Las migraciones exteriores
La población de un lugar también depende de los movimientos migratorios: las personas que llegan a ese lugar (inmigrantes) y las que lo abandonan (emigrantes). Las migraciones son desplazamientos de la población que implican un cambio del lugar de residencia. La diferencia entre el número de inmigrantes y el número de emigrantes durante un año determina el saldo migratorio, necesario para calcular el crecimiento real de una población, que es el resultado de sumar el crecimiento natural y el saldo migratorio. Estas pueden ser exteriores o internacionales o, por el contrario, interiores o nacionales.
España, históricamente un país de emigrantes
En España han predominado los movimientos de salida de población, principalmente por motivos económicos, y la mayoría de los emigrantes procedieron del medio rural.
Las migraciones transcontinentales
Los destinos de estas migraciones fueron, sobre todo, países de América Latina y, en menor medida, del norte de África (Argelia y Marruecos), el continente asiático y Australia en Oceanía. Respecto a los primeros flujos hacia América, en el siglo XIX la independencia de los países americanos interrumpió estos flujos, pero se reanudaron poco después. El perfil del emigrante español era de un varón joven procedente de zonas rurales y del interior peninsular, sobre todo de Galicia y Asturias y de las Islas Canarias. La mecanización de ciertas labores agrícolas había provocado un excedente de mano de obra en el campo. Los destinos principales fueron Cuba y Argentina. Cuando los países receptores empezaron a adoptar medidas para reducir la entrada de inmigrantes, México se convirtió en el primer destino de los exiliados políticos tras la Guerra Civil Española. Acabada la Segunda Guerra Mundial, se volvió a impulsar la emigración a América.
Las migraciones continentales
A partir de los años 60, la emigración hacia América perdió intensidad a favor de Europa. En esos años, los países de Europa Occidental estaban inmersos en el proceso de reconstrucción tras la Segunda Guerra Mundial. Entre 1959 y 1973 emigraron legalmente más de un millón de españoles a otros países europeos; procedían de todas las regiones salvo de Canarias, cuya inmigración seguiría enfocada hacia América.
En 1973 sobreviene la crisis económica y se disparan las tasas de paro en estos países europeos. Ante esta situación, se produce una migración de retorno que se prolongará hasta bien entrados los años 80. Aunque se frena la emigración legal, siguió existiendo la migración irregular.
De un país de emigrantes a un país de inmigrantes
Desde mediados de los años setenta, el número de entradas empezó a superar al de salidas, dando como resultado un saldo migratorio positivo que se mantuvo desde el último cuarto del siglo XX hasta el año 2010. La crisis económica iniciada en el 2007 afectó seriamente a España, suponiendo no solo un freno a la inmigración, sino también el retorno de muchos extranjeros a sus lugares de origen. Desde 2010, el saldo migratorio de España con el exterior vuelve a ser negativo.
Las migraciones interiores
Las migraciones interiores han determinado, desde finales del siglo XIX hasta la actualidad, la estructura demográfica y las características socioeconómicas de las principales regiones de salida y entrada.
El éxodo rural
Los movimientos migratorios interiores comenzaron a ser importantes a partir del último tercio del siglo XIX, impulsados por los cambios de la Revolución Industrial y la mejora de los transportes. La superpoblación de las zonas rurales propició el inicio de un intenso éxodo rural: un abandono masivo del campo por parte de la población campesina para dirigirse a las ciudades españolas de reciente industrialización. Al mismo tiempo que otros emigraban al extranjero, las principales regiones emisoras fueron Galicia, las dos Castillas, Cantabria, Navarra, Andalucía y el litoral levantino; las regiones receptoras fueron el País Vasco, Cataluña y Madrid. Este proceso alcanzó su auge en los años 60 y principios de los 70, fruto de las transformaciones en el medio agrario y la modernización de la economía. Se produjeron unos 10 millones de movimientos migratorios dentro del país. Extremadura y Andalucía fueron las regiones con mayor emigración, y las que recibieron más población fueron las grandes urbes y las capitales provinciales.
Las migraciones interiores desde 1975 hasta la actualidad
El éxodo rural ha perdido intensidad frente a las migraciones interurbanas. El motivo de los desplazamientos no es únicamente laboral; ahora también se buscan lugares más tranquilos y calidad de vida. Destacan las migraciones suburbanas: la población se desplaza a viviendas más económicas y con más contacto con la naturaleza.
