Pronunciamiento de 1868, Amadeo I y la Paz de París (1898): contexto y consecuencias en la historia de España

España con honra (Manifiesto de Cádiz, 19 de septiembre de 1868)

Clasificación

Se trata de una fuente primaria, un texto de carácter político. Es el Manifiesto de «España con honra» que justifica el pronunciamiento militar de 1868 y que da paso al movimiento revolucionario conocido como La Gloriosa.

Naturaleza y contexto histórico

Naturaleza

Es un texto público y oficial. Lugar: Cádiz; fecha: 19 de septiembre de 1868. El autor es colectivo (el conjunto de generales pronunciados encabezados por Prim) y el destinatario son todos los españoles.

Contexto

Los orígenes de este documento arrancan en los turbulentos años finales del reinado de Isabel II: la incapacidad del Partido Moderado para responder a las demandas sociales, el descrédito de la reina y su corte, y el malestar por la grave crisis industrial, financiera y de subsistencia de 1866. A esto se suma la polémica por los artículos de Castelar en El Rasgo contra la reina, la noche de San Daniel, y los fallidos pronunciamientos de Prim en Villarejo y en el Cuartel de San Gil con su brutal represión (1866).

Todos estos hechos facilitaron la unión de los opositores al reinado de Isabel II, promovida desde el exilio por el general Juan Prim y apoyada por progresistas y demócratas con la firma del Pacto de Ostende en 1866; a ella se sumarían moderados y unionistas descontentos con la monarquía, con la intención de derrocar a Isabel II e implantar un régimen más democrático.

En 1867 muere O’Donnell, sustituido por Serrano en la Unión Liberal, y después Narváez, líder de los moderados. La reina quedó cada vez más aislada. Nombró a González Bravo presidente de un débil gobierno que dimitió en pleno en agosto de 1868; la reina no aceptó la dimisión y se marchó de vacaciones.

Para evitar el fracaso de San Gil, el movimiento se preparó cuidadosamente. En septiembre de 1868 tuvo lugar la revolución conocida como La Gloriosa, iniciada por el almirante Topete en Cádiz y seguida por los generales Prim y Serrano. Este golpe puso fin al reinado de Isabel II en España; su lema fue ¡Viva España con honra!, título de este manifiesto.

En septiembre de 1868 Prim consiguió llegar a Cádiz desde Londres, pasando por Gibraltar, donde se unió al almirante Topete, quien inició el golpe al que se sumaron el resto de los generales firmantes. El general Serrano dirigió las tropas sublevadas en su avance hacia Madrid y, en la batalla de Alcolea (Córdoba), se enfrentó a las tropas del ejército isabelino dirigidas por el general Pavía, que finalmente se unieron a los sublevados. Este hecho, unido a la formación de Juntas por toda Andalucía y en Madrid, obligó a Isabel II —de veraneo en San Sebastián— a abandonar el país y exiliarse en Francia.

Así se inició el Sexenio Democrático (1868–1874), con un Gobierno Provisional (Serrano como regente y Prim como presidente) a la espera de la nueva Constitución de 1869 en la que había que decidir entre monarquía y república. Se optó por una monarquía constitucional y se establecieron principios democráticos: soberanía nacional, sufragio universal masculino, Cortes bicamerales, libertad de cultos y una amplia declaración de derechos y libertades (libertad de cultos, libertad de enseñanza, libertad de reunión y asociación, libertad de imprenta), y división de poderes (el rey perdió muchas atribuciones y las Cortes tuvieron el poder de hacer las leyes y controlar al gobierno; en el poder judicial se introdujo el jurado).

La muerte de Prim privó al rey Amadeo de Saboya de su principal apoyo y su reinado duró poco (1871–febrero de 1873); a continuación se proclamó la I República (1873–1874), que fracasó por la inestabilidad política de los gobiernos y conflictos de fondo como la Guerra de Cuba, la tercera Guerra Carlista y el movimiento cantonalista. Isabel II había abdicado en favor de su hijo Alfonso XII, lo que le permitió recuperar el trono tras el pronunciamiento de Sagunto de 1875 y el establecimiento del sistema de la Restauración de Cánovas.

Idea principal y secundarias

El manifiesto trata de justificar el alzamiento para derrocar a Isabel II en Cádiz y restablecer la legalidad en España respetando la Constitución. El gobierno será el establecido por todos los españoles y seguirá unos principios de orden y moralidad. Se busca una regeneración en todos los aspectos de España.

