Carlos IV, la Guerra de la Independencia y las Cortes de Cádiz: causas, fases y consecuencias

El reinado de Carlos IV y la Guerra de la Independencia

El reinado de Carlos IV (1788-1808): continuidad y crisis

En diciembre de 1788 falleció Carlos III y le sucedió su hijo Carlos IV. Los acontecimientos de su reinado condujeron a la Guerra de la Independencia frente a la invasión napoleónica y a una profunda crisis del Antiguo Régimen en España, cuestionando la monarquía absoluta y el régimen señorial e iniciando el tránsito hacia un modelo liberal y representativo. En sus primeros años, el reinado de Carlos IV fue una continuación del de su padre. Mantuvo a ministros como Floridablanca y el conde de Aranda, en quienes delegó el poder. Esta situación cambió con el ascenso político de Manuel Godoy, primer ministro desde 1792, cuyo papel recordó al de los validos del siglo XVII. Dos hechos marcaron decisivamente el reinado: la Revolución francesa de 1789 y el ascenso de Napoleón Bonaparte.

La política exterior de Godoy y la relación con Francia

La Revolución francesa obligó a la monarquía española a adoptar una política preventiva para evitar la difusión de ideas revolucionarias, al tiempo que se sentía comprometida a apoyar a los reyes franceses por lazos familiares. La política exterior de Godoy hacia Francia se desarrolló en dos etapas:

  • Hostilidad (1793-1795): Comenzó con el intento fallido de salvar la vida de Luis XVI y terminó con la derrota española y la firma de la Paz de Basilea en 1795.
  • Alianza (1796-1808): Coincidió con el ascenso de Napoleón. España y Francia firmaron varios pactos, recuperando los Pactos de Familia y estableciendo una clara subordinación española. En 1796 se firmó el Tratado de San Ildefonso contra Inglaterra y Portugal.

Esta política provocó graves fracasos, como la Guerra de las Naranjas en 1801 y la derrota naval de Trafalgar en 1805, lo que deterioró la imagen de Godoy. La desconfianza de Napoleón llevó a la firma del Tratado de Fontainebleau el 27 de octubre de 1807, que permitió la entrada y el acuartelamiento de tropas francesas en España, suponiendo en la práctica una ocupación encubierta del país.

La crisis de 1808: Motín de Aranjuez y Abdicaciones de Bayona

En 1808, España atravesaba una grave crisis económica, política y social: aumento de precios, colapso del comercio exterior tras Trafalgar, endeudamiento del Estado y un fuerte descontento contra Carlos IV y Godoy. Ante las intenciones de Napoleón, Godoy decidió trasladar a la familia real fuera de Madrid. En Aranjuez, los partidarios del príncipe de Asturias provocaron el Motín de Aranjuez el 17 de marzo de 1808.

Como consecuencia, Godoy fue destituido y Carlos IV abdicó en su hijo Fernando VII. El conflicto entre padre e hijo fue aprovechado por Napoleón, que los reunió en Bayona. Allí Fernando devolvió el trono a su padre y este cedió sus derechos a Napoleón, quien los transfirió a su hermano José Bonaparte, proclamado rey como José I, en las conocidas Abdicaciones de Bayona.

El vacío de poder y el reinado de José I

La salida de la familia real dejó un vacío de poder en España. José I no consiguió el apoyo suficiente de las élites ilustradas debido al carácter invasor del dominio napoleónico. Intentó aplicar las reformas del Estatuto de Bayona, una carta otorgada de carácter liberal que pretendía acabar con el Antiguo Régimen mediante la igualdad ante la ley, la desamortización de bienes de la Iglesia y de los grandes de España, la abolición de los señoríos jurisdiccionales y la supresión de la Inquisición.

El gobierno de José I contó con el apoyo de los afrancesados, que veían en él una oportunidad para implantar el liberalismo en España. Sin embargo, la mayoría del pueblo apoyó a Fernando VII. El vacío de poder fue cubierto por juntas locales y provinciales, coordinadas en la Junta Suprema Central en septiembre de 1808, que convocó Cortes. Por primera vez, los españoles ejercieron la soberanía nacional, iniciándose la revolución liberal.

