Nietzsche: crítica a la cultura occidental y la tensión entre lo dionisíaco y lo apolíneo

Nietzsche: crítica radical de la cultura occidental

Influjos y formación

La obra de Nietzsche es una crítica radical de la cultura occidental, influida por Schopenhauer, partidario de que la realidad es manifestación de la voluntad, una fuerza cósmica primigenia, irracional y ciega, que impulsa a todos los seres a continuar existiendo. Influyó también el músico Richard Wagner, cuyas óperas aspiraban a convertirse en la expresión artística total del futuro, integrando en una sola obra todas las formas de arte.

Nietzsche es un autor peculiar en la historia del pensamiento; sus estudios universitarios se centraron en la filología clásica. Sentía especial admiración por Homero y Esquilo. También admiraba a Heráclito y su filosofía del devenir. En la obra de estos autores veía reflejada la forma de vida trágica y heroica, caracterizada por su vigor e intensidad. La tragedia griega era para Nietzsche uno de los ejemplos supremos de la maestría artística que alcanzaron los griegos en la Antigüedad.

Dionisíaco y apolíneo

Nietzsche identifica dos principios contrapuestos que permiten entender la singularidad de la cultura griega:

  • Lo dionisíaco, asociado al dios Dionisio y vinculado con el exceso, la pasión, la penumbra y lo irracional.
  • Lo apolíneo, ligado al dios Apolo y relacionado con la mesura, la luz y la racionalidad.

La pintura y la escultura son ejemplos del arte apolíneo, y la música del arte dionisíaco. La tragedia griega es una forma de arte lírica y extraordinaria porque en ella se reconcilian y complementan los dos elementos básicos de la realidad: lo apolíneo y lo dionisíaco.

El valor de la vida y la figura heroica

El pensamiento de Nietzsche insiste en el valor de la vida del individuo, y subraya que los griegos valoraban a quienes eran capaces de afirmar sus valores vitales. En la Ilíada y la Odisea, Homero ensalzaba a los héroes que destacan por su vigor, su fuerza, su belleza y su pasión. Estas son las cualidades que hicieron de Aquiles un ejemplo para los griegos.

Crítica a la tradición occidental

Desde un planteamiento vitalista, el pensamiento nietzscheano realiza una crítica demoledora contra toda la tradición cultural de Occidente. En primer lugar, Nietzsche rechaza el modo en que la tradición europea ha interpretado el conocimiento. Esta crítica a la gnoseología está unida al ataque nietzscheano contra la metafísica occidental. La crítica nietzscheana se extiende al ámbito de la religión y, especialmente, al cristianismo. Por último, denuncia con dureza la moral que ha prevalecido en Occidente; por lo tanto, el ser humano deja de ser un héroe para ponerse en manos de Dios.

Para Nietzsche, Occidente ha interpretado el conocimiento como la búsqueda de conceptos que puedan expresar la esencia permanente e inmutable de la realidad. Frente a esta teoría, Nietzsche defiende el valor de una forma alternativa de conocimiento que no niegue el devenir y que preste atención a las cosas en su individualidad singular e irrepetible.

Concepción del lenguaje, la ciencia y el arte

Nietzsche desconfiaba del modo en que los filósofos utilizaban el lenguaje (las metáforas e imágenes que empleaban con la supuesta descripción objetiva de la realidad). Era crítico con el positivismo, que para sus seguidores sostenía que la ciencia es la única vía rigurosa y fiable para acceder al conocimiento, porque su objetivo era alcanzar la verdad.

Nietzsche afirmaba que el conocimiento no debe entenderse como el descubrimiento de una verdad escondida detrás de las apariencias; conocer consiste en proponer una forma imaginativa y poética de recrear el mundo que nos rodea. Por ello, creía que el arte es una forma de conocimiento más rica y valiosa que la ciencia, porque nos proporciona imágenes renovadas para expresar el perpetuo devenir de la realidad.

El gran error de la metafísica occidental ha consistido en dividir la realidad en un mundo sensible, que se considera solo aparente, y un mundo trascendente, al que se ha identificado como la auténtica realidad.

Contexto histórico: Europa en el siglo XIX

Durante el siglo XIX, Europa experimentó una etapa de grandes cambios. La Revolución Industrial que había surgido a finales del siglo anterior en Inglaterra se extendió por el continente. A mediados del siglo XIX se produjo la segunda Revolución Industrial, ligada a un capitalismo financiero e industrial. Aparecieron la electricidad, el ferrocarril y se expandieron las industrias química y del acero.

Con la industrialización, los capitalistas ganaron riqueza y se convirtieron en la clase social más poderosa. Muchos países de Europa adoptaron el parlamentarismo liberal y se extendió el liberalismo económico y político. La población abandonó el campo y emigró a las ciudades para ser obreros; surge así el proletariado. Las pésimas condiciones de vida hicieron que estos comenzasen a asociarse para exigir mejoras laborales.

El arte y la cultura estaban dominados por el Romanticismo, movimiento estético que afirmaba la importancia del sentimiento frente a la razón. Muchos filósofos positivistas defendieron el valor de la ciencia y la técnica. El impulso del desarrollo de la economía política y la filosofía liberal y utilitarista se ejemplifica en J. Stuart Mill. Esta es la época en la que Darwin dio a conocer su teoría sobre la evolución de las especies, que tuvo un hondo impacto en la sociedad.

Alienación

El sistema capitalista se caracteriza por la imposibilidad del obrero de expresar su creatividad en el mundo laboral. El trabajador está alienado respecto al producto que elabora, porque se le presenta como algo ajeno y amenazante, y también respecto al acto mismo de trabajar, que se presenta como algo extraño y hostil, convirtiendo el trabajo en una actividad que sólo se realiza a cambio de un salario. El capitalismo trata a los trabajadores como una mercancía más e impide el desarrollo de la creatividad y de sus potencialidades.