Introducción
Los procesos de **desamortizaciones** durante el siglo XIX se llevaron a cabo principalmente durante la Primera Guerra Carlista (1833-1839) y en el reinado de Isabel II (1843-1868). Las dos más importantes son las de Mendizábal y la de Madoz, aunque existen antecedentes que se remontan a la segunda mitad del siglo XVIII, planteados por los ministros ilustrados.
1. Antecedentes Históricos
Aumento Demográfico y Estructura de la Propiedad
Durante el siglo XVIII se produjo en España un aumento de la población, lo que generó una subida en la demanda de productos agrarios. El gran problema radicaba en la estructura de la propiedad de las tierras: estas pertenecían a los estamentos privilegiados, quienes no estaban dispuestos a invertir en mejoras para evitar la bajada de precios.
La Influencia de la Fisiocracia
Este planteamiento cambió con la fisiocracia, doctrina que establecía que la riqueza del país residía en el aumento de la población, y que fue aplicada por los ministros ilustrados. Para aumentar la producción era necesario disponer de más tierras de cultivo, pero la mayoría de estas estaban amortizadas (no se podían vender ni ceder), existiendo figuras como el mayorazgo.
La solución a este problema se vislumbró en las desamortizaciones, con el objetivo de realizar una reforma agraria.
Primeras Medidas Desamortizadoras
El Conde de Aranda (1766)
Las primeras medidas desamortizadoras se dieron durante el reinado de Carlos III, y el ministro encargado fue el Conde de Aranda (1766). Estas se aplicaron en Extremadura y consistieron en expropiar tierras que pasarían al Estado para cederlas en arrendamiento a los campesinos. El intento de Aranda de extenderlas por el resto del país encontró la oposición de los privilegiados. Este hecho es reflejo de cómo la nobleza había recuperado autoridad frente a Carlos III tras el Motín de Esquilache.
Las Reformas de Godoy
La segunda medida desamortizadora fue impulsada por Godoy, primer ministro, con el fin de salvar la deuda del Estado mediante la venta de bienes en régimen de “manos muertas”. Este cambio de orientación —vender para obtener fondos— sería el motor de las reformas agrarias y sociales y se utilizaría a finales del siglo XIX.
- Las medidas de Godoy se centraron inicialmente en bienes eclesiásticos, en su mayoría fincas urbanas.
- Posteriormente, se extendieron a la nobleza, lo que motivó su expulsión tras la Abdicación de Carlos IV.
El fin de estas medidas se produjo tras el Motín de Aranjuez (1808).
Las Cortes de Cádiz (1810-1814)
La siguiente medida desamortizadora se aprobó en 1813. Consistió en vender bienes pertenecientes a órdenes religiosas que habían sido dañadas o destruidas durante la guerra. Esta medida favoreció a la Iglesia y a la burguesía, que accedió por primera vez al derecho de poseer propiedades. Se aplicó parcialmente durante el Trienio Liberal (1820-1823).
2. Desamortización de Mendizábal (1836-1837)
Juan Álvarez Mendizábal llevó a cabo su desamortización durante la Guerra Carlista (1833-1839) bajo la regencia de María Cristina. Llegó a la presidencia del gobierno en 1835, representando al partido liberal, con un plan de reformas destinado a sanear la deuda del Estado y, posteriormente, realizar una reforma agraria. Mendizábal era consciente de la situación bélica, por lo que una parte de la reforma estaba destinada a financiar la guerra.
Fases y Objetivos
Esta reforma se centró principalmente en los bienes raíces pertenecientes a órdenes religiosas con menos de doce miembros, y de forma proporcional a la extensión de tierra que poseían.
Primera Ley (1836)
Su primera ley desamortizadora fue de 1835, pero fue aprobada y ejecutada en 1836, siendo Mendizábal ministro de Economía y Hacienda. Los fondos obtenidos resultaron insuficientes para la reforma social, en parte debido a:
- La condena del Vaticano de excomulgar a todos los que compraran tierras expropiadas a la Iglesia.
- El aprovechamiento de la situación por parte de aquellos con capital para comprar las tierras.
Segunda Ley (1837)
La segunda ley se proyectó en 1837, año en que se eliminó el impuesto que gravaba a la Iglesia. En esta nueva desamortización se expropiaron todos los bienes y tierras de las órdenes religiosas, reduciendo drásticamente el número de miembros de cada una.