El reinado de Carlos IV y la Guerra de la Independencia (repetición)

El reinado de Carlos IV (1788-1808): continuidad y crisis

En diciembre de 1788 falleció Carlos III y le sucedió su hijo Carlos IV. Los acontecimientos de su reinado condujeron a la Guerra de la Independencia frente a la invasión napoleónica y a una profunda crisis del Antiguo Régimen en España, cuestionando la monarquía absoluta y el régimen señorial e iniciando el tránsito hacia un modelo liberal y representativo. En sus primeros años, el reinado de Carlos IV fue una continuación del de su padre. Mantuvo a ministros como Floridablanca y el conde de Aranda, en quienes delegó el poder. Esta situación cambió con el ascenso político de Manuel Godoy, primer ministro desde 1792, cuyo papel recordó al de los validos del siglo XVII. Dos hechos marcaron decisivamente el reinado: la Revolución francesa de 1789 y el ascenso de Napoleón Bonaparte.

La política exterior de Godoy y la relación con Francia

La Revolución francesa obligó a la monarquía española a adoptar una política de prevención para evitar la difusión de ideas revolucionarias, al tiempo que se sentía comprometida a apoyar a los reyes franceses por lazos familiares. La política exterior de Godoy hacia Francia se desarrolló en dos etapas. La primera etapa fue de hostilidad hacia Francia (1793-1795). Comenzó con el intento fallido de salvar la vida de Luis XVI y terminó con la derrota española y la firma de la Paz de Basilea en 1795. La segunda etapa fue de alianza con Francia (1796-1808), coincidiendo con el ascenso de Napoleón. España y Francia firmaron varios pactos, recuperando los Pactos de Familia y estableciendo una clara subordinación española. En 1796 se firmó el Tratado de San Ildefonso contra Inglaterra y Portugal. Esta política provocó graves fracasos, como la Guerra de las Naranjas en 1801 y la derrota naval de Trafalgar en 1805, lo que deterioró la imagen de Godoy. La desconfianza de Napoleón llevó a la firma del Tratado de Fontainebleau el 27 de octubre de 1807, que permitió la entrada y el acuartelamiento de tropas francesas en España, suponiendo en la práctica una ocupación encubierta del país.

La crisis de 1808: Motín de Aranjuez y Abdicaciones de Bayona

En 1808, España atravesaba una grave crisis económica, política y social, con aumento de precios, colapso del comercio exterior tras Trafalgar, endeudamiento del Estado y un fuerte descontento contra Carlos IV y Godoy. Ante las intenciones de Napoleón, Godoy decidió trasladar a la familia real fuera de Madrid. En Aranjuez, los partidarios del príncipe de Asturias provocaron el Motín de Aranjuez el 17 de marzo de 1808.

Como consecuencia, Godoy fue destituido y Carlos IV abdicó en su hijo Fernando VII. El conflicto entre padre e hijo fue aprovechado por Napoleón, que los reunió en Bayona. Allí Fernando devolvió el trono a su padre, y este cedió sus derechos a Napoleón, quien los transfirió a su hermano José Bonaparte, proclamado rey como José I, en las Abdicaciones de Bayona.

El vacío de poder y el reinado de José I

La salida de la familia real dejó un vacío de poder en España. José I no consiguió el apoyo suficiente de las élites ilustradas debido al carácter invasor del dominio napoleónico. Intentó aplicar las reformas del Estatuto de Bayona, una carta otorgada de carácter liberal que pretendía acabar con el Antiguo Régimen mediante la igualdad ante la ley, la desamortización de bienes de la Iglesia y de los grandes de España, la abolición de los señoríos jurisdiccionales y la supresión de la Inquisición.

El gobierno de José I contó con el apoyo de los afrancesados, que veían en él una oportunidad para implantar el liberalismo en España. Sin embargo, la mayoría del pueblo apoyó a Fernando VII. El vacío de poder fue cubierto por juntas locales y provinciales, coordinadas en la Junta Suprema Central en septiembre de 1808, que convocó Cortes. Por primera vez, los españoles ejercieron la soberanía nacional, iniciándose la revolución liberal.

