Mancomunidad de Cataluña y la crisis de la Restauración (1902-1923): autogobierno, huelgas y pronunciamientos

La Mancomunidad de Cataluña

La Mancomunidad de Cataluña fue el primer intento de autogobierno catalán dentro del sistema de la Restauración y se creó en 1914, durante el reinado de Alfonso XIII, al amparo de la Ley de Mancomunidades, aprobada por el gobierno liberal. Su creación fue una respuesta a la presión del nacionalismo catalán, especialmente de la Lliga Regionalista, que representaba a la burguesía catalana y defendía un mayor grado de autonomía frente al Estado central. La Mancomunidad fue, en gran medida, una concesión dentro del sistema centralista de la Restauración, que buscaba calmar las reivindicaciones regionales sin otorgar verdadero poder político.

Organización y competencias

La Mancomunidad agrupó a las cuatro diputaciones catalanas (Barcelona, Girona, Lleida y Tarragona) y estuvo presidida primero por Prat de la Riba y, tras su muerte, por Francesc Cambó. Aunque carecía de competencias legislativas y de recaudación de impuestos, desempeñó un papel importante en la administración, la economía y la cultura de Cataluña. Entre sus principales actuaciones destacan:

  • La mejora de infraestructuras (carreteras, caminos y transportes).
  • La modernización de la administración.
  • El impulso a la educación (escuelas y bibliotecas).
  • La promoción de la lengua y la cultura catalanas.

Estas acciones fortalecieron la identidad nacional y el sentimiento autonomista.

Legado

La experiencia de la Mancomunidad también consolidó políticamente a la Lliga Regionalista y sirvió como precedente de autogobierno, mostrando tanto las posibilidades como los límites del regionalismo dentro del sistema de la Restauración. Sin embargo, la Mancomunidad fue suprimida en 1925 por la dictadura de Primo de Rivera, que rechazaba cualquier forma de descentralización, provocando un retroceso político y cultural en Cataluña y aumentando la tensión con el Estado central.

En conjunto, la Mancomunidad de Cataluña representa un intento significativo de modernización y coordinación administrativa dentro de una estructura política centralista y limitada, y su legado influyó en los posteriores debates sobre autonomía y autogobierno en España.

La crisis de 1917 en España

Durante la Primera Guerra Mundial, España, aunque neutral, sufrió una profunda crisis política, social y económica que debilitó el sistema de la Restauración. Entre sus causas destacan el deterioro del sistema canovista, incapaz de integrar a los nuevos partidos y sindicatos; la crisis del bipartidismo, que acabó con el turno pacífico entre Liberales y Conservadores; el descontento por la intervención en Marruecos; y las consecuencias económicas de la guerra, que provocaron inflación y desabastecimiento, afectando principalmente a los trabajadores.

Manifestaciones de la crisis

La crisis se manifestó en tres ámbitos:

  • Militar: surgieron las Juntas de Defensa, que protestaron por la pérdida de poder adquisitivo y los ascensos injustos, obligando al gobierno a ceder y siendo la primera intervención directa de los militares en política desde la Restauración.
  • Político: la suspensión de libertades y el cierre de las Cortes motivó la creación de la Asamblea de Parlamentarios en Cataluña, que reclamaba Cortes Constituyentes y autonomía; el movimiento fracasó por la falta de apoyo militar y las divisiones internas.
  • Social: la inflación y la desigualdad provocaron un fuerte aumento de la conflictividad laboral, culminando en la huelga general de agosto de 1917, convocada por UGT y CNT, que fue duramente reprimida por el ejército, dejando decenas de muertos y miles de detenidos.

Consecuencias

Entre las consecuencias, cabe destacar la fragmentación de los partidos tradicionales y la inestabilidad de los gobiernos de concentración; el fortalecimiento del movimiento obrero, con el crecimiento de CNT y UGT; la radicalización de algunos sectores socialistas tras la Revolución Rusa; y el aumento de la violencia política, como el asesinato del presidente del Gobierno Eduardo Dato en 1921.

