¿Qué es el movimiento obrero?
El movimiento obrero es un movimiento social que surgió a partir de la Revolución Industrial y que apareció en Europa durante el siglo XIX, debido a las transformaciones económicas que alteraron las condiciones de vida de amplias capas sociales, empeorándolas en muchas ocasiones.
En esta época se generó un nuevo orden social: el proletariado aumentó considerablemente debido al incremento de la demanda de mano de obra industrial y se vio obligado a vender su fuerza de trabajo a la burguesía, propietaria de los medios de producción, al carecer de medios propios.
Los problemas que sufrían las clases trabajadoras fomentaron su unión en sindicatos y la búsqueda de soluciones a su situación mediante acciones reivindicativas, como:
- Huelgas
- Manifestaciones
- Actos revolucionarios
También se pensó en nuevas formas de organizar la sociedad, como el socialismo utópico.
Fueron surgiendo asociaciones que defendían los derechos de los trabajadores, y en 1864 surgió la primera AIT y, posteriormente, en 1898, la segunda, consiguiéndose leyes para la protección de los trabajadores, la jornada laboral de 8 horas y la abolición del trabajo infantil.
La repercusión fue tal que comenzaron a expandirse las ideas marxistas (con Karl Marx como referente), anarquistas (con Proudhon y Bakunin como referentes) y socialistas, surgiendo así los primeros partidos obreros, como el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y la Unión General de Trabajadores (UGT).
Movimiento obrero en el País Vasco
Refiriéndonos al País Vasco, hay que retrasar estas fechas hasta las últimas décadas del siglo XIX, ya que las primeras doctrinas que marcaron la vida de las organizaciones obreras europeas apenas tuvieron difusión en esa región.
Tras el fin de la segunda guerra carlista, el sistema foral quedó abolido con el decreto de 1876, lo que conllevó la obligatoriedad de contribuir al Estado constitucional y de cumplir el servicio militar en el ejército español, junto con una nueva situación administrativa. A pesar de ello, se otorgó cierta autonomía fiscal para evitar revueltas fueristas (los Conciertos Económicos).
La industrialización en Vizcaya dio lugar a una oligarquía industrial. Frente a la situación nacida en 1876, surgió el movimiento fuerista y los primeros ecos promulgados por Sabino Arana, que clamaban por la independencia.
Paralelamente y en oposición a la reciente oligarquía, nació el movimiento obrero como fuerza contrapuesta, reclamando la demolición de barracones, mejoras y prevenciones laborales y reducciones de jornada. Nació en consecuencia de la huelga de 1890, y estuvo compuesto por un campesinado proletario y por la llegada de numerosa mano de obra inmigrante procedente del mundo rural.
Pronto, las incipientes organizaciones surgidas en los años anteriores dieron paso a las primeras asociaciones de «resistencia», que tenían como fin la defensa de los intereses específicos de la clase obrera. Estas se encarnaron en líderes significativos como Facundo Pérezagua e Indalecio Prieto.
Pérezagua inició la tarea de poner en marcha la primera organización socialista: la Agrupación Socialista de Bilbao, que se iría consolidando en años posteriores, culminando con la fundación del PSOE en el País Vasco.
Su liderazgo se caracterizó por el radicalismo y la conflictividad social, sobre todo en las minas. A raíz del éxito de la primera huelga general, el prestigio de los socialistas aumentó entre los obreros, lo que les permitió ampliar su número de sociedades y afiliados.
Pérezagua orientó el rumbo del socialismo hacia posturas más republicanas y moderadas, originándose una especie de «guerra civil» en el socialismo vasco. Tras su expulsión, Indalecio Prieto consiguió el liderazgo, convirtiendo al socialismo vasco en una corriente de tintes liberales y republicanos, apostando por la lucha electoral.
Bizkaia se convirtió, en esos años, en uno de los núcleos socialistas más importantes de la península. Sin embargo, la sindicación fue relativamente baja y la estructura orgánica de los sindicatos era débil, con escasa conexión entre ellos y con la UGT. A pesar de ello, no se detuvo la creciente conflictividad y la constante convocatoria de huelgas entre 1890 y 1910.
La oligarquía española dirigida por Víctor Chávarri, el nacionalismo vasco fundado por Sabino Arana y el movimiento obrero socialista impulsado por Facundo Pérezagua son las tres fuerzas sociales que protagonizan el nacimiento de la Euskal Herria industrial a principios del siglo XX.
En Guipúzcoa el proceso de industrialización fue muy diferente al de Bizkaia: al ser más lento y disperso, produjo una conflictividad obrera tardía, mientras que en Éibar, tras una huelga convocada y ganada por los socialistas en 1897, estos lograron una rápida y masiva afiliación.