La Guerra de la Independencia: bandos y fases

El levantamiento de 1808 y el carácter de la guerra

El 2 de mayo de 1808 se produjo en Madrid el primer levantamiento contra la ocupación napoleónica. La insurrección fue de carácter popular, aunque participaron también algunos sectores del ejército. Las tropas francesas al mando de Murat sofocaron el alzamiento, pero la resistencia se extendió rápidamente por el país.

La Guerra de la Independencia fue una guerra de liberación y de resistencia popular frente a una invasión extranjera. No fue solo un enfrentamiento entre los ejércitos español y francés, sino la sublevación de toda una nación. El conflicto tuvo además un trasfondo ideológico, enfrentando a los defensores del absolutismo con quienes reclamaban un régimen representativo y de libertades. Dentro de estos últimos se diferenciaron los afrancesados, colaboradores del régimen napoleónico, y los liberales, que lucharon tanto contra el invasor como por un cambio político.

Durante la guerra desempeñaron un papel fundamental las guerrillas, como la dirigida por Espoz y Mina, y la ayuda británica encabezada por el duque de Wellington.

Las fases de la Guerra de la Independencia (1808-1813)

Entre mayo y noviembre de 1808, las fuerzas francesas dominaron la situación inicial aprovechando la indecisión de las autoridades españolas. José I se instaló en Madrid y los franceses controlaron el norte y el centro peninsular. Sin embargo, al avanzar hacia el sur fueron derrotados por el ejército español dirigido por el general Castaños en la batalla de Bailén, lo que impidió la conquista de Andalucía y provocó la salida de José I de Madrid.

En noviembre de 1808, Napoleón decidió intervenir personalmente. Al frente de la Grande Armée derrotó a las tropas españolas en Somosierra y entró de nuevo en Madrid.

Entre 1809 y 1812, la guerra se caracterizó por los asedios franceses a ciudades como Zaragoza, Gerona y Valencia, que ofrecieron una fuerte resistencia. Ante la imposibilidad de vencer en batallas convencionales, se desarrolló una intensa guerra de guerrillas. Durante este periodo, la Junta Suprema se refugió en Cádiz.

En la fase final, entre 1812 y 1813, la alianza con Inglaterra resultó decisiva. Las fuerzas anglo-portuguesas, junto con las españolas, avanzaron desde la frontera portuguesa y derrotaron a los franceses en los Arapiles y en San Marcial, coincidiendo con el fracaso de Napoleón en Rusia. La derrota definitiva en la batalla de Vitoria obligó a Napoleón a firmar el Tratado de Valençay en diciembre de 1813 y a devolver el trono a Fernando VII.

La Guerra de la Independencia: bandos y fases (repetición)

El levantamiento de 1808 y el carácter de la guerra

El 2 de mayo de 1808 se produjo en Madrid el primer levantamiento contra la ocupación napoleónica. La insurrección fue de carácter popular, aunque participaron también algunos sectores del ejército. Las tropas francesas al mando de Murat sofocaron el alzamiento, pero la resistencia se extendió rápidamente por el país.

La Guerra de la Independencia fue una guerra de liberación y de resistencia popular frente a una invasión extranjera. No fue solo un enfrentamiento entre los ejércitos español y francés, sino la sublevación de toda una nación. El conflicto tuvo además un trasfondo ideológico, enfrentando a los defensores del absolutismo con quienes reclamaban un régimen representativo y de libertades. Dentro de estos últimos se diferenciaron los afrancesados, colaboradores del régimen napoleónico, y los liberales, que lucharon tanto contra el invasor como por un cambio político.

Durante la guerra desempeñaron un papel fundamental las guerrillas, como la dirigida por Espoz y Mina, y la ayuda británica encabezada por el duque de Wellington.

Las fases de la Guerra de la Independencia (1808-1813)

Entre mayo y noviembre de 1808, las fuerzas francesas dominaron la situación inicial aprovechando la indecisión de las autoridades españolas. José I se instaló en Madrid y los franceses controlaron el norte y el centro peninsular. Sin embargo, al avanzar hacia el sur fueron derrotados por el ejército español dirigido por el general Castaños en la batalla de Bailén, lo que impidió la conquista de Andalucía y provocó la salida de José I de Madrid.

