El Sexenio Democrático (1868-1874): De la Constitución a la Restauración
La Regencia y la Constitución de 1869
La Constitución de 1869: Un Marco Democrático
Las Cortes, reunidas en 1869, promulgaron una Constitución que fue aprobada (aunque con la oposición de carlistas y algunos republicanos). En ella se proponía un amplio régimen de derechos y libertades, siendo considerada una de las más democráticas de su época. Incorporaba derechos fundamentales como la manifestación, la reunión, la asociación, el sufragio universal masculino y la libertad de enseñanza.
Se reconocía la libertad de profesar cualquier religión, aunque el Estado debía mantener el culto y el clero católico. Se establecía la soberanía nacional y unas Cortes compuestas por el Senado y el Congreso. Atribuía a ayuntamientos y diputaciones la gestión de los pueblos de forma más descentralizada. Proclamaba un poder judicial independiente, y se preveía que Cuba y Puerto Rico se incorporarían a la Constitución, mientras que Filipinas tendría una ley especial.
Se trataba de una monarquía parlamentaria donde la facultad de hacer las leyes correspondía únicamente a las Cortes y el monarca no tenía derecho a veto. La Regencia recayó en el general Serrano, mientras que el general Prim fue designado jefe de gobierno.
El Auge del Republicanismo y las Reformas Económicas
El Republicanismo: Unitarios y Federales
El republicanismo estaba dividido en dos grandes facciones: unitarios y federales.
- Unitarios: Encabezados por Emilio Castelar, defendían una república unitaria y mantenían posiciones más conservadoras.
- Federales: El Partido Republicano Federal, dirigido por Pi y Margall y Figueras, defendía una República Federal, promulgaba el laicismo, se oponía a la intervención del ejército en la política, y defendía los derechos democráticos y la intervención del Estado.
Dentro del federalismo se diferenciaban los benévolos y los intransigentes. Los benévolos, que controlaban la dirección del partido (liderados por Pi y Margall), no defendían las insurrecciones armadas. Los intransigentes (liderados por Orense) apoyaban la insurrección popular como método para proclamar la república federal.
Las Reformas Económicas
Uno de los objetivos de la Gloriosa era impulsar el crecimiento económico y disminuir la deuda. El ministro Figuerola impulsó una reforma arancelaria, introduciendo un moderado librecambismo y abriendo la economía española al exterior. Ello provocó la oposición de los industriales algodoneros catalanes que veían peligrar su supremacía en el mercado español. También se llevó a cabo una reforma fiscal que estableció la peseta como moneda nacional. La Ley de Minas puso a la venta los yacimientos de minería metálica a compañías extranjeras, lo que provocó el boom de la producción minera.
Las Dificultades de la Regencia (1869-1870)
El nuevo gobierno se encontró con la oposición de los carlistas, que defendían la monarquía tradicional y el catolicismo, y de los moderados, que defendían el retorno de la monarquía borbónica bajo el liderazgo de Cánovas del Castillo. Esto llevó a los republicanos federales a impulsar una serie de levantamientos.
Se produjo una intensa conflictividad social donde el campesinado pretendía un reparto de la tierra y en las ciudades se producían motines contra el aumento de los precios. A finales de 1868 se inició en Cuba un movimiento independentista que desencadenó la Guerra de los Diez Años.
La Monarquía de Amadeo de Saboya (1871-1873)
Una Nueva Dinastía
Dado que la Constitución de 1869 definía una monarquía parlamentaria, se inició un proceso de búsqueda de un nuevo rey que sustituyese a los Borbones. El general Prim fue el encargado de gestionar una elección que recayó en Amadeo de Saboya, un hombre perteneciente a la dinastía que había culminado la unificación de Italia.
El nuevo monarca fue propuesto a las Cortes en 1870 y obtuvo votos de progresistas y unionistas. Amadeo I llegó a España tres días después del asesinato del general Prim, lo que le provocó un sentimiento de soledad. En 1871 fue proclamado rey.
Su reinado no consiguió la aceptación de las clases populares, ni de la aristocracia isabelina, ni del ejército, ni de la Iglesia, que expresaron su enemistad. Finalmente, los carlistas lo consideraron ilegítimo y pasaron a la lucha armada.
