La Primera Guerra Carlista y las Regencias Liberales en España (1833-1843)

La Primera Guerra Carlista (1833-1840)

Cuando Fernando VII murió en 1833, don Carlos se negó a reconocer la legitimidad de la princesa Isabel. Desde Portugal, promulgó el Manifiesto de Abrantes (1 de octubre de 1833) y se autoproclamó rey, prometiendo respetar los fueros y las leyes tradicionales.

Sus partidarios, los carlistas, se agruparon en partidas armadas, dando inicio a la Primera Guerra Carlista (1833-1840).

El Contexto Internacional y el Apoyo Carlista

Don Carlos recibió el apoyo inicial de Portugal, desde donde empezó a operar. Los ejércitos españoles penetraron en el país vecino, y Portugal envió tropas a España. Entonces intervino el gobierno británico, que mediante el Tratado de Évora-Monte puso fin a la internacionalidad del conflicto y obligó a Carlos a residir en Inglaterra. Sin embargo, don Carlos se evadió de Inglaterra y se personó en la Península.

Apoyos Sociales y Regionales del Carlismo

El carlismo encontró sus principales apoyos sociales en las zonas rurales, entre:

  • Los campesinos que eran pequeños propietarios.
  • Los jornaleros y los pequeños artesanos.

Las regiones de predominio carlista fueron:

  • País Vasco y Navarra.
  • El campesinado de Cataluña, Aragón y Castellón.

En el exterior, contaron con el apoyo moral de Rusia, Austria y Prusia. Formaron partidas y, bajo el mando de Zumalacárregui, se formó el Ejército del Norte.

El Bando Isabelino (Liberal)

La reina regente, María Cristina, contó con el respaldo de la mayor parte de las clases medias urbanas y la alta burguesía, todos ellos partidarios del liberalismo y la modernización del Estado. La reina contó también con el respaldo de la nobleza, con la fidelidad del ejército y la mayor parte del territorio leal. El ejército era inicialmente débil, por lo que resultó fundamental el apoyo que los liberales (o cristinos) recibieron por parte de Francia, Gran Bretaña y Portugal.

Desarrollo de la Guerra

Durante la guerra, los carlistas, bajo el mando del general Zumalacárregui, consiguieron numerosos éxitos y se asentaron en las zonas rurales del País Vasco y Navarra. Tuvieron éxito en ocupar ciudades importantes (Tolosa, Durango, Vergara, Eibar) y lanzaron un ataque a Bilbao, pero esta no cayó, y la asediaron (1835). Tras este asedio, murió Zumalacárregui (1835).

En 1836, el general liberal Espartero tomó Luchana y levantó el asedio a Bilbao. Los carlistas iniciaron expediciones con el general Guergue en Cataluña, Miguel Gómez en Andalucía y Castilla-La Mancha, y Basilio Antonio García por Castilla-La Mancha, quien fue derrotado por el cristino Padriñas en Béjar (Salamanca). La última expedición fue la del pretendiente, que llegó a Madrid y al Palacio Real en 1837. El general carlista Cabrera retiró sus tropas debido a un conflicto interno entre civiles y militares carlistas. Al retirar las tropas, Carlos se retiró también.

El Fin del Conflicto: El Convenio de Vergara

Finalmente, se llegó a un acuerdo entre el jefe del ejército liberal, el general Espartero, y el jefe del ejército carlista del Norte, el general Maroto. El 31 de agosto de 1839, ambos militares firmaron el Convenio de Vergara, simbolizado por un Abrazo, en el que se estipulaba que:

  • Espartero recomendaría a las Cortes el mantenimiento de los fueros vascos (lo cual no se realizó completamente).
  • Se respetarían los empleos, los grados y la paga del ejército carlista.

A cambio, Maroto entregaba las armas del Ejército del Norte.

Don Carlos se sintió traicionado por Maroto y se retiró a Francia. Sin embargo, la guerra se alargó durante un tiempo porque el general Cabrera resistía en el Maestrazgo. Los isabelinos tomaron Morella (1840) y acabaron definitivamente con la Primera Guerra Carlista. Finalmente, don Carlos renunció a sus derechos al trono en favor de su primogénito, Carlos Luis.

La Regencia de María Cristina (1833-1840)

Cuando murió el rey, la regente María Cristina siguió con el gobierno de su esposo, y el poder se encontraba bajo el mando del liberal moderado Cea Bermúdez. En este gobierno, Javier de Burgos dividió el territorio en provincias, cada una dirigida por un jefe político.

El Estatuto Real de 1834

En enero de 1834, la reina regente designó presidente del gobierno a Martínez de la Rosa, liberal moderado, con el objetivo de elaborar un régimen constitucional.

Para contentar a los liberales, Martínez de la Rosa concibió la redacción del Estatuto Real, que se promulgó el 10 de abril de 1834. El Estatuto no era una Constitución, sino una Carta Otorgada que no reconocía la soberanía nacional.

Características del Estatuto Real

El Estatuto Real establecía dos cámaras junto con la reina para gobernar:

  • Estamento de Procuradores: Elegidos mediante sufragio censitario y restringido.
  • Estamento de Próceres: Cuerpos cuyos miembros serían elegidos por la Corona de entre los grandes de España.

El Estatuto era tan limitado que el cuerpo electoral quedaba reducido a muy pocos votantes. Además, la iniciativa legal quedaba enteramente reservada a la Corona, pues solo la reina podía presentar leyes, y para aprobarlas debían estar de acuerdo los tres cuerpos.

Reformas Moderadas

Martínez de la Rosa promulgó una serie de decretos. Entre las medidas que se adoptaron destaca la desaparición del monopolio de los gremios sobre la producción de manufacturas y la autorización de la libertad de industria. Se suprimió definitivamente la Inquisición (julio de 1834). Sin embargo, no se concedió libertad de prensa. Estas reformas fueron consideradas insuficientes por la mayor parte de la opinión pública y los liberales más radicales.

