El Sexenio Democrático: De la Revolución Gloriosa a la Restauración Borbónica (1868-1874)

1. La Revolución Gloriosa de 1868

Los últimos años del reinado de Isabel II estuvieron marcados por la corrupción, la inestabilidad y la crisis económica, lo que condujo a una serie de protestas y motines, como la Noche de San Daniel (1865) o el pronunciamiento del general Prim (1866). Estos eventos culminaron con la firma del Pacto de Ostende (1866), donde progresistas y demócratas acordaron derrocar a Isabel II y establecer un sistema democrático.

1.1. El Golpe Militar y la Extensión Revolucionaria

La revolución comenzó con un pronunciamiento militar dirigido por el general Topete en la bahía de Cádiz. A este se sumaron los generales Prim y Serrano, que regresaron del exilio. Contaron con el apoyo de progresistas, unionistas y demócratas, siendo estos últimos quienes aportaron el marco ideológico principal:

  • Soberanía nacional plena.
  • Sufragio universal masculino.
  • Más derechos y libertades.
  • Eliminación de las quintas.
  • Soberanía nacional plena.

Ante el fracaso de intentos golpistas previos, los progresistas extendieron la sublevación hacia una movilización popular más amplia, aprovechando el malestar general. Se publicó el Manifiesto de “¡Viva España con honra!”, firmado por Prim y Serrano, leído por Topete en Cádiz para atraer a las masas, lo que desencadenó un movimiento juntero.

La Revolución se extendió rápidamente por la península. Las campañas de Serrano por tierra y las de Prim por el Mediterráneo culminaron con la victoria definitiva en la Batalla del Puente de Alcolea, bajo el mando del general Serrano. Al día siguiente, el gobierno de Madrid dimitió, quedando en manos de una junta suprema revolucionaria, y la reina Isabel II partió al exilio. En octubre, la junta encomendó al general Serrano la formación de un gobierno provisional, que posteriormente sería dirigido por Prim.

1.2. La Naturaleza de la Revolución

La rápida movilización popular, la aparición de nuevos dirigentes políticos y la profundidad de las reformas posteriores consolidaron este movimiento como una auténtica revolución. Las juntas actuaron como órganos provisionales de poder local, encargadas de organizar la movilización y mantener el triunfo revolucionario, aunque subordinadas al liderazgo militar.

Es crucial destacar que la revolución fue dirigida “desde arriba” por militares y políticos con un proyecto limitado, lo que generó una desconexión con las bases populares. Mientras unionistas y progresistas se conformaban con expulsar a la reina y acabar con el monopolio político de los moderados, amplios sectores populares, influenciados por demócratas radicales y republicanos, defendían objetivos más ambiciosos, como la proclamación de la república y profundas reformas sociales.

2. El Gobierno Provisional (1868-1870)

El primer gobierno estuvo constituido por progresistas y unionistas, excluyendo a los demócratas (el sector más revolucionario), y fue dirigido por el general Prim. Sus primeras acciones se orientaron a controlar la revolución, disolviendo las juntas revolucionarias y manteniendo el orden público. Aunque la mayoría de juntas aceptó la disolución, las más radicales se resistieron, sintiendo que el Gobierno traicionaba el carácter revolucionario.

Esta política fue interpretada por los sectores populares, republicanos y gran parte de los demócratas como una “traición” a la revolución, al percibir que no se emprenderían las reformas sociales esperadas. Esto provocó un aumento de la radicalización y la conflictividad social.

2.1. La Constitución de 1869

En enero de 1869 se celebraron las primeras elecciones generales por sufragio universal masculino en la Historia de España. La coalición progresista-democrática-unionista obtuvo la mayoría, con una importante representación republicana y una minoría carlista considerable; los moderados quedaron excluidos.

La primera medida fundamental fue la redacción de una nueva constitución, aprobada en junio tras meses de debate. La Constitución de 1869 definió a España como una monarquía parlamentaria, manteniendo la bicameralidad de las Cortes. Fue la primera constitución democrática del país, reconociendo la soberanía nacional, limitando el poder real, estableciendo el sufragio universal masculino y garantizando amplios derechos y libertades.

Al declararse la monarquía, Serrano se vio obligado a asumir la Regencia mientras se buscaba un nuevo rey, pasando Prim a ser presidente del gobierno.

Además de la Constitución, el gobierno provisional aprobó reformas económicas para superar la crisis y modernizar España, como:

  • Creación de la peseta como moneda única.
  • Eliminación del impuesto de consumos.
  • Reducción de aranceles.

2.2. Inicios de la Conflictividad

Las expectativas populares frente al limitado proyecto de los dirigentes generaron un clima de tensión. El Partido Democrático se dividió en dos tendencias:

  1. Monárquicos (Cimbrios): Más moderados, apoyaron al Gobierno Provisional e integraron la coalición parlamentaria.
  2. Republicanos: Más radicales, buscaron instaurar la república y ampliar las reformas, fundando posteriormente el Partido Republicano Federal.

