El contexto internacional de la Guerra Civil española
La Guerra Civil española (1936–1939) no fue únicamente un conflicto interno, sino un acontecimiento que atrajo la atención mundial y se convirtió en un símbolo de las tensiones ideológicas de la Europa de entreguerras. En un continente marcado por el auge del fascismo, el temor al comunismo y la debilidad de las democracias liberales, España se transformó en un escenario donde se enfrentaron indirectamente las grandes potencias. Aunque formalmente se intentó evitar la intervención extranjera, la realidad fue que la guerra se internacionalizó desde el primer momento.
En los años treinta, Europa vivía una fuerte polarización política. El fascismo avanzaba con fuerza: Mussolini gobernaba Italia desde 1922 y Hitler había convertido Alemania en un régimen totalitario desde 1933. Frente a ellos, la Unión Soviética de Stalin defendía la expansión del comunismo. Las democracias parlamentarias, especialmente Francia y Reino Unido, estaban debilitadas por la crisis económica y el recuerdo traumático de la Primera Guerra Mundial. En este contexto, la Guerra Civil española fue interpretada como un anticipo de la Segunda Guerra Mundial, un choque entre fascismo, comunismo y democracia.
Para evitar que el conflicto se extendiera, Reino Unido y Francia promovieron en agosto de 1936 el Comité de No Intervención, al que se sumaron 27 países, incluidos Alemania, Italia y la URSS. Su objetivo era impedir el envío de armas y voluntarios a España. Sin embargo, el acuerdo fue un fracaso. Mientras las potencias fascistas y la URSS lo incumplían abiertamente, Francia y Reino Unido mantuvieron una estricta neutralidad, negando incluso la venta de armas al gobierno republicano, que era el legítimo. Esta política de apaciguamiento, especialmente defendida por Londres, buscaba evitar una guerra europea a cualquier precio, aunque ello significara permitir el avance del fascismo. Además, grandes empresas como la petrolera Texaco suministraron combustible a los sublevados, reforzando su capacidad militar.
Apoyo a los sublevados
El general Franco solicitó ayuda exterior desde el inicio del golpe. Italia y Alemania respondieron con rapidez y contundencia. Mussolini envió entre 70 000 y 80 000 soldados del Corpo Truppe Volontarie (CTV), además de aviones, tanques y material bélico. Hitler aportó armamento, asesores y la célebre Legión Cóndor, responsable del bombardeo de Guernica (Gernika) en 1937, un ensayo para la futura Luftwaffe. Esta ayuda constante y masiva permitió al bando nacional consolidar su poder militar y político.
Apoyo a la República
La URSS fue el único Estado que apoyó directamente a la República con armas, tanques, aviones y asesores, aunque en menor cantidad que la ayuda recibida por los sublevados. A cambio, Stalin exigió influencia política, favoreciendo al Partido Comunista dentro del bando republicano. Paralelamente, surgieron las Brigadas Internacionales, formadas por unos 35 000 voluntarios de más de 50 países que lucharon movidos por el antifascismo en batallas como Madrid, Jarama, Brunete o el Ebro.
Repercusión internacional
La guerra despertó un enorme interés mundial. Intelectuales como George Orwell, Ernest Hemingway, André Malraux o Arthur Koestler participaron en el conflicto o lo narraron, convirtiéndolo en un símbolo de la lucha entre democracia y fascismo. Sin embargo, la República quedó aislada diplomáticamente, mientras que los sublevados recibieron apoyo constante de potencias fuertes y de empresas privadas.
El contexto internacional fue decisivo para el desarrollo y el desenlace de la Guerra Civil. La neutralidad de las democracias y la intervención activa de las potencias fascistas desequilibraron el conflicto. España se convirtió en un laboratorio de guerra y en un preludio directo de la Segunda Guerra Mundial.
El Estatuto Vasco
El Estatuto Vasco de 1936 fue uno de los logros políticos más importantes del nacionalismo vasco en el siglo XX. Su aprobación estuvo completamente condicionada por el contexto de la Guerra Civil y por la necesidad del gobierno republicano de conseguir apoyos en el norte. A pesar de su corta duración, supuso el primer reconocimiento real de autonomía para Euskadi.
El nacionalismo vasco apareció a finales del siglo XIX. Fue en esa época cuando Sabino Arana creó el Partido Nacionalista Vasco. Arana defendía que los vascos tenían una identidad propia basada en sus tradiciones y en sus raíces. Según él, el País Vasco —Euskadi— era una nación diferente a España.
Con el paso del tiempo, en el siglo XX, el nacionalismo vasco moderó en parte sus planteamientos. Empezó a centrarse en la idea de que el País Vasco debía gobernarse por sí mismo, pero dentro del Estado español.
Durante la Segunda República la situación política fue más favorable. En 1931 se redactó el Estatuto de Estella, que incluía a las cuatro provincias vascas. Sin embargo, las Cortes no lo aprobaron porque presentaba un carácter confesional y porque sólo permitía votar a quienes llevaban diez años residiendo en la zona. Además, no se realizó correctamente el proceso para su aprobación.
Más tarde se elaboró un segundo proyecto llamado el Estatuto de las Gestoras. Este proyecto era más moderado y contaba con el apoyo de republicanos, socialistas y nacionalistas. En el referéndum de 1933 obtuvo un 84% de votos afirmativos, pero la llegada del gobierno radical-cedista paralizó el proceso.
Cuando comenzó la Guerra Civil en 1936, las provincias de Bizkaia y Gipuzkoa se mantuvieron leales a la República; por otro lado, Navarra y Álava decidieron apoyar a los sublevados.
El Partido Nacionalista Vasco (PNV) optó por respaldar a la República. No fue porque compartieran todas las ideas republicanas, sino porque los militares sublevados pretendían suprimir la autonomía vasca.
El gobierno de la República necesitaba aliados en ese momento, por lo que aceleró la aprobación del estatuto de autonomía para el País Vasco. El 1 de octubre de 1936 las Cortes aprobaron el estatuto en Valencia. El 7 de octubre José Antonio Aguirre fue nombrado primer lehendakari.
El Estatuto, con 53 artículos, establecía entre otros puntos:
- Reconocimiento de Euskadi como región autónoma.
- Instituciones propias: lehendakari, Gobierno Vasco y Parlamento.
- Competencias en educación, orden público, sanidad, cultura, agricultura e industria.
- Cooficialidad del euskera y del castellano.
- Respeto a la religión católica.
- Importancia del sistema foral.
El Gobierno Vasco se instaló en Bilbao y funcionó como una coalición de nacionalistas vascos, socialistas y republicanos, lo que implicó que estos grupos trabajaran juntos para tomar decisiones. El Gobierno Vasco se enfocó en varias prioridades:
- Organizar la defensa del territorio mediante el Eusko Gudarostea.
- Mantener la industria de Bizkaia en funcionamiento, pieza clave de la economía regional.
- Impulsar la cultura vasca como elemento central de identidad.
- Gestionar servicios sociales esenciales para el bienestar de la población.
Debido a su aislamiento, el Gobierno Vasco tuvo que asumir responsabilidades que normalmente no le correspondían, como la emisión de pasaportes. Esto muestra la adaptabilidad y el compromiso del gobierno para mantener el funcionamiento de la sociedad en circunstancias difíciles.
Tras el bombardeo de Guernica (Gernika) y el avance franquista, Bilbao cayó en junio de 1937. El Gobierno Vasco se disolvió y muchos dirigentes marcharon al exilio. Aunque breve, el Estatuto de 1936 fue el primer autogobierno real de Euskadi y sirvió de base para el Estatuto de 1979.