La estructura de la población española
Composición por sexo y edad
A través de la sex ratio o ratio de masculinidad podemos conocer la proporción entre hombres y mujeres en un territorio y en un momento dado. En España es de 96,8 varones por cada 100 mujeres debido a que:
- Nacen más hombres que mujeres, pero la mortalidad es más alta entre los hombres.
- La mujer tiene mayor esperanza de vida (vive unos 5 años y medio más que el hombre).
- Los movimientos migratorios descompensan la sex ratio.
La población se clasifica en tres grupos: jóvenes (0-15 años), adultos (16-64 años) y mayores (+64 años). Para analizar la estructura por edad también se considera el índice de juventud (porcentaje de jóvenes respecto a la población mayor) y, lo contrario, el índice de envejecimiento (porcentaje de personas mayores de 64 años sobre la población menor de 16 años). Si los jóvenes no alcanzan el 25% de la población total y los mayores superan el 12%, estamos ante una población envejecida. El actual incremento de la población mayor está relacionado con el descenso de las tasas de natalidad y la elevada esperanza de vida.
Composición por actividad económica
Población activa, inactiva y tasa de dependencia
La población activa es la que está en edad de trabajar (entre 16 y 64 años). La componen la población ocupada (la que tiene un empleo) y la población desocupada (la que lo busca de forma activa, bien porque habiendo trabajado anteriormente ahora está en paro). La tasa de paro superó en el 2013 el 26% y en el 2014 el 23,7%, con 5,4 millones de desempleados. La población inactiva incluye a personas que trabajan en el hogar sin remuneración, estudiantes, jubilados o quienes tienen una incapacidad laboral. La tasa de actividad expresa el porcentaje de población activa respecto al total de población en edad de trabajar.
Tras la crisis de los años 70, las tasas de actividad cayeron en nuestro país por debajo del 50% y, desde ese año hasta finales de los 90, apenas crecieron. La incorporación de la mujer al mundo laboral se vio compensada con una disminución de la población activa masculina. La tasa de dependencia es una medida relativa de la población potencialmente inactiva (menores de 16 años y mayores de 64) sobre la potencialmente activa.
La población activa por sectores de actividad
- Una caída progresiva del porcentaje de personas dedicadas al sector primario: en la actualidad, estas actividades solo ocupan a un 4,2% de la población activa.
- Un aumento de la población ocupada en el sector secundario durante los años del desarrollismo, pasando del 6% al 38% en 1975.
- Un progresivo crecimiento de la ocupación en el sector servicios (sector terciario) hasta alcanzar el 76,3% en 2014.
El futuro de la población española
La proyección demográfica del INE
Según el INE:
- España perderá población: un millón menos de habitantes en los próximos 15 años y 5,6 millones en el 2064.
- Aumentará la mortalidad y disminuirá la natalidad; el saldo vegetativo será negativo y la inmigración no logrará compensarlo, superando el número de fallecidos al de nacidos.
- Se agudizará el envejecimiento demográfico: el porcentaje de personas con más de 64 años respecto al total pasará del 18,2% al 37,8%.
- La esperanza de vida al nacer seguirá en aumento.
- Se incrementará la tasa de dependencia en más de 7 puntos para 2029 como resultado de la progresiva disminución de la población joven y el aumento de la población mayor.
El problema del envejecimiento y sus consecuencias
El envejecimiento supone un aumento del gasto público en pensiones y en prestaciones de protección social. La tasa de dependencia se incrementa por la progresiva disminución de la población que trabaja y cotiza a la Seguridad Social. El retraso en la edad de jubilación pretende mantener más tiempo el número de cotizaciones que financien las pensiones y retrasar el cobro de estas. Asimismo, el envejecimiento de la población modifica el mercado laboral y las pautas de consumo; el ahorro e inversión de la población mayor difieren mucho de las de los adultos o jóvenes: los mayores gastan más en vivienda, energía y servicios de salud, y tienden a ser más ahorradores.
La distribución de la población en el territorio
La población española se distribuye de forma muy desigual. El indicador que se utiliza para estudiar la distribución de las personas en un espacio es la densidad de población, que pone en relación la población con la extensión del territorio en el que se asienta. Las áreas litorales están más pobladas que las del interior, con excepciones como Madrid, Zaragoza y Valladolid. La población se concentra en las áreas urbanas, mientras que los espacios rurales presentan elevados índices de despoblamiento. Las mayores densidades de población se registran en las grandes áreas metropolitanas; las de Madrid y Barcelona concentran más de una cuarta parte de la población total de España.