal (1836): Nacionalización y subasta de bienes del clero regular para sanear la Hacienda y financiar la guerra carlista.
- La Desamortización de Madoz (1855): Afectó a bienes municipales (propios y comunes) para financiar el ferrocarril.
Aunque aumentó la superficie cultivada, no se creó una clase media campesina y la productividad siguió siendo baja en comparación con Europa.
El Proceso de Industrialización
La industrialización fue lenta y periférica. Destacan tres focos:
- Cataluña: Industria textil algodonera, motor del cambio gracias al proteccionismo.
- Asturias y Vizcaya: Siderurgia y minería. El eje Bilbao-Cardiff permitió el desarrollo vasco gracias al intercambio de hierro por carbón galés.
- El Ferrocarril: La Ley de 1855 impulsó su construcción, aunque su estructura radial y el ancho de vía diferente al europeo dificultaron los intercambios.
La Oposición al Sistema y la Crisis de 1898
Republicanismo y Nacionalismos
La oposición incluyó al republicanismo (dividido entre el Partido Radical de Lerroux y el Reformista de Melquíades Álvarez) y los nacionalismos periféricos. En Cataluña, la Renaixença cultural derivó en el catalanismo político de la Lliga Regionalista (Prat de la Riba y Cambó). En el País Vasco, Sabino Arana fundó el PNV en 1895, basándose en la defensa de los fueros, la lengua y la raza vasca frente a la llegada de inmigrantes (maketos).
El Desastre del 98
Tras el «Grito de Baire» en Cuba y la insurrección en Filipinas (liderada por José Rizal), España se enfrentó a Estados Unidos. El casus belli fue la explosión del acorazado Maine. Tras la derrota, el Tratado de París (1898) supuso la pérdida de Cuba, Puerto Rico y Filipinas.
Este desastre provocó una crisis moral y el nacimiento del Regeneracionismo, corriente intelectual liderada por Joaquín Costa que pedía «despensa y escuela». También marcó a la Generación del 98 (Unamuno, Baroja, Machado) y generó un fuerte resentimiento en el Ejército hacia la clase política.