Los republicanos conectaron con las clases populares descontentas, protagonizando la insurrección republicana de septiembre de 1869, que buscaba derribar el Gobierno Provisional e instaurar una república federal “desde abajo”, basada en mayor participación popular y reformas sociales profundas. Fue reprimida fácilmente debido a su desorganización e inferioridad armamentística.

Por otro lado, la Revolución impactó en Cuba, donde el clima político alentó las aspiraciones independentistas, desembocando en la guerra de independencia. Este conflicto obligó a Prim a mantener el sistema de quintas para combatir a los rebeldes cubanos, lo que acentuó el descontento popular en la península.

La Búsqueda de un Monarca

La necesidad de elegir un nuevo monarca resultó compleja por la falta de consenso. Los candidatos principales fueron:

  • Alfonso XII: Hijo de Isabel II, apoyado por los moderados (“alfonsinos”), pero rechazado por el deseo de evitar la dinastía Borbón.
  • Leopoldo de Hohenzollern: Príncipe alemán, rechazado por la Francia de Napoleón III.
  • Duque de Montpensier: Cuñado de la reina, apoyado por los unionistas, pero rechazado por su cercanía a los Borbones.
  • Espartero: Solicitado por parte de los progresistas, pero él mismo se opuso.

3. La Monarquía de Amadeo I de Saboya (1871 – 1873)

En noviembre de 1870, Amadeo de Saboya, con educación liberal, fue elegido monarca. Llegó a España en enero de 1871, juró la Constitución y constituyó la primera monarquía democrática del país. Sin embargo, desde su llegada se enfrentó a una situación política y social compleja, falto de apoyos y con múltiples conflictos abiertos.

Pocos días antes de su llegada, tuvo lugar el asesinato de Prim, principal apoyo del rey, con los republicanos y el propio Serrano como principales sospechosos debido a su rivalidad política.

Amadeo convocó elecciones, que nuevamente dieron la mayoría a la coalición progresista-unionista, forzando a Serrano a formar gobierno, con quien nunca logró entenderse.

División del Partido Progresista

Durante su reinado, el partido progresista se dividió en dos tendencias:

  • Constitucionalistas: Más moderados y cercanos a los unionistas, dirigidos por Sagasta.
  • Radicales: Defendían la ampliación de derechos políticos y ciertas reformas sociales. Dirigidos por Ruiz Zorrilla, se fusionaron con los cimbrios para fundar el Partido Radical.

Esta división en el partido clave del régimen generó una intensa inestabilidad institucional. En solo dos años, se convocaron tres elecciones generales y se sucedieron seis gobiernos, dirigidos principalmente por Sagasta y Ruiz Zorrilla, sin que faltaran la corrupción y el fraude electoral.

Además de la inestabilidad en las Cortes, Amadeo tuvo que hacer frente a la Tercera Guerra Carlista y a la guerra en Cuba. La agitación social creció con la oposición republicana y las primeras movilizaciones obreras tras la llegada de la Internacional Obrera a España.

Ante esta situación ingobernable, Amadeo renunció en febrero de 1873, publicando una Carta de Despedida donde afirmaba que “el peor enemigo de España son los propios españoles”. Al día siguiente, las Cortes proclamaron la república, más por falta de alternativas que por convicción, dando inicio a la I República española.

4. La I República (1873 – 1874)

La proclamación de la Primera República intensificó la distancia entre la élite política y las masas populares, que esperaban profundas reformas sociales. La mayoría de los diputados, sin embargo, solo pretendían instaurar un régimen similar al de Amadeo, pero sin monarca. La República se desarrolló en un clima de profunda inestabilidad, con dos guerras civiles abiertas, oposición monárquica y divisiones internas.

4.1. Estanislao Figueras (febrero – junio de 1873)

Se nombró presidente al republicano federal Estanislao Figueras. Se mantuvo la Constitución de 1869, suprimiendo los artículos monárquicos, y se estableció un sistema unicameral (Asamblea Nacional). Se adoptaron medidas como la abolición de la esclavitud en Puerto Rico.

En abril, los radicales, junto a Serrano y militares unionistas, intentaron un golpe de estado que fracasó. Esto supuso la ruptura definitiva entre republicanos y radicales, permitiendo que los republicanos federales obtuvieran la mayoría en las Cortes convocadas en mayo de 1873, proclamando casi por unanimidad la República Federal. Ante la inestabilidad y la incapacidad de controlar la situación, Figueras dimitió en junio.

4.2. Pi i Margall (junio – julio de 1873)

Pi i Margall intentó conciliar las corrientes republicanas con un programa de “orden y gobierno”. Mientras negociaba el fin de las guerras carlista y cubana, estalló la insurrección cantonalista.

