CONSECUENCIAS–
Se produjeron cambios sociales, económicos y culturales.
Desde el punto de vista social, la burguésía compradora se convirtió en terrateniente. Las desamortizaciones no sirvieron para que las tierras se repartieran entre los campesinos, sino para conseguir dinero para los planes del Estado, y para que aumentara el volumen de la producción agrícola. La expulsión de campesinos de los nuevos latifundios y la concentración de la propiedad de la tierra generó una gran masa de campesinos sin tierra. No se consiguió crear una amplia clase media agraria. Los principales beneficiarios no fueron los antiguos trabajadores de la tierra sino las clases medias urbanas, principales compradoras de fincas rústicas, y la nobleza, ya que no fueron expropiados sus bienes y podían vender sus tierras o comprar otras nuevas. Por último, al quitar a la Iglesia su principal medio de obtener riquezas, descendíó su papel en la beneficencia a los más desfavorecidos.
Desde el punto de vista económico, el aumento de la producción agraria no alcanzó la medida esperada. El volumen total de tierra que cambió de manos llegó hasta el 50% de la tierra cultivable. La desamortización trajo consigo una considerable expansión de la superficie cultivada y una agricultura más productiva. Al liberalizarse la tenencia y la explotación de la tierra, se produjeron procesos de inversiones, mejora y especialización en los cultivos. Esto acentuó el latifundismo en Andalucía, la Mancha y Extremadura, y el minifundismo en el norte, es decir, acrecentó la concentración de la tierra en pocas manos. Así, en Levante se crearon explotaciones hortofrutícolas, y en Andalucía se extendieron el olivar y la vid. La burguésía invirtió grandes sumas de dinero en comprar tierras, que habrían sido un importante capital para la industria. Así la burguésía compradora se convirtió en terrateniente. Por último, se acentuaron las crisis económicas de los municipios ya que perdieron una fuente importante de financiación y tuvieron que renunciar a dar determinadas prestaciones.
Desde el punto de vista cultural, la desamortización produjo una gran pérdida y expolio de bienes culturales, sobre todo de los antiguos monasterios. Muchas obras arquitectónicas se arruinarían y bienes muebles fueron vendidos a precios irrisorios y exportados hacia otros países, a pesar de que en 1840 se habían establecido unas comisiones provinciales encargadas de catalogar y custodiar esos bienes.
Objetivos de las desamortizaciones:
Fiscales:
recaudar fondos para solucionar los problemas de la Hacienda Pública, bien para hacer frente a los gastos ocasionados por la guerra (Godoy y Mendizábal) o para hacer inversiones públicas (Madoz y el ferrocarril).
Políticos
Crear una masa de propietarios que identificara sus intereses al régimen liberal, aunque se enturbiaron las relaciones con la Iglesia católica.
Económicos
Se pensaba que modernizando la estructura de la propiedad se producirían grandes transformaciones agrarias, con lo que se facilitaría el desarrollo económico y la revolución industrial.
Sociales
Crear una clase media agraria de campesinos propietarios al reformar la estructura de la propiedad fomentando la propiedad privada de la tierra ANTECEDENTES Y PRIMERAS DESAMORTIZACIONE
S Durante el reinado de Carlos III, algunos pensadores ilustrados denunciaron en sus escritos las graves consecuencias que las instituciones del Antiguo Régimen tenían en el desarrollo agrario, por ejemplo, el Tratado de la Regalía de Amortización de Campomanes, en el que se afirmaba que el gobierno debía dar tierras y créditos a los campesinos no propietarios; destaca el Informe sobre la Ley Agraria, de Jovellanos, donde se recogen los problemas agrarios de España y se plantea la necesidad de desvincular las tierras de “manos muertas” en poder de la nobleza, clero y los ayuntamientos. En 1798, con Carlos IV en el trono español, se obtuvo permiso de la Santa Sede para expropiar y vender los bienes de los jesuitas y de obras pías con lo que se amortizaba una parte de deuda pública. El primer paso era la promulgación de leyes para desamortizar los bienes eclesiásticos. El Estado se adueñaba de esos bienes convirtiéndose en “bienes nacionales” y más tarde salían a la venta, mediante pública subasta; el producto de lo obtenido lo aplicaría el Estado principalmente a amortizar la deuda pública. Tanto José I como las Cortes de Cádiz decretaron nuevas desamortizaciones. En las Cortes de Cádiz se adoptaron ciertas medidas de carácter económico y social como por ejemplo la supresión de los señoríos jurisdiccionales, o la ley de libertad agrícola para revitalizar la actividad agraria. Al mismo tiempo se procedíó a una tímida desamortización eclesiástica. Durante el Trienio Liberal (1820-1823) se tomaron medidas para continuar con la desamortización eclesiástica. Estas medidas no tuvieron efectos por el retorno al absolutismo en 1823 cuando Fernando VII, gracias a la intervención de los Cien Mil Hijos de San Luis, terminó con la experiencia liberal en España.
