La arquitectura: Brunelleschi y Alberti
Brunelleschi
Brunelleschi comenzó siendo orfebre y escultor. Con estos oficios participó en el concurso para fundir las segundas puertas del Baptisterio de Florencia, que el jurado adjudicó a Ghiberti. Decepcionado por el fallo arbitral, marchó a Roma con el propósito de estudiar la estatuaria clásica. Sin embargo, las ruinas cambiaron su vocación hacia la arquitectura, entregándose desde entonces a este arte con pasión.
Vuelve a participar con Ghiberti en otro certamen consistente en la construcción de la cúpula de la Catedral. Esta vez resultó ganador; su solución fue cubrir el tambor octogonal con dos cúpulas superpuestas, dejando una cámara de aire entre ambas. Así, el peso de los materiales disminuía y su altura podía crecer. Las obras duraron dieciséis años y el pontífice Eugenio IV la consagró en 1436. Alberti la comparó con un paraguas abierto sobre el corazón de Florencia.
Brunelleschi pensaba que no había otro camino para la creación que el que marcaron los maestros de la Antigüedad, aunque era consciente de que los sistemas de construcción podían superarse. Por ello, trató de mezclar en sus proyectos los elementos de la tradición romana con la perspectiva renacentista:
- Columnas y pilastras: Se decantó por las columnas de fuste liso al construir pórticos y basílicas, y por las pilastras estriadas al edificar capillas de planta central; en ambos casos utilizó capiteles corintios.
- Proporción: Marcada por la distancia de separación entre soportes.
Como creador de la perspectiva, armonizó las masas en el espacio, graduándolas según las leyes ópticas. Esto aparece ya en el Hospital de los Inocentes y en las basílicas del Espíritu Santo y San Lorenzo, donde levantó la Sacristía Vieja. Diseñó la Capilla Pazzi para uso funerario, jugando con el color de los materiales: piedra gris para los elementos arquitectónicos y cal para el revoque de los muros, lo que proporciona claridad a la obra.
Alberti
Alberti fue un teórico que representó el saber universal del genio renacentista. Sobresalió en todas las artes; ideó artilugios mecánicos y se dedicó a la escultura, la pintura y la arquitectura. Escribió los diez libros de De re aedificatoria, donde defiende el trabajo intelectual del arquitecto. Su misión era concebir mentalmente el edificio, confiando su ejecución material a maestros de obras y albañiles como Bernardo Rossellino y Matteo de Pasti.
Su palacio en la vía de la Viña, en Florencia, se convirtió en prototipo de la mansión ciudadana del Renacimiento, bajo la premisa de que las casas privadas de los mercaderes acaudalados debían tener la misma dignidad que los edificios públicos. Su segunda gran aportación fue el templo. Su construcción religiosa más importante fue San Andrés, con fachada como un arco de triunfo y planta de nave única con capillas entre contrafuertes.
La arquitectura: Bramante, Miguel Ángel y Palladio
Bramante representó la severidad arquitectónica. Su primer trabajo importante en Roma fue el Templete de San Pietro in Montorio, encargado por los Reyes Católicos, que se convirtió en canon de belleza y símbolo del estilo clásico.
Bajo el papado de Julio II, Bramante realizó tres grandes encargos: la ampliación del Palacio Vaticano, la construcción del nuevo templo de San Pedro y el trazado de las avenidas que bordean el Tíber. En el Palacio de los Papas, inspirándose en las villas romanas, construyó un patio inferior y dos jardines superiores, convirtiéndose en un maestro de la perspectiva arquitectónica.
Tras la muerte de Bramante, el encargado de culminar la cúpula de San Pedro fue Miguel Ángel, quien vinculó su nombre para siempre a la Basílica vaticana. Su estilo arquitectónico se refleja en la Porta Pia y en la reforma urbanística de la Plaza del Capitolio. Asimismo, realizó la Sacristía Nueva en San Lorenzo y la Biblioteca Laurenciana, donde imprimió una tensión nerviosa al esquema brunelleschiano mediante el uso de frontones curvos y ventanas ciegas.
Por su parte, Andrea Palladio destacó por la sabiduría y armonía grecorromana. Su legado incluye:
- El tramo rítmico palladiano: Aplicado en la Basílica o Palacio de la Razón.
- Villas campestres: Como la célebre Rotonda (ocio) y Villa Barbaro (explotación agrícola).
- Teatro Olímpico de Vicenza: Estructura semielíptica con decoración en perspectiva.
La pintura: Leonardo, Rafael y Miguel Ángel
Leonardo da Vinci aportó el espíritu de la investigación y la técnica del sfumato. Obras como La última cena y La Gioconda demuestran su maestría en el uso de la luz, la perspectiva y la atmósfera vaporosa.
Rafael Sanzio destacó por su lenguaje sereno y armónico. En su etapa romana, decoró las Estancias Vaticanas, donde pintó La escuela de Atenas, un himno a la filosofía y la ciencia. Su obra refleja la perfección de una sociedad que creía haber alcanzado el equilibrio.
Miguel Ángel, en su faceta pictórica, imprimió una fuerza expresiva única. En obras como el Tondo Doni o el cartón de La batalla de Cáscina, utilizó torsiones violentas y desnudos que marcaron un antes y un después en la historia del arte.
La pintura: El Greco
Domenikos Theotokopoulos, el Greco, se especializó en Creta en iconos religiosos antes de trasladarse a España. Su estilo inconfundible se consolidó en Toledo con obras como El expolio de Cristo y El entierro del Señor de Orgaz.
Sus características principales incluyen:
- Composición: Fragmentación en registros horizontales (terrenal y celestial).
- Expresividad: Dislocación de proporciones y deformación de anatomías.
- Retratos: Galería de personajes como El caballero de la mano en el pecho.
El Greco inauguró una etapa donde el color se apagaba y la espiritualidad se intensificaba, dejando un legado que sigue siendo objeto de estudio y admiración.