Se formaron agrupaciones sindicalistas republicanas y católicas con el objetivo de frenar, sin mucho éxito, el avance del sindicalismo obrero.
A partir de 1911, tras el fracaso de una huelga general en la zona minera, el socialismo vizcaíno adoptó una línea más moderada, ampliando las agrupaciones obreras socialistas, su número y filiación, sobre todo en Bizkaia.
España se proclamó neutral en la Primera Guerra Mundial, lo que supuso el auge de la economía vasca y propició el crecimiento de la industria. Los grandes beneficios empresariales contrastaron con una fuerte inflación de los precios de consumo y un empeoramiento de las condiciones de vida de los obreros. Esta situación, unida a la crisis política, propició un crecimiento desconocido hasta entonces en las organizaciones obreras en las tres provincias y en Navarra.
Ese crecimiento de la cuestión social propició también el fortalecimiento o la aparición de otros movimientos sindicales no socialistas, entre los que destacan:
- Anarcosindicalismo: promovía la idea de utilizar la huelga como vía revolucionaria, sobre todo a partir de la crisis económica de posguerra, que produjo un aumento del paro y un empeoramiento de la condición de vida obrera.
- Partido Comunista: tras la Revolución Rusa de 1917 se produjo una división en Europa con el surgimiento de una nueva Internacional, contraria a la línea mantenida por los socialistas. Su incidencia en el País Vasco fue notable, aunque el socialismo mantuvo la mayoría de sus afiliados.
- Sindicatos católicos: hubo un reforzamiento del sindicalismo católico, decidido a frenar el creciente peso del socialismo en el movimiento obrero; estaban formados exclusivamente por obreros y tenían un carácter reivindicativo en lo laboral.
La Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) supuso un paréntesis importante en el desarrollo del movimiento obrero, ya que la represión, la política social de la dictadura, el mantenimiento de un alto poder adquisitivo de los salarios —gracias a la disminución de los precios— y la propia debilidad de los sindicatos hicieron desaparecer prácticamente la conflictividad laboral.
Tras su caída en 1930, la UGT empezó a perder su hegemonía debido al avance de anarquistas y comunistas. Comenzaron conflictos como la huelga general de octubre en Bilbao y la convocada en toda España en diciembre, que produjo serios altercados.
Nacionalismo en el País Vasco
En el primer tercio del siglo XIX, particularmente entre 1815 y 1830, se conformó el nacionalismo, uno de los movimientos de mayor trascendencia en el siglo XIX, cuya influencia perduró en el siglo XX.
A finales del siglo XIX, en las zonas periféricas de España surgieron fenómenos nacionalistas como reacción al establecimiento de un régimen económico y político centralista. Una de estas zonas fue el País Vasco. Se pretendía defender las instituciones forales, las señas histórico-culturales y lo rural frente a la industria.
La rápida industrialización de Bizkaia y la frustración tras la supresión de los fueros en 1876 marcaron el nacimiento del nacionalismo vasco. El proceso industrializador de Bizkaia, a finales del siglo XIX, produjo un desarrollo capitalista semejante al europeo y, a la vez, alteró la estructura tradicional de la sociedad vasca.
El nacionalismo vasco, de carácter integrador, pretendía unir territorios considerados parte de la misma nación aunque divididos entre diferentes estados, justificando su existencia desde la más remota antigüedad.
Muchos elementos influyeron en el nacimiento del nacionalismo vasco: un nacionalismo en gran medida construido y apoyado por el mito, pero también por el apego a la realidad histórica en la que esos mitos se apoyan (la raza, la lengua), además de factores como la religión, el romanticismo y el sentimiento de unión con objetivos independentistas.
El nacionalismo vasco se basó en tres principios esenciales que se manifestaron en la cultura y la política:
- Literatura fuerista romántica: literatos vascos románticos llevaron a cabo una recopilación de tradiciones histórico-mitológicas (por ejemplo, Arturo Campión, Navarro Villoslada), exaltando sensaciones y acumulando tradiciones vascas surgidas de los mitos.
- Mitos fundacionales: los mitos vascos trataban de justificar una realidad política, social y económica, como la batalla de Arrigorriaga y los mitos de Túbal y Aitor, que aludían a la condición de los vascos como pueblo elegido por Dios.
- Exaltación de la sociedad rural: la idealización de la paz y la tranquilidad de la sociedad rural vasca reforzó el deseo de mantener tradiciones y singularidades jurídicas y económicas.
