Crecimiento Poblacional Español en el Siglo XIX
La población española experimentó un crecimiento constante, aunque lento, a partir de 1833. Este periodo contrasta con el estancamiento general de los siglos anteriores. La población pasó de 11 millones a sobrepasar los 18 millones a finales del siglo XIX.
Factores del Crecimiento Demográfico
Este aumento se debió fundamentalmente a varios factores:
- Mejoras en la alimentación (extensión de cultivos, incorporación de la patata a la dieta, etc.).
- Avances en la medicina preventiva (vacunación).
- Introducción de medidas higiénicas.
Limitaciones del Crecimiento
Sin embargo, este crecimiento no estuvo acompañado de un desarrollo económico paralelo (no se dio la esperada revolución demográfica → revolución industrial). Además, fue uno de los crecimientos más bajos de toda Europa debido al mantenimiento de los rasgos típicos de un régimen demográfico antiguo:
- Alta natalidad.
- Elevada mortalidad, incluida la infantil, lo que resultaba en un crecimiento bajo.
La mortalidad, aunque descendió, siguió siendo elevada, ya que se continuaron produciendo crisis de subsistencia, hambrunas y epidemias (sarampión, tifus, tuberculosis, cólera…).
Esperanza de Vida Comparada
La esperanza de vida en España en 1900 era de solo 35 años, mientras que en Francia o Gran Bretaña alcanzaba los 45 años. Todas estas magnitudes explican el limitado crecimiento de la población española, que hasta el siglo XX no experimentó la transición hacia una demografía moderna basada en una progresiva disminución de la tasa de mortalidad y un mantenimiento de una alta tasa de natalidad (en torno al 30 por mil), lo que supuso un importante crecimiento demográfico.
Distribución Poblacional Desequilibrada
La población presentaba una distribución desequilibrada, con un alto contraste entre la periferia litoral, muy poblada, y el centro peninsular, escasamente poblado.
Movimientos Migratorios
En relación con la demografía, otra variable importante fueron los movimientos migratorios, claramente relacionados con los cambios económicos y sociales que se produjeron a lo largo del siglo XIX.
Migración Interior: El Éxodo Rural
Por un lado, se produjo el llamado éxodo rural. Las ciudades, sedes de un incipiente desarrollo industrial y de servicios, se convirtieron progresivamente en un foco de atracción para la población rural, muy afectada por el proceso desamortizador en el sector agrario, buscando mejorar sus condiciones de vida.
Será durante los años de la Restauración cuando el éxodo rural se intensifique, sobre todo dirigido a:
- Las capitales de provincia.
- Los núcleos industriales de Cataluña y el País Vasco.
- Las grandes ciudades.
En 1836, la población urbana era inferior al 10%, y en 1900 alcanzó el 16,6%. Solo Madrid y Barcelona superaban los 500.000 habitantes. Entretanto, en torno a dos tercios de la población seguía viviendo en el campo.
Desarrollo Urbano Consecuente
Como consecuencia del incremento demográfico, se produjo un aumento urbano, con mayor intensidad en Madrid, Barcelona y Bilbao, ciudades en pleno crecimiento industrial. El aumento de la población urbana supuso el desarrollo espacial de las ciudades, donde surgieron:
- Suburbios periféricos: barrios obreros, desordenados, sin servicios ni infraestructuras.
- Ensanches: áreas burguesas de urbanismo planificado, con avenidas amplias, manzanas cuadrangulares y un estilo arquitectónico muy propio. Los mejores ejemplos fueron el de Barcelona, diseñado en 1860 por Ildefonso Cerdá, y el de Madrid en 1861, planificado por Castro y financiado por el marqués de Salamanca.
A esto hay que añadir la incorporación del ferrocarril, el alumbrado público y el alcantarillado.
A pesar de la creciente urbanización, a principios del siglo XX la mayoría de la población española continuaba siendo rural, y un 70% residía en núcleos de menos de 200.000 habitantes. El resultado de esta irregular distribución fue un dualismo muy acentuado entre el campo y la ciudad, origen de numerosas tensiones políticas y sociales.
Migración Exterior: La Emigración Transoceánica
El otro fenómeno demográfico típico del siglo XIX, junto con el éxodo rural, fue la emigración a Latinoamérica (Argentina, Brasil, México y Venezuela) y al Norte de África (Argelia). Esta emigración procedía sobre todo de Galicia, Cantabria, Asturias y Canarias, zonas con falta de tierra y escasez de puestos de trabajo. También parte de la población catalana decidió emigrar, sobre todo a Cuba, por los lazos comerciales que les unían.
Se estima que entre 1880 y 1914, un millón de españoles cruzaron el Atlántico.
Marco Legal y Consecuencias
La Constitución de 1869 reconoció el derecho a emigrar, lo que aumentó el traslado de población española al extranjero. Los gobiernos asistieron sin detenerlo, conscientes de la incapacidad del país para dar trabajo y alimento a sus excedentes de población. La emigración se hizo más masiva en los años noventa y en los comienzos del siglo XX.
Algunos consiguieron “hacer las Américas”, formando un gran patrimonio económico. Muchos retornaron, los denominados indianos, tras hacer fortuna y colaborar en el desarrollo de sus lugares de origen.
Contrastes Sociales en la España del Siglo XIX
En la sociedad española a lo largo del siglo XIX se agudizaron los contrastes sociales, acentuándose más las desigualdades entre las clases altas del resto del país, pero también entre las clases medias, los llamados trabajadores de “cuello blanco” (profesores, abogados, médicos, empleados de la Administración, ingenieros, pequeños rentistas…), y las clases populares, sometidas a graves problemas de alimentación, enfermedades y analfabetismo (72 % del total de la población en 1877).