En definitiva, la crisis de 1917 reflejó el agotamiento del sistema de la Restauración y el auge de los movimientos sociales y obreros, dejando un país políticamente inestable y socialmente conflictivo.

La crisis de la Restauración durante el reinado de Alfonso XIII (1902-1931)

A comienzos del siglo XX, España vivió importantes cambios sociales: industrialización concentrada en Cataluña, Asturias, Euskadi y Madrid; crecimiento del sector servicios; aumento de la población urbana; expansión de clases medias y del proletariado industrial; y mayor alfabetización y difusión cultural gracias a la prensa y la radio. Aparecieron nuevas fuerzas políticas —socialistas, anarquistas y nacionalistas— que cuestionaban el sistema canovista de la Restauración.

El sistema político basado en el turno pacífico de Liberales y Conservadores se debilitó tras la muerte de Cánovas y Sagasta y por la intervención directa de Alfonso XIII, quien favoreció al Ejército y mantuvo una postura conservadora. Entre los problemas más graves estaban la conflictividad social, el anticlericalismo, los nacionalismos regionales y la guerra colonial en Marruecos.

Intentos de regeneración

Los gobiernos de Maura (1907-1909) y Canalejas (1910-1912) intentaron regenerar el sistema. Maura promovió la «revolución desde arriba», buscando reformar el sistema desde el poder para evitar conflictos sociales: impulsó medidas sociales, intentó limitar el caciquismo y acercarse al nacionalismo catalán, aunque fracasó en varios intentos. La Semana Trágica de 1909 en Barcelona provocó violencia y la caída de Maura. Canalejas continuó las reformas hasta su asesinato en 1912, frustrando la regeneración.

Entre 1914 y 1918, la Primera Guerra Mundial, pese a la neutralidad española, generó crecimiento económico, inflación y aumento de desigualdades, reforzando la conflictividad social. La crisis de 1917 tuvo tres dimensiones: militar (rebelión de Juntas de Defensa), política (Asamblea de Parlamentarios) y social (huelga general de UGT y CNT).

Tras 1917, la Restauración entró en descomposición: los partidos tradicionales se fragmentaron, los gobiernos de concentración fueron inestables, aumentaron las huelgas y las protestas campesinas, y surgió el pistolerismo en Cataluña durante la huelga de «La Canadiense» (1919). El Desastre de Annual (1921) evidenció la incapacidad militar y el fracaso de la política colonial, agravando la crisis política y social.

Conclusión

En conclusión, durante el reinado de Alfonso XIII, España vivió una modernización social incompleta y una creciente deslegitimación del sistema de la Restauración, marcada por reformas limitadas, conflictividad obrera, nacionalismos y crisis colonial. La «revolución desde arriba» de Maura refleja el intento de reformar el sistema desde el poder, aunque sus limitaciones mostraron la necesidad de cambios profundos que no llegaron hasta la dictadura de Primo de Rivera en 1923.

«La realidad es esta: la inmensa mayoría del pueblo español…» (discurso de Antonio Maura, 1901)

Contexto y naturaleza del texto

Estamos ante un texto político e histórico, un discurso pronunciado por Antonio Maura en 1901, antes de llegar al Gobierno en 1907, que constituye una fuente primaria al ser el propio Maura quien se dirige al pueblo español. El destinatario del texto es el público general, ya que su objetivo es dar a conocer la situación política del país y concienciar a la población sobre la necesidad de participación y unidad.

En las primeras líneas, Maura analiza la participación social, señalando que la gran mayoría del pueblo español se abstiene de la vida política y no contribuye al cambio, criticando a grupos como socialistas, anarquistas y liberales, a los que compara con «estrellas del firmamento»: individualmente débiles, pero con potencial para iluminar y dar fuerza al país si actuaran unidos. De este modo, el autor enfatiza que la abstención perjudica tanto a los ciudadanos como a la sociedad en su conjunto.

