La Monarquía Hispánica: De los Reyes Católicos al Fin de la Dinastía de los Austrias

Los Reyes Católicos: La Unión Dinástica e Instituciones de Gobierno (3.1)

El matrimonio de los Reyes Católicos dio lugar a la unión dinástica de Castilla y Aragón. En la Concordia de Segovia se fijó el sistema de gobierno y el reparto de poder entre los dos soberanos: en Castilla tendrían decisión política conjunta, pero Isabel I conservaba los derechos sucesorios; en Aragón, solo reina Fernando II, aunque Isabel fue corregente en la práctica. Los Reyes Católicos (RR. CC.) sacaron adelante un proyecto político común: pusieron a su servicio a la nobleza rebelde, agregaron Granada y Navarra a la nueva Monarquía, utilizaron la religión como factor de unificación y emprendieron una política exterior que conduciría a la conquista de América y a la posterior hegemonía en Europa.

Esta era una Monarquía Autoritaria; los demás poderes debían supeditarse al poder soberano del rey. Los Reyes Católicos reforzaron el Ejército Real permanente y potenciaron la burocracia nutrida con juristas procedentes de las clases medias. Mantuvieron también algunas instituciones medievales (Consejo Real, Cortes…) y crearon otras nuevas:

  • Los Consejos Reales: Especializados en asuntos que asesoraban al rey en el gobierno.
  • Las Audiencias y Chancillerías: Nuevos tribunales que impartían justicia en nombre del rey.
  • La Santa Hermandad: Formada por cuadrillas armadas costeadas que mantenían el orden interno.
  • Los Virreyes: Delegados del rey en cada reino.
  • Los Corregidores: Delegados del rey en cada ayuntamiento.

El significado de 1492: La Guerra de Granada y el Descubrimiento de América (3.2)

La conquista de Granada, que duró diez años, perseguía reforzar la autoridad de la nueva monarquía frente a la nobleza y rematar la Reconquista, acabando con la presencia islámica en la península, además de evitar una base para posibles ataques turcos. Los dominios nazaríes quedaron reducidos a Granada y sus alrededores. Se firmaron las Capitulaciones de Santa Fe.

Granada pasó a depender directamente del Consejo Real de Castilla. El mismo año, Cristóbal Colón descubrió América, e Isabel y Fernando decretaron la expulsión de los judíos. Desde que los turcos conquistaron Constantinopla y cortaron el camino a las Indias, los europeos buscaron rutas alternativas. Castilla apostó por la propuesta de Colón, que pretendía un proyecto más arriesgado. En las Capitulaciones de Santa Fe concedieron a Colón plenos poderes sobre la expedición, así como los títulos de Almirante y Virrey de las tierras descubiertas, y una décima parte de las riquezas. Salió de Palos de Moguer una flotilla compuesta por la Santa María, la Pinta y la Niña. Llegaron a la isla de Guanahani, que Colón denominó San Salvador. Colón retornó a España convencido de haber llegado a tierras asiáticas. El papa Alejandro VI concedió las tierras descubiertas y por descubrir a Castilla, aunque se firmó el Tratado de Tordesillas separando dos zonas de influencia.

El Imperio de los Austrias: España bajo Carlos I (3.3)

Política interior y conflictos europeos (1517-1556)

Carlos I heredó posesiones pertenecientes a la Corona Hispánica y territorios de la Corona Austriaca. El proyecto político de Carlos I fue la defensa de su herencia y la creación de un Imperio europeo cristiano. Inicialmente tuvo que enfrentarse a la oposición de las Cortes. En 1519 fue proclamado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. En 1520 partió a Alemania y esto desencadenó revueltas. En la península tuvo que hacer frente a dos conflictos:

  • En Castilla, la rebelión de las Comunidades (los comuneros), donde las ciudades se negaron a pagar impuestos extraordinarios.
  • En 1519 se inició la rebelión de las Germanías contra los señores y oligarquías urbanas, a los que acusaban de no protegerles; fue una revuelta de elevado contenido social y de carácter antiseñorial.

