La Crítica de Nietzsche a la Metafísica Occidental: Sentidos, Cuerpo y el Espíritu Dionisíaco

Nociones de Nietzsche: Los Sentidos y el Cuerpo

Friedrich Nietzsche critica profundamente a la filosofía occidental por lo que él denomina la inversión del platonismo. Por platonismo, Nietzsche entiende la concepción metafísica que afirma la existencia de dos órdenes de realidad:

  • Un mundo aparente, cambiante e inestable (percibido a través de los sentidos).
  • Un mundo verdadero, estable, inmutable y perfecto, de naturaleza suprasensible o inteligible, que solo puede conocerse a través de la razón.

El Origen Decadente del Platonismo

Según Nietzsche, el platonismo surgió de una actitud decadente de resentimiento y venganza ante la vida. Al no poder asumir el paso del tiempo, la historicidad de las cosas y de uno mismo, el filósofo transforma su angustia y su miedo al devenir en una negación de la vida. La vida es dinamismo, cambio e inestabilidad, y al no atreverse a asumirla como es, la niega y propone en su lugar un mundo racional, ordenado y estable, en el que las cosas existen de acuerdo con su esencia y que solo se puede captar a través del pensamiento.

Sin embargo, el dinamismo de la vida se manifiesta ante los sentidos en una multiplicidad de fenómenos cambiantes. Entonces se empieza a menospreciar el valor de los sentidos y a culparlos de un engaño, porque impiden captar racionalmente la auténtica realidad. La “moraleja” de los filósofos es doble:

  1. Deshacerse del engaño de los sentidos, del devenir, de la historia.
  2. Decir no a todo lo que otorga fe a los sentidos.

Condena Cognoscitiva y Moral de los Sentidos

Además de repudiar la dimensión cognoscitiva de los sentidos, se les condena en su dimensión moral. En la cultura occidental, el cuerpo y lo sensorial han sido tachados de inmorales y pecaminosos, por ser fuente de pasiones, deseos y emociones, manifestaciones todas ellas de la vida.

La cultura occidental ha perpetrado una venganza contra la vida, al negar los impulsos naturales y proponer una moral decadente, de débiles y esclavos, incapaz de soportar la experiencia tal cual es, como vida y por tanto como multiplicidad y movimiento. Ser decadente es no ser capaz de asumir lo terrible y problemático de la realidad, es refugiarse en una ilusión. Para Nietzsche, los decadentes son pesimistas, y los pesimistas son los débiles, los que se lamentan de lo efímero de todo.

Los Conceptos Supremos y el Concepto “Dios”

Para Nietzsche, el racionalismo de la filosofía occidental ha buscado siempre encerrar a la realidad en conceptos; pero los conceptos son metáforas, no representan o describen la realidad, por varias razones:

Crítica a la Estabilidad Conceptual

En primer lugar, un concepto induce a pensar que las cosas representadas por él son estables y poseen una identidad invariable.

Abstracción y Vacío del Concepto

En segundo lugar, el concepto, formado por abstracción, elimina las diferencias entre los individuos que caen bajo él; pero, según Nietzsche, cuantas más características particulares quitamos, más vacío resulta, no queda nada de la realidad. Por lo que al final el concepto no habla de nada real (lo cual es una crítica a Aristóteles, que lo consideraba el reflejo de la esencia de la cosa). La filosofía ha olvidado que el lenguaje conceptual es metafórico y toma por verdadera representación, con lo que se convierte en una mentira.

Inversión Causal: De lo Inferior a lo Superior

Finalmente, lo último (el concepto, resultado de un proceso de abstracción que parte de la experiencia) es tomado por lo primero y más real, cuando este lenguaje conceptual y metafísico no es más que “humo”. Para Nietzsche, lo primero y más real es la realidad de la que proceden los conceptos.

La metafísica tradicional sostiene que los conceptos supremos son “causa sui” (causa de sí mismos, es decir, independientes). Esto ocurre con las Ideas platónicas y con el concepto de Dios, considerados causa de sí mismos y del resto de las cosas, porque se plantean como la causa proporcionada de todo: son considerados superiores, y la tradición ha identificado “superior” con “anterior”.

Sin embargo, para Nietzsche, lo “superior” (lo creído como superior, como el concepto de Dios) es producto de lo “inferior” (del hombre, que es el que lo ha inventado), igual que el hombre (que es superior al animal) es producto de la evolución de los animales (de lo inferior). Es decir, el proceso realizado por la filosofía fue el inverso: el Hombre (que forma parte del mundo) es causa de Dios (él lo ha creado en su imaginación). Por eso, frente al lenguaje conceptual, Nietzsche adopta el lenguaje metafórico, porque la metáfora no “atrapa” la realidad de forma fija (no representa hechos objetivamente) sino que está abierta a interpretaciones.

El Artista Trágico y lo Dionisíaco

En El origen de la tragedia, Nietzsche reconoce la vida como valor fundamental y sostiene que la cultura occidental la ha temido o la ha rechazado. La tragedia griega muestra los dos principios que conforman la realidad:

  1. El espíritu dionisíaco (del dios Dioniso), que contiene los valores de la vida.
  2. El espíritu apolíneo (del dios Apolo), que contiene los valores de la razón.

El arte de la tragedia griega manifiesta lo más profundo de la existencia humana: la oposición irreconciliable entre los valores de la vida y de la razón, entre el espíritu apolíneo y el dionisíaco. El arte trágico es una valiente y sublime aceptación de la vida, pese al sufrimiento que conlleva.

La Decadencia Socrático-Platónica

Según Nietzsche, la decadencia y el error comenzaron con Sócrates y Platón. Se impusieron los elementos morales e intelectuales y se inició la hegemonía de lo racional, es decir, de los valores apolíneos por encima de los dionisíacos. Por eso Sócrates prefirió la muerte a la lucha.

El Significado de Dioniso

En la tragedia griega, Dioniso (dios del vino, de la fecundidad y la salud) representa los valores de la vida y la fuerza.