Introducción
El documento —un mapa y gráfico sobre el ciclo huelguístico y la crisis de 1917 en España— constituye una fuente histórica de carácter estadístico y geográfico que refleja la intensificación del conflicto social en el primer tercio del siglo XX. Su interés reside en que permite visualizar espacial y temporalmente el desarrollo de las luchas obreras y campesinas, así como la progresiva politización del movimiento obrero. El Instituto de Reformas Sociales, creado en 1903, elaboró los datos que aparecen en el gráfico, lo que otorga fiabilidad institucional a la información y muestra la preocupación del Estado por cuantificar los conflictos laborales.
El mapa, por su parte, permite identificar los principales focos geográficos de protesta, diferenciando entre huelgas industriales (concentradas en el norte y el este peninsular) y huelgas agrarias (más intensas en el sur y el centro). Así, el documento es de gran valor historiográfico para comprender el proceso de consolidación del movimiento obrero y el agotamiento del sistema de la Restauración (1875–1923).
Tarea 1.2. Identificación de las ideas principales asociadas al documento (1 punto)
Para hablar de las ideas más importantes empezaremos, como antes, con el gráfico y la evolución del número de huelgas, que nos da a entender la conflictividad social y el aumento del precio de los productos básicos. En cuanto a la evolución de las huelgas en España en el primer tercio del siglo XX, vemos:
- Un número importante de huelgas entre 1909 y 1914, con una media superior a las 200 anuales.
- Un punto máximo que se inicia en 1917 y llega a su culminación en torno a 1920, con más de mil huelgas, para bajar rápidamente a partir de 1921, aunque no tanto como antes de esta subida.
- El primer auge coincide con la Semana Trágica de Barcelona y el segundo momento se inicia con la crisis de 1917 y se prolonga con la crisis que afectó a toda Europa tras la Primera Guerra Mundial.
En el mapa apreciamos la especial incidencia de los paros obreros y movimientos reivindicativos en zonas como:
- Valencia
- Barcelona y su cinturón industrial
- Vizcaya
- Asturias
Otros focos secundarios serían Madrid, Alicante, Linares y La Carolina (provincia de Jaén) y las minas de Río Tinto (Huelva). En cuanto a las huelgas agrarias, su incidencia es muy importante en el valle del Guadalquivir (Andalucía), con menor intensidad en el resto de Andalucía, Extremadura y algunas zonas de Castilla-La Mancha y Castilla y León. Por el contrario, es prácticamente nula o poco relevante en Galicia, la cornisa cantábrica, algunos puntos del interior castellano y aragonés y en los dos archipiélagos.
Es evidente que lo que se refleja es un desigual reparto de la propiedad: la Andalucía bética es la zona con más latifundios de España junto con Extremadura y gran parte de Castilla-La Mancha, aunque en estos territorios no alcanza la misma intensidad de conflicto.
Tarea 1.3. Delimitación y contexto histórico asociado al documento (1,75 puntos)
Durante el primer tercio del siglo XX, España vivió un proceso de modernización económica desigual, acompañado de una profunda crisis del sistema político de la Restauración. Las tensiones sociales derivadas de la industrialización, el atraso agrario y la desigualdad se tradujeron en un incremento de la movilización obrera y campesina.
El Instituto de Reformas Sociales (1903), impulsado por el regeneracionismo liberal, reflejó el intento del Estado de regular la cuestión social, aunque sus resultados fueron limitados. A lo largo de las décadas siguientes, la emergencia del sindicalismo socialista (UGT) y anarquista (CNT) transformó el panorama laboral español. A principios del siglo XX existían enormes desigualdades sociales en España que hicieron crecer el número de afiliados a la CNT (anarquistas) y a la UGT (socialistas) y con ello aumentaron las protestas sociales.
En esta situación tuvo mucho que ver el estallido de la Primera Guerra Mundial. Durante su transcurso, España vivió un boom económico al convertirse en país abastecedor de alimentos, materias primas y productos industriales para los contendientes, lo que generó un aumento espectacular de los precios mientras que los salarios no aumentaban; eso explica la explosión social de 1917.
Una prueba de la buena marcha de los negocios fue la creación —solo en 1916— de 550 nuevas empresas en nuestro país. Los fabricantes nacionales disfrutaron de una época de verdadera euforia económica y obtuvieron cuantiosas y fáciles ganancias gracias al fuerte incremento de las exportaciones. Así, los beneficios de Altos Hornos de Vizcaya y de las empresas mineras asturianas se duplicaron en un solo año y la exportación de productos siderúrgicos españoles se disparó desde las 40 000 toneladas. En consecuencia, la deuda exterior española disminuyó y nuestra balanza comercial dejó de ser deficitaria y mantuvo —de manera excepcional— resultados positivos entre 1915 y 1919.
