Isabel II y la construcción del Estado liberal en España (1833-1874)

1. Isabel II: las regencias, las guerras carlistas y las constituciones

Tras la muerte de Fernando VII en 1833, comenzó en España el periodo de regencias porque su hija, Isabel II, era menor de edad. La primera regente fue María Cristina (1833-1840), quien tuvo que hacer frente a la Primera Guerra Carlista. Este conflicto estalló porque Carlos María Isidro no aceptó la anulación de la Ley Sálica, pero además fue una guerra ideológica: los carlistas defendían el Antiguo Régimen, la monarquía tradicional y la religión católica (lema: “Dios, Patria, Fueros y Rey”), mientras que los isabelinos representaban el liberalismo.

  • Principales focos de la guerra: País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña.
  • Apoyos del carlismo: clero rural, campesinos y terratenientes.
  • Apoyos de Isabel II: burguesía y sectores urbanos.

La guerra terminó con el Convenio de Vergara (1839) entre Maroto y Espartero, por el que los carlistas aceptaban a Isabel a cambio del mantenimiento de los fueros y de la integración de oficiales carlistas en el ejército.

Durante la regencia de María Cristina comenzó también la construcción del Estado liberal. Primero gobernó Cea Bermúdez, que decretó una amnistía para los liberales. Después, Martínez de la Rosa impulsó el Estatuto Real de 1834, una carta otorgada que supuso un retroceso respecto a 1812, ya que no reconocía la soberanía nacional y daba mucho poder a la Corona. Las Cortes eran bicamerales (Próceres y Procuradores) y el sufragio censitario era muy restringido.

El rechazo al Estatuto llevó al poder al progresista Mendizábal, que aprobó la desamortización eclesiástica. La medida provocó la oposición conservadora y la ruptura con el Vaticano. Luego la regente nombró a Istúriz, más moderado, pero el malestar terminó en el pronunciamiento de los sargentos de La Granja, que obligó a restaurar la Constitución de 1812 y a formar un gobierno progresista con Calatrava, quien impulsó la Constitución de 1837. Esta Constitución reconocía la soberanía nacional, aunque mantenía poderes importantes para el rey, como el veto y la disolución de las Cortes.

En 1840, María Cristina renunció a la regencia y fue sustituida por Espartero (1840-1843). Su regencia fue autoritaria: reprimió a los moderados y ordenó el bombardeo de Barcelona para sofocar protestas contra un tratado comercial con Inglaterra. Esta política provocó un pronunciamiento dirigido por Narváez, que puso fin a su regencia.

2. Isabel II: el reinado efectivo, grupos políticos y constituciones

El reinado efectivo de Isabel II comenzó en 1843 y se prolongó hasta 1868. La primera etapa fue la Década Moderada (1844-1854), dirigida por Narváez, en la que se consolidó un Estado liberal conservador y centralista. Se reforzó el orden público con medidas como el Código Penal y la creación de la Guardia Civil. Además, se aprobó la Constitución de 1845, que sustituyó a la de 1837 y estableció la soberanía compartida entre rey y Cortes, con amplios poderes para la Corona. Las Cortes seguían siendo bicamerales, el sufragio censitario era muy restringido y se limitaron derechos como la libertad de expresión y reunión. También se declaró la confesionalidad católica del Estado.

En esta etapa se produjo la reconciliación con la Iglesia mediante el Concordato de 1851, por el que la Santa Sede aceptaba la desamortización ya realizada y el Estado se comprometía a mantener el culto y el clero.

El monopolio moderado del poder provocó la reacción de progresistas y de moderados descontentos. En 1854 estalló el pronunciamiento de Vicálvaro (la Vicalvarada), dirigido por O’Donnell, cuyas propuestas se recogieron en el Manifiesto de Manzanares redactado por Cánovas del Castillo. Esto dio paso al Bienio Progresista (1854-1856), con Espartero al frente. Durante esta etapa se redactó la Constitución de 1856 (non nata, porque no llegó a entrar en vigor), se aprobó la desamortización general de Madoz (1855) y la Ley de Ferrocarriles, que impulsó una red radial con centro en Madrid y atrajo capital extranjero.

