Contexto histórico
A comienzos del siglo XX, Rusia era un enorme imperio que comprendía desde el mar Báltico por el oeste hasta el Pacífico por el este. Tenía casi 150 millones de habitantes; la economía y la sociedad rusa eran de las más atrasadas de Europa, y la política se basaba en el poder absoluto del zar.
El sistema zarista se apoyaba en tres pilares básicos: la nobleza, que poseía la mayoría de las tierras; la burocracia y el ejército, que ejercían la censura y el control político; y la Iglesia ortodoxa, cuyo jefe supremo era el propio zar.
Durante el reinado de Alejandro II se intentaron aplicar una serie de reformas políticas y sociales sin cuestionar los privilegios de la nobleza ni el poder absoluto del monarca. Una de las medidas más significativas fue la abolición del régimen feudal y de la servidumbre campesina de 1861. En teoría, los siervos obtenían la libertad personal, pero en la práctica tuvieron que pagar fuertes indemnizaciones, por lo que su impacto fue muy limitado; la mayoría de los campesinos siguieron ligados a la tierra y sumidos en la pobreza.
Tras el atentado contra Alejandro II, sus sucesores Alejandro III y Nicolás II cortaron los intentos reformistas y reprimieron cualquier tipo de oposición.
A pesar de ello, se produjo un proceso de industrialización limitado a San Petersburgo, Moscú, algunas áreas de Ucrania, la cuenca del Donetz y Bakú, centrándose en grandes complejos industriales con fuerte presencia de capital extranjero. El escaso desarrollo industrial produjo cambios sociales como la aparición de clases medias y obreras urbanas, aunque la población rural y campesina seguía siendo predominante.
Oposición al zarismo
A pesar de la prohibición de formar partidos políticos, se organizó una oposición en torno a una reducida clase intelectual que reclamaba libertad y cambios sociales y políticos.
En 1870 surgieron los narodniks, que pretendían crear una conciencia revolucionaria en el campesinado y pedían la implantación de un socialismo agrario basado en la colectivización de la tierra.
El fracaso de este movimiento dio lugar a la división entre los partidarios del anarquismo y los que querían crear un partido socialista revolucionario. Este último objetivo terminó cristalizando en la creación, en Minsk, del POSDR (Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia), inspirado en los principios marxistas. En 1903 se produjo la ruptura en su seno entre dos grandes grupos:
- Mencheviques: defendían la necesidad de una etapa burguesa, con la implantación de una democracia representativa y el desarrollo de una economía capitalista antes de comenzar una revolución socialista. Sus principales líderes fueron Martov y Plejánov.
- Bolcheviques: proponían el derrocamiento inmediato del zar y el establecimiento de la dictadura del proletariado y del campesinado, constituyéndose como vanguardia revolucionaria.
En 1905 se constituyó el Partido Socialista Revolucionario, que mantuvo las tesis del socialismo agrario y la revolución campesina, aunque aceptaba la necesidad de una fase capitalista. Por su parte, la burguesía fundó el Partido Constitucional Demócrata (los cadetes), que pretendía un sistema constitucional con derechos individuales.
Caída del zarismo
El 23 de febrero de 1917 el estallido de una huelga en la fábrica de armamentos Putilov inició una revolución espontánea en Petrogrado. Al día siguiente la ciudad quedó paralizada por la huelga general.
Las huelgas y manifestaciones contra la guerra y las pésimas condiciones de vida se extendieron a otras ciudades como Moscú. El 26 de febrero se desató una importante represión, pero el 27 la guarnición de Petrogrado se unió a los huelguistas.
Los revolucionarios reorganizaron el soviet de Petrogrado, llegando a considerar la posibilidad de tomar el poder, aunque decidieron limitarse a exigir reformas democráticas y el fin de la guerra.