Los carlistas entraron en crisis en 1876. Se organizaron en un partido político con fuerza en el País Vasco y Navarra. En esta época se fundó una milicia paramilitar, el Requeté.
El republicanismo arrastró tres grandes problemas. En primer lugar, una acusada fragmentación, fruto de las divergencias surgidas durante el Sexenio Democrático, hasta 1903, cuando se conseguirá cierta unidad al crearse la Uníón Republicana. En segundo lugar, una compleja composición social. El republicanismo era interclasista, incluía tanto a sectores medios como a trabajadores, y su mayor apoyo estaba en las ciudades. Por último, la represión ejercida por los primeros gobiernos de Cánovas. Como consecuencia, los republicanos no dispusieron de una organización sólida, de líderes destacados ni de una doctrina renovada, lo que impidió que fuesen una alternativa a la Restauración. Pese a sus diferencias, compartían tres puntos básicos: la defensa de la República, reformas sociales y la fe en el progreso y el anticlericalismo.
El Movimiento Obrero
Anarquistas y socialistas. La sección española de la A.I.T. Nacíó durante el Sexenio democrático, gracias a la labor del anarquista
Fanelli y al marxista Lafargue. La ruptura entre Marx y Bakunin en el Congreso de la Haya de 1872 propició la escisión de las fuerzas obreras entre:
Anarquistas:
mayoritarios. Se lanzaron a una intensa actividad organizativa y de luchas sociales. En 1881 nacíó la Federación de Trabajadores de la Regíón Española. En el s. XX diversos grupos se organizaron en torno a la publicación “Solidaridad Obrera”. Finalmente, en 1910 nacíó la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), el mayor sindicato español, con fuerza entre los obreros agrícolas andaluces e industriales catalanes. Los anarquistas defendieron una ideología colectivista, libertaria, apolítica, anticlerical y revolucionaria.
Socialistas:
minoritarios. En 1879 nacíó en Madrid el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), con Pablo Iglesias como líder (diputado en 1910). En 1888, se fundó la Uníón General de Trabajadores (UGT), sindicato socialista.
Opuestos a los anarquistas, los socialistas mantuvieron una ideología colectivista, anticlerical y antiburguesa, pero más moderada.Mo.
En Cataluña, se inicia en la década de 1830 con la Reinaxença, movimiento cultural basado en la recuperación de la lengua catalana. En 1882, Valentí Almirall creó el Centre Catalá, organización política que reivindicaba la autonomía y denuncia el caciquismo de la Restauración. Enric Prat de la Riba fundó la Uníó Catalanista (1891) de ideología conservadora y católica, sin planteamientos separatistas. Al año siguiente, esta organización aprueba las Bases de Manresa, programa en el que se reclama el autogobierno y una división de competencias entre el estado español y la autonomía catalana. En 1901, nace la Lliga Regionalista con Francesc Cambó como principal dirigente y Prat de la Riba como ideólogo. Es un partido conservador, católico y burgués con dos objetivos principales: autonomía catalana y la defensa de los intereses económicos de los industriales catalanes. El nacionalismo catalán se extendíó por la burguésía y el campesinado.
El nacionalismo vasco
La defensa de sus fueros quedó ligada a la causa carlista durante el Siglo XIX, pero finalmente se abolieron en 1876. El nacionalismo vasco surgíó en la burguésía vizcaína enriquecida por la revolución industrial. El Partido Nacionalista Vasco (PNV), fue fundado por Sabino Arana en 1895, quien formuló sus fundamentos ideológicos: independencia de Euskadi, radicalismo antiespañol, exaltación de la etnia vasca y mantenimiento de la pureza racial, integrismo religioso católico, promoción del idioma y de su cultura, idealización de un mítico mundo rural y el conservadurismo ideológico. En general, el nacionalismo vasco se extendíó en la pequeña y media burguésía y en el mundo rural, pero rechazado por la burguésía industrial y financiera.
El nacionalismo gallego y valenciano fueron minoritarios. Finalmente, el nacionalismo andaluz tiene como máximo representante a Blas Infante.
Regionalismo y Nacionalismo
A finales del Siglo XIX, nacen en Cataluña y País Vasco movimientos nacionalistas que defienden que son naciones y reclaman el autogobierno, por sus diferencias de lengua, derechos históricos (fueros), cultura y costumbres propias. Tendrán planteamientos más o menos radicales: desde el autonomismo al independentis