Los Reyes Católicos: unión dinástica e instituciones de gobierno. La Guerra de Granada
El reinado de los Reyes Católicos marca el inicio de la Edad Moderna en la Península. La unión dinástica de Castilla y Aragón se produjo tras el matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón (1469) y quedó consolidada en 1479, cuando Fernando accedió al trono aragonés. Esta unión fue dinástica, no política, ya que cada reino mantuvo sus leyes, instituciones y costumbres.
Los Reyes Católicos impulsaron una monarquía autoritaria, reforzando el poder real frente a la nobleza, la Iglesia y los municipios, y creando un eficaz aparato burocrático. Entre sus instrumentos destacan:
- Consejos
- Audiencias
- Hacienda
- Santa Hermandad
- Ejército permanente
También buscaron la unidad religiosa, implantando la Inquisición y decretando la expulsión de los judíos en 1492. Entre 1482 y 1492 se desarrolló la Guerra de Granada, que puso fin al último reino musulmán peninsular. Los Reyes Católicos entraron en Granada el 2 de enero de 1492 tras la rendición de Boabdil, con una serie de condiciones: Castilla debía respetar la seguridad, la libertad religiosa, y los usos y costumbres de los musulmanes que permaneciesen en el territorio.
Conquista de América. Incorporación del Nuevo Mundo
Tras la toma de Granada, Isabel de Castilla, mediante las Capitulaciones de Santa Fe, financió el proyecto de buscar nuevas rutas comerciales con las Indias propuesto por Cristóbal Colón. Sin embargo, Colón descubrió América el 12/10/1492. En 1494 el Tratado de Tordesillas repartió las zonas de expansión entre Castilla y Portugal.
Comenzó la etapa continental (1519–1550), donde destacaron Hernán Cortés (conquista del Imperio azteca) y Francisco Pizarro (conquista del Imperio inca). La Corona estableció sistemas de explotación del trabajo indígena como la encomienda y la mita. Las denuncias sobre el trato a los indígenas dieron lugar a las Leyes de Burgos (1512) y las Leyes Nuevas (1542), que intentaron proteger a los indios y limitar la encomienda, apoyadas por figuras como Bartolomé de las Casas y Francisco de Vitoria.
América fue vista como un territorio para explotar; aportó grandes recursos económicos y nuevos productos agrícolas. Además, se creó una sociedad de castas dominada por peninsulares y criollos.
Los Austrias del siglo XVI: política interior y exterior
La Casa de Austria empezó a reinar en España con Carlos I (1516–1556), también conocido como Carlos V. Su llegada provocó conflictos internos como la revuelta de las Comunidades en Castilla (1520) y las Germanías en la Corona de Aragón, que reforzaron finalmente la alianza entre la monarquía y la nobleza. En política exterior, Carlos V defendió la unidad del cristianismo, enfrentándose a Francia, al Imperio turco y a los protestantes alemanes, aunque tuvo que aceptar la libertad religiosa en la Paz de Augsburgo (1555).
Felipe II (1556–1598)
Su hijo Felipe II (1556–1598) mantuvo la hegemonía española, defendió el catolicismo y estableció la capital en Madrid. En política interior destacó la rebelión de los moriscos de las Alpujarras (1568) y, en política exterior, hubo varios conflictos: contra Francia, los turcos (Batalla de Lepanto, 1571), los Países Bajos e Inglaterra (la Armada en 1588). En 1581 las Cortes de Tomar lo reconocieron como Felipe I de Portugal, produciéndose la Unión Ibérica (1581–1640), que se mantuvo hasta el reinado de Felipe IV.
Los Austrias del siglo XVII: política interior y exterior
El siglo XVII supuso una etapa de crisis y decadencia de la Monarquía Hispánica, marcada por el gobierno de los validos. Felipe III (1598–1621) entregó el poder al duque de Lerma, quien caracterizó este periodo por la corrupción y la crisis económica. En 1609 se decretó la expulsión de los moriscos, lo que provocó despoblación y el declive de la agricultura. En política exterior, España entró en la Guerra de los Treinta Años (1618–1648) en apoyo de los Habsburgo austríacos.
Durante el reinado de Felipe IV (1621–1665), el valido fue el conde-duque de Olivares, que intentó reforzar el poder central con un programa centralista. Su política exterior fue más belicista: la entrada de Francia en el conflicto en 1640 provocó las rebeliones de Cataluña y Portugal, que logró su independencia. La Paz de Westfalia (1648) y la Paz de los Pirineos (1659) confirmaron la pérdida del poder de los Habsburgo.
El reinado de Carlos II (1665–1700) estuvo marcado por la debilidad del monarca y el problema sucesorio. Aunque se intentó frenar el declive, España perdió territorios europeos y Carlos II murió sin descendencia, dejando como heredero a Felipe de Borbón, lo que desencadenó la Guerra de Sucesión.
Sociedad, economía y cultura de los siglos XVI y XVII
En el siglo XVI, la economía creció debido al aumento de la población y a la llegada de metales preciosos de América, lo que provocó la revolución de los precios. Sin embargo, el elevado gasto militar generó endeudamiento y bancarrotas de la Hacienda real. La sociedad era estamental, con predominio de la nobleza y el clero, una burguesía débil y unos campesinos muy perjudicados por los altos impuestos.