En noviembre de 1808, Napoleón decidió intervenir personalmente. Al frente de la Grande Armée derrotó a las tropas españolas en Somosierra y entró de nuevo en Madrid.

Entre 1809 y 1812, la guerra se caracterizó por los asedios franceses a ciudades como Zaragoza, Gerona y Valencia, que ofrecieron una fuerte resistencia. Ante la imposibilidad de vencer en batallas convencionales, se desarrolló una intensa guerra de guerrillas. Durante este periodo, la Junta Suprema se refugió en Cádiz.

En la fase final, entre 1812 y 1813, la alianza con Inglaterra resultó decisiva. Las fuerzas anglo-portuguesas, junto con las españolas, avanzaron desde la frontera portuguesa y derrotaron a los franceses en los Arapiles y en San Marcial, coincidiendo con el fracaso de Napoleón en Rusia. La derrota definitiva en la batalla de Vitoria obligó a Napoleón a firmar el Tratado de Valençay en diciembre de 1813 y a devolver el trono a Fernando VII.

Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812

El inicio de la revolución liberal y la creación de las juntas

Con la Guerra de la Independencia se inició la revolución liberal en España. Ante el vacío de poder y para enfrentar al gobierno francés, surgieron las Juntas Locales, que asumieron el poder en nombre de Fernando VII y organizaron la resistencia. Estas se agruparon en Juntas Provinciales, coordinadas finalmente en la Junta Suprema Central en septiembre de 1808, que impulsó la convocatoria de Cortes para reformas políticas, sociales y económicas.

La Junta Suprema Central y el Consejo de Regencia

La Junta Suprema Central se instaló en Aranjuez. Presidida por Floridablanca y formada por 35 miembros, coordinó las funciones de las juntas locales y provinciales. La invasión francesa de Andalucía obligó a traspasar los poderes a un Consejo de Regencia de cinco miembros en Cádiz, encargado de dirigir la guerra.

La Guerra de la Independencia: bandos y fases (segunda repetición)

El levantamiento de 1808 y el carácter de la guerra

El 2 de mayo de 1808 se produjo en Madrid el primer levantamiento contra la ocupación napoleónica. La insurrección fue de carácter popular, aunque participaron también algunos sectores del ejército. Las tropas francesas al mando de Murat sofocaron el alzamiento, pero la resistencia se extendió rápidamente por el país.

La Guerra de la Independencia fue una guerra de liberación y de resistencia popular frente a una invasión extranjera. No fue solo un enfrentamiento entre los ejércitos español y francés, sino la sublevación de toda una nación. El conflicto tuvo además un trasfondo ideológico, enfrentando a los defensores del absolutismo con quienes reclamaban un régimen representativo y de libertades. Dentro de estos últimos se diferenciaron los afrancesados, colaboradores del régimen napoleónico, y los liberales, que lucharon tanto contra el invasor como por un cambio político.

Durante la guerra desempeñaron un papel fundamental las guerrillas, como la dirigida por Espoz y Mina, y la ayuda británica encabezada por el duque de Wellington.

Las fases de la Guerra de la Independencia (1808-1813)

Entre mayo y noviembre de 1808, las fuerzas francesas dominaron la situación inicial aprovechando la indecisión de las autoridades españolas. José I se instaló en Madrid y los franceses controlaron el norte y el centro peninsular. Sin embargo, al avanzar hacia el sur fueron derrotados por el ejército español dirigido por el general Castaños en la batalla de Bailén, lo que impidió la conquista de Andalucía y provocó la salida de José I de Madrid.

En noviembre de 1808, Napoleón decidió intervenir personalmente. Al frente de la Grande Armée derrotó a las tropas españolas en Somosierra y entró de nuevo en Madrid.