Por el contrario, las repercusiones del conflicto bélico fueron globalmente negativas para la agricultura española. Las exportaciones de vino, plátanos y naranjas se hundieron, los precios bajaron y este sector acumuló grandes pérdidas, ya que los países europeos en guerra prescindieron de este tipo de productos al tener otras prioridades. Además, como España necesitaba importar trigo de Rusia, Rumanía y Argentina, sufrió graves problemas de abastecimiento de cereales a causa de la interrupción de la siembra en los escenarios bélicos y de los problemas de transporte durante la guerra (los submarinos alemanes hundieron 65 barcos mercantes españoles —el 20% del tonelaje total nacional— y las relaciones diplomáticas hispano-alemanas quedaron al borde de la ruptura).
También la distribución de los beneficios económicos generados por los negocios durante los años de la guerra fue extraordinariamente desigual. Mientras que los grupos empresariales más fuertes se enriquecieron rápidamente, la clase obrera resultó perjudicada por la escasez y el continuo incremento de los precios de los alimentos de primera necesidad. Más grave aún fue la situación en las zonas agrarias, donde se acentuó la ya precaria condición del campesinado y se forzó la emigración de muchos de ellos a las ciudades.
Con el final de la guerra también concluyó esta expansión económica: muchos negocios tuvieron que cerrar, el desempleo aumentó y las huelgas se multiplicaron. Además, los empresarios españoles desaprovecharon la ocasión para mejorar su competitividad y las ventas al exterior se contrajeron bruscamente. Esta situación agravó las diferencias sociales de la época, provocó una gran agitación social y el auge del movimiento obrero. Este clima de extrema tensión social intensificó el número de huelgas.
El año 1917: epicentro del conflicto social
El año 1917 constituye el epicentro del conflicto social. La coincidencia de tres crisis simultáneas provocó una situación de fuerte convulsión:
- Crisis militar: aparición de las Juntas de Defensa, asociaciones de oficiales que exigían mejoras salariales y respeto a la antigüedad.
- Crisis política: la Asamblea de Parlamentarios reunida en Barcelona, liderada por Francesc Cambó, reclamó la reforma constitucional y el restablecimiento del parlamentarismo.
- Crisis social: la Huelga General Revolucionaria (agosto de 1917), convocada por UGT y CNT, paralizó amplias zonas del país (Madrid, Barcelona, Asturias, Vizcaya y Valencia). Fue duramente reprimida (más de 70 muertos y 2.000 detenidos, entre ellos Largo Caballero, Besteiro y Saborit).
Tras la guerra mundial, la crisis de posguerra afectó especialmente al campo andaluz, castellano y extremeño. Las malas cosechas, el paro y la carestía generaron un fuerte movimiento campesino, liderado por la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra y los sindicatos anarquistas rurales. Las provincias de mayor incidencia fueron Sevilla, Córdoba, Jaén, Badajoz, Ciudad Real y Toledo. Reivindicaban aumento salarial, reducción de jornada, reparto de tierras comunales y rechazo a la mecanización. En 1919–1920 se alcanzó el máximo histórico de huelgas agrarias, que luego descendieron con la represión estatal y el inicio de la dictadura de Primo de Rivera (1923).
La intensificación del conflicto social coincidió con la crisis colonial de Marruecos, culminada en el Desastre de Annual (1921), y con el desprestigio del régimen parlamentario. El golpe de Estado del general Miguel Primo de Rivera (13 de septiembre de 1923) puso fin al sistema de la Restauración. El nuevo régimen implantó un modelo autoritario y corporativo, con el objetivo de controlar el movimiento obrero y reducir la conflictividad. La creación de los Comités Paritarios (1926) institucionalizó la mediación entre patronos y obreros, sustituyendo la huelga por la negociación controlada. Con ello se cerró el ciclo huelguístico iniciado en 1905.
El gráfico y el mapa ilustran cómo la conflictividad social fue el reflejo directo de la transformación de España en una sociedad de masas. El auge de las huelgas indica la consolidación de una conciencia obrera colectiva y el fracaso del Estado liberal para integrar las demandas sociales. El pico de 1917–1921 simboliza el punto culminante de esa tensión estructural entre modernización económica y atraso político, preludio de los cambios profundos que desembocarían en la Segunda República (1931).
Conclusión
En conclusión: el documento analizado permite comprender que el ciclo huelguístico de 1905–1923 fue un proceso complejo, con raíces económicas, sociales y políticas profundas. El gráfico refleja la cronología ascendente de la conflictividad laboral, mientras que el mapa muestra su distribución geográfica dual entre el norte industrial y el sur agrario. Ambos materiales constituyen una fuente esencial para estudiar el agotamiento del sistema de la Restauración y la emergencia de una sociedad movilizada, preludio de las transformaciones del siglo XX español.