Transición española y Fernando VII: Constitución de 1978, Estado de las Autonomías y emancipación de América

La Transición: alternativas políticas tras la muerte de Franco

La transición comenzó con la muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975 y la proclamación de Juan Carlos I como rey y jefe de Estado; finalizó en octubre de 1982 con la victoria electoral del PSOE. Los franquistas se dividieron en el “búnker”, partidarios de la continuidad del régimen franquista, y los “aperturistas”, defensores del cambio político (por ejemplo, Manuel Fraga y Adolfo Suárez).

Actores políticos y oposición

En cuanto a la oposición: la derecha liberal era muy débil y se agrupó en torno a figuras como Gil Robles. En la izquierda destacaron los sindicatos CCOO y UGT, el PCE (liderado por Santiago Carrillo), que impulsó la Junta Democrática, y el PSOE (con Felipe González) con la Plataforma de Convergencia Democrática. Ambas agrupaciones se unieron en 1976 en la Coordinación Democrática, conocida como la “Platajunta”.

El papel del rey y el gobierno de Adolfo Suárez

El papel del rey fue fundamental durante la transición. El 22 de noviembre de 1975 asumió la jefatura del Estado, acorde a la Ley Orgánica del Estado, jurando las Leyes Fundamentales del régimen, pero dejando entrever su voluntad democrática. Su primera decisión consistió en ratificar como presidente del gobierno a Carlos Arias Navarro, perteneciente al sector intransigente de la dictadura, del “búnker”. Arias no dio pasos decisivos hacia el cambio y su gestión se caracterizó por una dura represión contra las crecientes protestas de la oposición (sucesos de Vitoria, marzo de 1976).

Ante la incapacidad de Arias para avanzar en la reforma, el rey lo destituyó y nombró presidente del gobierno a Adolfo Suárez en 1976.

Reformas, legalización y primeras elecciones

El gobierno de Suárez (1976-1977) propuso la Ley para la Reforma Política, aprobada en referéndum en diciembre de 1976, que sentó las bases para la puesta en marcha de un régimen democrático. Se legalizaron los partidos políticos y se aprobó la Ley de Amnistía. A principios de 1977 Suárez inició una política de consenso con la oposición (PSOE, PCE).

En junio de 1977 se convocaron las primeras elecciones democráticas desde 1936, que ganó la UCD en minoría, partido fundado por Adolfo Suárez. El PSOE fue la segunda fuerza más votada. El PCE obtuvo buenos resultados, aunque inferiores a sus expectativas, y AP (liderada por Manuel Fraga) aglutinó a la derecha conservadora vinculada al franquismo. Los partidos nacionalistas vascos (PNV) y catalanes (CDC) obtuvieron importantes resultados en sus territorios.

Objetivos del gobierno y Pactos

El nuevo gobierno de Suárez (1977-1979) se planteó como objetivos la elaboración de una Constitución, frenar el terrorismo de ETA y prevenir un futuro golpe militar, en un contexto de grave situación económica derivada del aumento del precio del petróleo en 1973. Esto condujo a la firma, en octubre de 1977, de los Pactos de la Moncloa, orientados a estabilizar la economía mediante la contención salarial, el control del déficit público y la contención de una inflación desbocada.

La Constitución de 1978 y el Estado autonómico

Las Cortes redactaron una Constitución en manos de una ponencia de siete miembros; fue aprobada en referéndum el 6 de diciembre de 1978. La Constitución recoge los principios de soberanía nacional y división de poderes:

  • Poder legislativo: bicameral (Congreso y Senado), elegidos por sufragio universal.
  • Poder ejecutivo: ejercido por el Gobierno.
  • Poder judicial: representado por el Tribunal Supremo y el Tribunal Constitucional.

Se establece la monarquía parlamentaria como forma de Estado y se declara al rey como jefe de Estado y comandante de las Fuerzas Armadas. La Constitución incluye una avanzada declaración de derechos y libertades y define un Estado no confesional.

En cuanto a la organización territorial, distingue entre nacionalidades y regiones y establece dos vías para crear comunidades autónomas:

  • Vía rápida (art. 151): pensada para las nacionalidades históricas (Cataluña, País Vasco y Galicia, y más tarde Andalucía).
  • Vía lenta (art. 143): utilizada por el resto de comunidades, que poco a poco se fueron sumando al autogobierno.

El resultado fue el Estado de las Autonomías, compuesto por diecisiete comunidades autónomas y dos ciudades autónomas, Ceuta y Melilla.

Terrorismo, golpes y amenazas a la joven democracia

La democracia en España se vio amenazada tanto por el golpismo como por el terrorismo. En las fuerzas de extrema derecha surgieron grupos armados que intentaron acabar con la democracia (por ejemplo, la matanza de Atocha, 1977) y se produjeron intentos de golpe de Estado como la “Operación Galaxia” (1978) y el golpe del 23-F (23 de febrero de 1981).

En la extrema izquierda aparecieron organizaciones como el GRAPO y el FRAP, responsables de atentados y secuestros. Tras las elecciones, el terrorismo de ETA cobró un protagonismo sangriento: la autonomía del País Vasco no satisfacía sus aspiraciones de independencia. La cooperación de Francia y la mayor eficacia de los servicios de seguridad españoles lograron, con el tiempo, reducir la actividad terrorista.