Sin embargo, el Bienio tuvo una fuerte conflictividad social y oposición por ambos lados. Desde el progresismo surgió el Partido Demócrata, que defendía el sufragio universal. Finalmente, Espartero dimitió y entre 1856 y 1868 se alternaron gobiernos moderados de Narváez y de la Unión Liberal de O’Donnell. Se restauró la Constitución de 1845 y se frenaron algunas reformas. Desde 1860, además, una grave crisis económica aumentó el desempleo y el malestar social, y creció el desprestigio de la monarquía, con episodios represivos como la Noche de San Daniel.

Ante la imposibilidad de acceder al poder por vías legales, la oposición firmó en 1866 el Pacto de Ostende, uniendo a progresistas, demócratas, republicanos y después a la Unión Liberal (con Serrano) para derribar a Isabel II. Finalmente, la Revolución de 1868, iniciada en Cádiz por Topete y apoyada por Prim y Serrano, derrotó a las tropas isabelinas en Alcolea y obligó a la reina a exiliarse. Así comenzó el Sexenio Democrático.

3. El Sexenio Democrático: Constitución de 1869, gobierno provisional, reinado de Amadeo I y Primera República

El Sexenio Democrático (1868-1874) fue un periodo de intentos de democratización, pero también de gran inestabilidad. Se sucedieron un gobierno provisional, una monarquía democrática con Amadeo de Saboya, la Primera República y un gobierno final de transición con Serrano. Los gobiernos tuvieron que afrontar el rebrote del carlismo, el cantonalismo, la guerra de Cuba y el crecimiento del movimiento obrero.

3.1. Gobierno provisional de Serrano y Constitución de 1869

Tras la revolución, se formó un gobierno provisional presidido por Serrano, con figuras como Prim, Topete, Sagasta y Ruiz Zorrilla. Se convocaron elecciones por sufragio universal masculino para elegir Cortes Constituyentes, que redactaron la Constitución de 1869, la más democrática hasta ese momento. Reconocía amplios derechos y libertades (expresión, asociación y culto) y establecía una monarquía democrática como forma de gobierno. Mientras se buscaba rey, Serrano actuó como regente.

T.5. La construcción del Estado…

La búsqueda de rey fue complicada porque republicanos, carlistas y alfonsinos rechazaban esa solución y defendían candidatos propios. Además, el gobierno tuvo que enfrentarse al inicio de la Guerra de Cuba (1868) y al avance del movimiento obrero. Finalmente, fue elegido Amadeo de Saboya, hijo de Víctor Manuel II de Italia, apoyado por Prim.

3.2. Reinado de Amadeo I de Saboya (1871-1873)

El reinado de Amadeo I comenzó en muy malas condiciones, ya que Prim fue asesinado poco antes de su llegada. Sin su principal apoyo, Amadeo quedó aislado y en solo dos años se sucedieron varios gobiernos. Tuvo la oposición de la aristocracia, de los republicanos, de los alfonsinos y de los carlistas, que iniciaron la Tercera Guerra Carlista. La inestabilidad política fue constante, por lo que Amadeo terminó abdicando en enero de 1873.

3.3. La Primera República (1873-1874)

Tras la abdicación de Amadeo, las Cortes proclamaron la Primera República. Fue una etapa muy breve e inestable, con cuatro presidentes: Figueras, Pi y Margall, Salmerón y Castelar. El principal problema fue la división interna entre republicanos unitarios y federales. Pi y Margall intentó impulsar una Constitución federal con 17 estados (incluida Cuba), pero no llegó a aprobarse.

La República tuvo que enfrentarse a huelgas, ocupaciones de tierras y al movimiento cantonalista, que defendía una federación «desde abajo» mediante cantones independientes. El ejército reprimió los cantones, especialmente el de Cartagena. Después, Salmerón dimitió por negarse a firmar penas de muerte, y Castelar aplicó una política más dura para restablecer el orden. Finalmente, la República terminó con el golpe de Estado del general Pavía en enero de 1874, que disolvió las Cortes.

3.4. Segundo gobierno de Serrano y camino a la Restauración

Tras el golpe de Pavía, se formó un nuevo gobierno presidido por Serrano, que actuó como etapa de transición. La inestabilidad del Sexenio favoreció la reacción conservadora y el proyecto de Cánovas del Castillo para restaurar a los Borbones en la figura de Alfonso, hijo de Isabel II. Desde Inglaterra, Alfonso publicó el Manifiesto de Sandhurst, y finalmente el pronunciamiento de Martínez Campos en diciembre de 1874 puso fin al Sexenio y dio inicio a la Restauración borbónica.