En el plano político, Maura divide el parlamento en «fracciones gobernantes», mostrando que grupos como carlistas o republicanos carecen de peso individual y, por ello, no pueden generar unidad ni ejercer una acción eficaz en la dirección del país. Según él, para que España funcione correctamente es imprescindible un gobierno unido, pero también ciudadanos comprometidos que mantengan comunicación con sus representantes. La frase «…falta de trato y comunicación entre el Gobierno y el pueblo» resume esta crítica, evidenciando el divorcio entre gobernantes y gobernados que limita la eficacia de las instituciones. Aunque el texto no aborda de forma explícita cuestiones económicas, se insinúa que la falta de unidad y participación política afecta directamente a la dirección de los negocios de la nación, incluyendo decisiones sociales y administrativas.

El contexto histórico del discurso se sitúa en la etapa posterior al turnismo canovista, caracterizado por la alternancia pactada de los partidos para controlar las elecciones y la presidencia, lo que generaba desinterés y abstención entre la población. España atravesaba así una crisis política y social, con fragmentación de los partidos y poca legitimidad del sistema parlamentario. Más adelante, cuando Maura llegó al Gobierno en 1907, aplicó reformas regeneracionistas como la protección de la industria nacional, la creación de mancomunidades, reformas electorales y mejoras sociales, con el objetivo de aumentar la eficacia del Estado y favorecer la participación ciudadana.

La idea central del texto es que la falta de compromiso político del pueblo y la fragmentación de los grupos parlamentarios impiden que España avance, y que solo mediante la unión y la comunicación entre Gobierno y ciudadanos es posible lograr el progreso del país. El discurso de Maura, aunque escrito en 1901, mantiene una notable actualidad, ya que fenómenos similares se observaron en España en 2016, con falta de participación ciudadana y gobiernos que priorizan sus intereses frente a los de la nación. En conclusión, Maura defiende la unión y la colaboración como únicas vías para avanzar, subrayando que la política requiere tanto compromiso ciudadano como eficacia institucional para garantizar el bienestar de la sociedad.

«Al país y al ejército: españoles: ha llegado para nosotros el momento más temido…» (Manifiesto de Miguel Primo de Rivera, 13 de septiembre de 1923)

Nos encontramos ante un texto político e histórico, concretamente un manifiesto político‑programático, ya que en él se expone y justifica una acción política concreta: el golpe de Estado del 13 de septiembre de 1923. No es un texto jurídico, pues no establece leyes, sino que pretende legitimar una ruptura del orden constitucional. Se trata de una fuente primaria, ya que fue redactado por uno de los protagonistas directos de los hechos, el capitán general Miguel Primo de Rivera.

El autor del texto es Miguel Primo de Rivera, militar y político español, quien encabezó el golpe de Estado que puso fin al sistema parlamentario de la Restauración.

La procedencia del texto es el diario La Vanguardia, donde fue publicado el 13 de septiembre de 1923, coincidiendo con el inicio del pronunciamiento militar.

Desde el punto de vista político, Primo de Rivera denuncia la corrupción del sistema parlamentario, responsabilizando a los partidos políticos del deterioro moral, institucional y nacional que España arrastraba desde el Desastre de 1898. Critica el turnismo, el reparto del poder y la incapacidad de los políticos para gobernar eficazmente, justificando así la intervención del Ejército como única solución posible. En el plano social, el manifiesto menciona la violencia, la inseguridad, la indisciplina social, la propaganda comunista y el separatismo, presentando un país sumido en el desorden y la decadencia moral. En el aspecto económico, se menciona la bajada del valor de la moneda, la mala gestión de los gastos públicos y la crisis de la producción agrícola e industrial, lo que refuerza la idea de un Estado ineficaz y corrupto.

El contexto histórico del texto es el final del sistema de la Restauración borbónica (1874-1931), concretamente en 1923. España atravesaba una profunda crisis política, social y militar: el descrédito del parlamentarismo, el caciquismo, la conflictividad social, el auge de los nacionalismos periféricos y, especialmente, la guerra de Marruecos, agravada tras el Desastre de Annual en 1921. Todo ello favoreció que sectores del Ejército y de las élites vieran en una solución autoritaria la única salida posible.

