La Filosofía de Nietzsche: Crítica a Sócrates, Nihilismo y la Voluntad de Poder

Nietzsche y la Afirmación de la Vida

Nietzsche y Heráclito: La Inocencia del Devenir

Heráclito creía que el mundo experimenta un proceso de continuo nacimiento y destrucción al que nada escapa. Dentro del cambio incesante de las cosas, Heráclito postula que existe una unidad o principio eterno encarnado por el fuego. Pero esta llama crepitante es una metáfora que se refiere al movimiento y cambio constante en el que se encuentra sumido el ser humano y el mundo, haciendo de este su *arjé*.

Nietzsche considera a Heráclito como el único filósofo por defender la realidad del «mundo aparente» y la **inocencia del devenir**.

También lo reivindica explícitamente en *El crepúsculo de los ídolos*, poniendo el nombre de Heráclito en reverencia. Mientras otros filósofos rechazan el testimonio de los sentidos porque estos muestran pluralidad y modificación, Heráclito rechaza su testimonio porque muestra que las cosas son como si tuviesen duración y unidad. Heráclito tendrá eternamente razón por decir que el ser es una ficción vacía. Al coincidir con el relativismo de los sofistas y el escepticismo, Nietzsche acepta la filosofía de Heráclito, admitiendo su devenir y el cambio constante de la vida y las cosas. Sin embargo, no admite su *logos* para explicar ese devenir, pues considera que debemos aceptar el devenir y no racionalizarlo.

En Nietzsche, la idea de vitalismo e irracionalismo se conjugan. Para este autor, el vitalismo es una exaltación de la vida y de sus valores esenciales: intensidad, poder, fuerza, emoción, etc. Esto lo denominará a menudo como **«lo dionisíaco»**.

Podría decirse que el irracionalismo es una derivada o consecuencia del vitalismo; ambas cosas se mezclan, pero lo preeminente es ese «amor a la vida y sus valores».

Nietzsche y Sócrates: El Inicio de la Decadencia

Según Nietzsche, con Sócrates comienza la decadencia de los griegos, incapaces de enfrentar la vida en sus aspectos dionisíacos y buscando refugio en lo apolíneo mediante la razón en otro mundo (el «mundo verdadero»). La metafísica occidental es nihilista y está corrupta desde Sócrates, quien hizo triunfar la razón frente a la vida. Sócrates solo cree en la vida racional, inventa la inmortalidad del alma y crea la moral, despreciando todo lo demás, incluso el cuerpo, negando así la vida misma.

En la división entre Sócrates y los sofistas, Nietzsche está más próximo a los planteamientos relativistas de Protágoras (*«no hay hechos, solo interpretaciones»*) y a las críticas a la moral de sofistas como Calicles y Trasímaco, que llevan a sus últimas consecuencias la generación de una moral del más fuerte.

Nietzsche rechaza los principios de la ética racionalista que inició Sócrates, identificando que si el hombre es bueno también es sabio. Propone la figura del **superhombre** (*Übermensch*) como un tipo moral dionisíaco que rechaza los valores absolutos preestablecidos, pues es creador de sus propios valores. La búsqueda de definiciones o conceptos para guiar la acción moral a través del diálogo socrático carece de sentido para Nietzsche. Rechaza la fuente de la cual emanan esos valores (la razón universal socrática, el *«conócete a ti mismo»*), y la contrapone a las pasiones vitales indomables (la **voluntad de poder**, entendida como el impulso a ser y ser más).

La moral nietzscheana, que distingue entre la **moral de esclavos** y la **moral de fuertes**, declaraba que *«bueno»* tenía el sentido de *«aristocrático = poseedor de una virtud poderosa, anímicamente noble o privilegiado»*, mientras que *«malo»* significaba *«simple, vulgar, plebeyo»*. Lo curioso del asunto es que ambos términos carecían de un sentido moral y sencillamente definían carácter y aptitud. El hombre fuerte es individualista, no se preocupa por los demás porque no le interesan. El hombre débil, al contrario, busca alianzas, promueve pactos, multiplica sus fuerzas y acaba imponiendo sus valores. En cambio, la moral socrática es una moral de esclavos, antinatural y contraria a la vida.

Conceptos Clave de la Filosofía Nietzscheana

Nihilismo: La Muerte de Dios

El nihilismo es la expresión que utiliza Nietzsche para referirse a las consecuencias que tiene para la cultura occidental la **«muerte de Dios»** (su crítica a la religión). La muerte de Dios implica la negación de todos los valores supremos en los que se creía y la conciencia de haber vivido en una gran mentira. La consecuencia de esta aceptación trágica es la desorientación y la pérdida del sentido de la vida. Lo que queda después de demostrar el carácter ficticio de las supuestas verdades sobre las que descansaba el ser humano es la nada (*nihil*) más absoluta.

