Reformismo dinástico y crisis de la Restauración (1898-1923): Maura, Canalejas y 1917

El reformismo dinástico

El desastre de 1898 mostró deficiencias del régimen de la Restauración y dio lugar a un reformismo político basado en las ideas regeneracionistas. Poco después, la mayoría de edad del monarca Alfonso XIII marcó el inicio de la segunda etapa de la Restauración. El fracaso del primer gobierno regeneracionista llevó al líder conservador Silvela a formar gobierno, que convocó elecciones. El nuevo gabinete mostró una cierta voluntad de renovación, por ejemplo con la presencia del general Polavieja. Se inició una política reformista con proyectos descentralizadores y una política presupuestaria. Las nuevas cargas fiscales impulsaron un boicot de los contribuyentes.

Las reformas de Maura y Canalejas

En la primavera de 1902 subió al trono el monarca Alfonso XIII. En 1903 murió Sagasta y alcanzó la jefatura el Partido Conservador con Maura. Mientras tanto, el Partido Liberal de Canalejas se afianzaba. Los políticos influidos por el regeneracionismo impulsaron proyectos de reforma desde el interior del sistema, aunque mantuvieron el turno dinástico y el falseamiento electoral.

En 1904, Antonio Maura, jefe de gobierno, tenía un espíritu renovador y reformista. Se llevó a cabo una reforma electoral (ley electoral) que no consiguió ni acabar con la corrupción ni democratizar el sistema político. El gobierno de Maura adoptó medidas económicas para reactivar la industria y promulgó la Ley de Colonización.

En 1910 Canalejas formó un gobierno liberal. Abordó la reforma del procedimiento de financiación de la Iglesia y profundizó la separación entre la Iglesia y el Estado. También aprobó leyes encaminadas a mejorar las condiciones laborales. Ante el problema de las autonomías regionales, el gobierno liberal elaboró la Ley de Mancomunidades, que aceptaba la unión de diputaciones provinciales para hacerse cargo de la gestión de algunos servicios públicos.

Al margen de los partidos dinásticos, la oposición fue reforzándose: el republicanismo se amplió con la aparición de nuevos partidos; en el movimiento obrero se fueron consolidando el socialismo y el anarcosindicalismo; los nacionalismos regionales crecieron igualmente; y la derecha carlista mantuvo su oposición. El republicanismo fue la principal fuerza de oposición, pero tuvo siempre el problema de la fragmentación en diversos grupos.

De la Semana Trágica a la huelga revolucionaria, el régimen de la Restauración fue incapaz de solucionar los conflictos sociales. En 1909 el clima de tensión, agravado por la guerra de Marruecos, estalló en la Semana Trágica, y en 1917 la situación de crisis económica desembocó en una huelga general revolucionaria.

La crisis de 1917

Triple crisis. Existía un clima de tensión social y enfrentamientos crecientes. La subida de precios equivalió a una pérdida del poder adquisitivo. En 1917 hubo una triple crisis: la militar, la política y la social; sin embargo, el sistema de la Restauración quedó desprestigiado y a punto de acabar. No obstante, este sistema sobrevivió hasta 1923.

La crisis militar. Desde 1874 no se había producido un pronunciamiento militar. Surgió el descontento generalizado por los bajos salarios y por el sistema de ascensos (con criterio de mérito de guerra), que favorecía que los militares que iban a la guerra ascendieran antes. Ante esta situación, un grupo de militares se reunió en Juntas de Armamento y Defensa. El movimiento comenzó en Barcelona y luego se fue extendiendo. Eran asociaciones de militares que pedían derechos y mejoras laborales. Estas juntas elaboraron un documento-manifiesto en el que criticaban al gobierno la situación y además reclamaban subidas salariales y cambios en el sistema de ascensos.

El gobierno, ante el temor, aceptó la permanencia de las Juntas de Defensa y decretó subidas salariales. Los militares en ningún momento realizaron un golpe de Estado, sino que formularon propuestas.

La crisis política. En el contexto de tensión por la corrupción, un grupo de parlamentarios pidió al gobierno la disolución de las Cortes y la convocatoria de nuevas Cortes. El gobierno, ante la presión, decretó un estado de excepción. No se trató de un pronunciamiento militar, sino de un cambio político y de medidas excepcionales.

Se celebró una asamblea en Barcelona conocida como la Asamblea Parlamentaria Catalana (APC), a la que se invitó a todos los diputados y senadores del Congreso. A la asamblea acudió un número escaso de representantes. En ella se discutieron cambios como la dimisión del Gobierno, la disolución de las Cortes y la convocatoria de nuevas Cortes constituyentes. En ese momento seguía vigente la Constitución de 1876. El Gobierno utilizó la fuerza y la asamblea fracasó porque no contó con el apoyo de los partidos dinásticos, y además hubo desacuerdos entre republicanos y progresistas, que temían una revolución.

La crisis continuó con una mayor tensión y aumento del asociacionismo obrero, junto con nuevas subidas de precios que provocaron la pérdida del poder adquisitivo. La UGT y la CNT convocaron una huelga general que afectó a todos los sectores y elaboraron un manifiesto similar al de los políticos: pedían la dimisión del gobierno, la disolución de las Cortes y la convocatoria de Cortes constituyentes, así como el fin de la monarquía y la proclamación de la república.

Esta huelga tuvo seguimiento en toda España; en algunas zonas se produjeron protestas. El gobierno decretó el estado de excepción y las revueltas fueron sofocadas por las fuerzas. Al final, el intento de revolución fracasó (solo triunfó el movimiento militar). Como conclusión de estas protestas, el sistema se mantuvo pero muy débil: se conservó porque la oposición no presentó una alternativa conjunta y por el miedo de la burguesía a la revolución.

La descomposición política

Entre 1917 y 1923, la incapacidad de los gobiernos para reformar en profundidad el sistema político, la fuerte conflictividad social y las tensiones derivadas de la guerra de Marruecos hicieron extremadamente difícil la supervivencia del régimen de la Restauración. Tras fracasar los gobiernos de concentración, se volvió al turno dinástico.

A pesar de recurrir al fraude electoral, ningún partido dinástico reunió la mayoría parlamentaria. La conflictividad obrera y el pistolerismo en España aumentaron. El final del conflicto internacional y los cambios económicos propiciaron un empeoramiento brusco de las condiciones: la producción descendió, aumentó el paro y subieron los precios, lo que provocó movilizaciones obreras y el crecimiento del sindicalismo.

El movimiento huelguista se intensificó en Barcelona. En Andalucía se produjo un intento bolchevique y los anarquistas impulsaron revueltas campesinas por la demanda de tierra. La conflictividad social condujo a la radicalización.

El problema de Marruecos, en la zona oriental del protectorado en torno a Melilla, motivó varias operaciones para controlar a los rebeldes. El ejército fue derrotado en Annual: se perdieron los territorios ocupados y hubo numerosas bajas.

Principales factores y consecuencias

  • Factores: desprestigio del sistema tras 1898, reformas insuficientes, corrupción, crisis económica, tensiones militares y conflicto en Marruecos.
  • Consecuencias: crecimiento del sindicalismo y del republicanismo, radicalización social, debilitamiento del régimen dinástico y eventual colapso hacia 1923.
Notas finales

El reformismo dinástico intentó modernizar el régimen desde dentro, pero las medidas quedaron limitadas y no resolvieron las tensiones profundas del país. Las reformas de Maura y Canalejas tuvieron algún impacto, pero la acumulación de crisis —sociales, políticas y militares— terminó por desgastar la Restauración.