Significado y Estructura de Ángel fieramente humano de Blas de Otero

Organización de las ideas del texto

En este poema, las ideas van de lo particular a lo general: del dolor que siente un hombre en concreto (el poeta) se pasa, en las estrofas posteriores, al dolor del ser humano en general.

Podemos decir que la primera estrofa hace de planteamiento y la última de conclusión, mientras las dos centrales funcionan como desarrollo; por lo que el poema, al ser un soneto, respeta la estructura de los textos narrativos. (Esto se podría desarrollar más, es decir, estrofa por estrofa o por bloques de contenido. Lo tenéis más abajo en el estudio de los recursos).

Comentario crítico

Estamos ante un texto de Blas de Otero; en él se reflejan las principales corrientes españolas de la posguerra. Este poema constituye un soneto que corresponde a su obra Ángel fieramente humano.

Es un poema de temática existencial que se sitúa en torno al desconcierto del hombre en el mundo que quedó tras la Guerra Civil española y la Segunda Guerra Mundial: la ausencia de Dios ante el dolor y la reclamación que le hace el hombre.

En este poema, la imposibilidad de comunicación con Dios le provoca al autor un sufrimiento que se presenta como consecuencia directa de ser un humano. Es decir, se trata de un dolor que sufren todos los hombres por el simple hecho de ser humanos.

Es frecuente en Blas de Otero el contraponer el alma y el cuerpo, el ángel y el hombre. Aquí, el poeta lucha con la muerte y espera la respuesta de Dios ante sus preguntas. Pero la ausencia de Dios a lo largo del poema hace que el sufrimiento y el dolor sean cada vez más fuertes. Dios se convierte, así, en un torturador del hombre.

La eficacia expresiva del poema es incuestionable; además, Blas de Otero emplea la forma clásica del soneto. Se observa también el acusado contraste rítmico entre los cuartetos y los tercetos.

El poeta pasa, a lo largo del poema, de un estado de confusión a la conclusión de que Dios le ha abandonado y él está condenado a sufrir, extrayendo de esto la definición de ser humano.

Todo el poema está formado por una serie de contrastes (tú-yo, ángel-hombre, eterno-fugitivo…) que marcan aún más el sufrimiento del hombre.

Es también necesario decir que la existencia de guerras, de hambre y de dolor hace que el hombre se pregunte por el valor de su existencia y de la existencia de Dios; de ahí que sea típica de la posguerra la literatura existencial, siendo este poema y, en general, la poesía de Blas de Otero un gran ejemplo.

Estudio de los recursos y estructura interna

El primer cuarteto correspondería con la introducción del poema y, en él, Blas de Otero define cuál es su objetivo: hallar a Dios a través de una lucha constante, como podemos ver en los tres primeros versos: «Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte…», lo cual supondría una personificación al proporcionarle a la muerte un cierto carácter humano. Sin embargo, no obtiene respuesta, lo cual lo derrumba, como se expresa en el tercer y cuarto verso: «Y su silencio, retumbando, ahoga mi voz en el vacío inerte», una antítesis que intensifica lo duro que supone para él este silencio ante su llamada. Todo ello se expresa mediante el asíndeton, aligerándose el ritmo del poema y, además, proporcionando una cierta significación a lo que el poeta quiere transmitir: la lucha continúa por la búsqueda de Dios. También encontramos otras figuras como la metáfora en «al borde del abismo», que supondría la cercanía a la muerte, y el encabalgamiento en «estoy clamando… a Dios» (varios).

El cuerpo del poema correspondería con el segundo cuarteto y el primer terceto, en los que dirige su palabra a Dios rogándole que le escuche, lo que también se conoce como apelación («Oh Dios, si he de morir, quiero tenerte despierto…»), pero al no recibir respuesta acaba por pensar que está hablando solo, aunque hace todo lo posible por verle («Oh Dios. Estoy hablando solo…»). También podemos resaltar la oscuridad que supone el camino hacia Dios, lo cual queda reflejado en el poema con términos como muerte, sombras y noche.

El resultado de su intento por conectar con Dios lo expresa en el primer terceto, en el que afirma que Dios no lo ayuda («Alzo la mano y tú me la cercenas»), lo cual supone su ceguera frente a lo que le espera más allá de la muerte («Abro los ojos: me los sajas vivos»), además de que incrementa su necesidad de saber si hay un más allá, pero Dios, al no responderle, no le calma «esa sed» de saber («Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas»), siendo este último verso una referencia a la estancia de Jesucristo en el desierto.

Finalmente, el autor concluye el poema a través del segundo terceto en el que todo lo expresado anteriormente es lo que supone ser hombre y su continua contrariedad, lo cual supone la idea principal del fragmento, presentando de esta forma una estructura inductiva. Para ello, hace uso de la metáfora «horror a manos llenas» con la que pretende hacernos ver el suplicio que es para él ser hombre y los sufrimientos que conlleva, además de usar constantes antítesis como «el ser y no ser» (es decir, somos algo pero, comparado con todo lo demás, no somos nada) y «ángel con grandes alas de cadenas», lo cual quiere decir que somos libres pero, realmente, nos impiden volar. Gracias al uso de todos estos recursos lingüísticos, el poema adquiere un alto nivel de originalidad y fuerza expresiva.