Contexto histórico
Entre los años 1885 y 1914 se produce en todo el mundo una «crisis universal de las letras y del espíritu» caracterizada por la pérdida de la confianza en el progreso de la humanidad, la crítica al positivismo filosófico, la desconfianza en la razón y una laicización social a causa de una crisis religiosa. Esto queda plasmado en la literatura de la época, cuyas posturas revolucionarias y contrarias a las normas del arte burgués dan lugar al modernismo, movimiento literario que surge como reacción al realismo decimonónico y se manifiesta en la actitud rebelde de los jóvenes escritores, la ruptura con la estética vigente y el inconformismo ante la sociedad burguesa y la vulgaridad que los rodea.
Influencias
El modernismo recibe las influencias del parnasianismo, representado principalmente por Leconte de Lisle y Théophile Gautier, cuyo fin es el arte por el arte, es decir, la perfección formal en versos pulidos que invitaban a elegir temas propicios para el lucimiento esteticista, como la mitología o la evocación de tiempos pasados o lugares exóticos. Por otra parte, el simbolismo, abanderado por Arthur Rimbaud y Paul Verlaine, fue la otra influencia del modernismo por su defensa de que la realidad esconde significaciones profundas que el poeta ha de descifrar.
Temática y actitud
El modernismo presenta una nueva temática concentrada en la exterioridad de lo sensible y el subjetivismo más intimista. Se aprecia un desasosiego interior que se muestra en el gusto por lo decadente, la angustia existencial o la exaltación de lo irracional; la evasión espacio-temporal mediante laberintos de la conciencia; el pensamiento de lugares exóticos o fantásticos o la vuelta a la Edad Media; la devoción por París como paradigma de la vida bohemia pero con gusto castizo y pintoresco; o, en el caso de los autores hispanoamericanos, la vuelta a la época precolombina como signo de autenticidad y pureza, lo cual contrasta con la artificiosidad y degeneración de las sociedades modernas.
Lenguaje y recursos formales
Su lenguaje es la mayor muestra de la ruptura con la literatura precedente, pues los modernistas buscan crear efectos sensoriales mediante cultismos, adjetivos cromáticos, voces exóticas o sonoridades; lograr musicalidad con aliteraciones, onomatopeyas, distribución de acentos, paralelismos o simetría sintáctica; e insinuación a través de sinestesias, símbolos o desplazamientos calificativos.
Métrica e innovaciones
Por otra parte, la métrica vive innovaciones en versos y estrofas: se recuperan los versos alejandrinos, los dodecasílabos y los eneasílabos (estos dos últimos especialmente en el parnasianismo), y se comienza a experimentar con el verso libre.
Precursores y exponentes destacados
El modernismo tiene como precursores a José Martí y Manuel Gutiérrez Nájera; sin embargo, sería el nicaragüense Rubén Darío el mayor exponente de este movimiento, especialmente a través de sus obras Azul (1888), Prosas profanas y Cantos de vida y esperanza (1896). Mientras tanto, en España los precursores del modernismo son Ricardo Gil, Manuel Reina y Salvador Rueda.
El modernismo en España
Dentro del modernismo español se pueden distinguir dos corrientes:
- Primera etapa (1892-1903): se caracteriza por un modernismo más combativo y permeable, en el cual predomina la influencia parnasiana. Su máximo exponente es Manuel Machado, autor de obras como Alma (1907) o Ars moriendi (1922), en las que son claras las influencias del parnasianismo, el simbolismo y los escritos de Rubén Darío.
- Segunda etapa (1903-1916): en ella se aprecia la influencia del simbolismo en autores como Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez.
Autores y etapas concretas
La obra de Antonio Machado comprende tres etapas: en la primera, sus obras (por ejemplo, Soledades, 1903) muestran a un poeta de soledad y melancolía, en el cual la preocupación filosófica y existencial es el resultado de ahondar en lo íntimo de su ser. Su segunda etapa comprende su integración en la Generación del 98 (por ejemplo, Campos de Castilla, 1912) y la tercera fase es más reflexiva y sentenciosa (por ejemplo, Nuevas canciones, 1924).
En Juan Ramón Jiménez, la adscripción al modernismo coincide con su primera etapa, que comprende toda su producción literaria anterior a 1916 (por ejemplo, La soledad sonora, 1911; Platero y yo, 1914), en la que es clara la influencia de Gustavo Adolfo Bécquer y Rosalía de Castro. Su segunda etapa, íntegramente modernista aunque con tonos más sobrios, se caracteriza por su fervor por la belleza y la naturaleza y la presencia del amor (por ejemplo, Diario de un poeta recién casado, 1917).
Valle-Inclán y la superación del modernismo
Por otra parte, aunque perteneció más bien a la Generación del 98, Ramón María del Valle-Inclán incorpora, enriquece y después supera las innovaciones modernistas, abarcando en sus obras la adjetivación sensorial, la musicalidad de la prosa y el decadentismo en las descripciones, de forma que da lugar a la invención del esperpento literario. Un exponente de ello son sus Sonatas de otoño, una de sus cuatro Sonatas.
Teatro modernista
En el teatro modernista destacan Eduardo Marquina y Francisco Villaespesa; de este último son obras señeras El alcázar de las perlas y Doña María de Padilla.
Conclusión
En definitiva, el modernismo fue un movimiento surgido en la crisis moral y literaria de finales del siglo XIX y principios del XX y supuso una ruptura con el arte burgués de los siglos anteriores, dando lugar a una nueva forma de concebir la literatura a través de la métrica en la poesía y del lenguaje tanto en prosa como en verso, de manera que se abrieron las puertas a nuevos modos de expresión.