Europa ante la Gran Guerra: Imperialismo, Potencias y Sistemas de Alianzas

Consecuencias del imperialismo para las metrópolis

Las consecuencias del imperialismo fueron muy beneficiosas para las metrópolis europeas. Las colonias proporcionaron materias primas baratas, mano de obra abundante y nuevos mercados donde vender los productos industriales, lo que permitió un gran crecimiento económico. Por ejemplo, Gran Bretaña equilibró su balanza de pagos gracias a la India, que aportaba recursos y consumidores.

Además, las colonias ayudaron a reducir el exceso de población europea, ya que muchos emigrantes alcanzaban allí un mejor estatus social. Todo esto permitió la acumulación de grandes fortunas mediante la explotación de los recursos coloniales. En cambio, los pueblos indígenas fueron los grandes perjudicados, sufriendo la pérdida de tierras, la explotación, la imposición cultural y, en algunos casos, el exterminio.

Las grandes potencias entre dos siglos

Qué ocurría en Gran Bretaña

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, Gran Bretaña tenía un sistema bipartidista, con alternancia en el poder entre conservadores y liberales, dentro de un sistema liberal moderado. En 1900 se fundó el Partido Laborista, que defendía los intereses de la clase obrera.

En 1911 se redujeron los poderes de la Cámara de los Lores, reforzando el papel de la Cámara de los Comunes, lo que supuso un avance democrático. El principal problema político fue la cuestión de Irlanda, que buscaba la independencia. Tras varias revueltas y una guerra entre 1919 y 1922, Irlanda logró independizarse, aunque Irlanda del Norte permaneció en el Reino Unido.

Qué pasó tras la caída del Segundo Imperio francés

La guerra franco-prusiana provocó la caída del Segundo Imperio francés y la proclamación de la Tercera República, bajo la presidencia de Adolphe Thiers. En marzo de 1871 tuvo lugar una revuelta popular conocida como la Comuna de París, en la que trabajadores y miembros de la Guardia Nacional tomaron el control de la ciudad para exigir una república más democrática. Sin embargo, el gobierno logró recuperar el poder y sofocar la revuelta.

A partir de ese momento, se instauró en Francia el sufragio universal masculino, se creó una Asamblea Nacional y se elaboró la Constitución de 1875. Durante esta etapa, Francia inició un importante proceso de industrialización, especialmente en zonas del norte del país y en la ciudad de París.

Cómo evolucionaron los imperios europeos

Rusia zarista

Rusia estaba gobernada por una monarquía absoluta en la que el zar concentraba todo el poder, apoyado por el ejército y la Iglesia ortodoxa, que ejercían una gran influencia. El atraso económico, la falta de libertades y las duras condiciones de vida provocaron un gran descontento social, que desembocó en la revolución de 1905 y, posteriormente, en las revoluciones de 1917, que acabarían con el régimen zarista.

El Imperio austrohúngaro

El Imperio austrohúngaro, gobernado por la dinastía de los Habsburgo, se caracterizaba por el absolutismo y la fuerte influencia de la Iglesia. Era un imperio multinacional que agrupaba a numerosos pueblos con culturas y lenguas distintas. Bajo el gobierno del emperador Francisco José, el imperio mantuvo una política conservadora y autoritaria.

Las tensiones internas y el nacionalismo de los distintos pueblos fueron debilitando el imperio. Además, su expansión en los Balcanes lo enfrentó a otras potencias, especialmente a Rusia y Serbia. El asesinato del archiduque Francisco Fernando en Sarajevo fue el detonante del estallido de la Primera Guerra Mundial.

Imperio otomano

El Imperio otomano comenzó a mostrar una gran debilidad a finales del siglo XIX, por lo que fue conocido como “el gran enfermo de Europa”. Diversas nacionalidades, como Grecia, lograron independizarse, ya que no compartían la cultura ni la religión musulmana del imperio.

En este contexto surgió el movimiento de los Jóvenes Turcos, un grupo nacionalista y reformista que defendía la modernización del Estado. Su presión obligó al sultán a promulgar una constitución, aunque los problemas internos y la pérdida de territorios continuaron debilitando al imperio.

Segundo Reich alemán

Tras la unificación política y la victoria sobre Francia en 1870, Alemania se convirtió en la gran potencia continental. Bajo el liderazgo del emperador Guillermo I y su canciller Bismarck, se estableció un sistema parlamentario conservador con dos cámaras.

Alemania experimentó un fuerte crecimiento industrial y económico, lo que la convirtió en una potencia de primer orden. Este ascenso generó una creciente rivalidad con otras potencias europeas, especialmente con Francia y Reino Unido, y contribuyó a la escalada de tensiones previa a la Primera Guerra Mundial.