La disolución de la Duma por Nicolás II empujó también a los liberales (cadetes) a oponerse al zar, que se quedó sin apoyos; por ello terminó abdicando el 2 de marzo y, al día siguiente, se formó un gobierno provisional encabezado por el príncipe Lvov, en su mayoría compuesto por cadetes y con un socialista revolucionario como ministro de Justicia.
La conquista del poder
Entre septiembre y octubre, los bolcheviques se convirtieron en la alternativa más popular al gobierno provisional. El soviet de Petrogrado, dirigido por Trotski, el de Moscú y los del resto de áreas urbanas se pusieron del lado bolchevique.
Las condiciones de vida empeoraron a causa del desabastecimiento y el caos administrativo. En las ciudades, los comités de las fábricas se hicieron con el control de muchas empresas; los campesinos exigieron la entrega de tierras y los soldados la democratización de los mandos y el final de la guerra.
Lenin aprovechó el caos para hacerse con el poder. El 9 de octubre regresó de incógnito a Petrogrado desde el exilio y, el 10, en una reunión clandestina con el resto de bolcheviques, adoptaron el principio de la insurrección armada.
A instancias de Trotski se aplazó el levantamiento en Petrogrado para que coincidiera con el II Congreso de los Soviets, con el objetivo de que más que un golpe de Estado fuera la transferencia de «todo el poder para los soviets».
Trotski, presidente del soviet de Petrogrado, coordinó las operaciones del Comité Militar Revolucionario y preparó la toma del poder. Las tropas leales a los bolcheviques y la Guardia Roja ocuparon los bancos, las centrales telefónicas y las estaciones de ferrocarril. El día 25 cercaron el Palacio de Invierno, sede del gobierno provisional, y el crucero Aurora dirigió sus cañones hacia el palacio. Los bolcheviques detuvieron a todo el gobierno, salvo a Kerenski, que consiguió huir.
De forma paralela se reunió el II Congreso de los Soviets de toda Rusia. Mencheviques y socialistas revolucionarios protestaron ante lo que consideraban un golpe de Estado y abandonaron la sala, lo que posibilitó que la delegación bolchevique tuviera mayoría. Lenin y Trotski formaron un nuevo gobierno, presidido por Lenin, que recibió el nombre de Consejo de Comisarios del Pueblo.
La creación del Estado soviético
El Congreso de los Soviets adoptó una serie de medidas para construir un Estado socialista soviético. Lenin firmó dos decretos de vital importancia:
- Decreto sobre la paz.
- Decreto sobre la tierra, que expropiaba las grandes propiedades y las entregaba a los campesinos.
Con estos decretos, los bolcheviques pusieron de su lado a campesinos y soldados, asegurándose la permanencia en el poder. Inmediatamente pusieron en marcha otras medidas para reforzar el control político y consolidar el apoyo popular:
- Se concedió a los soviets obreros el control de fábricas y minas.
- Se estableció la jornada laboral de ocho horas.
- Se declaró el derecho a la autodeterminación de las nacionalidades.
- Convocatoria de la Asamblea Constituyente, encargada de elaborar una constitución.
Lenin decidió terminar con la oposición, para lo que aprobó un decreto sobre la prensa que permitía cerrar cualquier periódico contrario al II Congreso de los Soviets y, a partir de diciembre, la policía política se encargó de vigilar a los opositores.
Para conseguir una paz inmediata y por separado, en noviembre de 1917 Lenin acordó un armisticio, refrendado posteriormente por el Tratado de Brest-Litovsk, por el que Alemania controlaría Polonia, Estonia, Letonia y Lituania, mientras que Georgia, Ucrania y Finlandia consiguieron la independencia.
Se celebraron elecciones para la Asamblea Constituyente, con un resultado adverso para los bolcheviques; la Asamblea celebró una sesión y fue disuelta.
El III Congreso de los Soviets se proclamó heredero de la Asamblea y aprobó la constitución de la República Soviética Federativa Socialista Rusa. La constitución definía el nuevo Estado como una dictadura del proletariado, bajo el control del Partido Comunista de Rusia.