Una Institucionalización Frágil e Inestable
La inestabilidad política se centró en la lucha entre dos grandes partidos:
- El Partido Constitucional, dirigido por Sagasta, que agrupó a los progresistas más conservadores y miembros de la Unión Liberal, considerando que la revolución había ido demasiado lejos.
- El Partido Radical, de Zorrilla, que agrupó a los progresistas de izquierdas y a los demócratas, buscando un desarrollo más democrático con la colaboración de los republicanos.
La lucha entre radicales y constitucionales provocó una gran inestabilidad durante el breve reinado.
Los Movimientos Contra la Monarquía
Aunque la nueva monarquía contaba con escasos apoyos sociales y políticos, el problema más importante fue que tuvo que afrontar los movimientos de oposición:
- Conservadores: Bajo la dirección de Cánovas del Castillo, organizaron la restauración de los Borbones en la persona de Alfonso XII. Contaron con el apoyo de la Iglesia y de las élites burguesas, oponiéndose al sistema democrático.
- Carlistas: Iniciaron una nueva guerra (la Tercera Guerra Carlista) en defensa del trono del pretendiente Carlos VII, principalmente en el País Vasco, Navarra, Aragón y Cataluña.
- Guerra de Cuba: La insurrección iniciada en 1868 fue dirigida por el sector de criollos (blancos nacidos en la isla), que aspiraban a reformas políticas y económicas, y contaban con el apoyo popular. El gobierno intentó introducir algunas reformas, pero se encontró con la oposición de españoles con intereses en Cuba. La guerra se convirtió en un problema político, militar y económico.
Finalmente, hubo revueltas de los sectores populares, descontentos con unas reformas que consideraban insuficientes. Ello favoreció el aumento de la influencia del internacionalismo en España. Ante esta indignación, Amadeo de Saboya renunció al trono en 1873.
La Primera República (1873-1874)
El Proyecto Constitucional Federal de 1873
Las nuevas Cortes formaron un nuevo gobierno presidido por Pi y Margall, cuyo lema era Orden y Progreso. Su gestión se centró en pacificar las insurrecciones y en elaborar un nuevo proyecto de Constitución. Este se inspiraba en la de 1869 en lo referente a derechos y libertades. Establecía la soberanía popular con sufragio universal masculino y unas Cortes bicamerales con un Congreso y un Senado. Declaraba la libertad de culto y la separación de Iglesia y Estado, y prohibía la subvención de cualquier religión.
El cambio más radical fue la estructura del Estado. Definía la República Federal y establecía que la nación española se compondría de 17 estados, entre ellos Cuba y Puerto Rico.
Guerras y Cantonalismo: La Crisis de la República
La República tuvo que afrontar graves conflictos simultáneos:
- El conflicto carlista se aceleró, pasando a un frente abierto con un auténtico ejército.
- La guerra en Cuba continuaba extendiéndose y la República fue incapaz de frenarla.
- La sublevación cantonal fue el conflicto más grave, que provocó la mayor situación de crisis para el gobierno.
El cantonalismo era un fenómeno en el que se mezclaban aspiraciones de los federales intransigentes con las de la revolución social, inspiradas en las nuevas ideas internacionalistas. En 1873 se proclamó el cantón de Cartagena, que se constituyó en estado independiente y proclamaba la República Federal en España.
El presidente Pi y Margall se opuso a sofocar la revuelta por las armas y dimitió, siendo sustituido por Nicolás Salmerón, quien inició una acción militar contra el movimiento cantonalista, que fue rápidamente sofocado, a excepción de Cartagena, donde duró hasta enero de 1874. Pero Salmerón dimitió al negarse a firmar dos penas de muerte a los cantonalistas. Le sucedió Emilio Castelar, republicano unitario de carácter conservador, quien permitió establecer la autoridad y reorganizar el ejército frente a los carlistas.
La Liquidación de la República
La derrota de Castelar precipitó el golpe de Estado del general Pavía, que con fuerzas de la Guardia Civil irrumpió en las Cortes. El poder pasó a una coalición de unionistas y progresistas encabezada por el general Serrano, quien impuso un régimen autoritario.
Finalmente, el general Martínez Campos encabezó un pronunciamiento en Sagunto que proclamó rey de España a Alfonso XII, hijo de Isabel II. Era el inicio de la Restauración.