El nihilismo tiene dos momentos:

  • **Momento Negativo (Pesimista):** Hace referencia a la situación de frustración y miedo en la que queda el individuo ante la falta de respuesta a las preguntas fundamentales. Es el momento descrito por la filosofía de Schopenhauer. Para Nietzsche, este nihilismo debe considerarse más bien como un tránsito que como un término final.
  • **Momento Afirmativo (Activo):** Surge de la aceptación del nihilismo negativo para convertirse en nihilismo activo y positivo. La filosofía de Nietzsche da un paso de una etapa destructiva y crítica a otra de creación y afirmación.

La gran afirmación de Nietzsche será la vida. La vida tiene sentido si se entiende la existencia como un tiempo para hacer efectiva la libertad del ser humano: hay que vivirla con optimismo, fuerza e ilusión, construyéndola mediante la voluntad de crear de cada ser humano (**voluntad de poder** o inocencia del devenir).

Lo Dionisíaco y lo Apolíneo

Según Nietzsche, en el espíritu griego existieron dos tendencias contrarias:

  • **Apolínea:** Del dios Apolo, favorable a la luz, la razón, la medida, la simetría, la armonía, la belleza… Cuando domina este punto de vista, atribuimos al mundo un orden y un sentido.
  • **Dionisíaca:** Del dios Dioniso, asociado a la oscuridad, los instintos, el éxtasis, la embriaguez… Cuando domina en nosotros lo dionisíaco, vemos que el mundo no es más que caos y azar.

Para Nietzsche y Schopenhauer, el arte era algo más que mero entretenimiento; era una forma de descifrar la verdadera realidad del mundo, lo que el mundo verdaderamente es. Una de las formas artísticas más admirables para Nietzsche era la tragedia griega: género que mezclaba teatro, música, danza, sabiduría…

En *El nacimiento de la tragedia*, Nietzsche afirma que en la tragedia (especialmente en Esquilo) el espíritu griego supo equilibrar las tendencias apolínea y dionisíaca. Es decir, partiendo del hecho de que el Universo es un caos dionisíaco en el que el destino del hombre depende del azar y carece de sentido, los griegos, mediante la tragedia, supieron crear belleza, armonía y destino.

La decadencia del espíritu y del pensamiento griego llegó cuando Platón negó la realidad del mundo sensible (lo dionisíaco, las «sombras en el fondo de una caverna») y se inventó uno aparte: el mundo inteligible, el verdaderamente real, donde todo respondía a los ideales apolíneos de perfección, inmutabilidad, orden, medida, eternidad (las características propias del ser de Parménides).

Según Nietzsche, fue la debilidad y la cobardía ante el «mundo aparente», el temor a la enfermedad, la vejez y la muerte, lo que hizo que Platón inventase ese otro mundo donde somos almas inmortales rodeadas de perfección. A esta tendencia del espíritu se le denomina nihilismo.

La Transmutación de los Valores

En *La genealogía de la moral*, Nietzsche aborda la crítica de la moral cristiana a partir del estudio del origen de los valores. Para ello, emplea el **método genealógico**, consistente en una investigación etimológica e histórica de la evolución de los conceptos morales, del bien y del mal:

  1. **Grecia Heroica (Moral de Señores):** En la Grecia heroica de Homero, el *«bueno»* era el fuerte, el apasionado, el poderoso, el guerrero, el creador de valores. A partir de Sócrates y Platón, el pesimismo nihilista comienza a ganar a los griegos. El *«bueno»* pasa a ser aquel que renuncia a la vida, a las pasiones y al cuerpo en favor de un mundo de las Ideas inexistente.
  2. **Judaísmo y Cristianismo (Moral de Esclavos):** El judaísmo y el cristianismo, apoyados en el platonismo, son el origen de una nueva moral cuya característica fundamental es el **resentimiento**. Este consiste en condenar la vida por la impotencia para vivirla. Llevan a cabo una inversión de los valores de la Grecia heroica: los *«buenos»* son ahora los obedientes, los mansos, los sumisos, los débiles. Por el contrario, los *«malos»* son los superiores, los orgullosos, los fuertes, los poderosos, los héroes. Frente a la moral heroica, la moral cristiana es una **moral de esclavos**.
  3. **Propuesta Nietzscheana (Transmutación):** Nietzsche propone una nueva inversión de los valores, una **transmutación de los valores**. La moral cristiana del resentimiento, de condena de la vida, sería sustituida por una moral sana que se guía por valores que dicen *«sí»* a la vida, a las pasiones y a los instintos. El abanderado de esta nueva moral sería el **superhombre**, aquel capaz de asumir la muerte de Dios, la *«pesada carga»* del eterno retorno y de *«espiritualizar las pasiones»*. La transmutación de los valores se aproxima al espíritu griego presente en los héroes de Homero (Aquiles, Héctor, Odiseo), símbolos de superabundancia de valentía, fuerza, virilidad, afirmación, desafío al destino y afán de superación.