El poder de Carlos I pudo emprender una política exterior basada en la idea imperial para conservar su patrimonio. Carlos se encontró con la oposición activa de Francia y logró importantes victorias. También tuvo que enfrentarse al Imperio Otomano (turcos). Por último, tuvo que hacer frente a la división religiosa de Europa y dentro del propio imperio alemán, donde surgió el protestantismo. Las tropas de Carlos V derrotaron a los protestantes en la batalla de Mühlberg (1547). Tuvo que firmar la Paz de Augsburgo en 1555, por la que se reconocía el protestantismo en el Imperio. A los 56 años, dividió sus posesiones, abdicó en su hijo Felipe II en 1556 y se retiró al monasterio de Yuste, donde murió.

La Monarquía Hispánica de Felipe II (1556-1598) (3.4)

Gobierno, administración y problemas internos

Felipe II ocupó el trono español tras la abdicación de su padre. Continuó con la defensa del catolicismo y de la hegemonía de los Habsburgo, pero adoptó una posición hispanista, de ahí el nombre de Monarquía Hispánica. La Corona de Castilla se convirtió en el pilar de la política. Los Austrias desarrollaron el modelo de monarquía autoritaria heredado de los Reyes Católicos. La Monarquía Hispánica era una suma de reinos con leyes e instituciones propias. El Reino de Castilla fue el eje de esta monarquía y el motor de la mayoría de las empresas exteriores. Al frente de cada uno de los reinos de la monarquía había un Virrey.

Luchó por mantener la hegemonía en Europa y por la defensa del cristianismo, pero dos graves problemas contribuyeron a erosionarla: la rebelión de los Países Bajos en 1566 y el enfrentamiento con Inglaterra, que desembocó en el fracaso de la Armada Invencible (1588). Entre los éxitos de Felipe II hay que señalar el final del conflicto con Francia con la victoria de San Quintín, y la victoria naval en Lepanto, que frenó al Imperio Turco en el Mediterráneo. Su mayor logro fue la incorporación de Portugal y su imperio en 1580. Portugal conservó sus leyes, instituciones y privilegios. En 1640, Portugal se separó de la Monarquía Hispánica definitivamente.

Exploración y colonización de América (3.5)

Consecuencias de los descubrimientos en España, Europa y América

La conquista de las Indias Occidentales fue una empresa castellana que se efectuó por un sistema de capitulaciones. La zona de las Antillas estaba ocupada y se convirtió en la base de operaciones para las expediciones. Hernán Cortés lograría el dominio del Imperio Azteca, al que se incorporó más tarde el territorio Maya de la península de Yucatán. Juan Sebastián Elcano culminó la primera vuelta al mundo iniciada por Magallanes. Hacia 1540 se puede dar por concluida la conquista y comienza el proceso de explotación y colonización.

Los colonos buscaban oro, plata y tierras para la agricultura. Además, los indígenas fueron sometidos a la explotación de los colonos, pero la lejanía y la prioridad que se daba a la explotación de los recursos favorecían los abusos. La explotación minera se realizó mediante la mita o sistema de trabajo de origen inca, que obligaba a un porcentaje de trabajadores de cada pueblo a trabajar en las minas a cambio de un salario. La dureza del trabajo provocó la muerte de muchos indígenas. Los españoles y portugueses extendieron su lengua, cultura y religión.

Los Austrias del siglo XVII: Gobierno de Validos y la Crisis de 1640 (3.6)

Felipe III, Felipe IV y Carlos II mantuvieron el modelo de Estado heredado de los Austrias mayores, pero introdujeron la figura del Valido, en quien el rey delegaba las tareas de gobierno. Felipe III decretó la expulsión de los moriscos; sin embargo, el conflicto más importante se produjo con Felipe IV.

Para hacer frente a la Guerra de los Treinta Años, se subieron impuestos en Castilla y se obligó a los reinos de Aragón a pagar y crear la «Unión de Armas», que pretendía crear un ejército permanente, por lo que se suprimieron los fueros en Aragón. El hondo descontento social estalló en 1640 con rebeliones en Portugal, Aragón, Navarra, Andalucía y territorios vascos. Hubo un problema grave en Cataluña, donde las relaciones de Felipe IV y el Conde-Duque de Olivares con las instituciones catalanas fueron más difíciles por las crecientes exigencias de dinero y soldados. La entrada de España en la Guerra de los Treinta Años convirtió los Pirineos en frente; Cataluña cayó en 1652. Hubo también revueltas en Nápoles y Sicilia, y conspiraciones en Andalucía, Aragón y Navarra.

