Crisis política y conflictos coloniales en España (1873-1898): I República, cantonalismo y revueltas en Cuba y Filipinas

La I República: contexto inicial

La República nacía en un momento lleno de dificultades: una Hacienda sin fondos y cargada de deudas, dos guerras abiertas (la carlista y la de Cuba), y movilizaciones de obreros en Cataluña y campesinos en Andalucía, todos dispuestos a defender una revolución social. Mientras tanto, para las clases propietarias lo prioritario era el “orden” y la “protección” de la propiedad.

Primeros pasos del nuevo régimen

La Asamblea Nacional designó a Estanislao Figueras como jefe de gobierno, en el cual figuraban ministros republicanos y radicales. En marzo se disolvió la Asamblea tras haber aprobado medidas significativas como la abolición de la esclavitud en Puerto Rico y la supresión de las quintas, una cuestión compleja considerando que se mantenía la guerra contra los carlistas y el levantamiento cubano.

También quedaron convocadas las elecciones a Cortes constituyentes para decidir si la República sería unitaria o federal. Celebradas en mayo, triunfaron los republicanos federales, aunque con un alto porcentaje de abstención del 60%. Así, el 1 de junio se proclamó la República Democrática Federal. Sin embargo, el régimen se enfrentó a divisiones internas:

No solo había diferencias entre federales y unitarios, sino también entre los mismos federales. La organización del Estado federal debía esperar a una nueva Constitución, pero no todos estaban dispuestos a esperar.

Gobiernos, tensiones internas y el cantonalismo

Los federales “intransigentes” deseaban implantar el Estado federal de abajo hacia arriba, a partir de los cantones, sin esperar a la Constitución. Otros defendían la legalidad y querían seguir la vía constitucional.

El 11 de junio, tras negarse Figueras a continuar, Pi y Margall pasó a ser el nuevo presidente. El momento era complicado por los conflictos sociales y los ataques carlistas, además de un ejército donde reinaba la indisciplina y cuyos oficiales eran contrarios a la República. En julio, la situación se agravó con una huelga general en Alcoy que derivó en una insurrección obrera.

La revolución cantonalista y el fin de la I República

El mayor problema fue la revolución cantonalista, iniciada el 12 de julio con el cantón de Cartagena, extendiéndose luego a Valencia y Andalucía. Pi y Margall, desbordado, dimitió el 18 de julio. Le sucedió Nicolás Salmerón, quien, mediante los generales Pavía (en Andalucía) y Martínez Campos (en Valencia), puso fin a la insurrección, excepto en Cartagena. Salmerón dimitió en septiembre por problemas de conciencia, al no querer firmar penas de muerte contra militares pasados al bando carlista.

El 6 de septiembre fue elegido Emilio Castelar, quien dio un giro a la derecha para restaurar el orden, reforzando al ejército frente a cantonalistas y carlistas. Este giro y su apoyo en el ejército llevaron a los diputados de la izquierda a buscar su dimisión.

Finalmente, en la noche del 2 al 3 de enero de 1874, cuando Castelar acababa de dimitir tras perder una moción de confianza, las tropas del general Pavía irrumpieron en el Congreso con la Guardia Civil dispersando a los diputados. Con este golpe de Estado quedaron disueltas las Cortes constituyentes, poniéndose fin a la I República.

Conflictos coloniales: Cuba

El conflicto independentista cubano se gestó desde la política con la fundación del Partido Revolucionario Cubano en 1892 por parte de José Martí, quien fue el alma de la revuelta que estallaría definitivamente el 24 de febrero de 1895 en el episodio conocido como «El grito de Baire». Ante la gravedad de este levantamiento, Cánovas del Castillo asumió la responsabilidad de formar gobierno en España para gestionar la crisis. La insurrección armada se inició en la zona oriental de la isla bajo el mando de líderes como Antonio Maceo y Máximo Gómez, quienes demostraron una gran capacidad estratégica al lograr expandir la guerra hacia la región occidental de Cuba, una zona que históricamente se había mantenido menos proclive a la rebelión.