Entre 1809 y 1812, la guerra se caracterizó por los asedios franceses a ciudades como Zaragoza, Gerona y Valencia, que ofrecieron una fuerte resistencia. Ante la imposibilidad de vencer en batallas convencionales, se desarrolló una intensa guerra de guerrillas. Durante este periodo, la Junta Suprema se refugió en Cádiz.

En la fase final, entre 1812 y 1813, la alianza con Inglaterra resultó decisiva. Las fuerzas anglo-portuguesas, junto con las españolas, avanzaron desde la frontera portuguesa y derrotaron a los franceses en los Arapiles y en San Marcial, coincidiendo con el fracaso de Napoleón en Rusia. La derrota definitiva en la batalla de Vitoria obligó a Napoleón a firmar el Tratado de Valençay en diciembre de 1813 y a devolver el trono a Fernando VII.

Convocatoria y composición de las Cortes de Cádiz

En 1810 comenzaron las sesiones de las Cortes en la Isla de León. Por presión liberal, se reunieron como asamblea única, con sufragio universal masculino. La ocupación francesa obligó a sustituir algunos diputados por suplentes gaditanos, predominando los liberales. Existían tres grupos: liberales (fin del Antiguo Régimen y sistema parlamentario), absolutistas (mantenimiento del régimen) e ilustrados o jovellanistas (monarquía con reformas). Los liberales lideraron la labor legislativa.

Carácter social y político de las Cortes

La composición fue mayoritariamente liberal y burguesa, con mínima representación de estamentos privilegiados y casi nula del campesinado o sectores populares.

Principios fundamentales aprobados por las Cortes

Se proclamó la soberanía nacional, poniendo fin al poder real de origen divino. Se estableció la división de poderes: legislativo (Cortes), ejecutivo (Rey) y judicial (tribunales). Se proclamó a Fernando VII como rey legítimo.

La obra legislativa de las Cortes de Cádiz

Se abolieron las instituciones feudales, el señorío jurisdiccional, el tormento judicial y las pruebas de nobleza. Se suprimieron gremios y la Mesta, se permitió vender, arrendar y cercar tierras, se limitaron los mayorazgos y se desamortizaron bienes nobiliarios. También se abolió la Inquisición y se reconocieron libertades individuales, incluida la libertad de imprenta, eliminando la censura previa.

La Constitución de 1812

La Constitución de 19 de marzo de 1812 fue la primera constitución española, resultado del compromiso entre liberales y absolutistas, con predominio liberal. Consta de 384 artículos repartidos en diez títulos y un sistema de reforma rígido.

Principios

  • Soberanía nacional: fin de la monarquía absoluta; la autoridad suprema es la nación, representada por las Cortes.
  • División de poderes: legislativo (Cortes), ejecutivo (Rey) y judicial (tribunales).
  • Poder legislativo: Cortes unicamerales con amplias competencias; el Rey no podía suspender ni disolver las Cortes. Diputación permanente para asegurar reuniones anuales. Diputados con mandato de dos años, renta mínima y voto individual.
  • Poder ejecutivo: Rey con limitaciones; competencias: ejecutar leyes, nombrar ministros, declarar la guerra, dirigir ejércitos y firmar la paz.
  • Poder judicial: tribunales independientes; se prohíbe la intervención del Rey y las Cortes, estableciendo garantías procesales y un código único.
  • Sufragio: masculino y censitario (muy restringido por censos económicos).
  • Derechos fundamentales: igualdad ante la ley, inviolabilidad del domicilio, libertad de prensa, educación elemental, garantías procesales y fiscales. Tributos y servicio militar universales.
  • Religión: católica como oficial y única.

La Constitución se convirtió en referente del liberalismo y fue derogada y repuesta varias veces: 1812-1814, 1820-1823 (Trienio Liberal), 1836-1837 (regencia de María Cristina). Aunque su aplicación fue limitada por la guerra y las derogaciones, sirvió de modelo para constituciones posteriores en España y otros países.

Convocatoria y composición de las Cortes de Cádiz (repetición)

En 1810 comenzaron las sesiones de las Cortes en la Isla de León. Por presión liberal, se reunieron como asamblea única, con sufragio universal masculino. La ocupación francesa obligó a sustituir algunos diputados por suplentes gaditanos, predominando los liberales. Existían tres grupos: liberales (fin del Antiguo Régimen y sistema parlamentario), absolutistas (mantenimiento del régimen) e ilustrados o jovellanistas (monarquía con reformas). Los liberales lideraron la labor legislativa.