La unión dinástica entre España y Portugal respetó las instituciones del país luso. No obstante, la rebelión de Portugal llevó a su independencia definitiva en 1668 por el Tratado de Lisboa.

La Guerra de los Treinta Años y la pérdida de hegemonía en Europa (3.7)

Felipe IV y el Conde-Duque de Olivares decidieron la participación en la Guerra de los Treinta Años, el último episodio de las «guerras de religión» iniciadas con la Reforma protestante. La primera fase de la guerra resultó favorable para los Habsburgo, con importantes victorias de los imperiales sobre los protestantes alemanes. Posteriormente, la intervención francesa en la guerra, que no podía aceptar una victoria de los Habsburgo, propició la derrota de los Tercios españoles en Rocroi. El Tratado de Westfalia puso fin a la guerra y supuso el fin de la hegemonía de los Habsburgo, que fue sustituida por la de los Borbones.

La guerra continuó con Francia hasta la Paz de los Pirineos, que trajo nuevas pérdidas territoriales para España: varias plazas en Flandes, el Rosellón y la Cerdaña. El alineamiento de las potencias europeas en uno de los dos bandos dio origen, posteriormente, a la Guerra de Sucesión.

Factores de la crisis demográfica y económica del siglo XVII (3.8)

El siglo XVII se caracterizó por una crisis que afectó a toda Europa; en España alcanzó mayor gravedad. En la península se inició una crisis demográfica que afectó a todos los territorios, siendo la Corona de Castilla la más perjudicada. Esta crisis se agravó aún más con la expulsión de los moriscos, la emigración a América y las continuas guerras. La población peninsular y la producción agrícola se redujeron drásticamente por la falta de mano de obra. La aparición del hambre y graves epidemias elevaron la mortalidad.

Como consecuencia, se produjo la concentración de la propiedad en manos de los más poderosos. También se produjo un importante declive de la artesanía, especialmente en el sector textil, y un descenso en la llegada de metales preciosos. Las soluciones planteadas fueron la elevación de impuestos, el intento de repartir las cargas entre los distintos territorios y la devaluación de la moneda. Los arbitristas eran partidarios de reformas agrarias y fiscales para mejorar la producción y repartir equitativamente las cargas. La crisis económica y demográfica produjo una ruralización relativa de la economía y la pérdida de poder económico y político. A finales del siglo XVII se inició una lenta recuperación económica.

Crisis y decadencia de la Monarquía Hispánica: Carlos II (3.9)

El reinado de Carlos II y el problema sucesorio

Felipe IV murió dejando como único heredero a Carlos II, quien estaba incapacitado física y mentalmente. Su reinado se caracterizó por la preeminencia de la alta nobleza, el neoforalismo y la debilidad exterior. La regencia fue encomendada a su madre, Mariana de Austria, quien confió las tareas de gobierno al padre Nithard, que actuó durante cuatro años como valido. Las derrotas frente a Francia y la crisis económica provocaron la caída de Nithard y la formación de una Junta de Regencia hasta la proclamación de la mayoría de edad de Carlos II.

Se intentó llevar a cabo reformas administrativas y económicas, pero se chocó con la obstrucción de los estamentos privilegiados. La debilidad de la monarquía permitió a Luis XIV de Francia atacar las posesiones españolas en la Guerra de Devolución. Por la Paz de Aquisgrán, España debió ceder importantes plazas de Flandes a Francia. El gobierno siguió en manos de validos por la incapacidad de Carlos y los nobles alcanzaron mucho poder. El mayor problema fue la falta de un heredero directo. Luis XIV continuó acosando las posesiones de la monarquía; los últimos años del reinado se caracterizaron por la pérdida de territorios mediante el Tratado de Nimega y el Tratado de Ratisbona. Las potencias europeas se dispusieron a repartirse las posesiones de la Monarquía Hispánica ante la inminente muerte del rey.