Las ideas secundarias giran en torno a las razones que llevaron a los pronunciados a actuar: la corrupción y la falta de respeto a las libertades. A continuación se exponen los objetivos que se quieren alcanzar: legalidad (basada en una Constitución), fin de la corrupción y la inmoralidad, y el establecimiento de un Gobierno Provisional con sufragio universal y libertades, valores propios del liberalismo.

Amadeo de Saboya: abdicación (Palacio de Madrid, 10 de febrero de 1873)

Clasificación

Nos encontramos ante una fuente primaria, un texto narrativo y de carácter político. Se trata de la abdicación al trono por los motivos que expone el propio Amadeo de Saboya, que solo reinó de 1871 a 1873.

Naturaleza y contexto histórico

Naturaleza

Es un texto público y oficial; el autor es individual: el rey Amadeo de Saboya (hijo del rey de Italia Víctor Manuel II y elegido rey por las Cortes en 1869). Lugar y fecha: Palacio de Madrid, 10 de febrero de 1873. Hay que encuadrarlo en la historia de España dentro del Sexenio Revolucionario. Está dirigido a los españoles y, oficialmente, a las Cortes, órgano legislativo y representativo de la soberanía nacional.

La finalidad es la explicación de las razones de su abdicación y la justificación de su actuación como rey.

Contexto histórico

Tras la Revolución Gloriosa de 1868 que derrocó a Isabel II, se estableció la Regencia de Serrano con Prim como presidente. El primer objetivo fue la elaboración de una nueva Constitución, la de 1869, en la cual se establece la monarquía constitucional como forma de gobierno. Hubo que buscar un rey para España. Surgieron muchos candidatos (Espartero, el duque de Montpensier, Leopoldo de Hohenzollern, Fernando de Coburgo, Amadeo de Saboya, Carlos VII, el candidato carlista). Finalmente, Europa dio el visto bueno y las Cortes españolas eligieron a Amadeo I de Saboya (1871–1873), hijo del rey de Italia, Víctor Manuel II, y candidato apoyado por Prim.

Amadeo I llegó a principios de 1871 en una situación muy compleja: coincidió con el asesinato de Prim, su principal valedor; los partidos políticos estaban divididos y la oposición conspiraba por separado para evitar la nueva monarquía (isabelinos, seguidores de Cánovas preparando el regreso de Alfonso XII y carlistas con su candidato, Carlos VII), además del menosprecio de altos cargos militares y de la aristocracia. El nuevo rey intentó respetar su papel constitucional y garantizar el funcionamiento del parlamentarismo, pero el sistema nunca llegó a estabilizarse.

En este periodo se produjeron dos grandes conflictos del Sexenio: la Tercera Guerra Carlista (1872–1876), por el rechazo de Carlos VII como candidato al trono; y la Guerra de Cuba de los Diez Años (1868–1878), iniciada con el «Grito de Yara» y encabezada por líderes como Céspedes que reclamaban la independencia y el fin de la esclavitud en Cuba. Además, la agitación sociopolítica por la difusión de los principios de la Primera Internacional en España y el miedo a la revolución proletaria motivaron medidas represivas contra organizaciones obreras.

La situación militar se agravó con el malestar del ejército por el nombramiento del general Hidalgo como capitán general de las Vascongadas. El presidente Ruiz Zorrilla obligó al monarca a firmar la disolución del arma de artillería a la que pertenecía Hidalgo; el rey se negó, pero al estar aprobada en el Congreso no le quedó más remedio que firmar.

El 11 de febrero de 1873, el rey abdicó. El balance del reinado habla por sí solo: seis gabinetes, tres elecciones generales a Cortes y el fracaso del primer experimento de monarquía democrática. Ese mismo día, el Senado y el Congreso, reunidos en sesión conjunta, proclamaron la Primera República española por una amplia mayoría de votos.

Idea principal y secundarias

El rey Amadeo de Saboya presenta ante el Parlamento español su abdicación al trono, cargo que solo ha detentado durante dos años, dejando patente su amargura ante la imposibilidad de solucionar los problemas y la oposición con la que se había encontrado.

Amadeo se presenta como víctima de las circunstancias. Sus intenciones eran buenas y siempre dentro de la legalidad, pero realiza una crítica abierta a aquellos grupos que no facilitaron su tarea de gobierno, señalando que los problemas políticos de España provienen de los propios españoles: la agitación de los partidos políticos, la opinión pública y el ejército.