En el siglo XVII la economía entró en una crisis profunda, agravada por las epidemias, las guerras y la expulsión de los moriscos en 1609. Disminuyó la población de Castilla y aumentó la pobreza y la conflictividad social. A pesar de la crisis, el siglo XVII fue una etapa de gran esplendor cultural, con el desarrollo del arte barroco y figuras como Velázquez, Quevedo, Lope de Vega y Calderón de la Barca.
La Guerra de Sucesión, la Paz de Utrecht y los Pactos de Familia
La Guerra de Sucesión (1701–1714) enfrentó a Felipe V de Borbón y al archiduque Carlos de Austria tras la muerte sin herederos de Carlos II. Fue una guerra de ámbito europeo y civil: Castilla apoyó a Felipe V, mientras que los territorios de la Corona de Aragón respaldaron al archiduque; además, potencias como Holanda e Inglaterra intervinieron para mantener el equilibrio en Europa.
El conflicto terminó con la Paz de Utrecht (1713) y la de Rastatt (1714). Felipe V fue reconocido rey de España, pero el país perdió gran parte de sus territorios europeos. Inglaterra obtuvo Gibraltar y Menorca, además de importantes ventajas comerciales. En España se inició la monarquía borbónica y se implantaron los Decretos de Nueva Planta.
Posteriormente, los Borbones firmaron los Pactos de Familia con Francia, que condicionaron la política exterior española del siglo XVIII, especialmente durante los reinados de Felipe V y Carlos III, y en conflictos como la intervención en la Guerra de Independencia de Estados Unidos.
La nueva monarquía borbónica. Los Decretos de Nueva Planta. Modelo de Estado y alcance de las reformas
La monarquía borbónica comenzó en España con Felipe V e implantó un modelo de Estado centralizado y absolutista, inspirado en Francia. Los Decretos de Nueva Planta suprimieron los fueros e instituciones propias de los territorios de la Corona de Aragón, imponiendo las leyes de Castilla.
Se reformó la administración territorial, sustituyendo a los virreyes por capitanes generales, creando intendentes y fortaleciendo las secretarías de Estado. En el ámbito económico, se reformó la Hacienda; en 1763 se creó como nueva fuente de ingresos la lotería, el Estado comenzó a emitir vales reales y se fomentó la libre circulación de mercancías.
Desaparecieron las Cortes (salvo la de Castilla) y los consejos perdieron importancia. En 1713 se impuso la ley sálica, y mediante la política regalista se intentó reducir el poder de la Iglesia. También se reformaron el ejército y la armada, introduciendo una nueva forma de reclutamiento, las quintas, y modernizando la estructura militar.
La monarquía borbónica. Los Decretos de Nueva Planta. Modelo de Estado y alcance de las reformas
La monarquía borbónica empezó en España con Felipe V e implantó un modelo de Estado centralizado y absolutista, inspirado en Francia. Los Decretos de Nueva Planta suprimieron los fueros e instituciones propias de los territorios de la Corona de Aragón, imponiendo las leyes de Castilla.
Se reformó la administración territorial, sustituyendo a los virreyes por capitanes generales, creando intendentes y fortaleciendo las secretarías de Estado. En el ámbito económico, se reformó la Hacienda y en 1763 se creó como nueva fuente de ingresos la lotería; el Estado comenzó a emitir vales reales y se fomentó la libre circulación de mercancías.
Desaparecen las Cortes (excepto la de Castilla) y los consejos perdieron importancia. En 1713 se impone la ley sálica, y mediante la política regalista se intentó reducir el poder de la Iglesia. También se reformaron el ejército y la armada, introduciendo una nueva forma de reclutamiento —las quintas— y modernizando la estructura militar.
Las reformas borbónicas en los virreinatos americanos
Durante el siglo XVIII, los Borbones impulsaron una amplia reorganización política, administrativa y económica de las colonias americanas con el objetivo de reforzar el absolutismo y aumentar los ingresos para la metrópoli. Se redujo la importancia del Consejo de Indias y se reorganizó la administración colonial mediante la creación de nuevos virreinatos: Nueva Granada (con capital en Santa Fe de Bogotá) y Río de la Plata (Buenos Aires).
Además, en 1764 se implantó el sistema de intendencias. En el ámbito económico, se otorgaron monopolios a compañías comerciales y se fomentó el comercio, orientando la exportación de materias primas desde América e importando productos manufacturados desde España. Estas medidas provocaron un creciente descontento, especialmente entre los criollos, y dieron lugar a revueltas y a la difusión de ideas liberales que sentaron las bases de futuros movimientos independentistas.
Sociedad, economía y cultura del siglo XVIII
La economía española del siglo XVIII creció de manera irregular, con grandes diferencias regionales y un claro predominio de la agricultura, en la que trabajaba la mayor parte de la población, manteniéndose el régimen señorial. En algunas zonas mediterráneas se desarrollaron cultivos comerciales como el arroz. Mientras tanto, la industria tuvo un peso reducido, aunque destacaron las Reales Fábricas y el impulso del comercio con América.
La sociedad continuó siendo estamental, con privilegios para la nobleza y el clero, aunque se reforzó la política regalista; en 1767 Carlos III firmó el decreto de expulsión de los jesuitas. En el plano cultural, la Ilustración se difundió lentamente entre las élites, promoviendo la razón y la educación, e inspiró el despotismo ilustrado, que buscó reformar el Estado sin cuestionar el Antiguo Régimen.