El espacio urbano: Organización interurbana de las ciudades españolas
Evolución histórica de la urbanización en España
Etapa preindustrial
Se inicia en la Edad Antigua y abarca hasta el siglo XIX. Se caracteriza por unas tasas de urbanización reducidas (aproximadamente el 10% de la población vivía en ciudades), con núcleos entre 5.000 y 10.000 habitantes, aunque algunas superaban los 25.000 e, en raras ocasiones, los 100.000 (Madrid). Las ciudades aparecen en esta época por factores estratégicos-militares, político-administrativos, económicos, religiosos y culturales; el área urbana era reducida y muy diferenciada del entorno rural.
En la Antigüedad se inicia el proceso urbanizador con la colonización fenicia y griega desde los siglos IX–VIII a. C., creando ciudades-factoría para comerciar con recursos minerales, agrícolas y artesanales. Se sitúan en la costa mediterránea o sur atlántica, como Cádiz o Ampurias. Su forma se adapta a la actividad comercial y presentan un plano o trazado irregular.
La conquista romana, desde el siglo III a. C., dio lugar a la aparición de ciudades como Barcelona y Tarragona, relacionadas con las necesidades militares, administrativas y económicas de la romanización. Los romanos trazaron una red de carreteras para comunicarlas y diseñaron ciudades funcionales organizadas en torno a dos grandes vías perpendiculares: Cardo (N–S) y Decumanus (E–W), con un trazado en damero. El foro era el centro de la vida social, rodeado de los principales edificios públicos (mercados, basílicas, termas). Las ciudades podían protegerse con murallas que conectaban con el exterior mediante puertas.
En la Edad Media, los visigodos mantuvieron algunos núcleos romanos, destacando Toledo como capital. Desde 711 distinguimos entre el mundo musulmán y el mundo cristiano. Los musulmanes protagonizaron una creciente urbanización, fundando o consolidando ciudades como Madrid, Murcia y engrandeciendo otras de origen romano (Zaragoza, Granada, Córdoba, Toledo) para fines administrativos, religiosos y económicos. Estas ciudades se desarrollaron principalmente en la mitad sur peninsular, con un plano irregular, aparentemente desordenado y laberíntico, con dos partes bien diferenciadas:
- Medina: recinto amurallado que protegía la mezquita mayor (aljama), el mercado (zoco) y el palacio de gobierno (alcázar), junto con las viviendas de las familias más influyentes.
- Arrabales: barrios extramuros ocupados por mezquitas, viviendas, baños públicos, barrios de artesanos y comerciantes, y barrios étnicos (judíos, mozárabes).
La España cristiana fue mayoritariamente rural hasta que, a partir del siglo X, la Reconquista ordenó el territorio en torno a municipios con un núcleo urbano central. Desde el siglo XII, el comercio y las funciones religiosa y administrativa impulsaron el crecimiento urbano cristiano (Barcelona, Valencia, Sevilla) y centros de peregrinación como Santiago de Compostela. Muchas ciudades eran amuralladas (por ejemplo, Ávila y Vitoria), con la catedral o la iglesia en el centro, divididas en barrios o calles gremiales (oficios artesanales) y con un plano irregular que evolucionó a un trazado radiocéntrico (Vitoria) o a disposiciones lineales en torno a vías importantes como el Camino de Santiago. Muchos cascos antiguos actuales proceden de esta configuración medieval.
Durante la Edad Moderna, la pujanza político-militar del imperio y el comercio con América impulsaron ciudades como Madrid y Sevilla. Aparecieron nuevos barrios fuera de las murallas para usos residenciales, artesanales y de almacén, mientras el centro se reorganizó con la construcción de las plazas mayores como centro social y comercial, lo que generó un plano radiocéntrico (calles que parten de estas plazas) aunque manteniendo cierta irregularidad entre las calles principales.
En el siglo XVII, la crisis económica y demográfica afectó a las ciudades del interior, que perdieron población e influencia. En el siglo XVIII la recuperación económica volvió a impulsar el crecimiento urbano en Madrid y en ciudades costeras cantábricas y mediterráneas. La ciudad barroca se embelleció con monumentos, puertas ornamentadas (por ejemplo, la puerta de Alcalá en Madrid), espacios ajardinados, grandes palacios y plazas; además se dotó a las ciudades de alcantarillado, iluminación pública, etc.
Etapa industrial
Desde 1800 hasta 1975 hubo un crecimiento urbano impulsado por la industrialización y la reorganización administrativa (cada provincia tiene una capital desde la división provincial de 1833, realizada por Javier de Burgos). Este crecimiento se divide en distintas etapas:
- Hasta mediados del siglo XIX la población urbana representaba el 24,6% del total, concentrándose en las capitales provinciales y en ciudades comerciales del litoral.
- En 1850–1936, el desarrollo industrial elevó la tasa de urbanización al 49%, con un enorme crecimiento de Bilbao, Barcelona, Madrid y Valencia.
- La Guerra Civil y la posguerra (1936–1959) frenaron la urbanización, provocando retornos de población al campo, salvo en Bilbao, Barcelona y Madrid, que crecieron favorecidas por la política industrial del gobierno en los años 40 y 50.
- En 1960–1975 el crecimiento económico, el éxodo rural y el «baby boom» provocaron un crecimiento urbano del 30%. España se urbanizó: crecieron sobre todo Madrid, Barcelona, Bilbao y Zaragoza, así como Vigo, Valladolid, Huelva, Cádiz y Burgos (polos industriales franquistas). El desarrollo de las actividades terciarias y del turismo también impulsó el crecimiento urbano en Málaga, Benidorm, Torremolinos, Marbella y en las islas.