La escalada de tensión internacional: los sistemas bismarckianos

La política imperialista generó numerosos conflictos entre las potencias europeas. Para evitar una gran guerra y aislar diplomáticamente a Francia, el canciller alemán Otto von Bismarck creó un sistema de alianzas conocido como sistemas bismarckianos. Su objetivo era mantener el equilibrio europeo, reducir la tensión en los Balcanes entre Rusia y Austria-Hungría y frenar la influencia británica.

  • Primer sistema (1873-1878): Se formó la Liga de los Tres Emperadores, integrada por Alemania, Austria-Hungría y Rusia. Sin embargo, las rivalidades entre Austria y Rusia en los Balcanes provocaron su disolución. Tras la guerra ruso-turca, se firmó el Tratado de Berlín, por el que Bosnia y Herzegovina quedaron bajo administración austrohúngara.
  • Segundo sistema (1879-1882): Se creó la Dúplice Alianza entre Alemania y Austria-Hungría, que posteriormente se transformó en la Triple Alianza al incorporarse Italia. Esta alianza sería uno de los bloques enfrentados durante la Primera Guerra Mundial.
  • Tercer sistema (1887-1890): Se firmó el Tratado de Reaseguro, un acuerdo secreto entre Alemania y Rusia por el cual Alemania apoyaría las aspiraciones rusas en los Balcanes a cambio de su neutralidad.

Qué quebró el sistema bismarckiano

En 1890, el nuevo emperador Guillermo II destituyó a Bismarck e inició una política exterior expansionista y militarista (Weltpolitik). Alemania abandonó la política de alianzas defensivas y comenzó una carrera armamentística, lo que provocó un aumento de las tensiones internacionales.

Francia firmó acuerdos con Rusia y posteriormente con Reino Unido. El Reino Unido volvió a implicarse activamente en los asuntos europeos para frenar el crecimiento alemán. Rusia mantuvo su rivalidad con Austria-Hungría en los Balcanes, mientras que el Imperio austrohúngaro aprovechó la debilidad otomana para expandirse, lo que aumentó la tensión con Serbia y favoreció el surgimiento del nacionalismo serbio. Todo ello desembocó en la escalada de tensiones que conduciría a la Primera Guerra Mundial.

La Paz Armada (1905–1914)

La Paz Armada es el periodo anterior al estallido de la Primera Guerra Mundial, comprendido entre 1905 y 1914. Se denomina así porque, aunque no había una guerra abierta, los países europeos aumentaron enormemente su gasto militar y se prepararon para un posible conflicto. Alemania fue el país que más invirtió en armamento, pero el resto de potencias también incrementaron sus ejércitos y flotas, lo que generó un clima de tensión constante.

Durante este periodo se reforzaron los sistemas de alianzas:

  • En 1904 se firmó la Entente Cordiale entre Francia y Reino Unido, a la que se unió Rusia en 1907, formando la Triple Entente.
  • Frente a ella estaba la Triple Alianza, integrada por Alemania, Austria-Hungría e Italia.

Estos dos grandes bloques serían los que finalmente se enfrentarían en la Primera Guerra Mundial. Aunque oficialmente se buscaba mantener la paz, la realidad fue una carrera armamentística que preparaba a Europa para la guerra. Aunque la sociedad europea creía que no estallaría un gran conflicto, la tensión internacional se manifestó en crisis localizadas en Marruecos y en los Balcanes.

Las crisis de Marruecos

Marruecos fue escenario de dos importantes crisis:

  • La primera crisis marroquí se resolvió en la Conferencia de Algeciras (1906), donde se estableció un protectorado franco-español: Francia controló la mayor parte del territorio y España el norte (el Rif).
  • La segunda crisis estalló cuando Francia intentó ampliar su dominio y Alemania se opuso, enviando un cañonero al puerto de Agadir. Finalmente, la crisis se resolvió con la entrega a Alemania de territorios en el Congo, aunque la tensión entre las potencias aumentó.

Las crisis de los Balcanes

Los Balcanes fueron el principal foco de inestabilidad europea, conocidos como el “polvorín de Europa”, debido a los enfrentamientos entre Austria-Hungría, Rusia, el Imperio Otomano y los nacionalismos balcánicos.

  • La primera crisis balcánica se produjo cuando Austria-Hungría se anexionó Bosnia y Herzegovina, lo que provocó el rechazo de Serbia y Rusia, que defendían la creación de una Gran Serbia.
  • En la segunda crisis balcánica, Serbia, Bulgaria, Grecia y Montenegro atacaron al Imperio Otomano para repartirse sus territorios.

Estas tensiones aumentaron el conflicto entre Austria-Hungría y Serbia, apoyada por Rusia, creando un clima que desembocaría directamente en la Primera Guerra Mundial.