La chispa fue la dura represión de una huelga general en Alcoy. Esto provocó una insurrección donde los republicanos federales más intransigentes intentaron instaurar la República Federal “de abajo arriba”, declarando repúblicas independientes diversos municipios, especialmente en Andalucía y Valencia. Buscaban autonomía municipal, democracia directa y reparto de tierras, reconociendo la unidad de España como federación.

Paralelamente, la Asamblea aprobó el 17 de julio el Proyecto de Constitución de 1873, que definía a España como una República Federal compuesta de 17 estados (incluyendo Cuba y Puerto Rico). Este proyecto nunca entró en vigor. La debilidad de Pi i Margall para reprimir el cantonalismo le forzó a dimitir en julio.

4.3. Nicolás Salmerón (julio – septiembre de 1873)

Salmerón tuvo el doble objetivo de impulsar el proyecto constitucional y las reformas sociales, mientras restablecía el orden. Para sofocar el cantonalismo, envió a los generales Martínez Campos y Pavía, logrando controlar casi todos los cantones, excepto Cartagena, que llegó a organizar su propio ejército y moneda.

Salmerón dimitió por motivos de conciencia al negarse a firmar dos sentencias de muerte dictadas por un tribunal militar.

4.4. La República Centralista de Castelar (septiembre de 1873 – enero de 1874)

Emilio Castelar, defensor del republicanismo unitario, priorizó la estabilización del país. Obtuvo autorización para aplicar medidas extraordinarias en materia de guerra, movilizando reservistas en los frentes abiertos (Cartagena, Cuba y el norte carlista). Suspendió la Asamblea hasta enero de 1874, permitiendo el regreso del exilio de líderes radicales y constitucionales.

Al reabrirse las Cámaras, Castelar perdió la confianza de la mayoría de diputados. El general Pavía rodeó el Congreso con fuerzas militares y de la Guardia Civil, dando un golpe de Estado sin apenas resistencia, poniendo fin a la legalidad republicana.

4.5. La Dictadura de Serrano (enero – diciembre de 1874)

Tras el golpe, el poder ejecutivo fue encomendado a Serrano, lo que supuso el fin práctico de la República. Se disolvió la Asamblea y Serrano gobernó de manera personal y autoritaria, apoyado en el Ejército. Aunque reconoció la Constitución de 1869, esta quedó en suspenso indefinido hasta restablecer el orden.

El régimen era transitorio, buscando apaciguar el país para restaurar una monarquía constitucional. Puso fin a la insurrección cantonalista al derrotar a Cartagena, pero no resolvió las guerras de Cuba ni la carlista.

Cánovas del Castillo, líder de los alfonsinos, preparaba el retorno de Alfonso XII. Aunque se buscaba una restauración legal y civil, esta se produjo mediante el método habitual del siglo XIX: un golpe militar. Fue dirigido por el general Martínez Campos, quien se pronunció en Sagunto en diciembre de 1874, poniendo fin a la dictadura de Serrano y al Sexenio Democrático.

5. Conflictos del Sexenio

5.2. La III Guerra Carlista (1872 – 1876)

La Revolución de 1868 y la expulsión de Isabel II fortalecieron al carlismo, que vio la oportunidad de reclamar el trono para su pretendiente, “Carlos VII”. Erigidos como defensores de la tradición y el catolicismo frente al liberalismo, adaptaron parte de su ideario, logrando ser la tercera fuerza más votada en 1869.

Carlos VII depuso al general Cabrera en 1870 y asumió personalmente el liderazgo con una actitud más beligerante, lo que condujo a un levantamiento armado en 1872. Inicialmente fueron derrotados por las tropas de Serrano, firmando el Convenio de Amorebieta (1872).

En 1873 se reanudaron las hostilidades. Los carlistas llegaron a controlar amplias zonas de Cataluña y el País Vasco-Navarra, donde crearon un estado alternativo dirigido por Carlos VII. La guerra fue violenta, con asaltos a poblaciones para obtener recursos. La falta de coordinación entre las partidas carlistas facilitó su derrota en 1876 por el general Martínez Campos, tras el inicio de la Restauración.

5.3. Los Orígenes del Movimiento Obrero

Con el desarrollo del capitalismo y la industrialización, surgió el proletariado, la clase trabajadora industrial, que comenzó a movilizarse buscando mejoras laborales y de vida.

En 1870 se celebró en España el I Congreso de la Asociación Internacional de Trabajadores (I Internacional), organización que buscaba la emancipación de la clase trabajadora, integrada por marxistas y anarquistas.

El anarquismo fue la corriente con mayor implantación en el movimiento obrero español, defendiendo la abolición del Estado, el capitalismo y las clases sociales, buscando una sociedad sin desigualdad donde los trabajadores controlasen las fábricas. Durante el Sexenio se produjeron las primeras huelgas y movilizaciones obreras, y algunos sectores participaron en el movimiento cantonalista de 1873.