Durante la primera parte del período industrial (1800–1936) la morfología y estructura urbana cambiaron al derribar las murallas, abrir nuevas calles desde el centro hacia los nuevos barrios burgueses u obreros (por ejemplo, la Gran Vía en Madrid) y construir infraestructuras periféricas (mataderos, cementerios, acometidas de agua, etc.). Aparecieron los ensanches burgueses (por ejemplo, el barrio de Salamanca en Madrid) y planes urbanísticos como el de José María de Castro en Madrid y el Plan de Ildefonso Cerdá en Barcelona.
En el siglo XX surgieron los barrios jardín del urbanista inglés Ebenezer Howard, aplicados en ciudades como Vitoria, Málaga, Almería o Granada, y, sobre todo, el proyecto de ciudad lineal de Arturo Soria en Madrid: una gran avenida central con calzada para vehículos, tranvía, bulevar y amplias aceras, flanqueada por casas unifamiliares con jardín. Inicialmente fueron concebidos para obreros, pero pronto fueron ocupados por la burguesía.
El éxodo rural de los años 50 provocó la aparición del chabolismo y, posteriormente, de polígonos residenciales de bloques de pisos baratos o de protección oficial en las afueras.
Problemas de las ciudades: causas y consecuencias
Las ciudades españolas padecen diversos problemas que pueden agruparse en varias categorías:
a) Problemas derivados de la aglomeración
- La extensión de la urbanización presiona sobre el área rurbana (interfaz rural-urbana). Por ello, las nuevas políticas urbanísticas promueven la preservación del espacio rural, la reutilización de la ciudad existente, la rehabilitación de zonas degradadas y el alejamiento de la ciudad difusa en favor de la ciudad compacta.
- La segregación espacial por usos del suelo afecta a toda la ciudad; para superarla, las políticas urbanas promueven una mayor integración entre los espacios residenciales y las áreas económicas.
- Los abastecimientos (agua, energía y otros recursos) y los equipamientos urbanos (infraestructuras sanitarias, educativas, deportivas, culturales, etc.) presentan desigualdades: algunos barrios tienen déficits y otros superávits; es necesario distribuir los existentes e invertir en nuevos de forma ordenada.
- Las grandes ciudades padecen problemas de tráfico derivados de los desplazamientos vivienda–trabajo, realizados principalmente en automóvil privado. Para reducir estos problemas, las ciudades elaboran Planes de Movilidad Urbana Sostenible, potenciando el uso de la bicicleta, los desplazamientos a pie, el transporte colectivo y la movilidad virtual.
b) Problemas económicos y sociales
- Excesiva terciarización de la economía: los servicios sustituyen a otros sectores productivos.
- Dificultades en el acceso a la vivienda digna y asequible. Las administraciones deben promover vivienda protegida, construir viviendas sociales y aumentar la oferta de alquiler asequible.
- Es necesaria la promoción de actividad económica en barrios desfavorecidos para evitar la exclusión social (personas mayores, jóvenes, parados de larga duración, etc.).
c) Problemas medioambientales
- El tráfico, las calefacciones y el alto consumo energético emiten gases de efecto invernadero (GEI), causantes del cambio climático, y generan una capa de polvo y contaminación sobre la ciudad. Sus efectos son daños a la salud humana, a la vegetación y a los edificios.
- Los altos niveles de ruido generados por el tráfico, las obras y ciertas actividades se intentan reducir mediante la instalación de paneles o pavimentos antirruido.
- La contaminación lumínica perjudica a los ecosistemas nocturnos y genera un gasto innecesario; por ello se realiza un control más exhaustivo de la iluminación.
- La generación de residuos (aguas fecales y residuos sólidos) debe tratarse adecuadamente, lo que genera costes e impactos ambientales. Se están implantando sistemas de depuración avanzada y estrategias de economía circular: reducción, reutilización y reciclaje de residuos.
La ordenación del espacio urbano en España en la actualidad
En la actualidad la ordenación del espacio urbano está marcada por varios factores:
a) Descentralización y planificación
La implantación del estado de las autonomías ha descentralizado la planificación urbanística, ya que las Comunidades Autónomas tienen competencias sobre la ordenación del territorio, el urbanismo y la vivienda. Los ayuntamientos, en cambio, deben desarrollar sus planteamientos urbanos. Los planes generales proyectan la ordenación integral del municipio durante un periodo determinado. Los planes parciales concretan el plan general en cada área urbana, y los planes especiales ordenan aspectos específicos. Sin embargo, el Estado tiene la competencia de garantizar el derecho al suelo. La Ley del Suelo y Rehabilitación Urbana (2015) reserva al menos el 30% del nuevo suelo residencial para vivienda protegida y obliga a ceder a los ayuntamientos entre el 5% y el 15% para equipamientos colectivos.
b) Democratización social
La participación ciudadana en la planificación urbana se ha incrementado mediante diversas organizaciones que tratan de paliar desigualdades heredadas y mejorar la actividad en los barrios. Desde 1990 ha cobrado importancia el planteamiento por piezas, basado en actuaciones concretas.
c) Globalización y marketing urbano
La globalización ha provocado que las ciudades desarrollen planes de revitalización y promoción (marketing urbano) consistentes en la implantación o mejora de infraestructuras y en la calidad medioambiental para competir y atraer inversiones.
d) Sostenibilidad urbana
La consecución de la sostenibilidad urbana es uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas para 2030. La Agenda Urbana Española (2019) plantea diez objetivos y más de 290 líneas de actuación para que las distintas administraciones puedan poner en marcha mejoras de planificación urbana sostenible.
e) Ciudades inteligentes (smart cities)
Las smart cities se proponen mejorar la calidad de vida de sus habitantes mediante la innovación y las nuevas tecnologías.