Independencia de las colonias americanas
Causas
Las ideas ilustradas y liberales llegadas de Francia; la pérdida de lazos militares y comerciales con la metrópoli tras la derrota de Trafalgar (1805); la lejanía de América respecto a la Península, que complicaba su defensa y control; el vacío de poder creado por la invasión francesa; el hecho de que las colonias no podían comerciar libremente con otros países, lo que interesaba especialmente a la burguesía; y la aspiración de los criollos, marginados de los más altos cargos de gobierno, a hacerse con el control político del territorio. También existía un conflicto entre peninsulares y criollos.
Fases
1810-1814
Las Cortes de Cádiz declararon la igualdad de los españoles de ambos hemisferios. En México, los curas Hidalgo y Morelos dirigieron una sublevación indígena que fue aplastada. Los núcleos de resistencia españoles más efectivos fueron Cuba y Perú, que acabaron con los focos independentistas salvo en Argentina y Paraguay.
1817-1824
Los virreyes pedían refuerzos, pero el gobierno era incapaz de mandar más tropas; además, las tropas reunidas en Cádiz se sublevaron. El general San Martín consolidó la independencia de Argentina (1816) y de Chile (1817). Simón Bolívar creó la Gran Colombia (Colombia, Ecuador, Venezuela, Panamá), soñando con la unidad de los sudamericanos para asegurar su libertad y la creación de nuevas potencias regionales. Desde el sur San Martín y desde el norte Bolívar presionaron hasta lograr la independencia definitiva, culminada tras la batalla de Ayacucho (1824), ganada por el general Sucre, que también logró la independencia de Bolivia. Gran Bretaña y Estados Unidos reconocieron a las nuevas repúblicas para evitar una intervención de la Santa Alianza y en defensa de sus intereses comerciales.
Guerras carlistas y reacción tradicionalista
I Guerra Carlista (1833-1840)
Tras la muerte de Fernando VII en 1833 se produjo un enfrentamiento entre su hermano Carlos María Isidro (carlistas, apoyados por absolutistas, ultracatólicos y pequeños y medianos mayorazgos) que aspiraban a restaurar una monarquía absolutista, católica y tradicional; y los partidarios de Isabel II (isabelinos o liberales), que buscaban cambios políticos (constitucionales), económicos (capitalismo) y sociales (desaparición de los viejos estamentos). Los liberales estaban integrados por la burguesía urbana, funcionarios y parte del ejército.
Los primeros compases de la guerra favorecieron a los carlistas. Tras la victoria isabelina en el levantamiento del asedio carlista a Bilbao, la guerra comenzó a decantarse del lado liberal. Ante la imposibilidad carlista de lograr la victoria, en 1839 se firmó el Convenio de Vergara entre el general carlista Maroto y el general liberal Espartero, que puso fin a la contienda. En Cataluña continuó el conflicto unos meses más. En dicho tratado los carlistas reconocieron a Isabel como reina y los liberales se comprometieron a respetar los fueros e incorporar al ejército a los carlistas. Carlos se exilió en Francia.
La Segunda Guerra Carlista (1846-1849) no tuvo la importancia de la primera; la Tercera Guerra Carlista (1872-1876) finalizó con la derrota de los ejércitos carlistas. En la Guerra Civil española (1936-1939) los restos de ese carlismo (requetés) tuvieron cierta importancia en su apoyo a la sublevación franquista.
Partidos liberales y otros partidos del siglo XIX
Partido Moderado
Partidarios de la soberanía compartida entre el rey y las Cortes, querían amplios poderes para el monarca, limitación de derechos ciudadanos, sufragio censitario y economía capitalista. Estuvieron apoyados por la alta burguesía, grandes terratenientes, la alta aristocracia y algunas capas de la clase media alta.
Partido Progresista
Defendían la soberanía nacional representada en las Cortes, la limitación de los poderes del rey, la ampliación de los derechos ciudadanos, un sufragio censitario menos restrictivo y una política librecambista. Sus apoyos provenían de la pequeña y mediana burguesía, pequeños y medianos comerciantes y artesanos, y de las clases medias-bajas urbanas.
Partido Demócrata
Surgido como escisión del Partido Progresista hacia 1849, defendía la soberanía nacional, el sufragio universal, amplias libertades, la educación primaria gratuita y universal, la desamortización de bienes eclesiásticos y la abolición del sistema de quintas. Contó con el respaldo de las clases populares.
Unión Liberal
Fundada en 1858 por O’Donnell, pretendía ser un partido de centro, recogiendo las ideas más moderadas de los progresistas y las más progresistas de los moderados. Se apoyó en las clases medias, defendiendo la soberanía compartida entre el rey y las Cortes, la estabilidad social y el desarrollo de una política exterior activa.
Partidos republicanos
Aparecieron al final del reinado divididos en federalistas y unitarios.
Partido Carlista
Contrarrevolucionario y partidario del regreso al absolutismo, compuesto mayoritariamente por campesinos y el clero de la zona norte.
Evolución política del reinado y regencias
Regencia de María Cristina (1833-1840)
Periodo moderado (1833-1836)
Se promulgó el Estatuto Real de 1834, carta otorgada que concedía un papel importante al monarca y dividía las Cortes en el Estamento de Próceres y el Estamento de Procuradores.
Periodo progresista (1836-1837)
Tras un pronunciamiento los progresistas accedieron al poder y se elaboró la Constitución de 1837, que reconocía derechos individuales, la soberanía nacional y la existencia de unas Cortes bicamerales. Se llevó a cabo la desamortización eclesiástica de Mendizábal.