Por otro lado, las guerras carlistas fueron un factor decisivo: tras la derrota militar de los carlistas, liberales y conservadores compartieron la idea de un Estado que tendía a la homogeneización administrativa, fiscal y política. Estas condiciones permitieron que, en 1876, el gobierno central decidiera abolir de forma definitiva los fueros de las Vascongadas, mediante el decreto impulsado por Cánovas del Castillo.
El malestar creado por la abolición de los fueros generó la necesidad de una respuesta entre quienes se sentían agraviados. Para evitar posibles revueltas fueristas, Cánovas estableció los Conciertos Económicos, que concedían una autonomía fiscal propia con recaudación de impuestos en el País Vasco y el abono de un cupo anual al Estado por ese «privilegio».
Esto dio lugar a la aparición de dos corrientes dentro del fuerismo: la denominada transigente, que colaboraba de algún modo con el gobierno de Madrid, y la intransigente, formada por quienes tenían como único objetivo el restablecimiento de los fueros.
Por último, la revolución industrial conllevó una mejora de la situación económica y la formación de una burguesía industrial partidaria del sistema de la Restauración. Este grupo tuvo gran fuerza económica, mientras que los proletarios, en gran parte inmigrantes procedentes del mundo rural, se incorporaron a las industrias siderúrgicas y a las minas como peones.
La modernización económica promovida por los liberales afectó la estructura económica del territorio vasco, basada en la explotación de la tierra, chocando con la forma de vida tradicional. Por ello, la sociedad vasca tendió hacia posturas anticapitalistas, antiliberales y antiindustrialización.
Sabino Arana se convirtió en la voz del nacionalismo vasco y fundador del PNV en 1895, defendiendo la unión de las provincias vascas junto con Navarra, una lengua común, el rechazo de toda forma de liberalismo y autonomismo tal como se concebía entonces, y la diferenciación de la «raza vasca» como elemento identitario. Su ideología se resumía en el lema «Jaungoikoa eta Lagi-zarra», que significa en euskera «Dios y Ley vieja».
En sus primeros años, el nacionalismo vasco y el PNV se enfrentaron al PSOE, que representaba los intereses de los obreros llegados a Bizkaia para trabajar en minas y siderurgia. Para Arana, estos obreros eran percibidos como invasores que destruían modos de vida tradicionales.
Podemos dividir la historia y nacimiento del nacionalismo vasco en tres etapas:
- Primera etapa (1892-1898): el discurso del caserío de Larrazábal, pronunciado por Sabino Arana como homenaje tras la publicación del año anterior de la obra «Vizcaya por su independencia», es considerado el acta de nacimiento del nacionalismo vasco. Arana concretó su proyecto político para lograr una Bizkaia independiente y fundó el Euskeldun Batzokija, el primer batzoki, un centro nacionalista y católico integrista.
- Segunda etapa (1898-1903): hasta 1898 el partido se negó a participar en el juego electoral y rechazó alianzas con partidos nacionales y locales. Con la incorporación en 1898 del grupo fuerista liberal de Ramón de la Sota, el partido abandonó el antiliberalismo; a partir de entonces adoptó una postura más moderada y posibilista, pasando de desear la independencia a reivindicar la autonomía y el autogobierno.
- Tercera etapa (1903-1930): desde la muerte de Sabino Arana (1903), el nacionalismo pasó de ser un pequeño círculo clandestino e ilegal a convertirse en un poderoso movimiento de masas. Se crearon las Juventudes Vascas, los batzokis, se fundó el sindicato «Solidaridad de Obreros Vascos«, se publicó un órgano de prensa propio (el diario Euzkadi) y se creó una simbología nacionalista con la ikurriña, himno, lauburu, etc.
En 1916, Luis Arana se apartó de la directiva del PNV, que cambió el nombre por Comunión Nacionalista Vasca y consideró al nacionalismo vasco como un nacionalismo burgués, alejado del ruralismo.
En 1921, miembros de «Aberritarrak» y la mayoría de las juventudes nacionalistas de «Euzko Gaztedi» fundaron un nuevo partido político que recuperaría el nombre de PNV-Aberri. Este partido, heredero directo de las ideas independentistas de Sabino Arana, fue liderado por Elías Gallastegui, al que se unió el grupo de Luis Arana.
Con la dictadura de Primo de Rivera se persiguió duramente a los nacionalismos, por lo que las actividades en contra del régimen se realizaron desde el exilio y en la clandestinidad. En la II República, la principal labor del PNV fue la consecución del Estatuto de Autonomía, que llegó en plena Guerra Civil (1936).