Carácter social y político de las Cortes (repetición)

La composición fue mayoritariamente liberal y burguesa, con mínima representación de estamentos privilegiados y casi nula del campesinado o sectores populares.

Principios fundamentales aprobados por las Cortes (repetición)

Se proclamó la soberanía nacional, poniendo fin al poder real de origen divino. Se estableció la división de poderes: legislativo (Cortes), ejecutivo (Rey) y judicial (tribunales). Se proclamó a Fernando VII como rey legítimo.

La obra legislativa de las Cortes de Cádiz (repetición)

Se abolieron las instituciones feudales, el señorío jurisdiccional, el tormento judicial y las pruebas de nobleza. Se suprimieron gremios y la Mesta, se permitió vender, arrendar y cercar tierras, se limitaron los mayorazgos y se desamortizaron bienes nobiliarios. También se abolió la Inquisición y se reconocieron libertades individuales, incluida la libertad de imprenta, eliminando la censura previa.

La Constitución de 1812 (repetición)

La Constitución de 19 de marzo de 1812 fue la primera constitución española, resultado del compromiso entre liberales y absolutistas, con predominio liberal. Consta de 384 artículos repartidos en diez títulos y un sistema de reforma rígido.

Principios (repetición)

  • Soberanía nacional: fin de la monarquía absoluta, autoridad suprema en la nación representada por las Cortes.
  • División de poderes: legislativo (Cortes), ejecutivo (Rey) y judicial (tribunales).
  • Poder legislativo: Cortes unicamerales con amplias competencias; el Rey no podía suspender ni disolver las Cortes. Diputación permanente para asegurar reuniones anuales. Diputados con mandato de dos años, renta mínima y voto individual.
  • Poder ejecutivo: Rey, con limitaciones. Competencias: ejecutar leyes, nombrar ministros, declarar la guerra, dirigir ejércitos y firmar la paz.
  • Poder judicial: tribunales independientes; se prohíbe intervención del Rey y las Cortes, estableciendo garantías procesales y código único.
  • Sufragio: masculino muy censitario.
  • Derechos fundamentales: igualdad ante la ley, inviolabilidad del domicilio, libertad de prensa, educación elemental, garantías procesales y fiscales. Tributos y servicio militar universales.
  • Religión: católica como oficial y única.

La Constitución se convirtió en referente del liberalismo y fue derogada y repuesta varias veces: 1812-1814, 1820-1823 (Trienio Liberal), 1836-1837 (regencia de María Cristina). Aunque su aplicación fue limitada por la guerra y las derogaciones, sirvió de modelo para constituciones posteriores en España y otros países.

El reinado de Fernando VII. La cuestión sucesoria

Sexenio Absolutista (1814–1820)

  • Fernando VII regresó a España en 1814 tras la Guerra de la Independencia.
  • Rechazó la Constitución de 1812 y la obra de las Cortes de Cádiz.
  • Apoyado por el ejército y los absolutistas (Manifiesto de los Persas).
  • Con el Decreto de Valencia (1814) anuló la Constitución y restauró el Antiguo Régimen.
  • Represión de liberales y afrancesados: exilios, conspiraciones y pronunciamientos.
  • Restablecimiento de privilegios feudales y devolución de bienes.
  • Grave crisis económica: destrucción agrícola e industrial, pérdida de las colonias americanas y ruina de la Hacienda.

Trienio Liberal (1820–1823)

  • Triunfo del pronunciamiento de Rafael de Riego (1820).
  • Fernando VII se vio obligado a jurar la Constitución de 1812.
  • Se restauró el sistema constitucional:
  • Supresión de la Inquisición.
  • Desamortización eclesiástica (inicio).
  • Eliminación de señoríos y mayorazgos.
  • Reforma fiscal y reconocimiento de derechos y libertades.