Periodo moderado (1837-1840)
Tras el fin de la I Guerra Carlista aumentó el apoyo popular a los progresistas y la enorme popularidad de Espartero; el descrédito de la regente y las revueltas urbanas provocaron la renuncia de María Cristina, que se vio obligada a exiliarse.
Regencia de Espartero (1840-1843)
Caracterizada por un fuerte autoritarismo que provocó la escisión entre los progresistas y el enfrentamiento con los moderados. Continuó la desamortización clerical y aplicó medidas económicas que incluyeron un arancel proteccionista que beneficiaba a fabricantes y a productores de cereales catalanes. La imposición de medidas impopulares provocó levantamientos sociales; Espartero llegó a bombardear Barcelona para reprimir una revuelta. Esto, unido a la conspiración moderada encabezada por el general Narváez, provocó la caída y el exilio del regente.
Década moderada (1844-1854)
Se otorgó la mayoría de edad a Isabel II con 13 años y se aprobó la Constitución de 1845, que establecía la soberanía compartida entre el rey y las Cortes, un sufragio censitario muy restringido (≈1 % de la población) y el reconocimiento de derechos muy limitados.
Los sucesivos gobiernos moderados adoptaron medidas importantes, entre las que destacan:
- Medidas centralizadoras: unificación del sistema de pesos y medidas y un único uso horario para toda la Península.
- Reforma de la hacienda: racionalización de los impuestos, con tributos directos e indirectos (de consumos).
- Creación de la Guardia Civil (1844) para mantener la paz rural.
- Aprobación de la Ley de Imprenta y de los códigos Penal y Civil.
- Inicio de la construcción de ferrocarriles y carreteras.
Bienio progresista (1854-1856)
Se redactó la Constitución de 1856 (de carácter progresista), que no llegó a aplicarse. Establecía la soberanía nacional, el carácter electivo de ambas cámaras, una amplia declaración de derechos y reconocía el carácter católico del Estado aunque toleraba otros cultos. La oposición de ciertos sectores a las reformas, unida a los motines del pan y a la presión de los moderados, obligó a Espartero a dejar el poder.
Gobierno de O’Donnell (1858-1863)
Periodo de estabilidad política y el gobierno más largo del siglo XIX. Su programa buscaba aislar a los sectores más reaccionarios, ofrecer cauces legales de participación a los progresistas y estabilizar el régimen liberal. Se puso en marcha la primera ley educativa del país y se intentó aumentar el prestigio nacional.
Desamortizaciones y sus consecuencias
Desamortización de Mendizábal (1836) y de Madoz (1855): las tierras y bienes se vendieron en pública subasta y pasaron, en mayor parte, a ser propiedad de la antigua nobleza, de la alta burguesía y de medianos propietarios. Muchas otras quedaron en manos de los hasta entonces insignificantes gobernantes locales que fueron convirtiéndose en caciques. No se modernizó la agricultura ni se invirtió de forma generalizada en nueva tecnología: la tierra siguió siendo tradicionalmente explotada por jornaleros sin tierra.
La desamortización provocó el abandono de numerosos edificios históricos, dando lugar a uno de los periodos de mayor destrucción artística y cultural de la historia de España. Fue un proceso largo que supuso la abolición de instituciones jurídicas que sostenían el Antiguo Régimen, un gran trasvase de la propiedad y la consolidación de una estructura agraria que perduró hasta el siglo XX.
Transformación social: de sociedad estamental a sociedad de clases
Clase alta
La nobleza mantuvo su posición como clase dominante terrateniente y financiera, controlando altos cargos del ejército y de la administración. El clero perdió bienes y poder económico, pero siguió conservando su influencia. La alta burguesía se convirtió en la nueva clase emergente y capitalista, dirigiendo industrias y ferrocarriles y beneficiándose de las desamortizaciones.
Clase media
Muy escasa (≈5 %): constituida por la pequeña burguesía comercial, las profesiones liberales, propietarios rurales y pequeños fabricantes.
Clase baja
Mayoritaria: el campesinado, cuya actividad fundamental era la agricultura. Condiciones de vida muy duras: jornadas laborales largas, trabajo infantil y ausencia de prestaciones sociales. Esta situación impulsó la asociación con fines reivindicativos y el nacimiento del movimiento obrero.
Constitución de 1869, Amadeo I e I República
Constitución de 1869: monarquía constitucional democrática; soberanía nacional ejercida a través de Cortes bicamerales; división de poderes; amplia declaración de derechos; libertad de culto; sufragio universal masculino.
Reinado de Amadeo I (1871-1873)
Rasgo principal: inestabilidad política, marcada por la Guerra de Independencia de Cuba, la Tercera Guerra Carlista y la creciente agitación social vinculada al movimiento obrero (huelgas). Ante esta situación y tras un intento de asesinato, Amadeo decidió abandonar el trono y regresar a Italia.
I República (1873-1874) — Presidentes
Estanislao Figueras: tuvo que hacer frente a la Tercera Guerra Carlista, la guerra de independencia de Cuba, el descontento social y problemas económicos.
Pi i Margall: impulsó la Constitución de 1873, que definía España como una república federal; reconocía la soberanía popular, la división de poderes, una amplia declaración de derechos, la libertad de culto y la aconfesionalidad del Estado.
Nicolás Salmerón: buscó someter militarmente a los carlistas y hacer frente al levantamiento obrero; dimitió por su rechazo a firmar ejecuciones.
Emilio Castelar: logró que las Cortes le otorgaran facultades extraordinarias para gobernar, lo que supuso un giro autoritario y la suspensión temporal de las reuniones de las Cortes.
Finalmente, el general Pavía disolvió las Cortes y se estableció un gobierno dictatorial dirigido por Serrano, que luego condujo a la restauración monárquica con Alfonso XII.