El Reinado de Isabel II: De la Unión Liberal a la Crisis Final (1856-1868)

La Época de la Unión Liberal (1856 – 1863)

La última etapa del reinado de Isabel II se caracterizó por una vuelta al moderantismo de la mano de su sector más centralista: la Unión Liberal. Será una época de relativa estabilidad hasta mediados de la década de 1860, donde retornará la conflictividad, la cual pondrá fin a su reinado.

La Vuelta del Moderantismo

Tras acabar con el Bienio Progresista, O’Donnell presidirá un nuevo gobierno, que declarará el estado de sitio y desmantelará buena parte de las políticas del Bienio, disolviendo la Milicia Nacional y restaurando la Constitución de 1845. Mantuvo alguna de las leyes progresistas, como la libertad de imprenta, la desamortización o la ley de ayuntamientos, por lo que la reina terminará destituyéndolo y volverá a nombrar a Narváez como primer ministro.

Este terminará por desmantelar toda la política progresista del Bienio, poniendo fin a la desamortización, la libertad de prensa… con el objetivo de volver al moderantismo tradicional y autoritario. Convocará elecciones para 1857 que, con los mecanismos manipulables y el censo reducido, le darán la victoria. De su legislatura, las labores más relevantes serán:

  • Ley Moyano (1857): Establece un sistema educativo único, centralizado y jerarquizado en todo el país, introduciendo la obligatoriedad de la educación primaria. Reconocía el derecho de la Iglesia a inspeccionar el sistema educativo.
  • Programa de obras públicas: Extensión del ferrocarril, desarrollo del telégrafo, construcción de los canales del Ebro y de Isabel II para el control del agua…

A pesar de la estabilidad y el crecimiento, a finales de 1857 una grave crisis azotó al país, provocando fuertes protestas en el campo. Ante esta situación, Narváez dimite e Isabel II vuelve a llamar a O’Donnell a formar gobierno.

El “Gobierno Largo” de O’Donnell (1858-1863)

Se denomina como “gobierno largo” a la etapa comprendida entre 1858 y 1863, donde O’Donnell gobernará de manera ininterrumpida, suponiendo una rareza para la época, ya que raro era el gobierno que durase más de un año.

Se retomarán algunas de las políticas del Bienio Progresista, aunque manteniendo una postura centrista, en la línea de la Unión Liberal. Fue una etapa de relativa estabilidad política, y de crecimiento y modernización económica, con un cierto desarrollo industrial, así como un impulso a la construcción del ferrocarril. Esto favoreció la inversión y propició un periodo de expansión financiera, en el que la Bolsa vivió un momento de especial dinamismo.

O’Donnell aprovechará esta situación para desarrollar una activa política exterior, con el objetivo de reforzar el prestigio internacional de España y recuperar su presencia como potencia europea. Intervino militarmente en varios conflictos: México, Perú, República Dominicana, Indochina… aunque la más relevante y exitosa será la Guerra de África (1859-1860). Con esta, España trató de granjearse una zona de influencias en Marruecos, mientras las potencias europeas comenzaban a extender sus imperios por África y Asia. Así, tras unos incidentes en Ceuta, España interviene, logrando una serie de victorias al mando del mismo O’Donnell y del general Prim, logrando ampliar la plaza de Ceuta e incorporarse el territorio del Ifni. El resto de campañas no fue tan exitoso, ya que se había buscado más el prestigio internacional que los beneficios directos.

Crisis y Caída del Régimen Isabelino (1863 – 1868)

En 1863 la Unión Liberal enfrentará una crisis interna que culminará con su dimisión, finalizando su “gobierno largo”, y volviendo a la inestabilidad política propia del régimen isabelino. Esta última etapa comenzará con la alternancia de efímeros e inestables gobiernos moderados y unionistas. En 1864, la reina vuelve a llamar a Narváez, quien gobernará los últimos años del reinado; este habrá de enfrentar una fuerte oposición al régimen. Esta se debía a la exclusión política de los progresistas, quienes habían quedado marginados del poder, así como a la corrupción y el clientelismo, junto a la inestabilidad y el autoritarismo.

Esta situación se vio agravada por la fuerte crisis económica de 1866, que afectó a todos los sectores industriales y a las finanzas. Esta fue provocada por el estallido de una burbuja especulativa en torno al ferrocarril, financiado mediante una intensa inversión que terminó por colapsar. Los demócratas empezarán a ganar fuerza, ante el desprestigio de la reina y el moderantismo. En este contexto tienen lugar los siguientes acontecimientos:

  • Noche de San Daniel (1865): Protesta estudiantil ante la rigidez del sistema universitario, donde estaba prohibido emitir cualquier opinión contraria al régimen y la Iglesia. Los estudiantes levantaron protestas en Madrid, duramente reprimidas por la Guardia Civil.
  • Sublevación del general Prim (1866): Apoyada por los progresistas y demócratas, con el fin de acabar con el régimen moderado, que terminará en fracaso.
  • Pronunciamiento del cuartel de San Gil (1866): De carácter similar, aunque sin liderazgo claro y peor organizado, facilitando su rápida y dura represión.
  • Pacto de Ostende (1866): Acuerdo firmado por demócratas y progresistas para derrocar a Isabel II y poner fin al régimen moderado, y establecer un sistema democrático, basado en el sufragio universal masculino.

El fallecimiento de O’Donnell y de Narváez entre 1867-1868, contribuyó al desprestigio de la reina y del régimen, causando corrupción, bloqueo parlamentario y la crisis económica de 1866. Esta crisis culmina con la sublevación del almirante Topete, que también terminará convirtiéndose en una auténtica revolución popular: la denominada Gloriosa Revolución de 1868, que obligó a la reina a abdicar y marchar a Londres, dando inicio a una nueva etapa denominada como Sexenio Democrático (1868 – 1874).