La idea central del texto es presentar el golpe de Estado como una acción necesaria y legítima para salvar a España del caos, justificándolo como una respuesta al supuesto clamor del «pueblo sano» y a la incapacidad de los políticos. Primo de Rivera defiende la suspensión de la legalidad constitucional y la instauración de un Directorio Militar como medida regeneradora y provisional.

Comentario de texto: Manifiesto de Huelga General (1917)

«A los obreros y a la opinión pública: ha llegado el momento de poner en …»

Nos encontramos ante un texto político y social, conocido como el Manifiesto de Huelga General de 1917, redactado por los dirigentes de la UGT (Unión General de Trabajadores) y la CNT (Confederación Nacional del Trabajo). Se trata de una fuente primaria, escrita en Madrid el 27 de marzo de 1917 y publicada en La Correspondencia de España, en la que los sindicatos explican las razones de la huelga y llaman a la unidad de los trabajadores para defender sus derechos. El destinatario del texto es público, dirigido tanto al conjunto de la población como al gobierno español.

El contenido del manifiesto es principalmente social y político. En primer lugar, se denuncia la miseria y las dificultades que sufría la clase obrera, consecuencia del paro, la subida de precios y la falta de interés del gobierno. Se critica la corrupción de las instituciones y el régimen político, considerado ficticio y manejado por oligarcas. En segundo lugar, el texto expone la propuesta de acción: la unión de los dos sindicatos principales, UGT (socialista) y CNT (anarquista), para convocar una huelga general indefinida como herramienta para exigir cambios y la creación de un Gobierno provisional que prepare elecciones libres y justas. También se recalca que los trabajadores no buscan el desorden, sino defender los derechos de todo el pueblo español.

El contexto histórico del texto se sitúa en la crisis final de la Restauración borbónica (1874-1931) durante el reinado de Alfonso XIII. El sistema del turnismo se encontraba agotado, y el país atravesaba tensiones sociales, políticas y económicas agravadas por el impacto de la Primera Guerra Mundial, el aumento de precios y el paro. La huelga de 1917 surgió en un contexto de inestabilidad, donde el Ejército ya tenía gran poder y precedentes de represión, como la Semana Trágica de Barcelona. Las principales zonas de movilización fueron Madrid, Barcelona, Valencia y los enclaves mineros de Asturias y Vizcaya.

Aunque la huelga no logró derribar el sistema, dejó tocado al gobierno y marcó la creciente radicalización del movimiento obrero, que se proyectó en los años siguientes con influencias de la Revolución Rusa y conflictos rurales, especialmente en Andalucía. Finalmente, la represión y el posterior golpe de Primo de Rivera anularon los derechos sindicales y prohibieron la organización obrera.

La idea central del manifiesto es que la huelga general era la herramienta más poderosa para exigir cambios sociales y políticos, defender los derechos de los trabajadores y obligar al gobierno a actuar frente a la crisis social, económica y política que sufría España.

«Parecería trabajo pueril, ante la magnitud aterradora de la catástrofe» (General Polavieja, 1898)

Nos encontramos ante un texto político e histórico, redactado por el general Polavieja y publicado el 1 de septiembre de 1898. Se trata de una fuente primaria, ya que el propio Polavieja expone su visión sobre los problemas que aquejaban a España y propone soluciones concretas para la mejora del país. El destinatario del texto es público, dirigido tanto a los gobernantes como a la sociedad española en general, con el fin de mostrar la gravedad de la situación tras la crisis nacional y de sugerir medidas de regeneración política, social y económica.

