Contrarreformas y pronunciamientos durante el reinado de Isabel II
Intervención militar, orden público y centralización
El Ejército estaba dispuesto a asegurar el funcionamiento de la Constitución, pero la intervención de los militares en los asuntos civiles dio lugar a una época de pronunciamientos militares. Las contrarreformas se basaron en un control estricto del orden público y en la centralización de la administración. Se suprimió la milicia nacional, sustituida por la Guardia Civil bajo las órdenes directas del Gobierno, facultada para actuar en ausencia de la autoridad local. En la Ley Orgánica, los alcaldes eran nombrados por el Gobierno. Se controló la imprenta y la prensa. Se creó una nueva Constitución que limitaba el poder de las Cortes y ampliaba el del Rey. Los fracasados intentos de matrimonio entre Carlos VI, hijo de Carlos V, e Isabel II dieron lugar a la segunda guerra carlista, también conocida como la guerra «dels matiners», sin éxitos militares significativos; se desarrolló en Cataluña y Levante, con la participación del general Cabrera.
Religión, concordato y educación
La Constitución establecía que la religión de la nación era la católica. Se intentó restablecer relaciones con el papa, firmando un concordato en 1851 en el que el poder civil tenía la obligación de defender la religión; los obispos entraron en la enseñanza. Los gobiernos podían perseguir las doctrinas consideradas heréticas y podían censurar las obras sobre religión y moral. Roma aceptó que los bienes desamortizados quedaran en manos de sus propietarios. Se renovó el derecho de presentación de los obispos en el concordato de 1853.
El Estado liberal creó un sistema cultural y educativo para formar a la ciudadanía, garantizando la jerarquización de los ciudadanos según su conocimiento y capital cultural. El sistema educativo se dividía en tres niveles, basándose en el modelo francés, con el Estado a cargo de la educación nacional y los ayuntamientos de la enseñanza primaria.
Objetivos y medidas de los moderados
Los principales objetivos de los moderados eran:
- Un orden jurídico unitario, eliminando los fueros y formando una comisión general para elaborar un Código Civil en defensa de la propiedad privada. Además, se publicó el nuevo Código Penal.
- La reforma territorial de Javier de Burgos, que centralizó la administración. Los gobernadores provinciales se convirtieron en figuras clave, conectando el poder central con el local.
- Modernización de los impuestos en Hacienda para hacer su recaudación más eficiente: el 70% de los ingresos provenían de aduanas e impuestos indirectos. La reforma fiscal de Montsant Illán no fue suficientemente moderna y afectó más a las capas populares.
Crisis, pronunciamientos y el cambio de 1854
La mala gestión de los gobiernos moderados provocó protestas populares. El pronunciamiento de 1854 trajo un cambio de rumbo en la política del país. En junio, O’Donnell encabezó el pronunciamiento de Vicálvaro y, al retirarse a Andalucía, se unió con Serrano, lanzando un manifiesto progresista que ganó importancia y se convirtió en un movimiento popular. La reina Isabel II decidió entregar el poder a Espartero.
El Bienio Progresista (1854–1856)
Comenzó el bienio progresista, que duró hasta 1856. Los gobiernos pusieron en práctica medidas liberales y trabajaron en la redacción de una nueva Constitución que no fue promulgada, reflejando el ideario del Partido Progresista: soberanía nacional, limitaciones al poder de la corona, retorno de la milicia nacional, alcaldes elegidos por los vecinos, Senado elegido por los votantes y tolerancia religiosa. Continuaron las desamortizaciones de Pascual Madoz para relanzar la actividad crediticia de los bancos y fomentar el ferrocarril.
Se crearon leyes para atraer el capital extranjero, como la Ley de Ferrocarriles, y se estableció el Banco de España junto con la publicación de la ley bancaria. Surgieron los demócratas y los republicanos (con influencias del socialismo y del federalismo), extendiéndose en los círculos del progresismo. Sixto Cámara luchó por cambios sociales en las condiciones de vida del pueblo trabajador.
Surgieron las primeras organizaciones de trabajadores en Cataluña, con la asociación Mutual de Obreros, promoviendo las primeras huelgas por mejoras salariales y dando origen al movimiento obrero.
El regreso de los moderados y la crisis final del sistema isabelino
En 1856, O’Donnell tomó el poder mediante un golpe de Estado, desplazando a Espartero y asumiendo la presidencia, respaldado por la Unión Liberal. Su objetivo era consolidar la monarquía constitucional, restablecer el orden público y fortalecer las corrientes moderadas y progresistas estableciendo un liberalismo centrista. Repuso la Constitución de 1845 con principios progresistas, suprimió la milicia nacional y reorganizó los ayuntamientos.
Narváez volvió al poder con políticas conservadoras en 1864, lo que generó malestar. La represión de las libertades públicas provocó manifestaciones, y Prim impulsó la sublevación de los sargentos del cuartel de San Gil en 1866. Tras una crisis económica en 1866, Prim pactó con el Partido Demócrata en Ostende, buscando la destrucción del sistema isabelino y la creación de una nueva Constitución con sufragio universal.
En septiembre de 1868, una sublevación triunfante derrocó la dinastía borbónica, abriendo la posibilidad de un régimen democrático en España.