El Ascenso Progresista y la Desamortización

En el verano de 1835, la oposición liberal se levantó contra el gobierno. Se formaron juntas que pedían la derogación del Estatuto y la convocatoria de Cortes Constituyentes para redactar una nueva Constitución.

A la regente no le quedó más remedio que confiar el poder a un liberal progresista, Álvarez de Mendizábal. Mendizábal adoptó una serie de medidas revolucionarias. Pretendía terminar con la guerra con los recursos nacionales. Para ello reorganizó las Milicias, creando una Guardia Nacional, y movilizó a muchos hombres para aumentar los efectivos del ejército.

La segunda reforma de Mendizábal fue el Decreto de Desamortización de los Bienes del Clero Regular (1836), por el que el Estado podía incautarse de los bienes inmuebles de las órdenes religiosas y venderlos. Con esta medida se suprimió definitivamente la Mesta y se proponían los siguientes objetivos:

  • Resolver el problema de la deuda pública del Estado.
  • Movilizar unos bienes que resultaban imprescindibles para el desarrollo de la industria y el comercio.

No se obtuvieron todos los objetivos pretendidos. Estas medidas provocaron fuertes resistencias. La regente destituyó a Mendizábal. Por ello, los progresistas volvieron a recurrir a la insurrección armada. En agosto de 1836, los sargentos de los regimientos del palacio de La Granja se sublevaron y obligaron a la regente a restituir a Mendizábal y el Decreto de Desamortización. Se formó un nuevo gobierno progresista, presidido por Calatrava, que decidió convocar a Cortes Constituyentes para reformar la Constitución de 1812, pero se optó por un nuevo texto constitucional, la Constitución de 1837. También se aprobó la abolición definitiva de mayorazgos y señoríos.

La Constitución de 1837

Después de los graves disturbios de La Granja, se creó una nueva Constitución.

Principios Fundamentales

La Constitución de 1837 estableció:

  • La soberanía nacional y la monarquía constitucional.
  • La reina tenía el poder de nombrar a los ministros y de disolver las Cortes.
  • Las Cortes eran bicamerales: el Senado (elegido por sufragio indirecto y censitario) y el Congreso de los Diputados (elegidos por sufragio directo y censitario).
  • Se implantó la libertad de imprenta y la autonomía de los municipios.
  • Se estableció la Milicia Nacional.

Derechos Reconocidos

Como derechos se implantaron:

  • La libertad de expresión.
  • La inviolabilidad de domicilio.
  • El jurado para los delitos de imprenta.
  • La protección de la propiedad.

Una vez aprobada la Constitución, la reina regente quiso aprobar dos leyes: la Ley Municipal, según la cual la Corona nombraría a los gobernantes de los municipios y de las ciudades, y los gobernadores de las provincias; y la Ley Electoral. No llegaron a aprobarse.

Ante esto, surgieron sublevaciones por todo el país y la reina tuvo que pedir ayuda a Espartero para controlar a los progresistas. Al negarse este, la reina abdicó y Espartero asumió la regencia (1840).

La Regencia de Espartero (1840-1843)

La revolución de 1840 dio el poder a los progresistas y señaló el inicio de la Regencia del militar Espartero (1840-1843).

La primera medida fue la aprobación del Decreto de Desamortización iniciado por Mendizábal, apropiándose de los bienes del Clero. Espartero se enfrentó a varios problemas:

Conflictos durante la Regencia

1. Oposición Moderada: El primer conflicto fue con los moderados, que con la ayuda de militares enfrentados a Espartero (Narváez, O’Donnell, Diego de León) optaron por el pronunciamiento en el norte como forma de llegar al poder. Lo intentaron en octubre de 1841, pero fracasaron y el jefe de la conspiración, Diego de León, fue fusilado.

2. División Progresista: El segundo problema fue la división de los propios progresistas, cuyo sector civil, encabezado por Olózaga, dejó de respaldar a Espartero al comprobar que este se apoyaba en una camarilla de militares que le eran afectos y que pretendía gobernar de forma dictatorial.

3. Crisis Textil Catalana: El tercer problema se desencadenó con la noticia de que el gobierno preparaba un tratado de comercio librecambista con Gran Bretaña que permitiría a este país vender sus productos textiles en España sin ningún tipo de obstáculo. Esto lesionaba gravemente los intereses de los industriales catalanes. Se inició un levantamiento popular en Barcelona (1842). A ellos se unieron los obreros que protestaban por la anulación de la Ley de Alquiler y la Ley de derechos restringidos.

Comenzaron la revuelta con el derrumbe de una muralla medieval de la Ciudadela de Barcelona. Las revueltas se extendieron a Valencia y Sevilla. Se produjo un bloqueo institucional entre las Cortes y Espartero.

El Fin de la Regencia

En mayo de 1843 se inició en Andalucía un pronunciamiento propiciado por los progresistas y los moderados, unidos en contra de Espartero. Fue dirigido por Narváez (moderado) y el general Prim (progresista). El pronunciamiento se generalizó a Galicia, Valencia, Zaragoza y Cataluña. El encuentro definitivo tuvo lugar en Torrejón de Ardoz, donde el general Narváez derrotó a los partidarios del regente y forzó a Espartero a huir al exilio a Gran Bretaña desde Andalucía.

El gobierno provisional que se formó, dirigido por Narváez, decidió anticipar la mayoría de edad de Isabel II, y de esta forma comenzó a reinar en 1843. Isabel II decidió apoyarse en los moderados y nombró jefe del gobierno a Narváez.