Antología de Textos Clásicos: Fragmentos de la Literatura Latina

1. Épica y Mitología

1.1 Laocoonte y el Caballo de Troya

Laocoonte baja corriendo, ardiente, de lo más alto de la fortaleza y, desde lejos, dice: “¡Oh, desgraciados ciudadanos! ¿Qué locura tan grande es esta? ¿Creéis que se han marchado los enemigos? ¿O pensáis que algunos regalos de los dánaos carecen de trampas? ¿Así es reconocido Ulises? O en esta madera están ocultos los aqueos (…) o algún engaño oculta; no confiéis en el caballo, teucros”.

1.2 Dido y Eneas

A la misma gruta, Dido y el caudillo troyano llegan. La Tierra, la primera, y la prónuba Juno dan la señal; brillaron los fuegos y el aire, cómplice de los matrimonios, y en su alta cumbre ulularon las ninfas. Aquel fue el primer día de su muerte y la causa primera de sus desgracias.

1.3 El dolor de la ninfa

Despreciada, se esconde en los bosques y cubre su avergonzado rostro con el ramaje y, desde aquel momento, vive en solitarias cavernas; pero, aun así, clavado lleva el amor y crece por el dolor del rechazo: las ansias vigilantes debilitan su miserable cuerpo, la delgadez cubre su piel y la vida de todo su cuerpo se desvanece en el aire; solamente quedan su voz y sus huesos.

1.4 La metamorfosis de Dafne

Apenas acabada su plegaria, un entumecimiento pesado ocupa sus miembros; sus suaves formas son rodeadas por una delgada corteza; sus cabellos crecen en forma de hojas, sus brazos en ramas; su pie, hace poco tan veloz, se convierte en inmóviles raíces. La copa tapa su rostro: permanece solo en ella su brillante belleza. Aun así, también Febo la ama y, poniendo su diestra sobre su pecho, siente todavía temblar su corazón bajo la reciente corteza.

4. Historia y Crónica Romana

4.1 Los orígenes de Roma

La ciudad de Roma, como yo supe, la fundaron y la gobernaron en un principio los troyanos, los cuales, siendo Eneas su general, vagaban huidos por lugares poco seguros; y con estos, los aborígenes, raza de hombres agreste, sin leyes, sin gobierno, libre y desorganizada. Así pues, en breve tiempo, una multitud diversa y errante se había convertido en ciudad mediante la concordia.

4.2 El ultraje de Sexto Tarquinio

Sexto Tarquinio llega a Colatia (…) Como después de la cena hubiese sido conducido a la habitación de huéspedes, ardiente por el amor, después de que todas las cosas parecían tranquilas a su alrededor y todos parecían dormidos, habiendo tomado su espada se dirige a Lucrecia que dormía, y habiendo agarrado su pecho con la mano izquierda le dijo: “Calla, Lucrecia; soy Sexto Tarquinio; tengo la espada en la mano, morirás si haces un solo ruido”.

4.3 El sacrificio de Lucrecia

Encuentran a Lucrecia triste, sentada en su habitación. Con la llegada de los suyos, surgieron las lágrimas y, habiéndole preguntado su esposo: “¿Estás bien?”, ella dijo: “En absoluto. ¿Cómo puede estar bien una mujer habiendo perdido su honor? En tu lecho, Colatino, están las huellas de otro hombre; ahora bien, solamente mi cuerpo ha sido violado, mi alma es inocente; mi muerte será mi testimonio”.

4.4 Retrato de un soldado

Era, con diferencia, el mejor soldado de caballería y de infantería al mismo tiempo; era el primero en ir a la batalla, una vez trabada la lucha, se retiraba el último. Estas tan grandes virtudes se igualaban a grandes vicios: una crueldad inhumana, una perfidia peor que púnica, nada de verdad, nada de honestidad, ningún temor a los dioses, ningún respeto por lo jurado, ningún escrúpulo religioso.

4.5 Estrategia militar en Lérida

Una vez tomadas estas decisiones, Petreyo exige a toda la Lusitania jinetes y tropas auxiliares, Afranio exige lo mismo a los celtíberos, cántabros y a todos los bárbaros que habitan en la costa del océano. Una vez reunidas estas, Petreyo se dirige rápidamente al encuentro de Afranio y, de común acuerdo, deciden hacer la guerra cerca de Lérida por la ventaja de este lugar.

6. Relatos y Costumbres

6.1 El encuentro de Psique

Y ya, avanzada la noche, un sonido suave llega hasta sus oídos. Entonces, temiendo por su virginidad, debido a su gran soledad, siente pavor y se horroriza… Y ya estaba allí su desconocido marido y había subido al lecho nupcial y había hecho a Psique su esposa y se había marchado rápidamente antes de la llegada de la luz (del amanecer).