Tratado de Paz de París entre España y Estados Unidos (10 de diciembre de 1898)

Clasificación

Es una fuente primaria, texto jurídico y de carácter político al tratarse del Tratado de Paz entre España y Estados Unidos (Paz de París, 10 de diciembre de 1898) tras la derrota española en Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

Naturaleza y contexto histórico

Naturaleza

Es un texto público y el autor es colectivo, firmado por representantes diplomáticos de las naciones implicadas en la guerra hispano-estadounidense que finalizó en 1898. Por parte española aparece encabezado por la regente Mª Cristina, que actúa en nombre de Alfonso XIII, entonces menor de edad. El destinatario es la nación española, las antiguas colonias y los Estados Unidos, así como el resto de los Estados al informarles de la modificación de la soberanía de varios territorios.

Contexto histórico

La crisis del 98 fue el resultado de la intervención de Estados Unidos en la guerra hispano-cubana, que se había desencadenado en 1895. En ese momento, el imperio colonial español estaba formado por Cuba y Puerto Rico en el Caribe y las islas Filipinas (y algunos islotes en el Pacífico). Durante el reinado de Alfonso XII y la posterior regencia de María Cristina, el sistema de Cánovas funcionó hasta 1895, pero la Guerra de Cuba (1895–1898) abrió un periodo de crisis.

La Paz de Zanjón de 1878 puso fin a la Guerra de los Diez Años, pero no extinguió el sentimiento nacional cubano. Las promesas del general Martínez Campos de conceder cierto grado de autogobierno a Cuba no se cumplieron. Los cubanos esperaban la abolición de la esclavitud (llegó en 1886), la libertad de comercio y representación en las Cortes españolas y en el gobierno de la isla. La falta de reformas y los intereses económicos españoles hicieron que el independentismo ganara terreno. A su vez, crecía la influencia económica de los Estados Unidos: Cuba era una colonia próspera cuya economía giraba en torno a la producción de azúcar y contaba con numerosos emigrantes españoles.

En 1893 José Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano con apoyo desde sectores en Estados Unidos, con el objetivo de conseguir la independencia. Procesos similares se estaban dando en Puerto Rico y en las islas Filipinas. En 1895, con el Grito de Baire, comenzó una insurrección dirigida por Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo. En 1896 se produjo otra revolución paralela en Filipinas. La colonia filipina tenía débil presencia militar y menores intereses económicos para España (especialmente producción de tabaco).

La guerra tuvo varias etapas:

  • Primera (febrero de 1895–octubre de 1895): Grito de Baire y la muerte de José Martí.
  • Segunda (octubre de 1895–enero de 1896): avance de las tropas sublevadas y la incapacidad de Martínez Campos.
  • Tercera (enero de 1896–diciembre de 1897): intervención del general Weyler, con la política de «guerra hasta el final», renuncia a negociaciones y fuerte represión, que tampoco triunfó.
  • Cuarta (diciembre de 1897–abril de 1898): con el general Blanco, ambiente hostil de la prensa y de la opinión pública que acabaría con la intervención de Estados Unidos.

El asesinato de Cánovas en 1897 y la llegada de McKinley a la presidencia de Estados Unidos dieron un giro a la situación: el apoyo estadounidense a los independentistas cubanos fue decisivo. Estados Unidos intentó comprar la isla a España y, ante la negativa española, solo faltó un pretexto para la guerra. Con la excusa del hundimiento del Maine, un buque de guerra que explotó misteriosamente en febrero de 1898 y del que culparon a España, Estados Unidos declaró la guerra a España dos meses después, destruyendo la escuadra de Cervera en la batalla de Santiago de Cuba y derrotando a las fuerzas españolas en Cavite, en Filipinas.

Aislada por mar, la posición española colapsó y las tropas norteamericanas desembarcaron en Cuba (la llamada Guerra de los Cien Días). Las negociaciones para la paz se iniciaron en noviembre de 1898 y el 10 de diciembre se firmó en París el Tratado de Paz.

Idea principal y secundarias

En este fragmento del Tratado de Paz de París entre España y Estados Unidos se recogen las cláusulas más destacadas: la independencia de Cuba y la cesión de Puerto Rico, Filipinas y la isla de Guam a Estados Unidos. Las Islas Filipinas pasaron a Estados Unidos con una compensación económica y con el derecho de uso de puertos para buques y mercancías españoles.

Quedaba así liquidado el imperio colonial español, cuyos restos pasaron a manos de las grandes potencias imperialistas del momento.