División liberal:

  • Moderados (hasta 1822): mayor papel del rey.
  • Exaltados (desde 1822): el rey solo debía tener poder ejecutivo.

Oposición absolutista: Guardia Real y la Regencia de Urgel. Fernando conspiró contra el liberalismo y pidió ayuda a la Santa Alianza. Intervención francesa en 1823: Los Cien Mil Hijos de San Luis. Fin del régimen liberal y restauración del absolutismo.

Década Absolutista u Ominosa (1823–1833)

  • Anulación de las leyes del Trienio (excepto la Inquisición).
  • Fuerte represión contra los liberales.
  • División del absolutismo:
  • Reformistas: partidarios de reformas limitadas.
  • Apostólicos: ultrarreaccionarios, seguidores de Carlos María Isidro.

Principal problema: la sucesión al trono.

La cuestión sucesoria

  • La Ley Sálica (1713) impedía reinar a las mujeres.
  • En 1830 Fernando VII promulgó la Pragmática Sanción, permitiendo reinar a su hija Isabel II.
  • Los carlistas defendieron los derechos de Carlos María Isidro.
  • Liberales y absolutistas moderados apoyaron a Isabel.
  • En 1832, durante los sucesos de La Granja, Fernando fue presionado para anular la Pragmática, pero la restableció al recuperarse.
  • Sustituyó a los ministros carlistas por un gobierno moderado.
  • Fernando VII murió en 1833, iniciándose la regencia de María Cristina y el conflicto carlista.

El reinado de Fernando VII. La cuestión sucesoria (repetición)

Sexenio Absolutista (1814–1820)

  • Fernando VII regresó a España en 1814 tras la Guerra de Independencia.
  • Rechazó la Constitución de 1812 y la obra de las Cortes de Cádiz.
  • Apoyado por el ejército y los absolutistas (Manifiesto de los Persas).
  • Con el Decreto de Valencia (1814) anuló la Constitución y restauró el Antiguo Régimen.
  • Represión de liberales y afrancesados: exilios, conspiraciones y pronunciamientos.
  • Restablecimiento de privilegios feudales y devolución de bienes.
  • Grave crisis económica: destrucción agrícola e industrial, pérdida de las colonias americanas y ruina de la Hacienda.

Trienio Liberal (1820–1823)

  • Triunfo del pronunciamiento de Rafael de Riego (1820).
  • Fernando VII se vio obligado a jurar la Constitución de 1812.
  • Se restauró el sistema constitucional:
  • Supresión de la Inquisición.
  • Desamortización eclesiástica (inicio).
  • Eliminación de señoríos y mayorazgos.
  • Reforma fiscal y reconocimiento de derechos y libertades.

División liberal:

  • Moderados (hasta 1822): mayor papel del rey.
  • Exaltados (desde 1822): el rey solo debía tener poder ejecutivo.

Oposición absolutista: Guardia Real y Regencia de Urgel. Fernando conspiró contra el liberalismo y pidió ayuda a la Santa Alianza. Intervención francesa en 1823: Los Cien Mil Hijos de San Luis. Fin del régimen liberal y restauración del absolutismo.

Década Absolutista u Ominosa (1823–1833)

  • Anulación de las leyes del Trienio (excepto la Inquisición).
  • Fuerte represión contra los liberales.
  • División del absolutismo:
  • Reformistas: partidarios de reformas limitadas.
  • Apostólicos: ultrarreaccionarios, seguidores de Carlos María Isidro.

Principal problema: la sucesión al trono.

La cuestión sucesoria (repetición)

  • La Ley Sálica (1713) impedía reinar a las mujeres.
  • En 1830, Fernando VII promulgó la Pragmática Sanción, permitiendo reinar a su hija Isabel II.
  • Los carlistas defendieron los derechos de Carlos María Isidro.
  • Liberales y absolutistas moderados apoyaron a Isabel.
  • En 1832, durante los sucesos de La Granja, Fernando fue presionado para anular la Pragmática, pero la restableció al recuperarse.
  • Sustituyó a los ministros carlistas por un gobierno moderado.
  • Fernando VII murió en 1833, iniciándose la regencia de María Cristina y el conflicto carlista.