6.2 La curiosidad de Psique

Así, ignorante, Psique cayó voluntariamente en el amor de Amor. Entonces, cada vez más abrasada por el deseo de Cupido, inclinada sobre él, mirándolo apasionadamente, después de haberle lanzado apresuradamente besos abiertos y descarados, estaba inquieta por la duración de su sueño. Pero mientras… vacila, su lámpara… deja caer una gota de aceite hirviendo sobre su hombro derecho.

6.3 La casa de Trimalción

Un enorme perro, no lejos del cuarto del portero, había sido pintado en la pared y, encima, había sido escrito en letra cuadrada (mayúscula): “Cuidado con el perro”. Y algunos colegas se rieron de mí; pero yo, habiéndome recobrado el valor, no dejé de mirar (perseguir) toda la pared. También había sido pintado un mercado de esclavos con sus títulos (anuncios de estar a la venta) y Trimalción en persona, con el cabello largo, sostenía el caduceo y, guiándolo Minerva, entraba en Roma.

6.4 El monumento de Trimalción

Te ruego que hagas las naves de mi monumento avanzando a toda vela, y a mí, sentado en la tribuna con la toga praetexta, con cinco anillos de oro y derramando monedas en público desde mi bolsita. Si te parece bien, que se hagan triclinios (…) A mi derecha pondrás una estatua de mi querida Fortunata sosteniendo una paloma, y que lleve una cachorrita atada con una correa.

2. Poesía Lírica

  • 2.1 El gorrión de Lesbia: Ha muerto el gorrión de mi niña, el gorrión, delicias de mi niña, al que ella amaba más que a sus propios ojos. Porque era dulce como la miel y la conocía a ella tan bien como una niña a su madre; ni se movía de su regazo, sino que saltando alrededor, ya aquí, ya allá, no paraba de piar hacia su sola dueña.
  • 2.2 Vivamos y amémonos: Vivamos, Lesbia mía, y amémonos, y todas las habladurías de los viejos severos valorémoslas en un solo as. Los soles pueden ponerse y volver a salir; nosotros, una vez que se ponga nuestra breve luz, hemos de dormir una sola noche perpetua. Dame mil besos, luego cien, luego otros mil, luego otros cien, luego hasta mil otros, después cien.
  • 2.3 La vida sencilla: Dichoso aquel que, lejos de los negocios, como la antigua raza de los mortales, cultiva los campos paternos con sus propios bueyes, libre de toda deuda; y no le despierta el cruel sonido de la trompeta, como al soldado, ni teme al mar airado, evita el foro y los soberbios palacios de los ciudadanos poderosos.
  • 2.4 El mequetrefe: “Declamas con gracia, Átalo, llevas causas muy bien, escribes historias hermosas, bonitos poemas, compones mimos graciosamente, epigramas con gusto; excelente gramático, agradable astrólogo eres, y no solo cantas bien, sino que también bailas bien, Átalo; eres bueno en el arte de la lira, bueno en el arte de la pelota. Aunque nada haces bien, sin embargo, lo haces todo bellamente: ¿quieres que te diga qué eres? Eres un gran mequetrefe”.

3. Teatro y Comedia

3.1 El fanfarrón y los amores de Júpiter

Art: Todas las mujeres están enamoradas de ti. (…) Pirgopolinices: ¿Y esas qué te dijeron? Artotrogo: Preguntaban una y otra vez: “¿No es éste Aquiles?” me dijo una; “Más bien es su hermano”, dije. Entonces, otra de ellas me dijo: “Por eso es tan guapo –¡por Cástor!– y simpático; mira cómo le queda la cabellera. En verdad son afortunadas las que se acuestan con él”. Pirgopolinices: ¿De verdad hablaban así? Plauto: Los amores de Júpiter. Este (Júpiter) comenzó a amar a Alcmena a espaldas de su marido y tomó para sí el goce de su cuerpo, y este la dejó embarazada con su abrazo.

3.2 La confusión de Alcmena y el impetuoso enamorado

Ahora Alcmena, para que entendáis el asunto con más exactitud, está embarazada por ambas partes, tanto de su marido como del sumo Júpiter. Y mi padre ahora está acostado aquí dentro con aquella, y, por este motivo, esta noche se ha hecho más larga. Terencio, Adelfos, 88-93. Un impetuoso enamorado: ha echado abajo las puertas y ha entrado por la fuerza en una casa ajena; ha apaleado al dueño en persona y a toda la familia casi hasta la muerte; ha raptado a la mujer que amaba; todos gritan que esto se ha hecho de una manera muy indigna. ¡Cuántas cosas me han contado, Mición, al llegar! Está en boca de todo el pueblo.