Los partidos democráticos vascos firmaron acuerdos de convivencia y cooperación, entre ellos el Pacto de Ajuria Enea (1988) y el Pacto de Estella-Lizarra (1998).

Fernando VII: absolutismo y liberalismo. La emancipación de la América española

Con el Tratado de Valençay (1813) entre Napoleón y Fernando VII, este recuperó los derechos sobre la Corona. Regresó a España y, en 1814, recibió el Manifiesto de los Persas, donde un grupo de diputados absolutistas le pedía anular la Constitución y disolver las Cortes. En mayo de 1814 firmó el Decreto de Valencia, que anulaba las reformas aprobadas en las Cortes, incluida la Constitución de 1812.

Sexenio absolutista (1814-1820)

El sexenio absolutista comienza con la detención de los liberales más destacados y la disolución de las Cortes. Fernando VII restableció la Inquisición, los privilegios señoriales y de la Mesta, anuló la libertad de prensa y paralizó las tímidas medidas desamortizadoras y las libertades civiles. Liberales como Espoz y Mina, Porlier y Lacy llevaron a cabo pronunciamientos.

Trienio liberal (1820-1823)

En 1820 triunfó el pronunciamiento encabezado por Rafael del Riego en Cabezas de San Juan (Sevilla). Comenzó el Trienio liberal (1820-1823), durante el cual Fernando VII tuvo que restablecer la Constitución de 1812 y sus leyes. Se formó un nuevo gobierno liberal y se adoptaron medidas como la supresión de la Inquisición, la abolición de los mayorazgos, la eliminación de los gremios y del feudalismo, la reducción del diezmo, la desamortización de bienes eclesiásticos y la promulgación de un código penal.

Los liberales se dividieron en moderados o doceañistas (partidarios de un gobierno compartido entre el rey y las Cortes), como Argüelles, y en exaltados o veinteañistas (proponentes de reformas más radicales), como Mendizábal. Los absolutistas intentaron recuperar el poder mediante la sublevación de la Guardia Real (1822), acciones guerrilleras en Navarra y Cataluña y la Regencia de Urgel.

En 1823, los Cien Mil Hijos de San Luis, ejército enviado por la Restauración monárquica organizado en el Congreso de Verona y comandado por el duque de Angulema, pusieron fin al trienio liberal.

La década ominosa (1823-1833)

Durante la llamada década ominosa (1823-1833) los liberales fueron ejecutados (por ejemplo, Riego) o se exiliaron. Todas las medidas adoptadas durante el Trienio fueron anuladas. La Milicia Nacional fue disuelta y sustituida por los Voluntarios Realistas.

No obstante, se llevaron a cabo ciertas reformas administrativas y económicas moderadas: la creación del Consejo de Ministros y del Ministerio de Fomento, los primeros presupuestos generales del Estado (con López Ballesteros), y avances como el Código de Comercio (1829), el Banco Real de San Fernando (1829) y la creación de la Bolsa de Madrid (1831).

Cuestión sucesoria y primeras guerras carlistas

El final del reinado de Fernando VII estuvo marcado por la cuestión sucesoria: Fernando promulgó la Pragmática Sanción, que derogaba la Ley Sálica y permitía reinar a su hija Isabel, dejando sin opción al trono a su hermano Carlos María Isidro, líder del sector más radical del absolutismo, los apostólicos o carlistas. Tras la muerte del rey (1833), la regente María Cristina asumió la corona en nombre de su hija Isabel, iniciándose la I Guerra Carlista (1833-1840).

Emancipación de la América española (1808-1825)

Las causas que originaron las insurrecciones en América fueron múltiples: la postergación política de los criollos, la influencia de la independencia de Estados Unidos y de la Revolución Francesa, la debilidad de España tras Trafalgar y la invasión napoleónica, restricciones comerciales, entre otras.

Por virreinatos:

  • Virreinato del Río de la Plata: Buenos Aires se convirtió en foco de rebelión; se creó una Junta independiente y más tarde se proclamó la independencia de Argentina (1816).
  • Virreinato de Nueva Granada: Caracas fue un foco principal de la rebelión, liderada por Miranda y Simón Bolívar. Bolívar derrotó a las fuerzas españolas liberando Colombia, Venezuela y Ecuador.
  • Virreinato de Nueva España: Agustín de Iturbide proclamó la independencia de México (1821).
  • Virreinato del Perú: Desde el sur, el general José de San Martín proclamó la independencia del Perú (1821). Desde el norte, Bolívar y Antonio José de Sucre derrotaron a las tropas españolas en las batallas de Junín y Ayacucho (1824), consolidando la independencia.

Solo Cuba y Puerto Rico permanecieron ligadas a la metrópoli por más tiempo.

En España, la pérdida de las colonias afectó económica y políticamente: los comerciantes y algunos industriales resultaron perjudicados y España quedó como una potencia de segundo orden. En América se establecieron repúblicas presidenciales que, en muchos casos, entraron en la órbita económica e influencia política del Reino Unido y, posteriormente, de Estados Unidos.