Como respuesta inicial, el gobierno de Cánovas envió un contingente militar liderado por el general Martínez Campos, cuya figura se consideraba idónea para buscar una solución que equilibrara la fuerza militar con la flexibilidad política necesaria para alcanzar acuerdos de paz. Sin embargo, la ausencia de victorias militares claras provocó su destitución y el nombramiento del general Valeriano Weyler. Weyler impuso una estrategia mucho más agresiva y contundente, destacando la «concentración» de campesinos en aldeas cerradas o trochas para evitar que prestaran apoyo a los insurrectos. Esta medida resultó catastrófica, pues la falta de suministros alimenticios y de asistencia médica básica provocó una altísima mortalidad tanto en la población civil concentrada como entre los propios soldados españoles. Además, la táctica de guerra de desgaste causó la ruina de la economía cubana mediante la destrucción sistemática de plantaciones, ingenios azucareros y la red ferroviaria.

Tras el asesinato de Cánovas en agosto de 1897, el nuevo presidente Práxedes Mateo Sagasta intentó un giro radical hacia la conciliación. Sustituyó a Weyler por el general Ramón Blanco y decretó en noviembre de 1897 la concesión de gobiernos autonómicos para Cuba y Puerto Rico. Pese a estos esfuerzos, las medidas llegaron tarde; los rebeldes cubanos, fortalecidos por el apoyo de Estados Unidos, rechazaron el cese de hostilidades que el gobierno español había declarado unilateralmente el 10 de abril de 1898.

Conflictos coloniales: Filipinas

Paralelamente a los sucesos de Cuba, en el archipiélago de las Filipinas estalló otra revuelta entre 1896 y 1897. En este territorio, el dominio español era sensiblemente más débil y se sustentaba principalmente en la influencia de las órdenes religiosas, la explotación de recursos naturales y su valor estratégico como enclave comercial con China. La respuesta española ante el levantamiento fue igualmente severa, resultando en la ejecución del principal intelectual y dirigente filipino, José Rizal, el 30 de diciembre de 1896. No obstante, los rebeldes integrados en el movimiento independentista Katipunan mantuvieron la lucha hasta que, finalmente, entablaron negociaciones con el gobierno de Sagasta, acordando el fin de la insurrección en diciembre de 1897.

La fuente: naturaleza e intención

Se trata de una fuente histórica de tipo iconográfico. Es considerada una fuente secundaria, ya que no es un documento de carácter oficial, sino una interpretación de la realidad de la época. Fue creada con una clara intención política y posee un carácter público, habiendo sido difundida originalmente en «La Flaca», una conocida revista de sátira.

La idea central es que España es la víctima de los constantes conflictos entre los ámbitos militar y político. Se muestra cómo las diferentes facciones políticas pelean por alcanzar el poder sin mostrar preocupación real por el bienestar del país, lo que genera un sistema desordenado, violento e inestable.

Ideas complementarias destacadas:

  • El excesivo protagonismo de los pronunciamientos y del estamento militar.
  • La carencia de un plan político consensuado y sólido.
  • Una evidente debilidad de las instituciones y del propio Estado.
  • Un enfoque pesimista respecto al futuro próximo de la nación.

La Restauración (1874-1923)

La Restauración (1874-1923) comenzó con la llegada al trono de Alfonso XII tras la I República, con la intención de buscar estabilidad. Cánovas del Castillo creó el llamado «turno pacífico», una alternancia pactada entre los partidos Conservador y Liberal para evitar guerras. Este sistema era artificial y se mantenía mediante el caciquismo y el fraude electoral, donde el Rey elegía al gobierno antes de las elecciones. La frase «Sube uno, baja el otro» critica este engaño que, al ignorar al pueblo, entró en crisis a finales del siglo XIX.