Oposición y Críticas
La ley se aprobó, pero su aplicación se retrasó hasta 1840. Mendizábal enfrentó la oposición de la Iglesia, los moderados y de Flores Estrada, miembro del partido progresista, quien discrepaba de la forma de ejecución.
Flores Estrada propuso que el Estado debía permanecer como propietario y arrendar las tierras a los campesinos por una renta muy baja mediante contratos de enfiteusis (a 50 años). De esta manera, el Estado ingresaría por las tierras y por los impuestos. Aunque estos argumentos progresistas fueron utilizados, la necesidad de obtener dinero hizo que Mendizábal priorizara la venta inmediata.
Consecuencias
La desamortización de Mendizábal no cumplió su objetivo principal de sanear la deuda y realizar una reforma social, pero sí fue crucial para ganar la Guerra Carlista. La consecuencia negativa más notable fue el aumento del latifundismo debido a la acción de los especuladores.
3. Desamortización de Madoz (1855)
Esta desamortización se llevó a cabo durante el Bienio Progresista (1854-1856) en el reinado de Isabel II.
Objetivo: Infraestructura y Financiación
El planteamiento de Pascual Madoz era impulsar la industrialización del país, que apenas había comenzado en Cataluña. Para ello, era fundamental la construcción del ferrocarril, para lo cual se necesitaban fondos.
Aplicación y Bienes Afectados
Madoz aplicó su ley desamortizadora ese mismo año (1855). Se centró principalmente en bienes civiles, aunque también se incluyeron tierras del Estado y de la Iglesia. La preponderancia de bienes civiles se debió a las condiciones impuestas por el Concordato de 1851.
Reacciones Políticas
- Narváez suprimió la desamortización de Madoz al poco tiempo.
- En 1858, O’Donnell la reformó durante el periodo de la Unión Liberal (hasta 1863). O’Donnell la utilizó para obtener fondos e iniciar su política imperialista, aunque finalmente se destinó a la construcción del ferrocarril.
- Isabel II se mostró reacia a firmar la ley de 1855 porque incluía bienes de la Iglesia, pero finalmente lo hizo. No obstante, en 1860 se firmó una nueva ley desamortizadora que solo permitía vender bienes elegidos por la Corona.
Resultado
El objetivo de Madoz de sanear la deuda estatal y financiar el ferrocarril no se cumplió plenamente debido a la falta de inversores privados.
4. Cambios Agrarios y Consecuencias Sociales
La economía durante el reinado de Isabel II se caracterizó por el estancamiento, a pesar de las desamortizaciones de Mendizábal y Madoz. Aunque se ganaron más tierras de cultivo, los nuevos propietarios no invirtieron en mejoras.
Productividad y Conflictividad
La productividad era escasa debido a la falta de inversión, lo que mantenía los precios elevados. Esto fue un factor determinante para que no cesara la conflictividad social, ya que la producción estaba condicionada por el clima; las sequías fueron constantes en la década de 1850.
El resultado de las desamortizaciones fue el empobrecimiento de la clase trabajadora, una circunstancia que sería aprovechada por los anarquistas al final del reinado isabelino.
Transformación de la Propiedad y la Iglesia
La propiedad de la tierra sufrió un cambio significativo: la Iglesia perdió muchas propiedades, pero no perdió poder ni riqueza, manteniendo su influencia a través del monopolio de la educación.
Los cambios más notables en el sector agrario se producirían en el último cuarto del siglo XIX, vinculados al desarrollo de una industria agroalimentaria ligada a productos como el olivo, el maíz y la patata.
5. Conclusión
Las desamortizaciones del siglo XIX no lograron sanear la deuda del Estado, por lo que nunca se concretó una reforma agraria o social efectiva. Sirvieron principalmente para aumentar el latifundismo, sin solucionar la gran problemática económica del país.
Específicamente:
- La de Mendizábal fue fundamental para ganar la Guerra Carlista.
- La de Madoz facilitó la construcción del ferrocarril.
La crisis económica en España se mantuvo como una constante durante todo el siglo XIX, incluso a pesar de las reformas económicas del Sexenio Democrático o de la Restauración, debido a las políticas proteccionistas mantenidas por los gobiernos del régimen isabelino.