La irrupción del Movimiento Obrero en España: Del Sexenio Democrático (1868-1874) a la Primera Internacional

El Movimiento Obrero en el Siglo XIX: Orígenes y Desarrollo

A lo largo del siglo XIX, como consecuencia de la extensión de la Revolución Industrial, se desarrolló en España el movimiento obrero. Su aparición se vio favorecida por las duras condiciones laborales y económicas de los trabajadores en el nuevo escenario industrial, así como por la falta de protección social.

Las primeras reivindicaciones no tuvieron carácter político ni de alteración de las estructuras sociales, pues se centraron en el derecho de asociación y en el mantenimiento del sueldo. A partir del Sexenio Democrático, el movimiento obrero cobró mayor personalidad, experimentó divisiones, periodos de clandestinidad durante la primera parte de la Restauración y un paulatino crecimiento desde finales del siglo XIX.

La Clase Obrera Industrial y sus Condiciones

Uno de los cambios sociales más destacados del siglo XIX fue la aparición de una clase obrera industrial. Este fue un grupo pequeño y únicamente representativo en Barcelona, Madrid y el núcleo siderúrgico malagueño. Las duras situaciones laborales a las que estuvo sometida esta clase fueron la causa principal de su aparición y organización:

  • Salarios bajos: Difícilmente alcanzaban para subsistir.
  • Jornada laboral extensa: Llegaban hasta 15 horas diarias.
  • Condiciones de trabajo nocivas: Ausencia de seguridad e higiene.
  • Condiciones de vida precarias: Viviendas insalubres y falta de servicios básicos.

Primeras Formas de Organización y Lucha

Estas dificultades llevaron a los trabajadores a crear, desde la década de los treinta, asociaciones de ayuda mutua para protegerse en caso de enfermedad o de pérdida de empleo. A mediados de esa misma década, el empeoramiento de la situación produjo frecuentes manifestaciones, un pequeño brote de ludismo (poco representativo en España) y el incendio de una fábrica en Barcelona.

Después de que en 1839 se aprobase una cierta liberalización en materia de asociacionismo, un grupo de obreros catalanes fundó la Asociación de Protección Mutua de Tejedores de Algodón, considerado el primer sindicato obrero de España. Su ejemplo fue secundado en otros oficios. Al principio, solo pretendían realizar una defensa de los salarios, sin llevar más lejos sus peticiones. Pero en 1844, los moderados las prohibieron y las asociaciones tuvieron que pasar a la clandestinidad.

A pesar de la prohibición de asociarse, entre 1842 y 1855 los obreros consiguieron crear una organización de asociaciones de ayuda mutua, dirigida, a partir de 1855, por la Junta Central de Directores de la Clase Obrera. Durante el Bienio Progresista, el movimiento obrero alcanzó un gran desarrollo. En julio de 1855, estalló en Cataluña la primera huelga general, en defensa del derecho de asociación.

La alarma generada en las autoridades motivó la prohibición de las sociedades obreras. A partir de entonces, los obreros industriales mostraron mayor inclinación por los demócratas y los republicanos, que reivindicaban la libertad de asociación y medidas legislativas que protegiesen al conjunto de los trabajadores.

El Movimiento Obrero durante el Sexenio Democrático (1868-1874)

La llegada de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT)

Fue sobre todo a partir de 1868 cuando el movimiento obrero experimentó un fuerte impulso a raíz de la creación de la AIT (Asociación Internacional de Trabajadores).

La AIT había sido creada en 1864 en Londres por un grupo de obreros de diferentes países con el propósito de lograr la emancipación económica y social de la clase obrera y superar la división en clases de la sociedad liberal, mediante la propiedad colectiva de los medios de producción y la creación de una sociedad igualitaria.

Estas ideas llegaron a España en 1868 de la mano de Giuseppe Fanelli, miembro de la AIT enviado por el anarquista Bakunin, que fundó los primeros núcleos españoles de la Internacional en Madrid y Barcelona. Dos años más tarde se celebró en Barcelona el I Congreso de la sección española de la Internacional, donde se impusieron sus tesis y se creó la Federación Regional Española (FRE) de la AIT. Entre los líderes obreros españoles influidos por el anarquismo cabe mencionar al tipógrafo Anselmo Lorenzo.

La Escisión Ideológica de 1872: Marxismo vs. Anarquismo

En 1872 se produjo la escisión de la AIT, después de un enfrentamiento entre las tendencias representadas por Karl Marx y Bakunin a causa de la divergencia de planteamiento táctico e ideológico entre ambos. Esto dio lugar a la división de la AIT en dos corrientes: la socialista o marxista y la anarquista o bakunista.

Diferencias Tácticas e Ideológicas

  • Marxismo (Socialista): Defendía que la clase obrera se tenía que organizar en un partido propio para conquistar el poder del Estado e implantar una sociedad igualitaria (Dictadura del Proletariado).
  • Anarquismo (Bakunista): Rechazaba cualquier participación política y recomendaba la destrucción directa del Estado, de la propiedad y de cualquier forma de autoridad. Postulaba una nueva organización social mediante una federación de comunas libres.

La División de la Internacional en España

La división de la AIT se trasplantó a España. Una parte del movimiento se adhirió a los planteamientos bakunistas, mientras que otra sección se acogió a las tesis marxistas bajo la dirección de Paul Lafargue, yerno de Marx.

Distribución Geográfica de las Corrientes

La influencia de estas corrientes se distribuyó geográficamente de la siguiente manera:

  • Socialistas (Marxistas): Predominaron en la capital española (Madrid), Bilbao, Cantabria y Asturias.
  • Anarquistas (Bakunistas): Predominaron en Cataluña, Valencia, Andalucía y Aragón.

El Final del Sexenio y la Disolución de la Internacional

Durante la I República, el movimiento obrero conservó un importante protagonismo. La participación obrera en la huelga de Alcoy y en el movimiento cantonal, pese a la desaprobación de sus dirigentes, fue utilizada para decretar la disolución de la Internacional en 1874.

El Sexenio supuso una etapa clara de toma de conciencia política y organizativa y de asimilación de las principales ideologías existentes en el mundo obrero europeo.