El contenido del texto es político, social y económico. En el plano político, Polavieja insiste en la necesidad de purificar la administración y eliminar el caciquismo, además de reorganizar los tribunales para recuperar la confianza de la población en la justicia. Desde el punto de vista social, destaca la importancia de elevar la educación, preparando a los jóvenes para la vida y la ciudadanía útil. En cuanto al aspecto económico, propone restaurar la hacienda pública, haciendo que todos los ciudadanos contribuyan según su riqueza y eliminando las irregularidades en los impuestos. También subraya la necesidad de descentralizar la administración, permitiendo que las regiones más avanzadas puedan desarrollarse sin las trabas del poder central, aunque siempre manteniendo la unidad política del país.

El contexto histórico se sitúa tras el Desastre del 98, que supuso la pérdida de las últimas colonias españolas en América y Asia y marcó una profunda crisis política, social y económica en España. La derrota colonial puso de manifiesto la debilidad de las instituciones y la necesidad de reformas en todos los ámbitos del Estado. Polavieja, como militar y político, se inscribe dentro del movimiento regeneracionista, que buscaba modernizar España y corregir los problemas del caciquismo, la corrupción y la mala gestión administrativa.

La idea central del texto es que España necesita una reforma profunda de la educación, la justicia, la administración y la economía, acompañada de una descentralización administrativa que permita el desarrollo regional, pero siempre bajo un poder central fuerte que mantenga la unidad del país. Polavieja considera estas medidas imprescindibles para evitar que los problemas que llevaron al desastre se repitan.

Conclusión

En definitiva, el Manifiesto de Polavieja refleja la conciencia de crisis que vivía España tras 1898 y propone soluciones regeneracionistas para corregir los males del país. El texto evidencia la preocupación por la educación, la justicia, la administración y la economía, subrayando la necesidad de combinar descentralización con unidad política. Representa un ejemplo del pensamiento de la época, en la que los sectores políticos y militares buscaban reformar España tras el fin del imperio colonial y preparar al país para un futuro más estable y eficiente.

Seguidamente se dio lectura a las dos proposiciones… (Acta de la Asamblea de Parlamentarios de Barcelona, 5 de julio de 1917)

Nos encontramos ante un texto político e histórico, correspondiente al Acta de la Asamblea de Parlamentarios de Barcelona, redactada el 5 de julio de 1917. Se trata de una fuente primaria, ya que recoge las decisiones y propuestas de los parlamentarios presentes en la reunión, con el objetivo de establecer un marco legal y administrativo más autónomo para municipios y regiones.

El destinatario es público, dirigido tanto al Gobierno central como a la sociedad, para mostrar la postura de los representantes catalanes sobre la organización territorial y administrativa de España.

El contenido del texto es principalmente político y social. En el plano político, se propone una mayor autonomía administrativa para los municipios y para las regiones españolas, lo que permitiría a cada territorio desarrollarse con libertad dentro de la unidad nacional. Además, se insta a que el Parlamento español se reúna cuanto antes para dar carácter legal a estas decisiones y resolver otros problemas actuales. Desde el punto de vista social, estas medidas buscan mejorar la organización local y regional, fomentando la participación de los ciudadanos en la gestión de sus propios asuntos y asegurando un desarrollo equilibrado de todos los territorios.

El contexto histórico del texto se sitúa en plena crisis de la Restauración (1874-1931), en un momento en que España atravesaba inestabilidad política, descontento regional y creciente reivindicación de los nacionalismos periféricos, especialmente en Cataluña. La guerra de Marruecos y la huelga general de 1917 también contribuyeron a la percepción de que el sistema centralista y el Parlamento necesitaban reformas para atender las demandas locales y regionales. Este documento refleja las aspiraciones de los parlamentarios catalanes por descentralizar el poder y mejorar la eficiencia del Estado, dentro de un marco que mantuviera la unidad nacional.

La idea central del texto es que España requiere un régimen de autonomía administrativa para municipios y regiones, que permita su desarrollo sin interferencias excesivas del poder central, y que el Parlamento actúe de manera inmediata para legalizar estas propuestas. Se busca un equilibrio entre libertad local y unidad nacional, de modo que todos los territorios puedan crecer y organizarse adecuadamente.